Mi padre, que sabía siete
idiomas, se quejaba de que le hubiera gustado tener más memoria. Me decía que
un coche, aunque tuviera buen motor y carrocería, no avanzaba con las ruedas
pinchadas. Él comparaba las ruedas con
la memoria.
Cuando tenía catorce o
quince años, una profesora de Historia nos dijo que aprendiéramos una lección,
pues preguntaría a algunos alumnos para que la expusieran oralmente al día
siguiente. El tema trataba del rey Carlos I de España y V de Alemania. El
asunto ni me gustaba ni me apetecía, pero hice el esfuerzo y lo estudié bien.
Al día siguiente, la profesora me preguntó y yo respondí de memoria una buena
parrafada, sin titubear. Aquello me produjo satisfacción. Quién me iba a decir
entonces que terminaría estudiando Historia en la universidad.
Aprender las cosas de
memoria sin entenderlas es absurdo; tan absurdo como no emplear la memoria para
aprender. Saber las tablas de multiplicar y dividir, por muchos artilugios
tecnológicos que nos lo resuelvan, hacen que el pensamiento vaya mucho más
rápido. Ningunearlas es dejar de fortalecer la mente.
Los compañeros más
inteligentes que tuve en la carrera de Historia tenían una memoria estupenda,
totalmente solidaria con su capacidad de análisis. Uno de ellos preparaba los
exámenes no solo con los apuntes del profesor, sino que los enriquecía con una
provechosa de uno o dos libros sobre el asunto en cuestión.
Gregorio Liuri ha
explicado que la competencia clave para el presente y el futuro de la educación
es la lecto-escritura. Es decir: leer y escribir bien. El pensamiento se
desarrolla con el lenguaje oral y escrito. Las palabras escritas aquilatan y
perfilan los razonamientos. El ser humano es espiritual y material: esto se
pone también de manifiesto en la lectura y la escritura. Un chico que cuanto
antes lea y escriba bien, tiene mucho ganado. Me parece que actualmente no se
da a este asunto la importancia clave que tiene. También aquí juega un papel
importante la memoria, que facilita enormemente la relación de los conceptos y
las palabras.
José Ignacio Moreno Iturralde

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