Friday, March 27, 2026

Goebbels también defendió la eutanasia por compasión

La película “Yo acuso”, promovida por el ministro de la propaganda nazi Goebbels, supuso una defensa de la eutanasia por compasión. Las prácticas que tal régimen llevo a cabo después, bajo su peculiar legislación de eutanasia, fueron atroces. Más cercana en el tiempo, aunque notoriamente distinta, ha sido la extensión de la eutanasia en Holanda, donde una ideología de autonomía radical ha llevado a un elevado número de muertes, incluyendo conocidas irregularidades que han puesto fin a la vida de personas enfermas y ancianas, que no lo solicitaron.

En España la trayectoria de la eutanasia está siendo rápida, como lo manifiesta el reciente caso de Noelia, que ha conmovido hondamente a muchos de sus compatriotas. Más allá de sensibilidades distintas, quisiera   intentar razonar. Nadie tiene un derecho absoluto sobre su propia vida porque no se la ha dado a sí mismo. Con mucho más motivo el estado no tiene derecho a quitar la vida de un enfermo, aunque el interesado lo solicite. Lo que considero un error grave es que sea la voluntad, y no la propia naturaleza, la que se convierta en fuente del derecho. El derecho a la vida es inherente y anterior a cualquier otro derecho humano, y es la base de todos los demás. Cuando éste derecho se relativiza en ciertas situaciones, se abre el camino de la normalización de la muerte provocada. Se puede llegar fácilmente por este derrotero a la banalización del mal, término acuñado por la pensadora judía Hannah Arendt. Noelia se merecía todo lo que su país le podía dar: comprensión, ayuda de todo tipo, ánimo, arropamiento; pero no concederla su petición de morir; porque sencillamente es algo que nos excede, y una vez saltado ese respeto a la vida toda esa pretendida compasión falsea la profesión médica, confunde la identidad del estado, hace leyes en función de casos límite, siendo coladeros que lesionan el bien común, y rompe la raíz de todo derecho: la vida humana y su inalienable dignidad.

 

José Ignacio Moreno Iturralde


Monday, March 23, 2026

Razón, familia y fe. El dedo y el anillo.

Este breve ensayo se compone de reflexiones, más o menos divulgativas, donde se pretende mostrar el hermanamiento de la razón y de la fe en Jesucristo. Sus implicaciones más directas tienen que ver con las relaciones humanas y, más concretamente, con la vida familiar. También hemos añadido unas breves consideraciones acerca de la enseñanza. El libro intenta ser un punto de partida para motivar a respuestas personales.

Disponible en Amazon: https://www.amazon.es/dp/B0GSVLVZ4Y

 

Sunday, March 01, 2026

Aborto 2026 y Derechos del Niño


Con más de cien mil abortos en 2024 en España, y cada vez  mayor número de las asociaciones de defensa de la vida del no nacido, el problema es que el aborto se haya convertido en asunto político: Ahora, el gobierno pretende imponerlo como derecho constitucional, obviando el artículo 15: “todos tienen derecho a la vida”-, sin que la vida del nasciturus cuente ( no es verdad que el aborto beneficie a la mujer, pues la daña física, psíquica y emocionalmente). La protección del niño, hoy se ha convertido en una emergencia social. Por tanto, se precisa ayuda urgente, vital y asistencial a las familias con dificultades.

 

La Declaración de los Derechos del Niño ( 1959), les reconoce la atención a la salud y a tener un entorno que los proteja. Artículo 6: “Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida” y “han de “asegurar la atención sanitaria prenatal y postnatal apropiada a las madres”¿ No es el peor maltrato, el aborto, pues conlleva la matanza del niño? El Papa afirma que “no se puede separar la fe personal de la vida pública” y denuncia la contradicción de llamarse “personalmente provida” pero apoyar leyes favorables al aborto. “La misericordia de Dios nos impulsa a proteger cada vida en especial aquellas que suelen ser olvidadas: el niño por nacer, los ancianos al final de sus días...” ( León XIV, 29-VIII-2025)

 


Josefa Romo 



 

Tuesday, January 06, 2026

La seguridad interior de los hijos


Hay algo que cada vez se aprende a valorar más con el paso de los años: la infancia. En fiestas como la de los Reyes Magos uno recuerda momentos de su vida, intensamente felices, donde unos regalos simpáticos, que tampoco eran para tanto, estaban envueltos por algo que sí valía mucho: un ambiente familiar lleno de cariño y de seguridad. Los que hemos tenido la enorme dicha de haber disfrutado de una infancia feliz, estamos llenos de un enorme agradecimiento a quienes nos la dieron: nuestros padres. Lo dicho hasta ahora nos puede hacer pensar, por contraste, en tantos niños del mundo que no tienen las mínimas condiciones para sentirse cuidados y satisfechos. Pero, más que un lamento estéril, tal reflexión nos puede llevar a pensar qué medios concretos se pueden poner para que muchos niños y niñas tengan una situación acorde a su auténtica y profunda dignidad. Hay quienes, con una iniciativa fantástica, son capaces de organizar estupendas campañas como la de “ningún niño sin Reyes”, con los que se llega a obsequiar a multitud de chavales cuyas familias padecen necesidad. Pero pueden pensarse, además, otras medidas menos llamativas, pero más asequibles y quizás con más largo alcance.

Yendo más atrás de la propia historia personal, uno puede caer en la cuenta de que nuestra seguridad ha sido consecuencia de las inseguridades y apuros que en su día tuvieron que pasar nuestros padres. En algunos casos, se remontan incluso hasta una pavorosa guerra donde muchas personas tuvieron que pasar por apuros y situaciones  difíciles. Pero, aunque no haya unos inconvenientes de tal calibre, hay algo que ofrece al niño o a la niña una fantástica seguridad en la que desarrollarse: el compromiso matrimonial de sus padres. Cuando uno se juega la vida a una carta, con un amor incondicional, sienta las mejores bases para que los hijos crezcan seguros, felices y con ganas de comerse el mundo.

Sobre la base humana del enamoramiento y de una voluntad buena, el cristianismo pone a Dios como Alguien principal en el surgimiento de una familia, dotándola de una unidad y de una fidelidad que se renueva diariamente desde la raíz, en la medida en que es cuidada y fomentada por sus protagonistas, hasta formar un árbol frondoso. Es en la entrega personal donde, paradójicamente, el ser humano encuentra su plenitud. Se trata de una entrega que se dirige en primer lugar a nuestra familia. Esta raigambre comporta esfuerzo y dedicación, conlleva atravesar algunos pasos difíciles, incluso puede incluir superar dificultades que parecen humanamente insalvables; pero que no lo son en cuanto se descubre la fuente eterna e inagotable de la justicia y de la misericordia, que se encuentra en misterios profundos pero asequibles: los sacramentos.

Hoy en día, cuando observamos bastantes familias desunidas, y niños y niñas a los que sobran regalos y faltan sólidas seguridades interiores, podemos repensar con esperanza cuáles son nuestros compromisos fundamentales. Sea cual sea nuestra situación, incluyendo una ruptura familiar, con la ayuda de Dios y de personas cualificadas de nuestra confianza, los obstáculos pueden ser allanados si existe voluntad de hacerlo por nuestra parte. También será oportuno buscar la paz personal, cuando no es uno quien ha provocado el problema que afecta a la propia familia. 

Nuestras exclusivas situaciones de seguridad, autonomía y confort son insuficientes para provocar un cambio profundo y positivo en los hijos. Si queremos que ellos sean felices y se sientan seguros, hemos de saber que solo lo serán si ven a sus mayores jugarse la vida por los demás: especialmente por su verdadero cónyuge y sus hijos.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, December 29, 2025

La sonrisa de una madre


Hablar de la sonrisa de una madre podría parecer algo tierno, o incluso melancólico. Sin embargo, se trata de algo tan potente y rotundo como cien cañones que preparan la victoria de una batalla.

El amor se hace generosidad en una madre, reflejándose en su cara. Este rostro nos está diciendo, de modo simpático, que en esta vida estamos en nuestra patria. Tal enseñanza se compone de una fuerte aleación de alegría, trabajo, ejemplo y ánimo.

Toda la cotidiana labor materna, fraguada en una entrega sincera y generosa, va forjando en los hijos una blanca seguridad, propensa a disfrutar de la vida y a cantar himnos de conquistas de paz. Más significativa puede ser su resignación y entereza de mujer madura, ante una adversidad; y mucho más aún su esperanza en el dolor.

Para transmitir tanta vida, una madre tiene que saberse querida, especialmente por su esposo, antes que por sus hijos. Por esto, aunque no sea el tema de estas líneas, conviene recordar la absoluta necesidad de caballeros que honren a sus mujeres con un amor entregado para toda la vida, tanto en las alegrías como en las penas.

Ser abogada del estado, o médico, o presidenta de una nación, es algo fantástico y compatible con algo mucho más grandioso: ser madre. Cabe recordar que la maternidad no es solo biológica, sino también espiritual. Aunque por diversos motivos no se hayan tenido hijos, la influencia maternal es posible y de muy largo alcance. Por otra parte, si la unidad familiar se hubiera quebrado, cosa ciertamente penosa, el corazón de una madre seguirá latiendo por sus hijos de un modo que puede ser insólitamente eficaz.

Ser madre y sonreír es un pilar del mundo, la cuna de la dignidad y el mejor estandarte de la justicia. Supone un foco de luz femenina, que procede de más allá de las estrellas, por el que nos sabemos queridos, al mismo tiempo que nos ayuda a estar convencidos de que la inocencia vencerá la maldad y la vida derrotará definitivamente a la muerte.

 

José Ignacio Moreno Iturralde


Monday, December 22, 2025

El silencio de la gestación


Vivimos en un mundo lleno de actividades y de comunicación. Negocios y relaciones profesionales constituyen un entramado de tareas interesantes, apasionantes, o agotadoras. Queremos mejorar la sociedad que nos ha tocado vivir y, para esto, hay que quererla. Al contemplarla, con sus luces y sombras  -también las de cada uno- puede echarse de menos algo más de calma.

De vez en cuando hay que pararse y sumergirse en algo que, pese a que pueda costarnos algo de esfuerzo, resulta fascinante. Me refiero al silencio. Con él se contempla la justicia del mar, la dignidad de las montañas, la serenidad de los campos y el rumor de los ríos.

En el silencio surgen muchas intenciones, algunas muy nobles que ni siquiera hemos dado a conocer. Miles de detalles de cariño familiar tampoco suenan alto ni nunca serán noticia; y, sin embargo, son tantas veces nuestras experiencias más valiosas.

Entre todos los silencios es prodigioso el de una madre, que cobija a su hijo en gestación, albergando un misterio de vida. En esa forja de la existencia, la luz de un nuevo ser humano brilla con su dignidad en una oscuridad apacible, donde se van enlazando sus billones de células. Es un ser que ya puede tener un nombre, porque han comenzado las primeras jornadas de su vida. Se trata de alguien dotado para la libertad y la palabra que, gracias a su principio motor de vida, crece y se forma en medio de un cuidado silencioso.

También cada día termina con el silencio de la noche, hasta que la alborada trae consigo el trino de los pájaros, el silbido del viento y los ruidos de la civilización. Algo similar, aunque más profundo, se nos esconde en la muerte, tras la que la luz de la fe nos anuncia una nueva vida que puede ser, tras la gestación de este mundo, gloriosa y eterna.

Para vivir, trabajar y comunicarnos nos hace falta experimentar el silencio, que es un espacio para descansar, contemplar, escuchar a Dios y aprender a querer. Es una ocasión de ver las grandes luminarias que surgen en la oscuridad, disipando las tinieblas del error; una ocasión privilegiada para detectar la estrella que reorienta nuestros pasos, aprendiendo a darnos cuenta de quiénes somos y a lo que estamos llamados.


José Ignacio Moreno Iturralde