Sunday, September 16, 2018

Vestir con inteligencia


Una persona medianamente madura, conoce sus puntos fuertes y sus debilidades. Se alegra de vivir y de ser como es; al tiempo que es consciente de lo mucho que puede mejorar. Esta idea positiva y modesta de sí misma, le lleva a manifestarse con naturalidad y equilibrio: en la conversación, en la convivencia, y también en el vestido.

Si se vive con modestia, con alegría de vivir y con la convicción de la grandeza y la fragilidad interior, el modo de vestir puede ser atractivo e inteligente. Sería triste una persona que, pudiendo no hacerlo, descuidara su imagen. Pero no es menos equivocado vestir de un modo excesivamente provocativo. De esta manera se pretende exaltar el yo, no se piensa en los demás, y se da una idea errónea y pasajera de la propia identidad.

Puede ser más comprensible que personas jóvenes, más inmaduras, tiendan a vestir provocativamente. Es lamentable la dejación de autoridad que hacen sus padres al respecto. Más triste es aún ver a personas mayores vestir con poca modestia. Por esto, en nuestro panorama social, resulta especialmente atractiva la persona que, señora de su categoría personal, viste con estilo y discreción.

Que cada quien vista como le parezca. Tan solo quiero decir que la modestia es inteligencia, y que vestir inteligentemente nos ayuda a todos a vivir la mejor de las modas: ser mejores personas.



José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, August 18, 2018

La Iglesia Católica, nuestra Madre

La Iglesia, la casa común de los cristianos donde hemos recibido los sacramentos, ha pasado a lo largo de estos veinte siglos por muchas vicisitudes. Multitud de mártires, de obras de generosidad heroica así como de servicio cotidiano, han tenido lugar desde la venida del Redentor a nuestro mundo. La historia también ha demostrado que los cristianos, por ser hombres, hemos cometido errores a lo largo del tiempo. Actualmente, algunos escándalos vergonzosos son motivo de sufrimiento. Pero esos abusos, que habrá que valorar en función de los hechos y de los tribunales, y no de los titulares de algunos medios de comunicación, no ponen en entredicho la santidad de la Iglesia. Ella reside donde está la Eucaristía, Dios mismo hecho donación para el hombre. Todos los católicos hemos de defender a la Iglesia, como se defiende a una madre. No se trata de esconder los problemas que puedan haber sucedido, que han de ser juzgados por quien corresponda; pero sí de hacer ver el inmenso bien religioso, moral, familiar, educativo y asistencial que la Iglesia ha tenido, tiene y tendrá. La barca de Cristo nunca se hundirá porque sobre el que recayó el más infamante abuso, dijo con su palabra eterna: “tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).



José Ignacio Moreno Iturralde