Nuestra sociedad destaca
mucho la autodeterminación: uno es lo que quiere ser, especialmente respecto a
su propia identidad. Este ensanchamiento del valor de la propia voluntad se ve
favorecido por la tendencia a creer en la inseguridad de que la razón pueda
llegar a la verdad de las cosas en sí mismas. Por este camino se va
sustituyendo la realidad por contenidos de conciencia, siguiendo el camino
iniciado por Kant.
El problema de esta
cuestión radica, como afirma Tomás de Aquino, en que si sustituimos la realidad
por meros conceptos o ideas podemos llegar a admitir a la vez cosas
contradictorias: tan concepto es la idea del ser como la idea de la nada. Puedo
afirmar una cosa y su contraria porque mentalmente es posible. El olvido de la
realidad extra-mental llega a la identificación de la idea de verdad y de la
mentira porque no hay realidad objetiva con la que compararlas: las cosas se
convierten en lo que me interesa que sean en mi mente, para actuar según mi
pretendido provecho. Sin embargo, este interesado planteamiento hace colapsar
la inteligencia, más tarde o temprano, porque al perder su orientación real
llega un momento de incertidumbre, de angustia, de crisis consigo misma; y si
no logra recuperar su originaria tendencia a abrirse al mundo de la realidad y
de la vida, uno puede llegar a desear su autodestrucción como la última meta de
la autonomía.
Los conceptos mentales o
ideas son ventanas orientadas hacia una grandiosa realidad; no espejos de
nosotros mismos. Que nuestra mente se abra a la realidad de las cosas para
recuperar la verdad, la paz, el bienestar personal y social.
José Ignacio Moreno Iturralde
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