Friday, August 12, 2022

La luz en el dolor.

Puede ocurrir que un teórico del dolor sienta como un gran contratiempo un leve dolor de cabeza, o la falta de café en el desayuno. Pero además de teórico, se puede ser testigo de comportamientos ajenos muy ejemplares. Hay personas que, en las inmediaciones de su muerte, dicen palabras de ánimo, fe, esperanza y buen humor. Existen amigos que, viviendo en silla de ruedas, llevan su existencia con alegría y entereza. Tales actitudes no nos dejan indiferentes; no resultan absurdas sino llenas de sentido.

Recuerdo la conmoción que me produjo ver la cara de un enfermo de alzheimer avanzado, a quien se le llenó de ilusión el rostro al reconocer a su nieto. El dolor, ese desagradable compañero de la condición humana, tiene profundas enseñanzas. Todos sabemos historias de personas que han cambiado su jerarquía de valores, con motivo de algún tipo de severo contratiempo.

En el mundo, donde tantas cosas estupendas se dan por sobreentendidas, suceden desgracias. En ocasiones se trata de dramas espantosos: terremotos, guerras, y un sinfín de calamidades. En ocasiones son consecuencia de fuerzas de la naturaleza; otras veces se trata de la maldad humana colmada hasta límites que dan vértigo. Existen comportamientos tan aberrantes, que hacen considerar que la existencia la acción de una fuerza del mal sobrehumana puede tener una influencia real.

Por otro lado, es posible intuir que incluso en las condiciones más duras, hay personas capaces de encontrar una esperanza pura y fuerte, un ámbito de confianza, un don de paz y de ánimo. Es lo que ha sucedido muchas veces en el testimonio de los mártires, o simplemente en innumerables personas que han fallecido con serenidad rodeados por el cariño de sus familiares. El dolor extremo puede ser la ocasión para el vuelo más alto del espíritu humano. Por otra parte, toda esa serie de graves dificultades nos recuerda la insuficiencia de este mundo por sí mismo.

Hemos de procurar con decidido empeño el bienestar y la salud de todos, pero no siempre es posible. Es poco humano vivir como si el dolor no tuviera algún sentido, aunque en ocasiones no lo comprendamos. Además, no hay que esperar a los momentos difíciles para demostrar una gran categoría personal. Es más asequible y más práctico, afrontar las pequeñas dificultades de cada día con todo el salero y sentido positivo del que seamos capaces; o, al menos, intentarlo. Así sabremos trasmitir una escuela de vida y de luz para los demás, en las situaciones adversas y en las agradables.


José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, August 11, 2022

Redescubrir lo maravilloso.


No hay árboles cuyos frutos sean cachorros de sabueso o de perro labrador. Esta aguda reflexión no está hoy de más, para hablar de la naturaleza de los seres. Actualmente el término naturaleza les suena a muchos como algo rancio, antiguo, intolerante. Sin embargo, las vacas siguen mugiendo plácidamente y los burros continúan rebuznando con fruición. Por otra parte, los enemigos de las naturalezas, como era de esperar, no suelen negar la suya a la hora de comer o de ir al baño.

Respetar la naturaleza del batracio o del ciervo, requiere darse cuenta de su diversidad. Un afecto hacia la naturaleza en general, como si todo fuera lo mismo, puede llevar a algún iluminado a dar su vida por salvar la de una rana o a meter en la cárcel a los dependientes de una carnicería. El amor ordenado y sensato por la naturaleza física, va de la mano con un estudio de los parecidos y las diferencias entre los distintos modos de ser.

Más maravilloso que los propios modos de ser es que las cosas sean, existan. Algo que, rodeándonos por todas partes e invadiendo nuestra propia identidad, nos resulta vulgar a pesar de que sea milagroso. Un paseo por el sistema solar, y quizás por la entera Vía Láctea, nos llevaría a asombrarnos ante la realidad de una gamba. Las cosas funcionan según las leyes del universo, pero tales leyes no han creado ninguna sola cosa, como señaló C.S. Lewis: sumar mil euros más otros dos mil, no pone tres mil euros en mi bolsillo pobretón.

Cuando Tomás de Aquino asegura en su tercera vía la realidad de un ser necesario del que los demás dependan absolutamente, no está flipando sino haciendo un ejercicio de sensatez. Esto no es contrario a la evolución, sino más bien su presupuesto. Gracias a que son, los seres pueden evolucionar según sus respectivas naturalezas -que tienen algunos aspectos permanentes y otros cambiantes-.

Hay quienes afirman que el mundo salió de la nada por aburrimiento, que pasar de ameba a elefante es solo cuestión de tiempo, y que ante el engrudo cósmico que nos rodea solo cabe la alegría de máscara de alguna fiesta nocturna o la grave y triste seriedad de la rutina diaria. Pero todo esto no es un ejercicio de cordura, sino de necedad. El materialismo como explicación de la vida es absurdo, porque el propio razonamiento trasciende la materia.

Los seres tienen naturalezas asombrosas, pero lo más asombroso es que sean. Y en esa aventura de la existencia está sostenida por una voluntad creadora, trascendente a nosotros, que hace posible entender la mágica diversidad del mundo como un hogar donde se canta, donde cada cosa tiene un nombre.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, August 10, 2022

La persona humana: un ser que balbucea.


Aceptar nuestra propia vida es lo mejor para conquistarla. Poseerse es un requisito para darse. Además, este salir fuera de nosotros mismos no nos derrama, sino que nos llena. Para entenderlo mejor, fijémonos en las tendencias de nuestras facultades: el tacto puede mostrar amistad o rebeldía. El gusto opta por la sobriedad o por el hartazgo; es decir, por el mal gusto. El olfato detecta lo agradable y lo desagradable. El oído está con disposición abierta o cerrada. La buena vista enfoca lo que merece la pena. Lo común a todos ellos es su imposible reflexividad: el tacto no se toca a sí mismo, ni el gusto se gusta, ni el olfato se huele. El oído no se oye, y la vista no está hecha para verse. Todos los sentidos se dirigen a algo distinto a ellos mismos: el mundo.

La imaginación es la creativa o “la loca de la casa”, como decía Teresa de Ahumada. La memoria nos da la firmeza de nuestra biografía. Tenemos imaginaciones y recuerdos, pero tampoco la imaginación se imagina ni la memoria se recuerda.

La inteligencia sí que puede entenderse a sí misma, o intentarlo. También queremos nuestra propia voluntad. Estas capacidades racionales sí que son reflexivas. Si no pensamos, nos comportamos según la veleta de las apetencias. Si pensamos demasiado podemos enloquecer. Inteligencia y voluntad están hechas para ofrecer respuestas libres y personales adecuadas a la realidad. El corazón es lo más noble que tenemos, pero puede ser también lo más mezquino. Tiende a lo sublime o a lo maligno; y en ocasiones está más zumbado que un pandero. Hay un sano amor propio, pero ya dijo Chesterton que “al que se enamora de sí mismo, no le envidio en el cortejo”. El corazón necesita ser querido y tiende a querer a alguien distinto y complementario a él. Amar, vivir con un ritmo de esperanza, es la actividad más satisfactoria del ser humano.

En todas nuestras capacidades hay una insuficiencia en sí mismas, un buscar algo fuera de ellas. En muchas dimensiones de nuestra vida cotidiana suele haber algo inacabado, insatisfecho; “un no se qué, que queda balbuciendo”, según dijo un poeta. De niños balbuceamos con las palabras, de mayores con los actos, de ancianos con el cuerpo y el alma. Todo esto refleja nuestro límite y nuestro horizonte. No buscamos solamente nuestra media naranja, sino que necesitamos originaria y radicalmente el sol entero. No nos conformamos con fragmentos de la existencia, sino que estamos hechos para encontrar una respuesta llena de sentido respecto a una vida plena. La muerte será un momento en que quizás no podamos decir todo lo que queremos. Pero, si hemos vivido con confianza y rectitud, encontraremos entonces la definitiva Palabra de vida. Por esto nuestro balbuceo, nuestra fragilidad, es el símbolo de nuestra grandeza.


José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, August 09, 2022

Lógica y amor.

Leer solamente el título de este apartado puede llevar a mucha gente a cerrar inmediatamente el ordenador y a zambullirse en la piscina más cercana, ahora que aprieta el sol. Escribo en España y aquí, por muy acertados y sutiles que fueran mis razonamientos -cosa que no ocurrirá-, existen otros modos más atractivos de emplear el tiempo: echarse una siesta, ir a la playa o tomarse algo en un bar. Solamente estas palabras serán asequibles a uno o dos buenos amigos, en razón de nuestra amistad y de su admirable paciencia.

La cordialidad, el amor auténtico en cualquiera de sus formas, tiende a respetar y valorar la identidad de la persona querida. Cuando nos sabemos apreciados nos sentimos llenos de sentido. Sin embargo, un cariño ciego terminaría por hacernos caer en un precipicio. El amor tiene que ser ordenado y validado, al menos en parte, por la lógica. Por una lógica que respete la naturaleza de las cosas, más allá de los intereses personales. Un amor que llevara a lesionar la justicia o la imparcialidad sería falso.

Por otra parte, una lógica desarraigada del amor se convierte en una férrea actividad, con la que se destroza la identidad de los demás y la propia. Solo con sesudos razonamientos podríamos llegar a la conclusión que el mundo, la familia y la propia vida no merecen la pena. La sola razón puede llevar a la aniquilación del ser humano.

Tomás de Aquino dice algo parecido a esto: Aunque la inteligencia tenga prioridad sobre la voluntad y el corazón, porque ella es la que capta la veracidad de las cosas, amar es más importante que entender. Entender lleva a analizar; amar nos lleva a unirnos a lo que queremos. Tendemos naturalmente a la felicidad y solo se puede ser feliz amando. Razonar es un medio, amar es un fin; con ese amor que nos hace ser mejores. Confundir un fin con un medio es un peligroso modo de mentir.

Intentar vivificar el pensamiento con el amor es el modo más acertadamente humano de pensar.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, August 08, 2022

Aceptación personal y relaciones con los demás.


Una de las ciencias más difíciles es la de llevarse bien con uno mismo. Es cierto que hay etapas en las que uno está fenomenal, pero también es verdad que existen periodos en que la vida se nos puede poner cuesta arriba. Los problemas pueden ser de diverso tipo: de salud, familiares, profesionales. No siempre es fácil resolverlos pronto; incluso pueden permanecer bastante tiempo. El remedio es tan sencillo como difícil: aceptar la vida que me toca vivir. Esta es la manera de que esté mejor yo mismo, y de hacer la vida más agradable a los que me rodean. ¿Pero cómo puede la voluntad aceptar algo que le resulta desagradable? Teniendo un buen motivo.

Es importante recordar que muchas cosas no las hemos elegido. Lo que sí podemos elegir es el modo de vivirlas. Por ejemplo, hay enfermos crónicos que son encantadores, y tal actitud es muy atractiva. Mi vida solo la puedo vivir yo, y es importante hacerlo con acierto. Donde solo se ve un obstáculo, puede existir una oportunidad divina. Una mera auto superación puede dar algo de satisfacción, pero la felicidad se encuentra en un amor fiel y compartido. Cuando me esfuerzo por mejorar la vida de alguien distinto a mí, resulta que aprendo a querer y yo mismo me siento mejor. Los sacrificios de los padres por los hijos, o de los cónyuges entre sí, son frecuentemente una prueba de lo que estamos diciendo.

Tener un motivo providencial de la propia existencia no niega la libertad, sino que la hace más fuerte. Si creo en Dios es más fácil que me mueva en un lenguaje de confianza y seguridad, pese a cualquier problema. Ciertamente hay un salto de fe, que es un don de lo alto, pero esta disposición resulta beneficiosa a todo ser humano que libremente la quiera aceptar. El cristianismo nos habla de un Dios personal y, por tanto, nuestras relaciones con Él han de ser personales. La teología católica explica que existe un único Dios, uno en esencia y trino en Personas. La divinidad es relaciones subsistentes: el Padre es todo paternidad; el Hijo es todo filiación; el Espíritu Santo es el Amor entre el Padre y el Hijo. Sin embargo, los seres humanos somos sustancias -sujetos- que se relacionan. Mi padre y mi madre tenían una existencia previa antes de que yo fuera su hijo. De lo antes dicho se deduce que nos hacemos mejores cuando vivimos más para los demás, porque así nos asemejamos más a Dios. Es verdad que tal donación no siempre es correspondida por los demás, y que la generosidad debe conjugarse con la justicia. Pero la referencia del modo de ser divino, asegura que el modo más humano de realizarnos es la entrega de uno mismo a los demás por Dios.

Si alguien no comparte la creencia en la existencia de Dios, es posible que sí participe de la idea de que es bueno ayudar a los demás. También puede entender que la existencia de Dios, para los creyentes, aporta una seguridad notable a la hora de intentar poner en práctica una vida de servicio a nuestros semejantes. Tal estilo de vida no niega derechos personales ni legítimas aspiraciones o intereses, sino que los dimensiona, ennoblece y reconduce a un fin mucho más grandioso que llena el corazón humano.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, August 05, 2022

El sentido de la vida está antes fuera que dentro de uno mismo.

Entre los primeros principios o reglas de juego de la realidad, cabe destacar el de no contradicción (una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido) y el principio de causalidad (todo lo que existe tiene una causa de su existencia). De este modo, todos los seres están reglados por ellos. Estos principios son condiciones previas de la realidad; por esto lo real no puede ser totalmente contradictorio o absurdo. Sin los primeros principios la realidad no existiría.

Ni un abejorro volador ni un pavo real han elegido su tipo de organismo. Ni siquiera han elegido existir; sus vidas dependen de algo anterior y distinto a ellos. A nosotros nos pasa algo, en parte, parecido. Hay muchas cosas y personas que no hemos elegido en nuestra vida, algunas de las cuales solemos querer mucho: por ejemplo, a nuestra madre.

Los seres humanos somos físicos, racionales y libres. Por este motivo tenemos proyectos para nuestra vida. Pero fijarse metas como si fuéramos absolutamente autónomos, sin depender de nada ni de nadie, es un error que termina pagándose caro. Si uno quiere andar con la cabeza, se la puede romper. Si alguien opta por ser un egoísta redomado, cosechará amargura y soledad.

Dependemos de muchos factores ajenos a nuestra voluntad, en un mundo mucho más grande que el alcance de nuestra vista. Por este motivo, hemos de ejercitar la fantástica capacidad de la libertad siendo conscientes de nuestras limitaciones. Con mi libertad doy sentido a mi vida, pero no todo. Hay muchas cosas que escapan a mi control y ni siquiera soy capaz de entenderme totalmente. Por esto, el sentido de mi vida está antes fuera que dentro de mí mismo. Cuando entendemos esto, la vida se convierte en una aventura donde suceden cosas que dependen de mí y otras que no, aunque siempre puedo elegir el modo personal de vivir tales situaciones. Entre el plano horizontal de mis elecciones, necesito levantar la mirada y encontrar un GPS seguro y luminoso para el viaje de la existencia. Y esa luz, como las estrellas, es anterior a mí, y me da referencias para descubrir y desarrollar libremente el sentido de mi vida.


José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, August 02, 2022

El atractivo de un padre fiel.

Ayer me fijé como varios hijos se encontraban con su padre. Eran chicos de unos dieciocho y veinte años. Sus rostros de alegría e ilusión eran llamativos. Esto me ha recordado que la condición humana más originaria es la de ser hijos o hijas. Toda hija o hijo necesita del cariño de su madre y de su padre, y ante todo del cariño de sus padres entre sí. Así es como crecen chicos y chicas con seguridad y bienestar, superando las adversidades de la vida. Ahora bien, toda esa felicidad de la infancia, así como la seguridad que dan los padres a sus hijos jóvenes o adultos, supone un serio esfuerzo. Se trata, ni más ni menos, de poner el yo en un segundo lugar para darse al cónyuge y a los hijos.

Ahora que abundan las separaciones y los divorcios, sin pretender juzgar a nadie, quisiera recordar el valor insustituible de un padre fiel. El hombre sencillo y fuerte que está ahí, disponible para lo que su mujer y sus hijos necesiten. Se trata de un personaje frágil, con defectos, pero que ha decidido frenar sus ambiciones, templar su corazón, cuidar los detalles, comprender, perdonar y, cuando sea preciso, exigir con la palabra serena y el ejemplo vivido. Los motivos para actuar de tal modo no son tanto fruto de unas situaciones satisfactorias, como de una determinación de la inteligencia y la voluntad, guiadas por una estrella luminosa que trasciende los sentimientos. Es una luz cercana, pero solo visible por unos ojos limpios.

Puede suceder que la generosidad personal no sea correspondida, sino incluso traicionada. Pero queda, al menos, la paz de haber hecho todo lo posible en algo de vital importancia. Sin embargo, la actitud de sacrificio y abnegación familiar suele ser admirada y querida. Entonces, los frecuentes límites de la vida son tomados con buen humor, los serios contratiempos con resignación, y las alegrías con gratitud. La vida cotidiana deja de ser sosa porque hay proyecto, sentido y, sobre todo, amor. Por lejos que nos encontremos de esta situación, siempre se puede recomenzar, con fe, esperanza y dejándose ayudar.

Esta es la gran paradoja de quien ha decidido vivir para su familia: que su vida es atractiva y que, sin darse cuenta, ese padre fiel es feliz.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, July 30, 2022

Qué me dejen en paz.

Uno de los momentos de mayor alivio, tras un día de duro trabajo, es llegar al propio cuarto, tumbarse en la cama y expresar rotundamente: “que me dejen en paz”. Cuando se ha conseguido descansar algo, llega el momento de volver a salir. Entonces se saluda a un familiar, o a un amigo, y no sería de extrañar que le pidiéramos un pequeño favor. Quizás este conocido nos atienda muy bien, al mismo tiempo que dice para sus adentros la misma queja que nosotros formulamos al principio. Estamos rodeados de tipos pesados que requieren de nuestros servicios y nos fríen. Pero nos damos cuenta de que nosotros mismos pertenecemos a esa misma especie de “homo pesadisimus”.

Por otra parte, una vez vi a un señor en la calle que se pegaba a una columna y asomaba la cabeza hacia otro lado, con un extraño gesto que me alarmó. En seguida me di cuenta que su hijo pequeño estaba donde el padre juguetón dirigía su mirada. Está claro que pasar tiempo con los hijos, o con el cónyuge al que queremos con toda el alma, es algo profundamente humano. Alguien ha dicho que la talla moral de una persona está en su capacidad de hacer familia. Ser alguien que quiere y es fiel a los suyos, a las duras y a las maduras, siempre será algo muy valorado. Quien es así, o se esfuerza por serlo, tiene también un imán agradable en el trato con el resto de las personas.

De vez en cuando encontramos caras serenas, o sinceramente sonrientes que juegan otra liga. Parece como si disfrutaran ayudándonos. Recuerdo a un señor que prestó dinero a un amigo suyo, con auténtico regocijo. Otro ejemplo que he presenciado es el de un camarero que servía en una cafetería, donde habría en la barra unos treinta clientes. Trabajaba con rapidez, eficacia y simpatía. Sus brazos de disparaban como los de un pulpo en diversas direcciones sirviendo cafés, copas y tostadas. Lo hacía disfrutando, como un perro de caza corriendo entre la maleza del bosque. La verdad es que hay bastante gente servicial, que trabaja con gran profesionalidad y afán de servicio. Muchos desempeñan profesiones sencillas y nos ayudan eficazmente, casi sin que nos demos cuenta. ¿No tendrá algo que ver la sencillez con todo esto?

Ser sencillo es ser humano; es decir: acogedor, comprensivo, animante y exigente. ¿Por qué a veces no somos el que deberíamos ser? Porque estamos al revés. Nuestros ojos y nuestra mente no deberían funcionar como espejos, porque son ventanas: están para percibir y entender primeramente a los que nos rodean. Sin embargo, con frecuencia estamos encorvados hacia el suelo de nuestros intereses. El peso de los demás es el que endereza nuestra postura envejecida y compleja. Se va levantando nuestra columna vertebral y vemos entonces el horizonte, el sol y las estrellas. Recuperamos la alegría de vivir y de servir, con una visión de muy largo alcance. Y aunque de vez en cuando deseemos que nos dejen en paz, entendemos que lo que realmente ansiamos es la paz interior: la que viene de darse a los demás.


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, July 24, 2022

Lógica del yo y lógica de los demás.

Es lógico querer zamparse el bollo más rico de la mesa, en una merienda con amigos. Pero no es muy elegante. Sin embargo, hay muchos aspectos en los que puede y debe manifestarse un sano amor por uno mismo, desde el alimento hasta un proyecto profesional.

Por otra parte, todo el mundo valora la sociabilidad y la generosidad. Varios estudiosos de la felicidad coinciden en que esta vivencia del ser humano está muy relacionada con las relaciones con las demás personas. “Cada amigo me revela parte de mi yo”, decía C.S. Lewis. Hay muchos aspectos de mi propia identidad que llego a desarrollar gracias a los demás. Ir a repartir comida a gente pobre, en una parroquia de barriada, no parece un plan muy divertido. Pero cuando uno lo hace, termina más contento que habiéndose tomado unas cervezas con los amigos. Aunque, bien pensado, pueden hacerse ambas cosas.

El interior de nuestro espíritu está necesariamente abierto a las necesidades de los otros, especialmente de nuestros familiares y seres más cercanos. Dedicar tiempo abundante a los demás puede ser costoso y pesado; pero se trata del peso de la verdad.

Todo esto parte del respeto a los otros, que es quizás la primera forma de amor; el primer modo de valorar la identidad del otro u otra. Cuando ayudo a alguien, también me estoy ayudando a mí mismo. ¿Por qué? Porque cada persona representa a la humanidad. Lo que hago con un necesitado que se cruza en mi camino, lo estoy haciendo de alguna manera con todo el mundo. Estamos interiormente enlazados unos con otros, aunque tengamos legítimas diferencias, gustos y puntos de vista.

No se trata de ser tonto. En ocasiones hay que corregir. Si hay que denunciar la injusticia que alguien nos ha hecho, puede ser un deber hacerlo y defenderse. Pero en el mundo esto parece estar claro. Lo que no lo está tanto es darse cuenta que la lógica del yo y la lógica de los demás, bien vividas, son la misma. Claro que hay que combatir lo que entendemos que es un error, que algunos defienden. Tampoco hay que estar funcionando de cara a la galería. Pero algo distinto es pensar que si te das a los demás, lo que recibes son injurias y patadas. Puede ser cierto, en ocasiones. Sin embargo, si persistes en esta actitud, llegas a ser una persona valorada y querida. Lo que resulta patético es un tipo egoísta que acaba solo y despreciado, sino cambia.

Cuando tengo una referencia sólida para saberme incondicionalmente querido, es cuando seré capaz de querer bien a los demás. Pero solo podré hacerlo, desde la convicción de que tal actitud es la expresión de una ley de realización interna y originaria de nuestro ser: la entrega personal. Machado decía “la monedita del alma, se pierde si no se da”. Y esta ley, como la de la libertad, no nos la hemos puesto a nosotros mismos, sino que nos viene dada por alguien superior que es total donación dentro de sí, tal y como explica la revelación cristiana. De esta manera, aunque meta la pata de vez en cuando, o las cosas no me salgan muy bien, o no me sienta muy correspondido, tendré la convicción suficiente de darme cuenta que mi lógica y la de los demás puede llegar a ser la misma.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, July 22, 2022

El lenguaje racional del cuerpo.


Nuestra boca puede decir “padre” y “madre”; no sería sencillo hacerlo si tuviéramos los belfos de un caballo, como decía el filósofo Leonardo Polo. Con las manos podemos tocar la guitarra, cosa imposible de hacer con unas pezuñas. Nuestro cuerpo participa de las capacidades racionales de nuestra vida humana.

Si tenemos una molestia física, vamos al médico para que nos dé un remedio adecuado. Lo que no conviene hacer es intentar comer con las narices   porque me duele la garganta, por ejemplo. Del mismo modo que las capacidades físicas tienen sus leyes, también el corazón y la inteligencia tienen las suyas. Un egoísta agudo terminará por ser un desgraciado, y probablemente amargue la vida a otras personas. Un mentiroso compulsivo puede acabar siendo un cínico; alguien para quien la única verdad es su interés.

Todos nuestros órganos están configurados para realizar diversas funciones. Entre ellas están las vegetativas -nutrición, crecimiento, reproducción-, las sensitivas -desarrolladas por los diversos sentidos- y las racionales -inteligencia y voluntad-. Los afectos afectan al ámbito sensitivo y al racional, en donde juega un papel importante la libertad.

Cualquier animal es lo que es, y no parece plantearse ningún problema por esto. Sin embargo, los seres humanos tenemos que aceptar libremente lo que somos. Esto forma parte de nuestra grandeza y nuestro esfuerzo. Hay etapas de la vida en que estamos encantados con nosotros mismos; pero puede haber otras problemáticas. Puede existir una contrariedad en nuestro terreno físico, afectivo o racional. La solución para estos problemas está en superarlos a través de una mejora de lo que somos, no mediante un cambio que suponga la huida hacia lo que no somos. Esta última opción termina por generar frustración, porque no se ha respetado la unidad de nuestra persona, aunque esto suponga esfuerzo. Las disfunciones entre nuestras facultades y nuestro organismo pueden ser un motivo de ruptura personal o de esfuerzo moral hacia la madurez. En este aprendizaje de la vida es importante pensar en el bien personal de los demás.

La sonrisa sincera es una muestra de lenguaje corporal significativo, porque refleja la paz y la armonía que tenemos dentro. Un equilibrio que se adquiere con esfuerzo diario y renovado, aunque a veces suponga lágrimas.


José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, July 19, 2022

Cuando el origen está al final.


Para dar buenos frutos tendré que conocer mis raíces, ya que el árbol de mi vida es un desarrollo de su semilla. Nos interesa, por ejemplo, conocer cosas de nuestra historia familiar. Necesitamos tener ejemplos de vida para decidir la nuestra.

También es bueno saber algo de historia, que es la memoria colectiva de un pueblo. El pasado es una escuela de aprendizaje para el futuro. El tiempo es una realidad cotidiana en que el presente enlaza el pasado con el futuro. Decía C.S. Lewis que el presente es el punto de encuentro entre el tiempo y la eternidad.

Buscar el origen último de todo lo existente es una pretensión ambiciosa y humana. A los valiosos datos de la ciencia experimental, se pueden añadir ideas de Tomás de Aquino: Que existe una primera causa de todo lo demás, parece razonable si nos percatamos que sin una causa inicial no habría causas ni efectos posteriores. Que esta primera causa o motor de la realidad sea inmaterial es una afirmación coherente. Veámoslo: todas las realidades materiales que vemos alguna vez no existieron. Si la primera causa no existió, hubo un tiempo en que no existía nada. Pero de la nada no sale nada, y ahora no habría nada, cosa rotundamente falsa. Por tanto, tiene que haber un ser inmaterial y necesario, del que dependen los demás.

Otra noción importante es la de la causa final: la primera en la intención y la última en la ejecución. Sería, por ejemplo, la que pondría en marcha un proyecto hasta que se termina. Las finalidades son reales: los oídos oyen y los ojos ven, aunque haya excepciones. Todo esto es de sentido común, pero hay quienes no lo aceptan. Sin embargo, los que niegan las causas y las finalidades lo hacen con una finalidad.

Las finalidades de los seres se despliegan en el tiempo afrontando muchas variables. Pero la evolución no es el desarrollo de una materia sinsentido, sino el desenvolverse, con unos fines, de una realidad que no se explica suficientemente por sí misma, porque remite a algo que va más allá de ella. Si veo unas pisadas en la nieve puedo pensar que se deben a algún extraño fenómeno químico, pero es bastante más sensato concluir que alguien ha pasado antes por allí. El mundo está lleno de pisadas y de señales.

El ser originario, por ser la raíz de todo, lo es del ser de los seres vivos e inertes. Nuestra dependencia atañe al núcleo de nuestra propia realidad. En los seres humanos se trata de una realidad libre, que puede percatarse de esta dependencia. Así, cada instante de mi existencia puede ser entendido como una comunicación con el ser pleno de realidad. Esto ayuda a intentar vivir cada momento con plenitud de sentido. Por esto, el principio absoluto de nuestro ser nos acompaña en todo momento. Al final de nuestra vida en este mundo, si la hemos vivido con un sentido verdadero, podremos encontrar plenamente al ser que es nuestro origen.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, July 18, 2022

La autocoherencia cerrada y la inteligencia abierta.

Es lógico querer ser coherentes y saber cuáles son nuestros límites. Pero otra cosa distinta es encerrarse en unos límites artificiales, por una pretendida autocoherencia. El conocimiento no se reduce a lo evidente, a lo que veo inmediatamente. Si no creo en China porque nunca he estado allí, o sospecho que la segunda guerra mundial no existió, porque no estuve allí para verificarlo, empiezo a tener un serio problema: de conocimiento y de personalidad. Desde luego no se trata de creerse todo, pero ceñir el conocimiento solo a lo visible y experimentable supone una coherencia ridícula y dañina.

Antes dijimos que lo primero que conocemos de algo es que es. “El hombre es de algún modo todas las cosas”, decía Aristóteles; porque somos capaces de conocer cada vez más aspectos de la existencia. Las personas tenemos un ser que conoce los seres de las demás realidades. Ahora bien, ni las cosas ni las personas se han dado el ser a sí mismas. Por esto, es razonable considerar que existe un ser que conoce y que tiene la capacidad de crear tanto a las cosas como a las personas. El conocimiento de este ser supremo no es evidente, pero la razón está abierta a concebir su existencia. Por otra parte, la evolución del universo es perfectamente compatible con una creación evolutiva. Creación y evolución están en planos diferentes y complementarios; algo así como poner una alfombra y desenrrollarla. Lo absurdo es admitir la falta de causa de la existencia del cosmos.

La razón humana, al abrirse a un ser originario con la capacidad de crear, entiende de un modo más humano. Concibe la propia vida como la de un personaje que está dentro de una historia, de una novela real. Es entonces cuando la razón humana, así como la voluntad y el corazón, encuentran un terreno libre donde vivir una vida profundamente personal, abierta a toda la realidad.


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, July 17, 2022

Los orígenes como faros que iluminan la meta.


A muchas personas les gusta ser originales. No me parece demasiado interesante buscar la originalidad por la línea de lo raro o extravagante. Lo que resulta humanamente atractivo es buscar los orígenes de uno mismo para dar una respuesta libre y personal, original, con la propia vida. La dignidad humana tiene mucho que ver con esto, y se relaciona con que los seres humanos somos individualmente únicos, irrepetibles. No tenemos solamente historia, sino también biografía.

¿Por qué sé que hacer el bien y rechazar el mal es lo adecuado, aunque a veces no sea consecuente? ¿Qué tiene la alegría por lo que supera inmensamente a la tristeza, aunque tantas veces no sepa ser alegre? ¿Por qué una persona normal quiere hacer de su vida algo que merezca la pena y ayude a los demás?  Todas estas preguntas, tan sencillas como profundas, tienen que ver con lo que nos ha sido dado: nuestra naturaleza humana.

La palabra naturaleza produce actualmente urticaria en algunos pensadores y políticos. Lo natural les parece un freno a la autonomía personal. Sin embargo, esto es precisamente lo que nos hace falta: limitar la autonomía para poder colaborar y ver en cada ciudadano una persona, antes que un amigo o un enemigo. La dignidad necesita de la autonomía, pero realizada en la capacidad de convivir.

Cuando la autonomía, la libertad personal, es un medio, la vida es una aventura que se dirige a alguna meta interesante. Cuando la libertad se enrosca y se convierte en un fin para sí mismo, se pervierte y termina por devorarse a sí misma. Recuerda la triste frase de Sartre: ”el infierno son los otros”. Frase, quiero recordarlo, del que el filósofo francés se retractó posteriormente.

Es importante valorar mi familia, mi infancia, las amistades, la cultura y la historia de mi país, todas las ayudas recibidas de tantas personas, incluso las adversidades de la vida a las que puedo responder de un modo positivo. Entonces estoy en condiciones de vislumbrar los atractivos caminos de la vida. Solo descubriendo los faros de mis orígenes, que son muy anteriores a mí, sabré transmitir esa luz, enriqueciéndola con un modo personal y original de vivir.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, July 15, 2022

Persona: distinguir entre capacidades y actos.

Cuando conozco algo o a alguien, hay una apertura previa de mi razón para conocer. Esta apertura o capacidad, que forma parte de mi persona, es anterior a mis actos concretos de conocimiento. Por otra parte, lo que primero capto de una realidad es que es, que existe. Esta captación es directa, la damos por sobreentendida, y es la base de todo razonamiento posterior. Existe una conexión inmediata entre la persona que conoce y la realidad conocida.

Lo anterior significa dos cosas. Por una parte, no tiene ningún sentido decir que no podemos llegar a conocer cómo son las cosas en sí mismas. Aunque, por supuesto, hay grados o niveles de conocimiento. Por otro lado, en mi persona hay algo previo a mis razonamientos: mi apertura al conocimiento o capacidad de conocer. Lo mismo podríamos decir respecto a nuestros afectos y a nuestra capacidad de querer, así como a ser queridos.

El conocimiento se basa en que podemos entender el sentido de la realidad. Como también queremos conocernos a nosotros mismos, tenemos que percatarnos de que nuestro ser tiene capacidades anteriores a nuestras operaciones. Puedo equivocarme al pensar, pero esto puede corregirse porque hay una disposición previa a conocer la realidad. Puedo equivocarme al querer, pero es posible corregir mis afectos porque tengo una capacidad de querer anterior a ellos. La libertad puede ser mal empleada, pero antes de esto tenemos la facultad de ser libres. Podemos no terminar de encontrar la felicidad, pero tenemos una evidente disposición hacia ella.

En definitiva, para poder discernir la veracidad de nuestros pensamientos y de nuestros afectos hemos de profundizar en el conocimiento de las capacidades previas de nuestro modo de ser humanos. Tales capacidades naturales son las adecuadas, como lo es tener un corazón y dos pulmones. Aunque una limitación física dificultara el ejercicio de una actividad, tal limitación afecta a los actos, no a las capacidades: no se es menos humano por estar en una silla de ruedas. Los actos concretos de nuestras capacidades son los que pueden ser correctos o erróneos. Su discernimiento ético radica en saber si nos están haciendo ser mejores personas o no. Cuando la respuesta es afirmativa, se debe a que tales actos están en consonancia con la rectitud de nuestras capacidades conectadas con la realidad a la que podemos conocer y querer. Los pensamientos, afectos y obras acertados nos hacen ser mejores.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, July 13, 2022

La realidad como luz de la persona.


Cuando alguien está en un ambiente agradable, grato, su persona tiene cierta admiración y apertura hacia lo que le rodea. Esta comunicación con esta realidad amable se hace posible por los sentidos y por la razón, pero va más allá de lo racional. Es la persona entera la que se encuentra bien allí, la que experimenta paz y contento.

El mundo activa nuestra identidad antes de que intentemos comprenderlo con nuestro entendimiento. Nuestra apertura hacia él, tan notoriamente vivida en los niños, nos habla de su complementariedad respecto a nosotros. Sin embargo, las experiencias de los años y una racionalidad enrevesada nos pueden llevar a empaquetar la vida en nuestros propios esquemas. Hasta tal punto es así que conocidas filosofías han llegado a reducir la realidad a imágenes y vivencias, que cobran estructura y significado exclusivamente por nuestra razón. Esta tendencia a desposeer de significado a la naturaleza de las cosas por sí mismas, está presente actualmente en mentalidades, actitudes, y en leyes.

Sabemos que la realidad no siempre es amable; a veces es muy dura. Por otra parte, es humano que nos vayamos haciendo una idea del valor de las cosas según lo que hemos vivido. Pero si queremos que esa interpretación sea acertada, y esto es clave, no podemos reducir el valor de la realidad a lo que de ella entendemos. No podemos englobar racionalmente la realidad hasta pretender hacer con ella lo que nos dé la gana. Si hacemos esto, la mente estalla y se fragmenta en añicos. Entonces, la vida se ve desarticulada y absurda porque esa es la situación de nuestra razón.

Abrirnos a la realidad supone saber que es anterior a nosotros, que podemos conocer cada vez más de ella y que su existencia tiene una luz que ilumina nuestra mente y nuestra persona. Solo si sabemos respetar la realidad sabremos respetarnos a nosotros mismos.



José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, July 07, 2022

Protagonistas del mundo


Cuando hablamos de la dignidad humana, tratamos de algo tan profundo que no sabemos muy bien todo lo que queremos decir. Cada ser humano es libre, único e irrepetible. A lo largo de su vida, cada persona establece relaciones con sus semejantes. Es capaz de ponerse en el lugar de ellos. Cada uno vive su propia vida en la que forman un factor clave los demás, especialmente sus familiares y amigos.

Si una persona aprende a querer, a pesar de los desengaños ajenos y de los propios errores, su horizonte de felicidad se engrandece. La capacidad de vivir con los demás, también respecto a recuerdos pasados y a futuros proyectos, constata que tenemos una vida material y espiritual. Sentirse protagonista del mundo, en conexión con todas las personas que han existido y existirán, parece pretencioso, pero es a lo que estamos llamados. Este horizonte de grandeza se fragua en las cosas reales, menudas y cotidianas de nuestras vidas. Esta universalidad hace de lo sencillo algo grandioso. La existencia de un ser espiritual absoluto y personal es la que hace posible la nuestra.  La vocación de nuestra dignidad es optar libremente por ayudar a los demás. Esta determinación del espíritu, trabajada a diario, se mantiene y es posible porque nuestra vida va quedando “guardada” en Dios. Esto es lo que hace que cada día, con sus alegrías y dolores, sea apasionante.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, July 01, 2022

Dignidad humana y familia.


Los términos dignidad y persona resaltan la especial importancia del ser humano. Cada individuo de la especie humana es un ser libre, moral y, por esto, irrepetible. Es alguien capaz de interpretar la historia y el mundo que le rodea, elaborando una respuesta personal con su propia vida.

La palabra persona hunde sus orígenes históricos en la cultura griega, con sus representaciones teatrales, y romana, con su concepto de ciudadanía. Pero es la religión cristiana, en parte heredera de la judía, la que potencia máximamente la idea de dignidad de la persona al entenderla como imagen y semejanza de Dios, aplicada a todo ser humano.

En el mundo occidental actual se ha desarrollado la noción de libertad o autonomía como algo clave de la persona. Al mismo tiempo, se insiste cada vez más en la noción de justicia o igualdad, referida a la relación entre hombres y mujeres, pero también entre todos los seres humanos entre sí. Sin embargo, autonomía e igualdad pueden anularse una a otra si no se respeta la naturaleza del ser humano.

La naturaleza es algo dado, de lo que partimos. La cultura puede mejorarla, pero no desfigurarla según la voluntad propia o de los que tienen el poder. Esto lesiona la igualdad de los seres humanos y seguirá abriendo brechas de injusticia. Solo con el sentido de creación, de un orden dado por una realidad superior a nosotros mismos, establecemos el marco de convivencia adecuado entre autonomía e igualdad. Pretender que la autonomía de la razón es la que tiene que redefinir toda la realidad, es una equivocación que conlleva graves consecuencias.

Entre todas las instituciones humanas, la familia entendida como la unión estable entre mujer y hombre, abierta a la posibilidad de los hijos, es el logro más natural, bello y satisfactorio, para conjugar autonomía e igualdad en el amor. Una familia firme, vigorosa, con las adaptaciones a nuestro sistema de vida y de trabajo actual, es un reto esforzado que merece la pena. Relativizar y desnaturalizar a la familia, como está sucediendo de un modo arrollador en la actualidad, es un camino de deshumanización y de falsedad. Reparar y mejorar nuestras relaciones familiares, en la medida de lo posible, es un camino de sabiduría abierto a experiencias de vida llenas de significado.

Solo redescubriendo el valor y la alegría de la familia, sabremos encontrar la armonía entre autonomía e igualdad y, por tanto, el sentido de la dignidad humana.


José Ignacio Moreno Iturralde