Tuesday, September 20, 2016

Huevo de Pascua

Enrique García-Máiquez | Diario de Cádiz, 18.09.2016 

EN la última de Woody Allen, una glamurosa pareja es preguntada por el secreto de su felicidad. Contestan, entre las risas admirativas de todos: "Nos encantan los niños… de los demás". Se ve que es un clima de opinión, porque hace poco El Mundo titulaba un reportaje: "¿Por qué sin hijos serás más feliz?" El trabajo científico que le daba pie lo firmaban Blackstone y Stewart, sociólogos americanos, que entrevistaron a 21 mujeres y 10 hombres que habían decidido no tener hijos. El campo de estudio se parece mucho a una tertulia de amigotes después de una cena y, como se ciñe a quienes habían decidido no tener hijos, el resultado era previsible. 

Pero lo cierto es que la cuestión está aquí, y tenemos los datos de las ex pirámides de población, que mejor llamaríamos "huevos de pascua de población", por la forma que ya tienen y por la pascua que nos terminarán haciendo con las pensiones, la sanidad y hasta con la paz de las relaciones intergeneracionales. Sin embargo, insistir en la pascua es contraproducente. Estoy encantado con mis hijos, pero me entristece verlos como los solitarios sostenedores del futuro estado del bienestar. Si fuera para pagar pensiones, no los tendría. En Italia han hecho una polémica campaña que insta a las mujeres a no dormirse en los laureles: "La belleza no tiene edad, la fertilidad sí". Recordar el reloj biológico tampoco parece muy motivador. Los partidarios de la infertilidad aciertan al poner el punto de mira de su propaganda en la felicidad. 

Aunque una cosa es apuntar, y otra, dar en el blanco. Hablar de la felicidad, mientras no se invente un felicímetro (que iluminaría graves problemas filosóficos y existenciales) no deja de ser algo bastante subjetivo y presuntuoso. Yo no quiero presumir de mi felicidad ni echarla a pelear con la de nadie, pero desde que leí el articulo me obsesiona una idea. No se cuenta en esa felicidad que se propone la de los hijos, que yo sumaría. Quiero decir, la pareja sin hijos puede contar la suya, y me parece genial, y se la deseo inmensa. Lo justo es que a la de mi mujer y a la mía, que no son mancas, se sumen las de nuestros niños, que corretean alrededor de mi mesa mientras escribo esto, y, si ellos tienen hijos, que se sigan sumando felicidades, y, si no los tienen y son muy felices, que recuerden que lo son porque sus padres sí los tuvimos. La felicidad no es sólo la que se tiene, sino la que se da.

Wednesday, August 17, 2016

Universitarios de toda España estudian en Granada cómo cambiar el mundo

Estoy asistiendo, como profesor invitado, a una Universidad de verano en la ciudad de Granada, durante el mes de agosto. Asisten unos setenta estudiantes de Grados diversos, desde Lingüística hasta Ingeniería Industrial, procedentes de distintas universidades. Las clases, coloquios y trabajos de investigación abordan temas de actualidad y calado. Se están tratando temas candentes de ecología, historia de las ideas sociales, así como de ilusiones y esperanzas de la juventud universitaria para mejorar la vida. Otros temas, con invitados especiales, van desde la técnica cinematográfica hasta la situación social en Rusia y Ucrania. Todo esto se combina con deporte, algunas excursiones a lugares cercanos, espacios para baile y diversión, y visitas a lugares emblemáticos de esta ciudad. Me asombra el buen ambiente reinante, el afán de aprender de los universitarios cuestiones transversales a sus especialidades, así como la solicitud en la atención a un participante discapacitado, experto en cante flamenco. Viviendo este entorno, pienso que tenemos muchos universitarios de valía, gente con empuje y ganas de cambiar el mundo.


José Ignacio Moreno Iturralde