El Ministerio de Sanidad
ha promocionado recientemente un vídeo titulado “Quiero abortar”. En él, una
chica joven explica dos cuestiones a las mujeres que se están planteando el aborto: la primera dice que cualquier decisión que tomen, tener el hijo o no, estará
bien. La segunda afirma que tienen derecho a abortar, animando a hacerlo en la
sanidad pública.
De esta manera, tanto el
planteamiento del bien y del mal, así como el del derecho, pasan a estar
fundamentados en la propia voluntad, no en la realidad de los seres vivos. Tan
bien estaría, según el vídeo, tener el hijo en gestación como eliminar su vida,
porque es la propia conciencia la que genera el bien o el mal. El derecho
también se basaría en la propia decisión, sin que la vida del hijo en gestación
-etapa por la que todos hemos pasado- tenga la más mínima relevancia. Estas
posturas, aunque se trate de cosas distintas, recuerdan las pretendidas
justificaciones que se han dado a lo largo de la historia para tener derechos
abusivos, incluso exterminadores, sobre otros seres humanos: los fuertes
basaban en su propia voluntad el dominio sobre los débiles, desposeyéndoles de
derecho alguno. Frente a esto, la realidad humana -previa a la conciencia- es
la base del derecho, no la voluntad de algunos y algunas. El primer derecho
humano es el derecho a la vida, en todas y cada una de las etapas de ella, puesto
que todas son humanas como demuestra la genética y la medicina. Este derecho es
el pilar de los demás.
Lo que plantea este ministerio es “la abolición del hombre” en expresión de C.S. Lewis, porque sin
respeto a la realidad los que tienen fuerza pueden eliminar a los débiles, a
los que no se ven, a los que no pueden reclamar sus derechos. Es paradójico que
un gobierno que se presenta como defensor de los que tienen menos recursos, se
olvide de la vida de los más necesitados. Además, el pretendido derecho a
abortar supone algo así como abortar el derecho, porque éste ya no sirve para
defender la causa de los más indefensos, sino para justificar su eliminación.
La inexcusable comprensión y ayuda eficaz a la mujer embarazada que está en
apuros, es un deber social de primer orden, pero no a costa de aniquilar las
vidas de los hijos en gestación y el propio derecho. Solo en las tiranías, el
derecho es tan solo la justificación de los que tienen la posición dominante. Los
derechos de todos, especialmente los de los colectivos más necesitados, tienen
su raíz en una ética del cuidado a todo ser humano y en el derecho a la vida.
José Ignacio Moreno Iturralde

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