Tuesday, January 06, 2026

La seguridad interior de los hijos


Hay algo que cada vez se aprende a valorar más con el paso de los años: la infancia. En fiestas como la de los Reyes Magos uno recuerda momentos de su vida, intensamente felices, donde unos regalos simpáticos, que tampoco eran para tanto, estaban envueltos por algo que sí valía mucho: un ambiente familiar lleno de cariño y de seguridad. Los que hemos tenido la enorme dicha de haber disfrutado de una infancia feliz, estamos llenos de un enorme agradecimiento a quienes nos la dieron: nuestros padres. Lo dicho hasta ahora nos puede hacer pensar, por contraste, en tantos niños del mundo que no tienen las mínimas condiciones para sentirse cuidados y satisfechos. Pero, más que un lamento estéril, tal reflexión nos puede llevar a pensar qué medios concretos se pueden poner para que muchos niños y niñas tengan una situación acorde a su auténtica y profunda dignidad. Hay quienes, con una iniciativa fantástica, son capaces de organizar estupendas campañas como la de “ningún niño sin Reyes”, con los que se llega a obsequiar a multitud de chavales cuyas familias padecen necesidad. Pero pueden pensarse, además, otras medidas menos llamativas, pero más asequibles y quizás con más largo alcance.

Yendo más atrás de la propia historia personal, uno puede caer en la cuenta de que nuestra seguridad ha sido consecuencia de las inseguridades y apuros que en su día tuvieron que pasar nuestros padres. En algunos casos, se remontan incluso hasta una pavorosa guerra donde muchas personas tuvieron que pasar por apuros y situaciones  difíciles. Pero, aunque no haya unos inconvenientes de tal calibre, hay algo que ofrece al niño o a la niña una fantástica seguridad en la que desarrollarse: el compromiso matrimonial de sus padres. Cuando uno se juega la vida a una carta, con un amor incondicional, sienta las mejores bases para que los hijos crezcan seguros, felices y con ganas de comerse el mundo.

Sobre la base humana del enamoramiento y de una voluntad buena, el cristianismo pone a Dios como Alguien principal en el surgimiento de una familia, dotándola de una unidad y de una fidelidad que se renueva diariamente desde la raíz, en la medida en que es cuidada y fomentada por sus protagonistas, hasta formar un árbol frondoso. Es en la entrega personal donde, paradójicamente, el ser humano encuentra su plenitud. Se trata de una entrega que se dirige en primer lugar a nuestra familia. Esta raigambre comporta esfuerzo y dedicación, conlleva atravesar algunos pasos difíciles, incluso puede incluir superar dificultades que parecen humanamente insalvables; pero que no lo son en cuanto se descubre la fuente eterna e inagotable de la justicia y de la misericordia, que se encuentra en misterios profundos pero asequibles: los sacramentos.

Hoy en día, cuando observamos bastantes familias desunidas, y niños y niñas a los que sobran regalos y faltan sólidas seguridades interiores, podemos repensar con esperanza cuáles son nuestros compromisos fundamentales. Sea cual sea nuestra situación, incluyendo una ruptura familiar, con la ayuda de Dios y de personas cualificadas de nuestra confianza, los obstáculos pueden ser allanados si existe voluntad de hacerlo por nuestra parte. También será oportuno buscar la paz personal, cuando no es uno quien ha provocado el problema que afecta a la propia familia. 

Nuestras exclusivas situaciones de seguridad, autonomía y confort son insuficientes para provocar un cambio profundo y positivo en los hijos. Si queremos que ellos sean felices y se sientan seguros, hemos de saber que solo lo serán si ven a sus mayores jugarse la vida por los demás: especialmente por su verdadero cónyuge y sus hijos.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, December 29, 2025

La sonrisa de una madre


Hablar de la sonrisa de una madre podría parecer algo tierno, o incluso melancólico. Sin embargo, se trata de algo tan potente y rotundo como cien cañones que preparan la victoria de una batalla.

El amor se hace generosidad en una madre, reflejándose en su cara. Este rostro nos está diciendo, de modo simpático, que en esta vida estamos en nuestra patria. Tal enseñanza se compone de una fuerte aleación de alegría, trabajo, ejemplo y ánimo.

Toda la cotidiana labor materna, fraguada en una entrega sincera y generosa, va forjando en los hijos una blanca seguridad, propensa a disfrutar de la vida y a cantar himnos de conquistas de paz. Más significativa puede ser su resignación y entereza de mujer madura, ante una adversidad; y mucho más aún su esperanza en el dolor.

Para transmitir tanta vida, una madre tiene que saberse querida, especialmente por su esposo, antes que por sus hijos. Por esto, aunque no sea el tema de estas líneas, conviene recordar la absoluta necesidad de caballeros que honren a sus mujeres con un amor entregado para toda la vida, tanto en las alegrías como en las penas.

Ser abogada del estado, o médico, o presidenta de una nación, es algo fantástico y compatible con algo mucho más grandioso: ser madre. Cabe recordar que la maternidad no es solo biológica, sino también espiritual. Aunque por diversos motivos no se hayan tenido hijos, la influencia maternal es posible y de muy largo alcance. Por otra parte, si la unidad familiar se hubiera quebrado, cosa ciertamente penosa, el corazón de una madre seguirá latiendo por sus hijos de un modo que puede ser insólitamente eficaz.

Ser madre y sonreír es un pilar del mundo, la cuna de la dignidad y el mejor estandarte de la justicia. Supone un foco de luz femenina, que procede de más allá de las estrellas, por el que nos sabemos queridos, al mismo tiempo que nos ayuda a estar convencidos de que la inocencia vencerá la maldad y la vida derrotará definitivamente a la muerte.

 

José Ignacio Moreno Iturralde


Monday, December 22, 2025

El silencio de la gestación


Vivimos en un mundo lleno de actividades y de comunicación. Negocios y relaciones profesionales constituyen un entramado de tareas interesantes, apasionantes, o agotadoras. Queremos mejorar la sociedad que nos ha tocado vivir y, para esto, hay que quererla. Al contemplarla, con sus luces y sombras  -también las de cada uno- puede echarse de menos algo más de calma.

De vez en cuando hay que pararse y sumergirse en algo que, pese a que pueda costarnos algo de esfuerzo, resulta fascinante. Me refiero al silencio. Con él se contempla la justicia del mar, la dignidad de las montañas, la serenidad de los campos y el rumor de los ríos.

En el silencio surgen muchas intenciones, algunas muy nobles que ni siquiera hemos dado a conocer. Miles de detalles de cariño familiar tampoco suenan alto ni nunca serán noticia; y, sin embargo, son tantas veces nuestras experiencias más valiosas.

Entre todos los silencios es prodigioso el de una madre, que cobija a su hijo en gestación, albergando un misterio de vida. En esa forja de la existencia, la luz de un nuevo ser humano brilla con su dignidad en una oscuridad apacible, donde se van enlazando sus billones de células. Es un ser que ya puede tener un nombre, porque han comenzado las primeras jornadas de su vida. Se trata de alguien dotado para la libertad y la palabra que, gracias a su principio motor de vida, crece y se forma en medio de un cuidado silencioso.

También cada día termina con el silencio de la noche, hasta que la alborada trae consigo el trino de los pájaros, el silbido del viento y los ruidos de la civilización. Algo similar, aunque más profundo, se nos esconde en la muerte, tras la que la luz de la fe nos anuncia una nueva vida que puede ser, tras la gestación de este mundo, gloriosa y eterna.

Para vivir, trabajar y comunicarnos nos hace falta experimentar el silencio, que es un espacio para descansar, contemplar, escuchar a Dios y aprender a querer. Es una ocasión de ver las grandes luminarias que surgen en la oscuridad, disipando las tinieblas del error; una ocasión privilegiada para detectar la estrella que reorienta nuestros pasos, aprendiendo a darnos cuenta de quiénes somos y a lo que estamos llamados.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, November 15, 2025

Inquietudes y paz del corazón

Como el mar, el corazón puede pasar por momentos alborotados, inquietos. En ocasiones se pretende saciar ese deseo de querer, afectiva y corporalmente, de un modo pasional, algo alocado. Uno se fija en personas atractivas, que parece que podrían satisfacer esas tendencias. Pero si se tienen dos dedos de frente, y virtudes que educan el corazón, nos podemos dar cuenta de que estos sentimientos necesitan ser reconducidos a buen puerto.

Estamos hechos para querer, y es lógico que sintamos deseos que pretendan ser satisfechos. Pero para saber querer es imprescindible saberse queridos, reflexionar en quién nos quiere verdaderamente. Cuando uno es querido por alguien que considera importante, se sabe valioso y encuentra descanso y satisfacción. Además, es entonces cuando la inteligencia puede guiar mejor al corazón para que sepa amar a las personas como deben ser queridas y, por lo tanto, respetadas. La luz de la fe cristiana aporta orientación precisa a la mente y fortaleza de espíritu para saber amar sabiamente. Desde esta seguridad interior, donde se experimenta gratitud al caer en la cuenta del profundo aprecio que se nos tiene pese a nuestros defectos, se aprende a querer apasionadamente al mundo y a las personas, también cuando éstas presentan aspectos poco atractivos y con multitud de limitaciones. “Dame, hijo mío tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26).


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, October 18, 2025

El cónyuge: ¿"Mi enemigo mortal" o el amor de mi alma?

“Mi enemigo mortal” es una novela de la escritora Willa Cather, en la que se narra la vida de un matrimonio. Lejos de lo aparente de su título, no se narra una existencia desgraciada marcada por malos tratos o el desencanto. Lo que recuerdo de este breve y encantador libro es una historia romántica, real y llena de humanidad, de una mujer y un hombre que se quieren profundamente, a pesar de las adversidades y las limitaciones de cada uno de los dos.

El amor conyugal tiene muchas facetas, desde afectivas hasta las efectivas. Hay que saber querer al marido o a la esposa con sus defectos, siempre que estos no sean algo claramente insoportable o denunciable. La escuela de la convivencia en las mil pequeñas cosas de cada día es realmente una palestra de la forja de los caracteres personales, que son el cañamazo y las raíces de la familia, aquel lugar tan profundamente humano.

Compartir alegrías, penas, fiestas, enfermedades y la vida cotidiana, puede muy bien ser una escuela de generosidad donde se aprende a querer al cónyuge y a los hijos, si vienen. Es esta precariedad la que puede ser transformada por un amor fiel. Y esta fidelidad es la que otorga al matrimonio y a la familia su valía capital, que hoy no puede darse por sobreentendida.

Hablar de los colores del amor tiene tintes de una notable cursilada; pero puede no serlo tanto cuanto caemos en la cuenta de que el blanco de la misericordia es el tono más propio del verdadero amor, donde convergen el resto de las tonalidades. Es cierto que el cariño familiar tiene que compaginarse con la justicia; como también lo es que en la familia se va mucho más allá de lo meramente equitativo.

El cristianismo eleva a sacramento la naturaleza del matrimonio, viéndolo como una imagen del propio amor divino. La escuela del perdón y la generosidad es, pese a sus dolores, la senda que lleva al manantial de alegría que solo la familia puede dar. En alguna ocasión, insisto que no hablo de casos graves, uno puede ver al cónyuge como “mi enemigo mortal” y, sin embargo, tantas veces es el amor de mi vida.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

 

Sunday, October 12, 2025

Virgen del Pilar


 

El 12 de octubre es la fiesta de la Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad. Suele encontrarse la imagen de esta advocación mariana en casi todas las iglesias, y son innumerables las españolas que celebran su onomástica este día.

Día destacado, en nuestro calendario, el 12 de octubre. Desde 1892, está declarado, por Ley (18/1987 de 7 de octubre), Fiesta Nacional. Dos memorias o efemérides en este día: la Virgen del Pilar y la Hispanidad. Fue, precisamente,  un 12 de octubre cuando Cristóbal Colón, con tres carabelas al mando de marinos españoles, descubrió América ( 1942). Como reconoció san Juan Pablo II en Zaragoza ( noviembre de 1982), “España es tierra de María. Decir España es decir María. Por medio de ella, de diferentes formas de piedad, ha llegado a muchos cristianos del mundo la fe en Cristo (...) ». Aquí, en Zaragoza, ocurrió la primera aparición mariana, y sucedió cuando, todavía, la Virgen vivía en carne mortal. Vino sobre una pequeña columna, para dejar señal de su visita. Da la impresión de que esta aparición se anticipó en la Escritura como profecía: “ El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha ensalzado” (salmo 26).

¡Qué importante es la advocación de la Virgen el Pilar, que cobija, bajo su manto, a españoles, americanos y filipinos. Con ocasión de su fiesta, el que fue Nuncio en España, Bernardito Auza, calificó, a la Virgen del Pilar, como un símbolo de la "firmeza de la fe de los españoles", y dijo:  « Consideramos a María como el mayor bien que cabe después de Dios. María es un bien, una madre es siempre un bien, un bien que a nadie deja indiferente. Una madre despierta el respeto, suscita la admiración, se impone el reconocimiento. Por eso el pueblo cristiano siente la fascinación de la Virgen llamándole vida, dulzura, esperanza nuestra» (12 de octubre de 2022).


 Josefa Romo Garlito

Sunday, September 14, 2025

Las tres dimensiones del corazón

El llamado flechazo tiene su importancia en la vida, a veces mucha. Pero siempre, y a medida que pasan los años, conviene tener más cuidado para que el arco del flechazo no se convierta en un boomerang, que termina por estampársenos en la geta.

El mundo del sentir, gustar, la “química”, son cosas humanas; pero conviene saber que el sentimiento no conoce, porque la atracción hacia alguien no da razón de quién es verdaderamente esa persona. Es importante tener dos dedos de frente, para saber reorientar con prudencia los sentimientos.

En un segundo lugar, está el ámbito de la voluntad: las decisiones tomadas con la cabeza respecto a responsabilidades familiares y laborales. Cuando vivimos nuestros deberes cotidianos con un sentido positivo, aunque no nos apetezcan mucho, nos forjamos como personas maduras y ayudamos a otros a serlo. También es interesante destacar que un puro voluntarismo, donde los sentimientos no tuvieran ningún lugar, es algo inhumano, que tiene los días contados. No se puede vivir siempre solamente a golpe del deber. Como alguien dijo: no hay que hacer las cosas por gusto, pero si con gusto; al menos se puede intentar.

Pienso que hay un último terreno del corazón, especialmente duro. Se trata del relativo, por ejemplo, a cuestiones como: ayudar a enfermos crónicos, aguantar ofensas de familiares -hasta cierto punto-, perdonar y pedir perdón, afrontar enfermedades difíciles o situaciones dramáticas. La vida tiene vericuetos oscuros y noches huérfanas de luna, donde acecha la desesperación y el abatimiento. Sin embargo, es en estas situaciones, si se viven con esperanza, con la ayuda de personas de confianza y el auxilio de Dios, cuando el corazón humano puede iluminarse bajo la luz reconfortante de la misericordia. Se produce entonces una afirmación más profunda y sencilla de la existencia. Es en estos momentos duros, no buscados voluntariamente, cuando podemos ser capaces de entender y querer a los demás con luces superiores, que además hacen renacer en nuestro interior sentimientos de comprensión y de profunda confianza.


José Ignacio Moreno Iturralde