‘Se trata de que no se vaya el santo al cielo sino que venga el cielo al
santo’. Esta frase la decía un amigo mío en la mesa, señalando un magnífico
postre en un día de fiesta.¡Cuanta razón tenía!
Hoy parece que se ha acentuado
el afán de disfrutar. Muchos buscan una
auténtica cultura del “subidón”, un
empeño por gustar sensaciones fuertes, potenciado y extendido por capitalismos
mediáticos publicitarios. Es lógico
querer pasarlo bomba; sin embargo el problema está en que curiosamente no se
sabe vivir bien . Las prisas, la búsqueda del éxito y del dinero rápido, la
aceleración como modo de vida puede que no sea, en el fondo, más que una huida
hacia delante.
La exaltación de las emociones
nocturnas no da respuesta a la realidad del trabajo cotidiano. Se vive con
cierta histeria una única realidad en la que no se encuentra la unidad de
sentido de la vida. Y esto puede deberse, como afirman algunos educadores, a que se busca la
felicidad donde no está y se ignora que para ser feliz lo que hay que modificar
no es tanto lo de fuera sino lo de
dentro de uno mismo.
Reflexionar en que uno ha nacido sin
ningún mérito personal ni consulta previa es mucho más que una perogrullada: es
la pura verdad que, sin embargo, olvidamos con mucha frecuencia. A pesar de los
flagrantes males del mundo, de la enfermedad y del dolor moral, la vida sigue
siendo una llamada, un regalo de valor incalculable. El bien suele ser más
discreto y silencioso que el mal, pero mucho más sólido y fundamental... como
lo es una madre buena. Lo que podemos hacer, en expresión de Julián Marías, es
“educar la mirada” y también el entendimiento y la voluntad para caer en la
cuenta de la cantidad de cosas estupendas que nos suceden: desde respirar hasta
optar por aventuras quizás sencillas pero llenas de verdad y de bien, maduras
de humanidad y sazonadas de buen humor. Quien procura vivir siempre así, está en condiciones de disfrutar tanto
en día laborable como en fin de semana: y con un gozo enorme, porque todo se
llena de sentido. Y ese sentido es la fuente de la felicidad.
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