Monday, June 20, 2022

Mirar de un modo original al pecado original


Nada más frecuente y burdo que las consecuencias del pecado original: orgullo, prepotencia, envidia, inmoralidad, egoísmo… Es asombroso constatar como muchos problemas del mundo se resolverían con sentido común y voluntad recta; pero, sin embargo, continúan permaneciendo bastantes injusticias. Por otra parte, resulta paradójico ver como los que no creen en el pecado original son firmes devotos de una autonomía humana sin límites, como si esto arreglara los conflictos personales y mundiales. 

Esta culpa original, de la que nos habla la revelación cristiana, es original porque nos hace conectar con nuestros orígenes; para que podamos entendernos más a nosotros mismos. Aquella rebelión contra el orden moral establecido, produjo un deterioro del ser humano. El remedio del Redentor fue la Cruz. Una Cruz inscrita en el mundo y abierta al infinito. Es la terapia divina, aplicada a la lesión del hombre: ayudarle a abrir su corporalidad a la entrega, su corazón al bien del prójimo, su mente a una  realidad clarificada por una luz inmensa de bondad que crea y supera las cosas.

Tal apertura supone esfuerzo y dolor. Pero nos ha sido enseñada como una manifestación de un amor enorme. Por esto, mirar a nuestra inestable realidad de un modo original -en el sentido de novedoso- es detectar en nuestros contratiempos y fracasos, una ocasión de salir de nosotros mismos para querer más y mejor al mundo y a los demás.

 

 

José Ignacio Moreno

Tuesday, June 14, 2022

Saber vivir.


El calorazo que últimamente invade nuestro día, muestra una luz esplendorosa que hace cantar hasta las chicharras. Los últimos bandazos del curso escolar, sin duda costosos, contienen el estupendo mérito del trabajo y el esfuerzo de un año. Pero soñamos ahora con estar pronto tumbados, lo más fresquitos posibles, junto a una piscina o al lado del mar. Y una vez recuperados, parece que habrá que seguir haciendo cosas, y más cosas. Para tener un mejor currículum, más dinero, o para disfrutar más y más en futuros veranos. Lo que yo me pregunto es: ¿No podríamos pasarlo bastante mejor con el día normalito y cotidiano? Esto es sin duda complejo: porque duele la cabeza, o se acumula el trabajo, o nos han hecho un desaire o, lo que es peor, porque hemos perdido algo de gratitud y de sencillez. Observar con recato las asombrosas orejas del abuelo, conmocionarse ante la sonrisa de un niño Down, o escuchar con cara de detective la trola de un colegial, son capacidades fantásticas que estamos dejando en el baúl de los recuerdos. 

El sabio principio decía “el obrar sigue al ser”. Ahora parece que solo somos lo que hacemos; y así cunde la desorientación. Claro que hay que trabajar duro, pagar las hipotecas y ser un profesional puntero. Pero lo más importante es ser un hombre o una mujer con corazón grande, con sentido común y con alegría de vivir, a pesar de los pesares. Es así como se fraguan las familias: nuestras raíces. Esto solo se logra encontrando un amor grande, que no traiciona. Tal encuentro requiere pararse, fijarse en la realidad exterior y en el propio corazón, para detectar qué es lo que nos hace mejores, aunque nos cueste. Tendemos entonces a mirar con interés a la gente, a reírnos de la propia geta ante el espejo, y a confiar en el grandioso amor que hizo las estrellas, aunque en nuestro mundo truene la espantosa guerra. 

Y al descubrir que podíamos haber vivido mucho mejor, desde la clarividente óptica de los demás, podemos escuchar la voz de un gran amigo que nos dice: has hecho cosas bien; otras no, pero pueden servir para cambiar, para mejorar, para ir aprendiendo a saber vivir.

  

José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, April 29, 2022

Defender el honor de la historia de España.

Recientemente he asistido con alumnos y profesores a un parque temático sobre la historia de nuestro país. Me ha asombrado el espectáculo de ambientación, conocimiento histórico, música y coreografía que se ofrece al público. Pregunté a chicos de todas las edades y a adultos qué les había parecido. Todos coincidían: “nos ha gustado mucho”. Ahora que el Ministerio de Educación ha tirado por la borda la enseñanza de la Historia en edades escolares, es animante ver que existen emprendedores que defienden con belleza y profesionalidad el honor de la historia de España.


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Tuesday, April 12, 2022

Afectividad efectiva.


Tener apetito es síntoma de salud, aunque de grandes cenas están las sepulturas llenas. Muchos alimentos son estupendos, siempre que se consuman con moderación. Sin embargo, la afectividad humana es distinta del apetito, porque se trata de una capacidad más espiritual. No se trata tanto de querer con moderación, sino de querer con significado.

Las piernas se mueven, pero es necesario que lo hagan hacia un destino adecuado. Las manos son expresivas y muestran educación o brutalidad. Los ojos ven, aunque para las cosas importantes tienen que aprender a saber mirar. El corazón tiende a unirse con la persona a la que se quiere… ¿Por qué, entonces, esto no es muchas veces sencillo? Porque el corazón tiene que aprender a querer.

El sentimiento no conoce intelectualmente. La frase anterior es polémica, porque los sentimientos forman parte de la totalidad de la persona. Sin embargo, es muy importante darse cuenta de que los sentimientos han de estar dirigidos por la inteligencia. Previamente, la inteligencia tiene que aceptar la realidad de las cosas para situar a cada uno en su justa perspectiva. El hecho de que se sienta un amor intenso por una persona, no significa necesariamente que se lleven a cabo unas relaciones afectivamente intensas con ella; por ejemplo, si se trata de mi cuñada o de la mujer de un buen amigo. Dar rienda suelta a esos afectos, puede producir efectos nefastos. Además, sentir intensamente no es amar. Amar es afirmar la realidad de la otra persona, querer lo mejor para ella. Confundir el amor con una relación de afectividad posesiva, es un error. Lógicamente, si conozco a una mujer estupenda -hablo como hombre que soy-, y ambos nos enamoramos, la quiero para mí y quiero lo mejor para ella. Pero el amor se da más propiamente en la segunda faceta que en la primera. Esto ocurre porque querer a los demás, por sí mismos, ejercita más plenamente la dimensión espiritual -de apertura a la realidad- de los seres humanos.

Necesitamos ser queridos para poder querer. Ser querido no es ser instrumentalizado, ni deseado por interés. Cuando me sé querido por alguien, entiendo que me aprecia, valora, y desea lo mejor para mí. Nadie que me quiera verdaderamente, pretenderá convertirme en un objeto de su satisfacción. Pues bien, esto es justo lo que debo hacer con los demás. Los amores son diversos según a quienes se dirigen -hijo, madre, padre, abuela, etc…- pero todos se rigen por una ley: son verdaderos si nos hacen ser mejor personas.

Esa afirmación de la persona a la que se quiere se enfrenta con sus defectos. Querer a alguien supone quererle con sus limitaciones, aunque en ocasiones tenga que corregirse. No hablo de cuestiones intolerables de violencia u otro tipo de delitos. Pero todos sabemos que hay que aguantar bastantes defectos de los demás, como también aguantan los nuestros. Esto supone saber querer con madurez, descubrir la dignidad de toda persona a pesar de sus aristas. Por este motivo, amar es una decisión de la voluntad que, en ocasiones, tiene que superar afectos adversos. Este modo de querer requiere de una especial generosidad, que es costosa al mismo tiempo que nos hace felices. Tener un motivo profundo para querer, perdonar y saber pedir perdón, es un tesoro que hay que buscar con humildad, encontrar y ejercitar. La sabiduría cristiana lo expresa en el primer mandamiento: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Se trata de una afirmación conocida, que constantemente espera valientes que se atrevan a vivirla en profundidad. Puede sonar algo ideal y poco práctico, pero es todo lo contrario. El corazón humano solo se llena plenamente con el infinito amor divino. Además, este mandamiento está íntimamente relacionado con aprender a vivir con los demás una afectividad efectiva, práctica, realista, satisfactoria y frecuentemente llena de buen humor.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, April 11, 2022

El origen de la armonía entre igualdad y diferencia.


Cuando vemos el sufrimiento de personas que padecen los efectos de la guerra, sentimos tristeza. Queremos que tal situación se termine cuanto antes. Consideramos la posibilidad de hacer algo, aunque sea poca cosa, que contribuya a mejorar este drama. Lo mismo sucede con otras cuestiones relativas al hambre o al subdesarrollo. Por esto, quien ayuda al necesitado con generosidad es más profundamente humano. Todo esto nos ocurre porque entendemos a las víctimas como nuestros semejantes, nuestros iguales. Somos capaces de ponernos en su lugar. Se trata de una igualdad que nace de nuestro propio ser; no la hemos elegido nosotros.

Por otra parte, si una mujer se enamora de un hombre, o un hombre a una mujer, ambos perciben que son diferentes y complementarios. Se trata de una diferencia fantástica, que es la base de la generación de la vida. También se trata de una diferencia no elegida, algo que nos viene dado. Puesto que se trata de una relación de afirmación mutua entre personas, esta diferencia exige la igualdad entre ambos respecto a tener la misma dignidad y derechos. Por este motivo, algún famoso ha llegado a pegar a un presentador durante una gala de cine, por lo que puede haber sido una falta de respeto a su mujer. Tal actitud, probablemente equivocada, refleja una defensa de la igualdad de su esposa respecto a él.

La progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral supone un enriquecimiento social importante. Este desarrollo tiene que basarse en una igualdad a todos los efectos administrativos y financieros. Tal igualdad dista mucho en la práctica actual de ser una realidad. Pero se trata de una igualdad basada en una diferencia real y notoria. No se puede poner a una mujer en la alternativa de tener un hijo o conservar el puesto de trabajo: esto es una flagrante y reiterada injusticia. No obstante, esta defensa de la igualdad necesita establecer una diferencia entre dos planos: el laboral y el familiar. Es preciso establecer una jerarquía entre ambos, que debiera ser clara. Dar la vida por el cónyuge o por un hijo es algo nobilísimo. Lo más frecuente es hacerlo en cosas pequeñas, cada día. Por el contrario, poner el trabajo por encima de la familia es situar un medio por encima de un fin. El trabajo es muy importante, pero la familia lo es más: antes que trabajadores, somos hijos o hijas. Si damos prioridad a la familia respecto al trabajo vivimos una vida más humana.

La familia establece una igualdad entre sus miembros, pero también una diferencia. No es lo mismo ser madre que hija, o padre que hijo. Los miembros de la familia tienen que asumir sus diferencias para ser un hogar humano, que defiende la igual dignidad de sus miembros. La prioridad de la familia respecto al trabajo es una consideración exigible también a las empresas públicas y privadas. A su vez, el gobierno de una nación debe fomentar, con medidas eficaces, la conciliación entre la dedicación a la familia y al trabajo.

De todo esto deducimos que existe una igualdad fundamental entre los seres humanos, al mismo tiempo que se dan diferencias entre ellos. La igualdad entre personas exige el reconocimiento de las diferencias, y viceversa. Para establecer esta armonía y sinergia entre igualdad y diferencia hay que reconocer el origen de lo que somos. Nuestra vida es una donación y un proyecto. Nadie es humano porque lo haya elegido. Tampoco nadie puede elegir por nosotros los compromisos que libremente queramos adquirir. 

Solo si reconocemos una causa de vida trascendente a nuestra existencia, podremos fomentar una igualdad verdadera. Alguien por encima de nuestras cabezas nos establece como iguales. Si no aceptamos esto, los intereses de los más fuertes provocan con más facilidad que la igualdad se rompa por la parte de los más débiles, como sucede con frecuencia. Si aspiramos a autodefinirnos de un modo absoluto y negamos una naturaleza común, previa a nuestras decisiones, partimos de un error de base que nunca podrá establecer una relación satisfactoria entre los seres humanos. Cuando afirmamos una causa de vida superior a la nuestra, también nos afirmamos nosotros mismos. Es entonces cuando podemos trabajar para establecer una igualdad entre las personas que respete sus diferencias.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, April 09, 2022

La dignidad nos pone la cara alegre


Si vemos por la calle alguna persona mayor caerse al suelo, acudimos rápidamente a ayudarle. Con suerte no ha sido nada; levantamos al señor o a la señora, sonríe y nos da las gracias. Seguimos nuestro camino, contentos de haber podido echar una mano a alguien necesitado. Esta solidaridad con los demás nos sale de dentro. Está claro que en el mundo suceden también otras cosas muy distintas: mentiras, robos, violencia, y un sinfín de calamidades. Pero no es menos cierto que las personas con afán de servicio, suelen tener vidas mucho más felices y llenas de significado. Una persona generosa se siente relativamente bien consigo misma, porque se lleva bien con los demás.

Una característica propia del ser humano es su capacidad de ponerse en el lugar de sus semejantes; es decir, de comprender. No es una tarea fácil, pero merece la pena. Esta actitud es moral e inteligente. Esta comprensión no supone necesariamente aceptación de una conducta ajena errónea, ni dejación de derechos personales. Ahora bien, existe una profunda relación entre el otro y yo. Querámoslo o no, estamos conectados por algo más misterioso y personal que los teléfonos móviles. Por esto, cuando somos egoístas cortamos lazos, nos aislamos y nos degradamos. Sin embargo, cuando comprendemos somos fuente de inspiración para la mejora personal.

La persona tiene un fundamento que trasciende la biología. Toda persona vive una llamada a una existencia libre. Cada ser humano tiene una vida, con una misión que cumplir. Para este fin personal ha de contar con muchas cosas dadas y con otras por hacer. Esto supone que la persona abarca todos los momentos de la vida, desde la etapa embrionaria a la terminal. Es así porque una persona es una biografía, y no solamente una sucesión de estados agradables o desagradables.

Toda persona es digna porque es un fin en sí mismo en el sentido de que está llamada a elegir libremente lo verdadero y lo bueno. Entre las metas más nobles del ser humano cabe destacar su capacidad de afirmar la identidad de los otros y ayudarles a que les vaya bien. Muchas veces no logramos tan buen propósito, pero constantemente podemos volver a intentar hacer las cosas mejor. La persona es la que es y la que puede llegar a ser; por esto se la puede perdonar.

La sonrisa surge ante la visión de la persona que apreciamos. Necesitamos sabernos queridos para ser nosotros mismos en plenitud. Una autonomía exagerada desajusta nuestra propia naturaleza, que tiende a la relación. La obsesión por uno mismo es una tendencia enfermiza que experimentamos en muchas dimensiones de nuestro ser; por ejemplo, en el excesivo amor propio.

Por otra parte, tendemos a pensar que lo nuestro es la temporalidad y que la eternidad es una dimensión posible pero extraña. Cuando pasan los años y algunas de las personas más queridas desaparecen de nuestra vida, nos damos cuenta de que la mera sucesión temporal es algo inhumana, y que necesitamos un ámbito personal permanente. Cada instante, como dijo C.S. Lewis, es un punto de encuentro entre el tiempo y la eternidad. La relación de cada persona con Dios no es algo extraño al hombre, sino precisamente el núcleo de su identidad. La apertura a la confianza en una fuente personal de eternidad, de amor y justicia, es una aventura profundamente humana que toca a cada uno libremente descubrir. Es entonces cuando nos damos cuenta del origen de nuestra dignidad personal y la de todos nuestros semejantes. Nuestra modesta y tragicómica existencia pasa a ser una vida querida, luminosa, llena de valor. Entonces, nuestra dignidad no nos pone una cara dura y rígida sino serenamente alegre.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, April 08, 2022

¿Cómo actúa Dios en el alma?

"A la persona divina le corresponde ser enviada por cuanto que existe en alguien de un modo nuevo. Y le corresponde ser dada, en cuanto que es tenida por alguien. Ninguna de estas cosas puede suceder más que por la gracia santificante. Pues hay un modo común por el que Dios está en todas las cosas por esencia, potencia y presencia, como la causa está en los efectos que participan de su bondad. Por encima de este modo común, hay otro especial que corresponde a la criatura racional, en la que se dice que Dios se encuentra como lo conocido en quien conoce y lo amado en quien ama, y porque, conociendo y amando, la criatura racional llega por su mismo obrar hasta el mismo Dios. Según este modo especial, no solamente se dice que Dios se encuentra en la criatura racional, sino también que está en ella como en su templo. Así, pues, ningún otro efecto, a no ser la gracia santificante, puede ser el motivo por el que la persona divina esté de un modo nuevo en la criatura racional. Consecuentemente, sólo por la gracia santificante la persona divina es enviada y procede temporalmente. Por lo mismo, no se dice que tenemos sino sólo aquello de lo que podemos hacer uso y disfrutar libremente. Poder disfrutar de la persona divina sólo es posible por la gracia santificante. Sin embargo, por el mismo don de la gracia santificante, se tiene el Espíritu Santo, que habita en el hombre. Por eso, el mismo Espíritu Santo es dado y es enviado."

 

SantoTomás de Aquino, Suma Teológica, Parte I, cuestión 43, art 3.

Sunday, April 03, 2022

Frágiles: nuevo libro sobre salud mental personal y social

 

La identidad, la libertad, la soledad, el estrés, el suicidio… son algunas de las cuestiones que trata este libro, respaldado por 37 profesionales de la salud mental.

Vivir parece fácil, pero no lo es tanto. Tiene un comienzo involuntario, una duración impredecible y un fnal que no solemos elegir. Surgen obstáculos, que controlamos solo en parte, y exige desafíos que ayuden a superar el vacío de la monotonía y el agobio, y llenen de sentido la existencia. 

Este libro reúne a 37 profesionales de la salud mental, flósofos y educadores, que buscan dar respuesta a cuestiones de enorme actualidad: relación entre mente y cerebro, libertad, identidad, el papel del padre y de la madre, exclusión social, acogida, infancia, adolescencia y vida plena, sufrimiento, envejecimiento y muerte, soledad, culpa y perdón, amor y sexualidad, agresividad y violencia, terapias psicológicas, ansiedad y estrés, perfeccionismo, depresión y suicidio, trastornos alimentarios, etc. Un libro que ayuda a vivir, y también a aconsejar.

Saturday, April 02, 2022

La LOMLOE y Ucrania


Soy profesor de Instituto y llevo treinta y seis años ejerciendo la docencia. La aplicación de la LOMLOE trae, entre otras, estas novedades: la posibilidad de promocionar de curso en la ESO sin límite de suspensos, si el claustro escolar así lo decide. La supresión del estudio cronológico de la Historia, pasando a estudiarse esta   materia a través de temas transversales como “opresores y oprimidos”. La imposición obligatoria de una asignatura de valores democráticos, algunos de los cuales son polémicos y afectan a la conciencia y a la libertad de los alumnos y alumnas. La marginación de los contenidos escolares, desconociendo temerariamente que en ellos se apoya todo conocimiento creativo e innovador. La autocomplacencia en un modelo inclusivo de educación, que ha excluido absolutamente cualquier consejo y consenso de entidades educativas y familiares. Metafóricamente hablando esta ley me sugiere algo así como entrar en la Ucrania de la educación, “desmilitarizar” el ámbito escolar de exigencia y autoridad, para finalmente convertir la escuela en un títere del poder político.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, March 27, 2022

La lección del pajarillo

Era un lunes muy lunes. La jornada de trabajo prometía estar bien cargada, el aire de la calle era frío y el tiempo plomizo. De pronto me fijé en un pajarillo posado en la rama de un árbol. Se balanceaba feliz, contento de ser pájaro, dispuesto a estrenar un nuevo día. Y enseguida se fue volando. Me quedé pegado a la tierra, pensativo, aunque sin tiempo para aminorar el paso. Aquél mirlo daba algo de envidia. ¿Cómo estrenar alegremente cada día como ser humano? Un buen sueño y un buen desayuno ayudan, ciertamente. Un trabajo atractivo y bien pagado también es importante. Pero hace falta algo interior, un motivo propio de personas que pueden trascender las circunstancias exteriores, una saeta de cariño y alegría. Pensé en la vida de cada uno, en el camino que recorremos con el paso de los días y en la llamada que nos llega desde las alturas, esclareciendo los nubarrones e iluminando la mente y el corazón. Se trata de un motivo capaz de hacernos volar mucho más alto que los pájaros. Es esta sencillez grandiosa la que nos descomplica, entona, y hace germinar el buen humor al ver el contraste entre los límites de lo cotidiano y el maravilloso misterio que lo envuelve.  


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Saturday, March 26, 2022

Guerra exterior, paz interior.


Estamos viendo con espanto el sufrimiento del pueblo ucraniano. Desde nuestras acomodadas casas, se nos hace dolorosa la angustia de los que sufren las bombas encerrados en los sótanos de Mariupol. Las madres y sus hijos deambulando por interminables colas de supervivencia, dejando en la guerra a sus esposos y padres, suponen una bofetada al sentido de la vida y a la dignidad humana.

Al mismo tiempo, hay múltiples reacciones de solidaridad. Mucha gente generosa da tiempo, alimento y donaciones a los que sufren. También hay políticos valientes y sensatos, que están haciendo bastante por su parte. Es curioso, pero tanto sufrimiento nos hermana y puede sacar afuera lo mejor de nosotros mismos. Cada uno verá qué puede hacer por las personas especialmente desamparadas. Las iniciativas personales son importantes porque cada persona representa a la humanidad.

De todos modos, podemos quedarnos llenos de inquietud al ver que nuestros pequeños detalles solucionan bastante poco dentro de un enorme problema. Pero sería una derrota dejarse llevar por el desengaño y el miedo. Toda persona puede buscar un ancla de esperanza y una fuente de paz interior. Hay realidades supremas que hacen brotar alegrías inesperadas. En momentos muy difíciles surgen promesas renovadas; algunas nacieron incluso al ver las campanas derruidas de una iglesia en Nagasaki. Hay guerra en el exterior, pero el mejor punto de apoyo para combatirla es la paz interior. Una paz más grande que nosotros mismos, de la que surgirán actos de generosidad y de esperanza.


José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, March 15, 2022

La raíz de los buenos modales


Una seria deformidad física en una persona, nos parece algo penoso. Por otra parte, una cara atractiva y una buena forma física resultan, lógicamente, agradables. Sin embargo, a veces, nos fijamos menos en las fealdades de la conducta personal; pero no son menos importantes que los defectos corporales.

Algo parecido a lo anterior sucede con los buenos modales. Nos gustan las formas correctas en el trato; así como la moda y el protocolo. Pero tardamos, quizás demasiado, en detectar la raíz interior de esas manifestaciones externas en las relaciones sociales. Las formalidades tienen su interés, pero solo reflejan la autenticidad de la persona cuando nacen de dentro de ella; si son una sincera manifestación del respeto y la estima por los demás.

También es cierto que mucha gente joven, y no tan joven, desprecia las formas en el modo de hablar, de vestir y de actuar. Ejemplos de esto son, por ejemplo, el empleo convulsivo de los tacos y del teléfono móvil, el olvido del pudor, la manifestación de expresiones afectivas inmoderadas y el empleo ocasional de la violencia. Todo esto resulta poco inteligente y lamentable. Pero puede suceder también que todas las apariencias del correcto trato social sean vistas, con cierto motivo, como algo postizo, falso.

La pedagogía de los buenos modales, tan necesarios para combatir una ola actual de zafiedad y chabacanería, tienen que nacer de una inteligencia bien amueblada y de un corazón limpio. Hay que atreverse a entrar personalmente en la propia habitación interior, para limpiarla a fondo y poner orden. Algo que es importante hacer todos los días. Entonces sabremos enseñar unas formas de conducta humanas, convincentes y atractivas.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, March 11, 2022

El milagro de la vida


Si estando en la nada, bastante aburridos, nos hubieran hablado del universo en el que ahora vivimos, habríamos pensado que se trataba de una realidad demasiado asombrosa. Pero en la nada no existíamos, no podíamos creer en nada. Sin embargo, de repente, se escuchó una voz personal, potente, afirmativa, creadora; y surgió sorprendentemente el mundo, lleno de seres llamados a la existencia. Comenzó la historia del cosmos y sus múltiples sucesos: el furor de un estadio en el que gana un partido nuestro equipo favorito, un atardecer en el mar, una fiesta con amigos o, en el colmo de la perfección, un reírse de nuestras propias limitaciones. Todas estos acontecimientos son excesivamente fantásticos y, sin embargo, reales.

De todas las cosas bonitas del mundo, destaca el amor comprometido entre el hombre y la mujer, y el nacimiento de los hijos: esos seres radicalmente nuevos, que detonan las mejores energías humanas. Ciertamente también son fuente de agotamiento; un esfuerzo paradójico porque renueva la vida de madres y padres. Por esto, es clave custodiar el maravilloso surgimiento de la vida humana, y el suelo que la hace estable y fecunda: la familia.

También se dan dolores y tragedias tremendas. Sería excesivamente atractivo que todo un Dios se hubiera hecho hombre para cargar con nuestros errores, dar un sentido al dolor y convertir la muerte en victoria. Pero resulta que, contra todo pronóstico, esto ha sucedido realmente. Cualquier persona que se acerque con humildad, veneración y confianza a la conducta que fomenta la Buena noticia del Evangelio, puede verificar en su vida que esto es verdad.

De sorpresa en sorpresa, se nos anuncia otro prodigioso milagro: que existe el Cielo. La plenitud de la felicidad; la eterna victoria donde nuestra vida, purificada, entrará en el seno de Dios. De nuevo parece algo desorbitadamente optimista, pero comienza ya a palparse su consistencia en la paz y la alegría de una vida edificada sobre la caridad. Cantos de victoria se escuchan, de vez en cuando, entre los afanes cotidianos; y también en situaciones difíciles. Un ímpetu de vida que, atravesando los dolores y arideces de la existencia, se va abriendo paso de un modo discreto, eficaz; incluso con buen humor. Es de nuevo la Palabra creadora, redentora y portadora de gloria, ajustada a nuestra libre y personal capacidad de recepción, la que nos anima con un cariño que nos admira y asombra cada vez más.

 

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, March 05, 2022

Matrimonio y celibato: dos dimensiones de la entrega.


La ética del placer por el placer y la del deber por el deber son opuestas, pero tienen un punto en común: están centradas en uno mismo. Frente a estas opciones, está la de abrirse a la realidad exterior y descubrir la verdad y el bien que en ella existe. De esta manera, la persona aprende a aceptar la vida como viene, se hace realista y madura. Claro que es estupendo tener sueños y cumplirlos, pero no podemos pensar que todo se ha de adecuar a nuestros deseos. Ser realista ayuda al optimismo, a pesar de las dificultades. El mundo, pese a sus males, es una grandiosa arquitectura trazada por un profundo sentido en relación con los demás, que toca a cada uno descubrir.

Aceptar la realidad, al mismo tiempo que intentamos mejorarla, nos lleva a aceptarnos a nosotros mismos. Muchas de nuestras cartas no las hemos elegido, nos han sido dadas; pero lo que si podemos hacer es jugarlas de un modo libre y personal. Al entendernos en una realidad enorme, cuajada de significado, estamos en condiciones de aceptar nuestra propia vida. Esto es un requisito necesario para poder hacer de nuestra existencia algo que realmente merezca la pena.

Entre las relaciones con nuestros semejantes, es primordial la realidad del amor. En el amor entre hombre y mujer, la primera atracción, el diálogo, el noviazgo y el matrimonio, forman parte de la milenaria historia de la humanidad. Tras una fase de conocimiento, el matrimonio se basa en un compromiso de fidelidad abierto a la vida de los hijos. Este amor renueva la condición paterna, materna y filial, que es el núcleo de la identidad humana. Algo de especial interés es entender el matrimonio como entrega al cónyuge. La entrega es el cimiento del amor conyugal. Vivir para hacer feliz al otro cuesta esfuerzo, pero garantiza el amor. Siempre puede haber dificultades, pero el amor es capaz de abrirse camino entre ellas, fortaleciéndose. La novedad cristiana consiste en engrandecer y purificar el amor humano con el amor de Dios. Esta garantía hace firme el matrimonio: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mateo 19,6).

El celibato es una vocación que excluye el matrimonio. Sin embargo, matrimonio y celibato son dos dimensiones de la entrega a Dios. En la religión católica, no se puede entender uno si no se entiende el otro. La vocación al celibato por el Reino de los cielos, desde la condición de sacerdote o de laico, es un don divino por el que la persona quiere ser luz y referencia para muchas otras, fermento de familias, amigo incondicional y, ante todo, tener una especial entrega e intimidad con Jesucristo con un amor inconformista y apasionado. Ser célibe, pese a las debilidades personales, refleja también la dimensión escatológica de mostrar una vida de compromiso y amor donde, a semejanza de la vida eterna, el matrimonio ya no es necesario. En cualquier caso, la santidad personal, tanto en el matrimonio como en el celibato, solo se mide por el amor a Dios y a los demás que se alcanza.

Esta dinámica de amor entregado, de confianza filial en Dios, que entiende el dolor como manifestación de amor, y los límites personales como referencias de humildad, es una escuela de alegría, de optimismo, de felicidad en este mundo y en la victoria definitiva del Cielo.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, March 02, 2022

La plenitud del ser humano


Dios es el Principio. Sin embargo, Dios no tiene un principio temporal. Esto significa que Dios es eterno. Un matiz complementario puede ser entender el término Principio como fuente de sentido o significado.

El universo no ha sido hecho por nosotros. Abrirse a descubrir el sentido y la verdad de las cosas, es la óptica adecuada. Pretender dar un sentido a los seres de la realidad exclusivamente con nuestra razón, olvidando por completo su modo de ser intrínseco, es un grave error de cálculo. Si se opta por esta visión antropocéntrica, las cosas y las personas dejan de tener un valor por sí mismas. El respeto a la realidad, especialmente a nuestros semejantes, brota de un sentido y un valor anterior a nuestra medición racional. Una convivencia social adecuada tiene que partir de unos principios estables, anteriores a nosotros, que son precisamente el ámbito propicio para el diálogo democrático, y no para la lucha violenta de intereses diversos. Descubrir que Dios es el Principio de la realidad, supone establecer las bases para que la persona humana y la sociedad pueda desarrollarse en plenitud.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, February 28, 2022

Putin ya ha perdido la guerra, pase lo que pase.

Nuestra sociedad occidental relativista parece haber perdido bastantes referencias. Sin embargo, ante la agresión del ejército ruso a Ucrania, millones de ciudadanos europeos y americanos, entre otros, están respondiendo con un rechazo pleno a la violencia y al sufrimiento de tantos inocentes ucranianos. La savia del respeto a la vida humana y a la libertad personal, enraizada en el cristianismo y en otras convicciones éticas, está aflorando con un ímpetu notorio en nuestro mundo democrático. Sin entrar en juicios de conciencia, la actitud del mandatario ruso está siendo tiránica y cruel. Putin, pase lo que pase, ya ha perdido la guerra.  Ha pisoteado el respeto a millones de personas, incluidos muchos de sus conciudadanos rusos, poniendo en jaque la misma paz mundial. Buscando una respuesta ante el porqué de acciones perversas, realizadas por alguna persona inteligente, los clásicos daban esta respuesta: en el mal orgullo está la perdición.  Con la razón, la valentía y la prudencia que nuestros gobernantes ejerzan, sigamos defendiendo la fraternidad entre los hombres, apoyando cada uno en lo que pueda a Ucrania, esa querida nación gravemente necesitada.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, February 27, 2022

La paradoja de la realidad


Una imagen puede ser atractiva y hermosa. Una radiografía no suele tener mucho encanto, pero quizás sea más valiosa que una visión superficial. Existen edificios y puentes emblemáticos; cuya estabilidad depende de unas sólidas e invisibles ecuaciones matemáticas. La propia realidad esconde el misterio de su porqué; algo que no es evidente, pero que tiene un alcance decisivo para conocer el sentido de nuestra existencia.

La belleza física es deseable, pero la belleza moral de alguien que salva la vida de una niña ucraniana, aterrorizada por los bombarderos, es algo profundamente mejor. La sonrisa de una adolescente es estupenda; pero la sonrisa de un enfermo, que acepta y afronta su situación con entereza, es un hecho más significativo.

El dolor nos puede hacer más comprensivos y maduros. Algunos desengaños pueden desviar nuestra atención a referencias más seguras y nobles. El percatarnos de la aparente victoria de la soberbia y la fuerza tiránica, que pisotea la inocencia de tantas víctimas, puede llevarnos al desconcierto; pero también a la convicción de que este mundo no se sostiene por sí mismo.

Detectar la paradoja de la vida es como deshacer un nudo de nuestro espíritu. Se trata de una maniobra que conlleva sufrimiento. Si encajar un hueso dislocado es desagradable, colocar en su sitio una mente y un corazón desviados puede ser aún más dificultoso.

Disfrutar de la vida y gozar de un mundo fantástico es algo que a todos nos gusta. Pero no encontrar sentido a la adversidad, cuando aparece con notoria frecuencia, es una necedad. Sólo vislumbrando algo del valor de lo costoso se puede vivir con sentido, incluso con auténtica alegría. Estos versos lo expresan a su manera: “Baja y subirás volando al cielo de tu consuelo, porque para subir al cielo, se sube siempre bajando”.

La paradoja de la realidad, que el cristianismo expresa en las bienaventuranzas, consiste en entender el sentido orientador de todo lo desagradable e incluso terrible. Todas las dificultades, que lógicamente procuramos evitar, nos conducen a una valoración distinta de la vida. Entender el sentido del dolor y de la muerte es empezar a captar la gloriosa fuerza de la resurrección: una plenitud de vida no inmediata, pero   profundamente real. Se trata de la fuerza de la victoria de la bondad, de la inocencia y de la justicia. No es algo etéreo e inalcanzable, sino el suelo firme de todo lo demás.

Toda esta exigente escuela es necesaria para darnos cuenta de que esta vida no es la definitiva. Al mismo tiempo, la sabiduría de la paradoja nos lleva también a disfrutar de tantos momentos entrañables y simpáticos de este mundo nuestro. Un mundo que queremos hacer mejor, más humano, solidario y alegre.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, February 25, 2022

La realidad y la canción de la alegría


Ser querido o no ser querido, esta es la cuestión; permítanme enmendarle la plana a Shakespeare. El espectáculo fascinante del firmamento, la dignidad del mar, o el encanto de un atardecer en el horizonte, son marcos de referencia de una fabulosa puesta en escena. Esta grandiosa estética de la naturaleza, es un buen telón de fondo para acontecimientos más valiosos: la celebración familiar de un cumpleaños, un abuelo jugando con su nieto, o un grupo de colegiales tronchándose de risa a la salida de clase. Sin embargo, también existen los terremotos, los huracanes; o lo que es peor: la maldad en sus múltiples manifestaciones.

Cuando Tomás de Aquino descubre la noción de acto de ser, detona la clave para entender un mundo con frecuencia fantástico, aunque en ocasiones terrible. Todo ser del mundo no es necesario, no tiene en sí la causa de su existencia, y solo puede haber sido llamado a la realidad por aquél ser que sí es por sí mismo. De un modo análogo a como las cosas iluminadas se ven por la luz, los seres reales participan, sin identificarse con él, de un ser definitivo.

La comprensión de la verdad, el bien y la belleza, como aspectos nucleares del ser, desplaza la identidad del mal y la mentira a un lugar doloroso pero periférico. El mundo, porque es, es verdadero y bueno; aunque existan en él los surcos y las heridas de lo maligno. Entre todas las realidades destacan los seres humanos, con sus grandezas y debilidades. Así como el odio deshumaniza, el amor lleva al ser humano a su plenitud; si entendemos por principio del amor el respeto y la afirmación de los demás.

La razón abierta a la confianza en la realidad, hace posible el ejercicio del amor y la consiguiente felicidad. Entonces, también el dolor puede entenderse como una faceta del amor mismo: la carga de la entrega a los otros, mediante la generosidad y el ejemplo personal.

Cuando la revelación cristiana afirma que el ser necesario y absoluto es caridad, históricamente crucificada y resucitada, está enalteciendo grandiosamente el sentido de la vida. En medio de circunstancias entrañables o dolorosas, toda persona puede saberse íntimamente querida, con tal de que se deje querer por el amor de Dios y actúe filialmente en consecuencia. Es entonces cuando se escucha la eterna canción de la alegría.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, February 21, 2022

Al pasar por Primaria


Caminando deprisa, pasé junto a un colegio. A través de una valla, se veía a niños y niñas pequeños hablando y jugando de lo lindo. Lucía el sol y hacía una estupenda temperatura. Andar observando la escena, interrumpida por la alternancia de los barrotes, ilustraba la rapidez de la vida. Súbitamente recordé cuando yo era un niño pequeño, y estaba en otro patio de enseñanza primaria muy parecido al que ahora veía. Ha pasado toda una vida. Me di cuenta de que hay una luz permanente, eterna, afirmación constante de lo que somos, que nos acompaña en nuestro caminar. Se experimenta entonces bienestar y felicidad.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, February 16, 2022

El castillo interior personal

        

Algunos autores clásicos han comparado el espíritu humano con un castillo. Es lógico querer estar en las almenas, viendo el paisaje o tomándose algo en una terrazita a buena temperatura. Charlar de las mil cosas que pasan en el mundo, o ver fuegos artificiales, son actividades amenas y atractivas. Pero también hace falta hacer el esfuerzo de adentrarse en las profundidades del castillo. Atravesar pasadizos oscuros, saltar algún paso que da algo de vértigo, o subir por una molesta y empinada escalera de caracol, son trabajos necesarios para encontrar alguna cámara interior, donde puede haber un tesoro. Se trata de riquezas que están en nuestro interior, sin que a veces lo sospechemos.

El filósofo Leonardo Polo hace su peculiar y trabajoso viaje al interior de la persona. Los trascendentales clásicos de la realidad -aspectos comunes que se identifican con el mismo ser de las cosas- son la verdad, el bien, la unidad y la belleza, entre otros. Polo descubre los trascendentales de la persona, afirmando que son cuatro: amor, conocimiento, libertad y coexistencia. Se trata de aspectos nucleares, que este filósofo sitúa en nuestro acto de ser. El acto de ser es lo que convierta en realidad individual una naturaleza, en este caso humana. El alma, según este autor, sería el principio que posibilita la unión entre estos trascendentales y nuestra esencia o naturaleza, donde radicarían nuestras facultades de razonar, querer, sentir, existiendo en ellas dimensiones inmateriales y corporales.

La innovación de Polo es coherente, y supone una profundización del sentido de la persona humana. Al margen de nuestro desarrollo y logros vitales, tenemos un conocimiento abierto a la realidad de todo lo real. Ese conocimiento se une a una libertad como condición de la existencia personal. Tal libertad se entrelaza con la de nuestros semejantes en el modo de coexistir con ellos. Todos estos factores activan nuestra ilimitada capacidad de amar y ser amados.

El hallazgo de los trascendentales de la persona supone descubrir una cámara del tesoro, donde encontramos una mayor grandeza en nuestra condición personal. Situar un conocimiento, amor, libertad y coexistencia, como propiedades anteriores al ejercicio de actos concretos de nuestras capacidades naturales de razonar, querer y ser sociales, tiene una gran relevancia. Este descubrimiento, sin ser totalmente conclusivo, es especialmente justo; porque múltiples personas, a lo largo de la historia, han sufrido la desgracia, el infortunio o la ruptura de sus vidas. El obrar sigue el ser: hay muchas mujeres y hombres que no han podido desarrollar sus potencialidades, y no por eso son menos dignos.

Aunque la noción clásica de alma espiritual es suficiente para sostener nuestro valor interior, esta teoría de los trascendentales enriquece la interpretación de nuestra identidad. Los cuatro trascendentales personales nos ayudan a entender la conexión de toda persona con las demás y con Dios, el origen de la realidad y del propio ser personal.  De esta manera, todos estamos relacionados con todos, sin perder un ápice de nuestra condición personal. Esto entronca directamente con la sabiduría de las religiones monoteístas, que no hablan de obligaciones con una humanidad genérica y anónima; sino de nuestros deberes con el prójimo, en quien la humanidad cobra un rostro humano, personal. Ver que cada persona tiene una cámara de tesoro personal, nos ayuda a convivir mejor, a hacer un mundo más humano.

El maravilloso mensaje del cristianismo consiste afirmar que el mismo Dios se ha hecho hombre y que, además, entiende, quiere y habita en nuestra propia morada interior, si libremente le acogemos. Él es el tesoro de nuestra intimidad personal.


José Ignacio Moreno Iturralde