Monday, October 26, 2020

El ejemplo de los abuelos

Cuando llegan los años de la ancianidad, toda la capacidad de ternura acumulada en la vida se vierte en los nietos. La identidad familiar de la persona se intensifica en los lazos de los abuelos respecto a sus nietos, con un cariño inefable. Al pensar en la abuela, uno puede recordarla como una ráfaga de alegría o como un regazo de comprensión. Al recordar al abuelo, con sus limitaciones y defectos, se puede entender el inmenso valor de una vida sencilla y fiel, entretejida de una respuesta enteriza ante las olas de la existencia.

Los abuelos, hace no muchas décadas, vivían con frecuencia en el hogar de sus padres y nietos. Hoy, las condiciones laborales y otros factores, hacen que esto sea menos común. La cercanía de ellos es un factor educativo de primer orden para los nietos. Los cuentos del abuelo y la sonrisa de la abuela, pueden ser una referencia para toda la vida. Actualmente es notoria y generosa la dedicación de los abuelos a sus nietos, cuando los padres no llegan a poder atender a todas las necesidades de sus hijos. ¿Qué podrá suceder dentro de pocas décadas si la condición de abuelos se ha relativizado y difuminado tanto como está ocurriendo con la vida matrimonial? Si el futuro depara abuelos separados y mayoritariamente recluidos en residencias de ancianos, la visión de la vida de los más jóvenes quedará entenebrecida; cosa que sospecho que ya sucede en un considerable porcentaje de chavales.

Sin embargo, este panorama sombrío puede ser plenamente iluminado por las luces de nuestra condición nativa de hijos. Ningún poder humano puede arrebatarnos lo que somos: seres familiares. De los errores y las deformaciones pueden surgir superaciones y logros más altos. Pienso que la naturaleza humana tiene un mecanismo de autorregulación para volver a configurarse como lo que es, y considero que la ayuda de Dios no es un accesorio artificial, sino que se inserta profunda y sanadoramente en nuestra vida, con tal de que libremente le demos permiso.

Puede que los abuelos no hayan sido unos héroes, pero han sido algo mucho más importante: aquellos seres queridos que nos han enseñado que es posible ser fieles a la familia, que la vida merece la pena y que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida.


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Sunday, October 25, 2020

Noches de la infancia, llenas de seguridad y felicidad


Las noches de la infancia son un lujo que conviene recordar. Qué calorcito, qué seguridad y qué pronto un sueño bendito hacía su presencia al acostarse. Teniendo una casa modesta, una caldera que funcionaba y una familia unida, los años de la infancia se recuerdan como tejidos por la trama de la felicidad. Hace décadas, cuando era más frecuente el pasar a la casa de los vecinos, los chavales jugábamos unos divertidos torneos de fútbol con chapas. Cada equipo forraba de telas sus achaparrados jugadores y los garbanzos hacían de balón de fútbol. Pero entre todas las jornadas del año, la noche de Reyes Magos tenía una magia y un atractivo especial: aquello era la ilusión en estado puro. Qué emoción al acostarse y considerar los regalos, que sus majestades dejarían a lo largo de la madrugada. A la alegría mañanera de los obsequios, se unía la visita de algunos tíos que dejaban otros presentes. Toda aquella maravilla, que gracias a Dios sigue presente en muchos hogares, tenía un precio que un niño uno no terminaba de valorar, porque lo daba por contado. Estoy hablando de la fidelidad de un padre y una madre, que se querían pero que habían tenido que afrontar muchos sinsabores en la vida, en ocasiones muy duros.

Toda la ilusión de los niños, que es como una luz de esperanza para sus padres, descansa en un amor personal que sabe renunciar a muchas cosas. En el matrimonio se mezcla la pureza y la pasión, la generosidad y la economía, la energía y la humildad, la libertad y la entrega. El matrimonio es una fantástica paradoja: es el amor hecho a nuestra medida. Se trata de la mutua entrega de un hombre y una mujer profundamente diferentes, que llegan a ser como una sola alma. El cristianismo afirma que “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mt, 19, 6). Esta seguridad de la fe fortalece la andadura de la entrega y la fidelidad matrimonial, renovando el corazón con el perdón, la gratitud y la generosidad que brotan de la fuerza divina. Ciertamente puede haber situaciones insostenibles, pero hay muchas otras que son perfectamente superables humana y cristianamente. Muchos de los problemas matrimoniales no surgen de factores externos, sino de defectos personales como el egoísmo y el orgullo. Junto a estupendas cualidades y virtudes, las personas llevamos dentro gérmenes negativos y tendencias al mal. Sólo admitiendo este presupuesto sabremos entendernos a nosotros mismos, a nuestro cónyuge y a nuestros hijos. Si, por el contrario, nos erigimos en jueces absolutos de nosotros mismos acabaremos por justificar nuestros errores y, quizás más adelante, por valorarnos equivocadamente como unos fracasados sin remedio.

Del amor matrimonial, que es simultáneamente renuncia, surge la raíz de la vida, la alegría de los hijos y el futuro del mundo. Es ahí donde radica el corazón de la educación porque es en la familia donde se puede educar y exigir desde el más profundo cariño y entrega. El hogar se convierte para los niños en el lugar humano y sereno donde juegan, ríen, son queridos y exigidos. Así, pueden soñar un futuro lleno de ilusión para sus vidas. El amor entre los padres, hecho de muchos detalles concretos y cotidianos, es para los hijos la más convincente y mejor escuela para la vida. Una escuela donde se aprende a perdonar, a pedir perdón, a ayudar a los demás, y a pasarlo bien.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, October 24, 2020

Un norte de felicidad. Mandamientos y sacramentos de la Iglesia Católica (libro)


 

Os presento un nuevo libro que acabo de publicar titulado: "Un norte de felicidad. Mandamientos y sacramentos de la Iglesia Católica": https://www.amazon.es/dp/B08L2HYWF3

Lo he hecho pensando en matrimonios y en antiguos alumnos. Por si veis de interés darlo a conocer. Muchas gracias.

Friday, October 23, 2020

Madres coraje y educación


 

Un alumno de doce años me dijo un día que era autista. Le respondí diciéndole que yo tengo problemas de sueño. Me parecía que tratarle con normalidad, sin menospreciar en absoluto el hándicap que padecía, era el mejor modo de hacerle ver que todos tenemos limitaciones. Es también importante una buena formación del profesorado al respecto. Aquél muchacho ha ido progresando, curso a curso, hasta terminar Bachillerato con unas notas brillantes.

En una conversación con sus padres, supe que mi alumno había tenido anteriormente un autismo mucho más severo. Por este motivo, su madre dejó el trabajo para dedicarse de pleno a sacar a su hijo adelante. Suena muy bonito, pero se trata de una opción que requiere de mucho coraje, y de mucho cariño operativo.

Otro alumno de la misma edad que el anterior, pese a ser bastante trabajador, tuvo un problema cada vez más evidente de aprendizaje. Su madre le dedicaba todas las tardes, para hacer que el chaval fuera mejor preparado al colegio. A mí me parecía excesivo tal rigor materno, pero el caso es que después de seis años, este muchacho ha realizado su primer año universitario en una universidad prestigiosa, con un manejo del inglés estupendo y una sólida eficacia académica. 

He puesto dos ejemplos, entre muchos de los que podríamos hablar. No quiero decir que todas las madres tengan que hacer esto, como es lógico; sino que hay algunas heroicas. Más que algunas, muchísimas, aunque no dediquen tanta atención pedagógica a sus hijos, con frecuencia porque no hace falta. 

Personalmente pienso que ser ama de casa es una profesión esforzada y maravillosa: es la que vi en mi madre; una mujer trabajadora, muy simpática, y que desconocía por completo lo que era un complejo. Los tiempos han cambiado y es muy frecuente que la mujer compagine el trabajo y la atención al hogar. Esto requiere de los esposos una especial atención y compromiso en las tareas de la casa, y también en la educación de los hijos. En una sociedad en la que se ensalza a la mujer, cosa en principio muy buena, los hombres tenemos que dar el do de pecho, especialmente en nuestros compromisos familiares. Solo así seremos el tipo maduro que, pese a sus defectos, es un baluarte en donde puede descansar su mujer, siendo una referencia segura para sus hijos.

Hay, por tanto, mucha madre coraje y esto es fantástico. Si por un día, los medios de comunicación se centraran en contar infinidad de noticias al respecto, me parece que nuestra visión del mundo sería bastante más positiva. Una vez escuché que el mejor invento de Dios son las madres. Soy hombre y me adhiero a esa opinión. Una madre alegre, enamorada y positiva hace que la familia entera entre por caminos recios de felicidad. Los hijos sueñan con comerse el mundo cuando, sin darse casi cuenta, saben que sus madres están ahí para lo que haga falta. Un hombre, si no es un inmaduro o un tonto, es capaz de centrar su cabeza cuando tiene centrado el corazón en su mujer.

Las situaciones de separación requieren no solo de resiliencia, sino de una ayuda cualificada. Dejarse ayudar por personas que merezcan nuestra confianza es una decisión inteligente, que hará mejorar la alegría de vivir y el coraje para afrontar la vida, aunque en ocasiones no sea sencillo.

Las madres coraje, tantísimas, son un motor enorme no solo para su hogar, sino para la enseñanza escolar y la entera sociedad. Son, entre otras muchas cosas, un impulso formidable para la aventura del conocimiento de sus hijos.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, October 22, 2020

Educar con la familia


Siendo muy niño me dejaron en la puerta de un nuevo colegio, en manos de una profesora a la que desconocía por completo. Tengo el recuerdo de volverme hacia mi madre, berreando a todo pulmón por tamaño e incomprensible desasimiento. Después, mis imágenes de párvulos se desvanecen, y solo aparecen algunos fotogramas en los que había que colocar cubiletes de colores en algún curioso tablero.

Las camisas escolares a cuadros de la infancia, las tareas con pinturas, los cubos y los balones, nunca me han parecido excesivamente interesantes. Lo verdaderamente importante eran las croquetas que hacía mamá, y el par de besos al verla. Quizás por aquellos años uno valoraba más las croquetas. Ir al parque de la mano de tu padre era como entrar en un cuento fantástico, donde la luz del sol, el agua de las fuentes y la vistosa moda de los pavos reales, mostraba la vida como un libro abierto. Todo aquel lejano mundo, vivo en la entraña del alma, era un lugar seguro, sereno, despampanantemente sencillo, donde uno se sentía protagonista de su propia historia.

La vida escolar es un mundo de tareas, de socialización, de compañerismo, o de coscorrones jugando al fútbol; pero no puede tener la magia del hogar. La propia casa, los padres y los hermanos, son el manantial de la educación. La familia forma las raíces de la persona y de su desarrollo. Alguien que tiene una visión positiva de la familia, pese a todos los problemas que en ella se pueden dar, es la que puede educar con más humanidad.

La educación escolar es necesaria para el desarrollo de la persona y de la sociedad, pero solo cuando se orienta al servicio de las familias es cuando se hace tolerable, interesante, e incluso apasionante. Todos los sistemas educativos que olvidan la raíz familiar de la educación se convierten en un rollo, que quita la simpatía de la vida. La alegría escolar ha de ser un reflejo de la alegría familiar. Sin embargo, la familia sufre hoy una poderosa crisis de identidad: por esto hay tanto joven desnortado y desencantado. Sólo desde el fortalecimiento del amor familiar, en la medida de lo posible, encontraremos el corazón dispuesto y la mente abierta de los alumnos.

Estudiar -interesante tarea para un profesor-, preparar bien las clases, conocer aplicaciones interesantes para las materias, encarnar el valor de la asignatura y ser cordial y positivo es algo muy conveniente. Pero solamente conociendo a las familias de nuestros alumnos seremos capaces de ayudarles y educarles como se merecen.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, September 25, 2020

Una idea sobre la felicidad


Me parece que la felicidad está en dejar de plantearse ¿qué es lo que espero yo de Dios?, y hacerse esta otra pregunta: ¿qué es lo que Dios espera de mí?


José Ignacio Moreno Iturralde