Leonardo Polo es un
filósofo contemporáneo que ha insistido en la noción de abandono del límite
mental, para una mejor comprensión de la realidad y del ser humano… ¿De qué se
trata? Lo explica en su complejo libro titulado Antropología trascendental. Ahora
solo pongo un ejemplo: si yo digo “principio sin principio”, para referirme a
Dios, tengo que razonar para intentar entender algo de lo que digo, pero también
de algún modo tengo que abandonar o superar los límites de mi mente para
divisar un poco de la eternidad divina.
En relación con esto,
pensaba en otro aspecto con el que se puede establecer una analogía: el amor matrimonial
y el compromiso que conlleva. Si me enamoro de una persona y decido casarme con
ella, con idea de que sea para toda la vida, no tengo la seguridad mental de
que esto se vaya a cumplir necesariamente; podría salir mal. Quizás este
pensamiento lleva actualmente a mucha gente a no casarse. Pero el amor
comprometido necesita ir más allá del límite de seguridad mental: supone una
confianza y un riesgo. La fe cristiana anima y da seguridad al lanzarse a este
tipo de decisiones fundamentales: nos habla de la gracia de Dios y de su ayuda a
nuestras vidas. Además de la divina, este lanzarse tiene su gracia humana, precisamente
por su valentía al decidirse a algo comprometedor que no está totalmente
asegurado. El valor de ese ánimo de la fe, confirmado por la vida de millones
de personas, nos hace ver que tal confianza predispone a algo que es muy humano
y paradójicamente racional: hay que pensar, hay que hacer cuentas, pero también
hay superar la razón, porque la razón es un medio y no un fin. La razón se abre
y va más allá de sí misma cuando la persona ama, cuando se entrega a quien
quiere. Solo así el ser humano puede ser feliz. El principio del amor humano llegará
a su fin cuando enlaza con Dios: con un fin que no tiene principio.
José Ignacio Moreno Iturralde