Sunday, May 12, 2019

Consideración jurídica del aborto (un artículo de 2010 con plena actualidad)

No parece existir discrepancia en definir la ley como una "ordenación racional". Una ordenación contraria a la razón, no razonable, sería una arbitrariedad y no sería una ley. Esta consideración tiene que ver con el proyecto de ley de nueva regulación del aborto. Y, aunque no es ese el objeto sobre el que se quiere reflexionar, tampoco sobra decir, aquí y desde el principio, que algo falla en nuestra ordenación jurídica cuando lo que, por ley, es un delito hoy, pase mañana, por ley, a ser un derecho. La mezcla de positivismo (lo que se regula por ley no es discutible por la razón) con relativismo (lo que la ley regula hoy como blanco puede regularlo mañana como negro) produce, desde luego, efectos contrarios al Derecho y a la razón, y, además, introduce la inseguridad jurídica en la sociedad y destruye el fundamento de los valores en los individuos.

La nueva regulación del aborto, no obstante la polémica que ha provocado, facilita la consideración jurídica de ese hecho. En el debate sobre el principio de la vida del concebido y no nacido, sobre las primeras fases de desarrollo que siguen a la fecundación, sobre el feto y tantos aspectos más, la consideración jurídica se veía dificultada por las discrepancias científicas en las que el jurista poco tenía que decir. No así el Derecho que, desde la antigüedad, tuvo en cuenta las previsiones de los padres sobre el hijo que estaba llamado a nacer, en especial a efectos de sucesión de derechos, y respecto del propio hijo concebido y no nacido, el al que la ley protegía y protege en todo lo que le sea favorable (art. 29 del Código civil) siempre que llegue a nacer en las condiciones que llevan a reconocer a efectos civiles la condición de persona: se reputará nacido el feto que tenga figura humana y viva veinticuatro horas desprendido del seno materno (art. 30 Cc)

Haber trasladado la regulación del aborto a un tiempo más allá de la concepción y también de las primeras semanas siguientes, permite al jurista plantearse y considerar razonablemente la nueva ordenación legal que se pretende. Y, precisamente porque la ley debe ser una ordenación racional y no una regulación arbitraria, lo primero que llama la atención del jurista es que se pueda llegar a una transacción política, a un acuerdo, sobre si se puede abortar legalmente sin condiciones antes de un plazo o de otro. Es igual que se trate de veinte semanas que de catorce o de veinticuatro. En una regulación racional que lleva a considerar legal que se permita impedir que se produzca un desarrollo hasta el nacimiento ya no se debate sobre si el óvulo fecundado, la célula o como proceda llamarlo, tiene caracteres genéticos propios y diferentes de los de la madre y el padre. Se debate sobre cuándo se puede impedir legalmente que se produzca un desarrollo hasta el nacimiento.

Y, llegados a ese punto de la reflexión, ajena al debate científico sobre la individualización y sobre la propia identidad diferenciada, situar la posibilidad de impedir un desarrollo vital hasta el nacimiento en un tiempo u otro pone de manifiesto elementos propios de irracionalidad en cuanto no se presentan argumentos que diferencien un momento de otro porque no puede ser argumento racional la evolución natural en el desarrollo. O, lo que es lo mismo, si se considera que la ley permite abortar hasta las veinte semanas desde la concepción porque así se aprobara, habría que mantener con igual fundamento que también se podía legalizar el aborto hasta el momento inmediato anterior al nacimiento. El rechazo a esta consideración, por exagerada, tiene el mismo fundamento que si se traslada el debate a la legalización sólo antes de la semana diecinueve, quince, trece... Y, lo que es más inquietante, con el fundamento de "lo acordado" y "lo regulado por ley" sin fundamentación alguna, tampoco habría obstáculo para mantener que se puede eliminar el feto nacido dentro de las veinticuatro horas siguientes al nacimiento, porque aún no tiene la consideración de nacido "a efectos civiles".

Cuando el jurista llega a este punto de la consideración se plantea inevitablemente la duda sobre si el bien jurídicamente protegido es la vida o la persona. Entrar otra vez en el debate sobre cuando hay vida propia, individualizada, en el concebido conduce a donde el jurista se veía excluido por carencia de conocimientos científicos especializados. Pero, trasladado el debate a cuando ya no hay duda científica sobre la individualización del feto, la palabra "vida" adquiere una relevancia indiscutible que supera los límites de lo científico. Si es legal el aborto hasta un momento en el que se reconoce individualidad propia al feto y se considera ilegal el aborto desde ese momento no existiendo aún una "persona" a efectos civiles, eso sólo puede significar que la ley protege "la vida". Y, algo más, eso significa que la ley, ordenación racional, se atribuye la legitimidad para determinar desde cuando hay una vida propia e individualizada que se protege hasta el tiempo del nacimiento y de la vida no dependiente. Y, más aún, eso significa que la ley se atribuye la legitimidad para modificar el tiempo en que hay vida, bien jurídico protegible, cuando así convenga, cuando así se acuerde por los representantes del pueblo soberano.

Esta insatisfactoria conclusión no es distinta a la que se llega cuando se parte del concepto "persona" como alternativa a "cosa". Lo que puede llamar la atención cuando se mantiene que una persona es un semoviente (como un animal vivo lo es) y que un cadáver es un bien mueble, podría no ser tan llamativo si se considera que el nacido con figura humana y veinticuatro horas vivo fuera del seno materno, es persona física, mientras que hasta ese momento el concebido y no nacido es una cosa. Una cosa sobre la que se pueden tener derechos y, quizá, también obligaciones. Habría derecho a eliminar esa cosa y a abandonarla respetando las condiciones de higiene y salubridad que la sociedad exige. Habría obligación de mantener el desarrollo de esa cosa sólo desde el tiempo en que se considerara ilegal el aborto y hasta que pasara a ser civilmente persona física. Ese límite en el tiempo, relativo y variable, dependería de la ley vigente en cada momento. Basta considerar esa relatividad para negar que una ley habilitadora se pueda considerar "ordenación racional". Considerar "cosa" al ser individualizado que en su desarrollo natural puede llegar a ser persona física a efectos civiles es jurídicamente insatisfactorio, rechazable.

Y, a pesar de la calificación que merece esa conclusión, sólo aceptándola se puede asumir jurídicamente que sobre esa "cosa" que puede llegar a nacer y ser persona física tiene un "derecho" la madre. Aunque pudiera resultar escandaloso, si se admite que el concebido y no nacido es una "cosa", parece jurídicamente obligado considerar que sobre esa cosa, genéticamente individualizada y diferente de la madre y del padre, lo que existe es una copropiedad de ambos o, si se prefiere, una comunidad de derechos y, en su caso, obligaciones. Parece insostenible en Derecho tratar así la cuestión, pero no es una tesis que se mantiene, sino una hipótesis que resulta de una regulación legal sobre el derecho al aborto y de una consideración social que no es identificable con "yo lo he parido, yo decido", que se referiría al derecho sobre la vida del nacido, del "parido", sino con "en mí se concibió y en mí se gestó, yo decido". Y a partir de esa consideración parece poco discutible que el "derecho" sobre esa "cosa" tiene dos titulares jurídicos, dos obligados en Derecho. Carecería de sentido, no sería una "ordenación racional", que para concebir "naturalmente" fueran necesarios dos, que en la gestación sólo contara "jurídicamente" una y que desde la vida independiente fuera del seno materno surgieran los derechos y responsabilidades del padre. De nuevo se llega a una conclusión jurídicamente insatisfactoria y rechazable.

Sólo como cuestión conexa a lo que es objeto de esta consideración parece preciso considerar los motivos que pudieran hacer "legal" el aborto. Hasta aquí se ha tratado de "la voluntad", la decisión de la madre. Pero también habría que considerar las deficiencias del concebido no nacido y el riesgo de daños mentales de la madre en la gestación o en el parto.

El primer motivo que pudiera justificar el aborto, impedir que llegue a nacer una persona con enfermedad, deformaciones o anormalidad, sólo podría encontrar fundamento si se niega el derecho a la vida del concebido y se hace prevalecer sobre su derecho la voluntad de la representación mayoritaria popular, democrática, o la de la madre. Pero si fuera así: o se trata de eliminar el nacimiento de personas enfermas, deformes o anormales, en cuyo caso el aborto debería extender sus efectos más allá del nacimiento, incluso hasta que esas deficiencias se comprobaran en el ya nacido, descriminalizando su muerte; o se trata de proteger la voluntad de la madre que no desea tener un hijo con esas deficiencias, en cuyo caso, la ley hace depender la vida de la voluntad de otro o entiende que el concebido y no nacido es una "cosa" que puede ser eliminada por "defectuosa".

Respecto de los riesgos psíquicos para la madre, desechando tratar aquí la existencia de posibles corruptelas, parece razonable que entre impedir la vida, del concebido, o procurar una vida normal, de la madre, la opción debe ser respetar la vida y proteger al afectado. La ley debe procurar los remedios, que los hay, para conseguir esa solución. Aceptar ese motivo como justificación para impedir que el concebido llegue a ser persona física, conduce una vez más a su consideración como "cosa" o a otorgar a la representación democrática el derecho a vivir de quien no ha cometido delito alguno. No se trata aquí sobre los riesgos físicos en la madre si se produjera el nacimiento, la decisión entre "dos vidas", situaciones y momentos que condicionan la decisión porque es un debate diferente. 

Hay que volver al principio. Una ley, "ordenación racional", que afecta al concebido y no nacido, cuya relevancia jurídica reconoce el Código civil y la doctrina del Tribunal Constitucional, exige coherencia en su fundamentación. El cambio que pudiera producir una "ley de plazos", legalidad del aborto sin condiciones hasta un cierto tiempo de gestación, facilita el descubrimiento de la "irracionalidad" del fundamento de una ley que permita el aborto voluntario. Superado el debate científico sobre el tiempo de viabilidad, de individualización, de funcionamiento propio e independiente, queda a la vista del observador jurídico que cualquier decisión sobre el tiempo en el que se puede impedir al concebido que llegue a nacer contiene todos los elementos propios de la arbitrariedad. Y nos sitúa a todos ante un poder social sobre la vida, ante el hecho de que una vida dependa de una conveniencia política, de un acuerdo, de una transacción, o de la voluntad, precisamente, de quien por su propia naturaleza es un ser preparado para concebir y dar vida.



JULIO BANACLOCHE PÉREZ (Abogado)

La alegría de nacer



Agradecer cada mañana, con su luz y novedad, es una actitud sana y positiva. La familia, la gente de la calle, la actividad cotidiana, pueden ser motivos de alegría. También es verdad, que el peso de los problemas puede encapotarnos el día y oscurecer la ilusión de vivir. Quizás es bueno reflexionar un poco al respecto: nadie ha nacido por mérito propio y, por otra parte, la inmensa mayoría de las personas agradece su existencia. Además, parte del peso de los problemas personales puede estar en el modo poco positivo de afrontarlos. Esto nos lleva a tener motivos profundos para vivir, que vayan más allá de nuestros condicionantes materiales y de nuestros estados de ánimo, aunque todos ellos sean importantes.

El motivo más humano para vivir con felicidad es el amor. Entiendo por amor no solo un afecto, sino una facultad, incluso una dimensión de la persona que tiende a valorar la identidad del otro afirmándola: el amor es un sí a la vida. El verdadero amor nos hace ser mejor personas y ayuda a serlo a las demás. Para poder darlo, antes hay que experimentar el haberlo recibido. Nuestra familia es el ámbito privilegiado para sabernos queridos y, por tanto, dotados de sentido.

Cuando el corazón se educa y entrena en este amor bueno, es más fácil afrontar los compromisos que conlleva. Uno de ellos, vitalmente importante, es el matrimonio. La felicidad de los hijos se apoya, en gran parte, en el amor fiel y sacrificado de los padres. El amor es fructífero y ama la vida, especialmente la de los hijos. Un hijo es un don y una inmensa alegría de muy largo recorrido; no es una carga y un problema, aunque suponga esfuerzo sacarlo adelante. En la familia se quiere a cada uno por sí mismo. Por esto, el valor de cada nuevo hijo es incondicional. Es clave que cada miembro familiar se sepa querido y apoyado, bajo cualquier circunstancia, teniendo así un fundamento sólido para vivir con confianza.

La fe cristiana se compenetra eficazmente con el nobilísimo proyecto familiar, y aporta a quienes la viven una fuerza renovada que les ayuda a vivir sus compromisos humanos.

Nuestra sociedad occidental es tristemente abortista, porque ha perdido la alegría de saber amar. Pero también es verdad que muchas personas y familias se dejan la vida por sacar adelante la de los suyos. Toda esta alegría esforzada tiene que fraguarse en leyes que protejan la identidad y subsistencia de la familia, así como el valor insustituible de cada ser humano, muy especialmente el de los más vulnerables: los hijos concebidos y aún no nacidos, que tienen el derecho a la alegría de nacer. En esto nos jugamos la dignidad y el futuro de nuestra sociedad.


José Ignacio Moreno Iturralde


Saturday, May 04, 2019

Creatividad



Para tocar bien un instrumento musical, primero hay que aprender sus reglas básicas. Poco a poco se va adquiriendo experiencia y puede llegarse, más adelante, a componer con estilo propio. Esto sucede también en los deportes, cuando alguien inventa una jugada nueva. En atletismo fue revolucionario, por ejemplo, el salto de Fosbury en altura. Nunca antes se había hecho así. Hay muchos casos más en otros aspectos de la vida, como ocurre en el mundo del trabajo cuando un buen profesional es capaz de innovar algo en su tarea habitual.
La creatividad se basa en el trabajo previo de muchos días de esfuerzo. Pero requiere de algo más: atención, ilusión y, seguramente, algo de genio personal. La creatividad surge de algo que admiramos y estimula nuestros proyectos. Conviene no ser un ingenuo y saber que la vida tiene mucho de monótono y repetitivo, pero al mismo tiempo hay que tener presente a alguien a quien apuntan los estudiosos de este tema: “el niño que llevamos dentro”. El niño juega y se interesa por muchas cosas. Si lo tenemos totalmente sepultado, la creatividad es muy difícil o imposible.
Cada persona tiene un potencial que hay que saber desarrollar. Es importante encontrar el lugar donde uno puede rendir más. Si uno pone esfuerzo e ilusión, puede conseguirlo. Es importante también ayudar a los demás a hacerlo. 

José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, April 28, 2019

Enseñanza en 4-D hacia una meta personal


En nuestro mundo tridimensional, es bueno buscar una cuarta dimensión que abarque y valore las otras tres. Voy a intentar aplicar cuatro dimensiones, que considero importantes, a la tarea educativa de un colegio o instituto.

1. Perspectiva original: entiendo por este concepto la capacidad de ponerse en el lugar de lo que esperan los demás. En el caso de la educación, los propios alumnos y alumnas, sus familias y la sociedad. Quisiera proponer, con mucho margen de matizaciones, cuatro cuestiones al respecto:

a) Aprendizaje provechoso: hay que ayudar a los alumnos preguntarle a que se pregunten con frecuencia si realmente han aprendido. Es significativo procurar establecer conexiones entre lo que aprende y su vida diaria. También conviene comprobar si sabe estudiar con provecho. Pueden ser útiles algunas clases de técnicas de estudio como asignatura complementaria.

b) Adquisición de virtudes: enseñar a los alumnos a saber estar y a participar en la vida escolar con respeto, puntualidad y clima de trabajo. Las virtudes, entre las que destacaría la capacidad de concentración y el hábito de estudio, son imprescindibles para aprender. Una cosa muy buena es saber fomentar el hábito de lectura. Los buenos libros ayudan a vivir con más intensidad.

c) Felicidad: es necesario establecer una comunicación personal, cordial,  sabiendo corregir y procurando ser animantes con los alumnos. Hay que  darles ciertas responsabilidades para que sientan el colegio como suyo.

d) Capacitación: que adquieran los conocimientos y hábitos de trabajo que se esperan, procurando fomentar su personal perspectiva de lo estudiado.

2. Relaciones personales: Voy a centrarme en la participación del alumno en su escuela. Podemos dividir este apartado en varios aspectos:

a) Conocer bien la realidad de cada alumno, como antes dijimos. Se hace precisa la fluida comunicación con el interesado y con su familia. Esto puede lograrse mediante las tutorías personales periódicas con los alumnos, y con sus familiares. Esto requiere un horario realista, donde se ofrezca un tiempo real en los horarios de los profesores, para que puedan desempeñar esta provechosa actividad.

Otro instrumento de gran interés será el conocimiento de lo que informe el Departamento de Orientación respecto a cada chico o chica, con la discreción que ello conlleva.

b) Las excursiones y actividades extraescolares son una buena manera de fomentar el conocimiento entre alumnos y profesores. Puede ser muy interesante que participen en ellas algunos padres que estén dispuestos.

c) Basándonos en los apartados anteriores, podemos fomentar los puntos fuertes de cada alumno, para poder ayudarles mejor en sus necesidades.

d) Dar espacio a que cada alumno aporte su conocimiento, creatividad y personal visión de diversas cuestiones, tanto académicas como de otros ámbitos de la vida escolar. Esto puede lograrse mediante trabajos personales y en equipo, por escrito o mediante exposiciones en clase. Los Consejos de Curso, como representantes de los alumnos de una clase, pueden ser un buen vehículo para transmitir las opiniones de todos los alumnos respecto a la marcha del curso escolar.

3. Conocimiento de la realidad: Educar a ser realistas puede entenderse en el ámbito escolar en dos sentidos:

a) Una enseñanza competente de los contenidos de cada asignatura: el profesor debe saber de la asignatura que imparte. Un profesor tiene que estudiar y ampliar sus conocimientos.

Por otra parte, quisiera insistir en un aspecto relativo a la diversidad. Entre 12 y 18 años, que es la franja de edad que mejor conozco, existen grandes diferencias entre los alumnos. Sería muy recomendable establecer currículums académicos que se adecúen a esta notoria realidad. Concretamente, me parece fundamental establecer un recorrido de Formación Profesional anterior a los 16 años. La Formación Profesional es un modo de atención y capacitación académica para alumnos que tienen más aptitudes para este tipo de estudios. Esta Formación Profesional, cuidada como se merece, puede ser un camino próspero hacia la profesión y hacia carreras universitarias acordes a estos tipos de estudios de índole práctica.

b) Una explicación y exigencia, oral y por escrito, de unas normas de comportamiento escolares: Hay que procurar hacer amable la convivencia exigiendo con cordialidad y firmeza las normas fundamentales de la escolaridad: sobre todo el respeto y el clima de trabajo y de ayuda a los demás.

4. Símbolos y metodología: expongo ahora unas breves ideas sobre el aspecto formal del aprendizaje.

a) Símbolos: Los entiendo aquí como modos significativos de aprender. Por ejemplo, es importante contar historias o ejemplos llenos de sentido humano. También es adecuado fomentar la transversalidad de los conocimientos, haciendo ver su valor global en la vida. De este modo se refuerza el factor significativo de lo aprendido.

Pienso que es muy importante sembrar referencias de alto valor: transmitir la seguridad de que la vida y la familia merecen la pena. También es clave enseñar, con el ejemplo, que el servicio a los demás es fuente de alegría.

b) Metodología: hay que establecer unos modos de conocimiento atractivos. Es adecuada una utilización responsable y controlada de la tecnología y de e internet. Son valiosas las técnicas como trabajo cooperativo o enseñanza por retos de aprendizaje, entre otras. Pienso que conviene recordar que lo que a un grupo le va bien, a otro puede ser que no le convenga tanto. Por ejemplo: antes de establecer el trabajo cooperativo, es deseable que los alumnos de la clase tengan un nivel de disciplina y de autocontrol aceptable. No hay que perder de vista que los métodos son medios y no fines de la educación. Me parece saludable que cada profesor tenga libertad para establecer la metodología que considere oportuna, de acuerdo con las directrices generales de su escuela.


Conclusión: Los cuatro apartados anteriores se relacionan entre sí. Hay una más neta relación entre el punto 1 y el 2; y entre el 3 y el 4. Buscando un punto de conexión, o centro de las cuatro dimensiones analizadas, podemos llegar a una meta que puede ser el significado mismo de la educación: ayudar a desarrollar la personalidad de cada alumno para que sea capaz de actuar, de modo libre y positivo, en su vida familiar, profesional y social.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, April 26, 2019

Una carambola educativa fantástica en el Colegio Alborada



Unos alumnos míos de 1º Bachillerato del Colegio Alborada han leído una novela, que les ha fascinado. Trata de Filosofía, de valores y creencias, con una trama muy bien armada y una estética dura y sin complejos. Su título es “Los pilares del cielo” (editorial Rialp). La ha escrito un tipo que cuando tenía 16 años llevaba el pelo hasta la cintura, le encantaba el heavy metal, y estaba hecho todo un vallecano del colegio Tajamar. Ese tipo se ha cortado el pelo, se casó hace tiempo, tiene tres hijos, y ahora esté haciendo unas prácticas docentes en Alborada. Se llama Eduardo, y también tuvo que soportarme como profesor. Es una carambola educativa fantástica ver como unos alumnos actuales aprenden y disfrutan con el libro de un antiguo alumno.


José Ignacio Moreno Iturralde

Libertad de educación y elecciones


Pienso que el derecho a que las familias puedan acceder al modelo de educación que consideran más oportuno para sus hijos, es algo que un estado puede y debe promocionar. Por otra parte, con el máximo respeto a la dignidad de toda persona, resulta chocante que actualmente, en la democracia de nuestro país, los profesores tengan que andarse con mucho cuidado a la hora de hablar con profundidad de algo tan humano y educador como es la familia, por temor a posibles sanciones. Me parece que la libertad en la educación es un factor importante a tener en cuenta en las próximas elecciones generales.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, April 20, 2019

La familia con estrella polar



El hecho de ser personas, es decir seres racionales y morales, nos hace responsables de nuestros semejantes. De la relación que mantengamos con las personas, especialmente con las más necesitadas, depende nuestra valoración de la humanidad y de nosotros mismos. Tales relaciones empezarán  por un orden  de compromiso y cercanía respecto a los demás. En primer lugar, está nuestra familia.

Suelo decir a mis alumnos que han de querer mucho a su padre como a su padre, a su abuela como abuela, a su novia como novia y, si se casan, a su mujer como esposa. El amor, para ser tal, debe ser ordenado, adecuado al sentido de quien se ama. Por otra parte, siempre es importante pararse a pensar si tal amor hacia alguien me está haciendo ser mejor persona o no. Los verdaderos amores perfeccionan las personalidades.

El cristianismo ha insistido por boca de su Fundador en que 
"lo que Dios ha unido no lo separe el hombre". La institución familiar establece vínculos y responsabilidades que reclaman una ayuda incondicional permanente, como muy bien entienden los hijos. No es lo mismo que el hombre y la mujer se unan mientras les convenga, a jugarse la vida a una carta por el cónyuge; la relación y el afecto que se derivan de ambas opciones son distintos.  

A algunos les parece que el matrimonio es una superstición, una suerte de ceremonia social un tanto postiza e hipócrita. Chesterton escribió el libro titulado "La superstición del divorcio". Para este autor, el divorcio es la superstición que considera a la ruptura de la vida matrimonial como la solución mágica para rehacer la vida. Es cierto que existen convivencias matrimoniales muy difíciles, incluso imposibles, pero esto no puede hacer olvidar que una persona es una única biografía. Todo lo vivido con el primer cónyuge no puede ser comunicado al siguiente. Un divorcio es una ruptura profunda en la propia vida. Y una ruptura favorece la aparición de otras. Un matrimonio es también una promesa de toda la persona. Sí esa promesa se rompe, puede perderse la persona misma. No abordo aquí, aunque es de mucho interés, la existencia de matrimonios nulos; es decir: realmente inexistentes. 


La vida de toda persona es una misión. También la familia tiene unos objetivos comunes. La fascinación por la moda de la joven Alicia no tiene nada que ver con las ideas revolucionarias del universitario Alfredo. Las alegres tonadillas de papá son poco solidarias con las jaquecas de mamá. La pasión futbolística de Jaime ignora absolutamente los efectos de la edad del pavo en Elena. Pero toda esa abigarrada colección de sentimientos encontrados es tolerable, e incluso amable, cuando existen unos principios y objetivos comunes, que trascienden los estados emocionales de los miembros de la familia. Si no hay más referencia que los propios afectos e intereses, la familia no puede sobrevivir, pierde su identidad de empresa común abierta a otras familias, y el individualismo termina por dividirla. Sin embargo, cuando una familia tiene un norte, aunque cada miembro tenga rutas distintas para lograrlo, esa familia no se desmoronará. Si hay una misma estrella polar, la de Dios, a lo largo y al final del camino la familia estará unida. Pero si no ocurriera así, la estrella sigue estando ahí, y con la ayuda de buenos consejeros, se puede recuperar el rumbo con humildad y con luz.



José Ignacio Moreno Iturralde





Friday, April 19, 2019

El misterio de la aceptación




Que nos toque la lotería o aprobar una oposición son realidades muy bien aceptadas. En las cosas estupendas de la vida, solemos estar encantados de nosotros mismos. Hay, por contraste, imprevistos o desgracias en las que nuestros planes se vienen abajo, y bastante hacemos con salir adelante. Además, hay aspectos habituales de la existencia que pueden resultar costosos, grises, ásperos: una convivencia familiar delicada, una situación laboral difícil, o una molesta enfermedad crónica. Es lógico poner todos los remedios a nuestro alcance para solucionar estos problemas, pero no siempre es posible. Se hace preciso aceptar la propia vida. Pero si esta aceptación se basa simplemente en que no hay otra salida, no es fácil que tal postura nos llene de sentido.

En la semana santa, muchas personas han podido pensar en la aceptación que Jesucristo hizo de su vida y de su muerte. En tal actitud, cuyo entero contenido nos excede, no entendemos solo resignación, sino entrega sin condiciones, plenitud de amor. La aceptación que Jesús hizo de su vida es algo que puede ayudarnos, y mucho, a la aceptación de la nuestra. La cruz cristiana se revela como el lugar incómodo, desde el que ayudar con eficacia a los demás. Paradójicamente, es un lugar de alegría y satisfacción. La cruz de Cristo es la que ajusta nuestra vida a nosotros mismos, porque desde ella se ve la providencia de Dios. La cruz no termina en sí misma, sino que es el paso a la Resurrección; y aunque este hecho histórico y de fe tenga que ver con una vida nueva, tal asombrosa noticia ilumina y tonifica nuestra vida actual. Ya no se acepta la vida porque no hay más remedio, sino que se entiende que aceptarla es el remedio para ser feliz.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, April 17, 2019

Educar personas, novedades en el mundo


En la vida de toda persona hay cuatro dimensiones nucleares: el conocimiento, la libertad, el convivir con los demás y la capacidad de querer[1]. Estos aspectos nucleares son promovidos y educados principalmente en la familia. Ahí es de donde parten las señas de la propia identidad y las raíces de la educación.

La escuela, en sus distintos niveles, complementa esa educación, y supone un valioso agente capacitador y socializador. Si el colegio o instituto se toma en serio el educar personas, tendrá que atender a esos cuatro aspectos nucleares, antes citados. Por este motivo, es tan importante que exista una buena comunicación entre los padres y los profesores. Esto redundará en una mejor formación para los alumnos, y en un ejercicio profesional más satisfactorio para los docentes.

Pese a las limitaciones de la realidad educativa, o tal vez incluso gracias a ellas, hay que educar el conocimiento con contenidos valiosos y métodos competentes. Pienso que es importante que toda la necesaria innovación metodológica no olvide que es un medio, no un fin. El fin es ayudar al buen desarrollo de la persona que cada alumno es. La escuela es también un ámbito de libertad; ciertamente limitada y forjada en virtudes valiosas, pero necesaria. Sin libertad la persona se ahoga, no puede aprender. Las relaciones de convivencia son un ámbito de educación imprescindible para aprender a ser feliz. La capacidad de querer y de ser querido, empezando por el respeto, es la condición de una educación profundamente humana y significativa.

Dado que las personas tenemos una misma dignidad, pero características diferentes, es muy importante atender a esta diversidad; pero de verdad: con planes de educación realistas que contemplen recorridos curriculares plurales, que funcionen, donde el fracaso escolar tienda a cero; y con ratios profesores/alumnos razonables, entre otras cosas.

Cada persona es una novedad en el mundo. Todos los chicos y chicas llevan un punto de genialidad, porque pueden interpretar personalmente la vida y aportar su perspectiva única y personal. Si los estados invirtieran seriamente en educación, formativa y económicamente, potenciando la iniciativa docente pública y privada -ambas son aliadas si lo que se trata es de favorecer a los alumnos y a sus familias-, se produciría el mayor avance de su historia. 

La consideración pesimista de la persona y de la familia, junto con una visión gremial de los alumnos, es el mayor freno a la educación. Un motor de auténtico progreso educativo ha de tener en cuenta el valor insustituible de cada persona y de su enorme capacidad de renovar el mundo, si se le ofrecen las condiciones adecuadas.

José Ignacio Moreno Iturralde




[1] Saco algunas ideas de Leonardo Polo en su obra Antropología trascendental, Eunsa, 2016.