Sunday, November 07, 2021

Estudio: inteligencia, voluntad y corazón.


 

Hay una característica muy propia del buen estudiante: su capacidad de concentración. Lógicamente variará según la edad, pero es muy diferente que un chico o una chica tenga capacidad de escuchar y atender; o, por el contrario, que se distraiga y disperse con enorme facilidad. En esto hay, sin duda, factores fisiológicos y temperamentales; pero también influyen poderosamente la libertad y la virtud personales.

Cuando un alumno se encuentra bien escuchando una clase, y aprovechándola, significa que tiene dominio sobre sí mismo. Esto hace que vaya fraguando una personalidad más fuerte. El esfuerzo en su estudio personal, en los trabajos que se le mandan y en la preparación de exámenes, refleja que ese estudiante se hace responsable de sus propias obligaciones. Este discurso de la virtud y de la fuerza de voluntad puede no estar de moda, pero es absolutamente nuclear en la vida de todo estudiante.

Para que un joven esté centrado en sus estudios es necesario que antes lo esté en su vida afectiva. Un chico o una chica que vive en un entorno familiar de cariño y amable exigencia, tiene lo fundamental para estar centrado en la vida. Sin esto, su capacidad de ánimo puede estar seriamente minada para afrontar sus estudios. Todo joven necesita que alguien crea en él, o en ella, le anime y le exija de un modo cordial y positivo. El corazón abre las posibilidades de la inteligencia y estimula a la voluntad.

Por otra parte, las razones del déficit de rendimiento escolar pueden ser muy variadas; incluso médicas. Los trastornos de aprendizaje más comunes tienen que ser diagnosticados y tenidos en cuenta por la familia, los profesores, y por los propios protagonistas que los sufren. Lo que es importante es hacer ver en esa dificultad una oportunidad de crecimiento personal. Todos los seres humanos tenemos limitaciones de un tipo o de otro. Saber gestionarlas es de vital importancia para sobreponernos y madurar.

El esfuerzo en el aprendizaje debe atender a la diversidad de los alumnos: con una atención tutorial personalizada y con el apoyo de los orientadores escolares. También debía serlo con una trayectoria escolar más plural y diferenciado, según las capacidades y aptitudes de los alumnos. El sistema educativo actual, al menos en España, sigue siendo en mi opinión muy uniformizador. Un concepto igualitario de la enseñanza lleva metiendo en la horma del mismo zapato a multitudes de estudiantes. Va siendo hora de un planteamiento menos ideológico, más libre y plural de la educación. No hay un solo camino para llegar a la meta; hay muchos, y es importante descubrir cuál es el mejor para cada alumno y alumna. En este sentido me parece importantísimo desarrollar una Formación Profesional de prestigio, desde edades más tempranas a los dieciséis años. Existen referencias suficientes para lograrlo, si hay una auténtica voluntad de servicio a los alumnos y a sus familias.

Otro aspecto de vital importancia es la capacidad del profesor por transmitir entusiasmo e interés hacia sus asignaturas. El arte de la enseñanza donde se conjugan autoridad, conocimiento, orden, pedagogía y sincera preocupación por los alumnos, es algo que no se improvisa. Requiere mucho tiempo, esfuerzo y motivación. Por este motivo, el cuidado y promoción de los profesores es clave para la educación; es decir: para el futuro del país. Estoy convencido de que un país donde la profesión de docente sea prestigiosa tiene una capacidad de desarrollo enorme.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, November 01, 2021

El mensaje animante de los difuntos

En los dos primeros días de noviembre, los cementerios parecen convertirse en pueblos llenos de movimiento. Miles de familias llevan flores y visitan las tumbas de sus difuntos. Es como si la muerte no tuviera fuerza para romper los lazos familiares. Los cristianos creemos en la vida eterna y en que volveremos a ver a nuestros seres queridos; pero de momento la barrera parece infranqueable. Nos gustaría escuchar alguna palabra suya en nuestro interior, o atisbar alguna señal de ellos; pero no parece que ocurra así. A lo mejor es porque no empleamos un método adecuado. El don de la fe nos dice que los difuntos, que murieron en amistad con Dios, viven personalmente en Él. Y a Dios se llega por la humildad y la oración. Cuando procuramos elevar la mente y el corazón al Señor, dentro de lo personalísimo que esto resulta, no es difícil conectar con las ideas clave de la vida y darnos cuenta de lo verdaderamente importante. Entonces, al rezar contemplando la vida de nuestros difuntos, podemos entender con claridad algunas referencias de ánimo y de conversión, de paz y seguridad. Una oración sosegada es el mejor modo de escucharles. Ellos vivieron, trabajaron, rieron, lloraron, nos sacaron adelante, y lucharon contra sus defectos. Si procuraron hacer la voluntad de Dios, pueden experimentar ahora un periodo de purificación de sus almas, como antesala al Cielo, o estar ya el él con la compañía maravillosa de la Virgen María y de todos los santos. Esto último es por lo que rogamos, acogiéndonos a la misericordia divina.

Nosotros tendemos a percibir que lo más real es lo material que nos rodea. Sin embargo, las biografías de los que nos dejaron están inmersas, sin perder su personalidad, en la fuerza y consistencia de la vida de Dios. Algunos autores espirituales explican que en este mundo vemos el tapiz por el lado de los nudos, y que los colores y formas definitivas solo se contemplan en la eternidad. Las cosas importantes son, a veces, al revés de como parecen. Ya lo dice Jesús en el evangelio: “… ¿No habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados ”(Marcos 12, 18-27).

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, October 30, 2021

Pureza y pasión; una visión masculina


 

“La pureza es el mejor ambiente para la pasión”, escribió Chesterton, y pienso que tiene razón. Sin embargo, la atracción que un hombre siente por una mujer es recurrentemente presentada desde una exclusiva visión corporal. Tal perspectiva es parcialmente cierta, pero muy corta de miras   porque no es esa la atracción más importante. También sucede algo análogo respecto a la atracción que la mujer siente por el varón. 

La sencillez y la modestia, tan aparentemente poco de moda, pueden hacer resaltar lo nuclear de la persona. Por esto, el atractivo que un hombre siente por una mujer es tanto más profundo y fuerte cuando se estima a la persona querida por su encantador estilo de vida, y por el cortejo de virtudes que adornan su personalidad. Se la respeta y admira por ser tan femenina; es decir: tan enérgica, práctica, comprensiva y animante. Los hombrecillos que no son capaces de entender esto, por una concupiscencia desbocada, no son presas de su hombría sino de su debilidad. Las mujeres a las que les cuesta creer en el amor respetuoso, sincero y profundo de los hombres, han perdido de vista algo muy valioso de la masculinidad.

No pretendo ser un ingenuo en medio de un mundo con tanta superficialidad y brutalidad. Pero lo que parece, a veces oculta lo que es más valioso. Los hombres somos capaces, y mucho, de querer a las mujeres con auténtica inspiración de caballeros. La hombría más verdadera consiste en querer el bien y la felicidad de la propia mujer. Aunque también hay otra manifestación profundamente viril: desear sinceramente el bien y la victoria para la mujer que nunca será nuestra. La pureza como pasión fortalece y expansiona el corazón, llevándole a ser capaz de querer más allá de lo previsible, porque hace al hombre llenarse con el manantial oculto e inagotable que es la fuente de la más pura alegría.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, October 28, 2021

Ver el mundo como un cuento viviente



Ver el mundo como un cuento viviente  es privilegio de los más pequeños,  y solo en los momentos agradables. Tal vez algunas mentes especialmente ingenuas podrían participar también de esa vivencia. Pero...  ¿No podría ser ésta la más verdadera visión de la vida, a la que es difícil llegar? 

Un cuento o una novela tiene sus héroes,  sus victorias,  sus monstruos y sus males. Si es una buena historia,  puede ser disfrutada al leerla o visualizarla desde la comodidad del espectador. Pero resulta que la vida real tiene aún más alicientes: la historia que se fragua es la nuestra personal. Las victorias y los dolores no son de personajes de ficción,  sino los que nosotros experimentamos con euforia o desánimo diariamente. Entonces,  ¿por qué la vida se nos hace con frecuencia monótona, incluso dura? Porque hay algún motivo que nos impide ver su plenitud de sentido. Tal significado en gran parte nos tiene que ser dado por quien ha hecho el mundo, y nuestra actitud más inteligente es descubrirlo a través de lo que nos rodea. Y solo se puede descubrir desde una actitud contemplativa. 

Otro camino hacia la admiración e ilusión por la vida es paradójico: aceptar el dolor y la contrariedad que tengamos que afrontar mientras dure. Es entonces cuando asumimos con integridad el sentido de nuestro vivir. Procuraremos evitar el sufrimiento,  pero a veces no es posible. En ese caso, la adversidad puede ser interpretada como una ocasión de salir del propio cascarón hacia una ayuda más plena a la vida de los demás. El dolor nos puede ayudar a mirar alto, hacia adelante, y también a observar con más esmero y atención a quienes nos rodean. Adquirimos así un mayor sentido de la proporción,  vislumbramos regiones altas, y los pequeños escollos diarios  pueden incluso ser motivo de buen humor. Renace así la alegría como sabia de la vida. Nos situamos entonces en la mejor perspectiva de admiración para entender el mundo y para enseñarlo: la perspectiva de la Cruz. Y si se renuevan los contratiempos,  queda la paz de ese buen sentido encontrado. Vivir esto así puede ayudar mucho a quienes nos rodean.


José Ignacio Moreno Iturralde 

Sunday, October 24, 2021

La trampa del sexo digital (libro)


Quitarse la venda de los ojos puede ser a veces duro, pero es necesario cuando tenemos delante un problema serio. El libro “La trampa del sexo digital”, de Jorge Gutiérrez Berlinches, encara uno de estos problemas: la actualidad de la pornografía en nuestra sociedad. Con un tono divulgativo y ameno, esta investigación concluye que la pornografía es enemiga del sexo humano. Con estadísticas significativas, y abundantes testimonios de personas que desean salir de una auténtica adicción pornográfica, se ofrece un panorama de cómo está la situación actual al respecto.

Destaco algunas ideas claves del libro: La pornografía se ha convertido en un problema de salud pública, y es urgente reconocerlo. El deterioro personal y familiar de quienes la frecuentan lo pone de manifiesto. La conexión entre pornografía y prostitución, incluida la trata de personas, es algo real. El negocio de la pornografía no ha dudado en difundir imágenes llenas de violencia, profundamente degradantes. Por todo ello la pornografía es en sí misma corrupta.

La exposición de los más jóvenes a estos contenidos es un problema diario, pero también una oportunidad para educarles. Es necesario explicar a los niños, especialmente en la familia, qué es el sexo y su relación con el amor. Conjugar la fortaleza en las medidas de prudencia con apelar al sentido de responsabilidad de los hijos, puede hacerse con una mentalidad positiva y dando ejemplo. 

La pornografía incurre en la utilización de la persona como puro instrumento de placer; es un cinismo contrario al amor interpersonal. Sin embargo, cada persona es un ser llamado a un amor verdadero y bueno, aquél que nos hace ser mejores. Un amor que se basa en relaciones personales de respeto y cariño. El sexo, por tanto, es algo noble y bello cuando es expresión personal de un amor que puede dar vida, y del que nacen las relaciones familiares.

Se aportan consejos valiosos y prácticos, que también están la web www.daleunavuelta.org, que el autor del libro dirige. Los contenidos de esta plataforma se están dando ya en cursos presenciales, que empiezan a tener repercusión internacional. Con fundados motivos, se ofrecen itinerarios concretos de esperanza y de victoria para personas que quieren superar su adicción a la pornografía. Además, el libro ofrece argumentos y medios para mejorar, respecto al problema tratado, la vida personal y la de nuestros seres más queridos.



José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, October 23, 2021

¿Por qué el aborto no es un derecho?



Los derechos humanos fundamentales no los da el estado de una nación; son anteriores a las legislaciones escritas. El estado solo puede reconocerlos, protegerlos, y exigir los deberes que tales derechos llevan consigo. Cuando no se ha hecho así, la historia ha asistido a enormes injusticias, amparadas incluso en ciertas leyes humanas, como las esclavistas, o las tremendas legislaciones racistas nazis.

Tampoco los derechos nacen exclusivamente del deseo de los seres humanos. En ese caso, muchos delincuentes tendrían derecho a cometer sus fechorías. Salvo en el caso de legítima defensa, no existe el derecho a matar a ningún ser humano: ni por motivos políticos, económicos, pasionales, o de cualquier conveniencia. El aborto voluntario supone matar la vida de un hijo en gestación. Hay sobrados motivos biológicos, filosóficos y jurídicos, aunque existan jurisprudencias abortistas imperantes, para percibir con claridad que el nonato es un ser humano, distinto a su madre, y que el valor de la dignidad de su vida no puede depender de quien tiene dominio sobre él.

Defender la vida del concebido no nacido es también defender a su madre, por muchos motivos. Pesa menos un niño en los brazos que encima de la conciencia. Abortar es matar una sonrisa: la del hijo que venía de camino, y en cierto modo la de sus padres. Las enfermedades psíquicas y fisiológicas,  que el aborto puede producir en las mujeres, son tan reales como silenciadas. Esta práctica supone el peor de los desahucios: el echar al indefenso de la casa de su vida. Consiste en reforzar una lógica de dominio capitalista, por la que el que tiene el poder explota al desvalido. Afirma un consumismo antiecológico, que no respeta el palpitar de los vivientes. Ataca de raíz a la igualdad en el derecho a la vida. Introduce una violencia de género por la que los progenitores eliminan a su hija o su hijo. Rompe las bases de la sostenibilidad demográfica, sin las cuales una sociedad decrece, envejece, y se tambalea.

Somos seres humanos; tenemos el deber de respetarnos a nosotros mismos. Y un ser humano es, ante todo, hija o hijo. Si desgarramos esa lógica, se produce una rotura en los cimientos de nuestra civilización. La imprescindible autonomía personal y el derecho a decidir no pueden hipertrofiarse hasta atacar a un tercero, sea cual sea el estadio de su vida humana. Romper nuestra naturaleza supone una alienación segregadora, animada por industrias sin escrúpulos, que nos aleja de un mundo familiar y fraterno. Hasta tal punto es así, que hay políticos que pretenden eliminar el legítimo derecho a objeción de conciencia de los sanitarios, debido a una pretendida prioridad del falso derecho a abortar. 

Nadie pretende que se obligue a tener hijos; pero lo que no puede hacerse es matarlos impunemente en los estadios más necesitados de su vida. No olvidamos los serios inconvenientes de un embarazo no deseado; por esto es necesario ayudar a la maternidad con medidas concretas y generosas. Como sabemos, el aborto es práctica común y masiva en nuestra sociedad. No hay misericordia, ni sensibilidad, ni solidaridad con los millones de fetos humanos abortados. Pero es posible cambiar porque el amor a la vida, a la familia y a los hijos, es más fuerte que nosotros mismos. Al proteger la vida con la ética del cuidado, es cuando nos reconocemos como lo que somos: hijos, madres, padres. Esta es la civilización de la esperanza y de la humanidad, que continúa viviéndose multitudinariamente. 

El aborto no es un problema de moral privada, sino el ataque permitido y fomentado al núcleo mismo de todos los derechos. Por esto no podemos dejar de defender la causa más decisiva y de progreso: la protección de la vida de todo ser humano.

 

  

José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, October 15, 2021

¿Qué ocurrió en el caso Galileo?


Si en una clase de Bachillerato preguntas en qué siglo quemaron a Galileo, las respuestas son diversas, pero casi nunca dicen la verdadera: en ninguno. A Galileo no le quemó nadie. Para dejar esto claro vamos a recordar un breve estudio sobre esta polémica histórica que tanto a dado que hablar.

En octubre de 1992, coincidiendo con el 359 aniversario de la muerte de Galileo Galilei, presentaba sus conclusiones la Comisión especial de teólogos, científicos e historiadores, creada por Juan Pablo II en 1981, para examinar los posibles errores cometidos por el tribunal eclesiástico que condenó (1633) al famoso astrónomo. Dicho examen tampoco aportó ninguna novedad desconocida: los teólogos pontificios del siglo XVII traspusieron los límites de la doctrina de la fe para interferir en una cuestión de ámbito científico. Por su parte, Galileo presentaba como conclusiones irrefutables unas verdades que no había logrado demostrar científicamente: sólo se probarían un siglo más tarde. En todo caso, conviene señalar que el episodio de Galileo no es, en absoluto representativo: es el único conflicto histórico de ese género.

La primera mitad del siglo XVII supone el inicio de lo que Paul Hazard ha llamado “la crisis de la conciencia europea”, titulo de una de sus más famosas obras. Un complejo maridaje de factores hace cambiar la mentalidad de los hombres.

En el ámbito filosófico viven Francis Baton -que consideró la experiencia como única fuente de conocimiento- y Renato Descartes, que define la verdad como la claridad de los conceptos; no tanto su adecuación a la realidad. Y es en el campo científico-astronómico donde Galileo desarrolla su nueva cosmología. “Su idea básica era la existencia de una armonía en el universo y la aplicación de la matemática a los fenómenos observados, apartándose de la física aristotélica. Galileo abrió el camino a la ciencia moderna al afirmar que los fenómenos materiales obedecen a leyes bien definidas y que el objeto de los científicos es descubrirlas mediante observaciones cuidadosas y experimentos controlados. Ciencia y filosofía se separan en el siglo XVII: el objeto de aquella no será buscar respuestas a los por qués filosóficos, sino hallar el cómo de los fenómenos naturales” (Valentín Vázquez de Prada). La ciencia busca soluciones cuantitativas y se separa de la búsqueda por unidades de sentido metafísicas o existenciales.

LA PARADOJA DEL PROBLEMA

Galileo, profundizando en la cosmovisión de Copérnico, presentó la teoría heliocéntrica con un acusado matiz polemista frente a las ideas de su época. Su base científica fue refutada por insuficiente y errónea, como así lo era. Su intuición genial, más tarde confirmada, no se apoyaba en unas pruebas correctas. Sin embargo esgrimió, frente a sus jueces teólogos, acertados razonamientos en el campo que no le era propio: la interpretación de la Sagrada Escritura.

Apeló a criterios de San Agustín referentes a la interpretación no necesariamente literal de la Biblia. Algún pasaje de la Biblia -aquél en que Josué detuvo el sol en su carrera parece corroborar la idea de la tierra como centro del cosmos. Pero no tendría por qué tratarse de una idea científica sino metafórica en orden al sentido último del universo al que se accede por la fe. Esto haría compatible el Antiguo Testamento con la teoría heliocéntrica.

Paradójicamente, el Santo Oficio -en virtud del dictamen de una comisión de teólogos astrónomos- puso de manifiesto los errores científicos de Galileo. Según Walter Brandmüller, estudioso del tema, los miembros de la comisión inquisitorial tenían ideas similares a las del astrónomo italiano, pero no podían comprobarlas. Sin embargo erraron en su propio terreno: la interpretación de las Escrituras. El Tribunal, en el aparente dilema, optó por la inviolabilidad del texto bíblico.

SEPARAR DATOS Y OPINIONES

Para Brandmüller este suceso manifiesta la historicidad de los saberes humanos. El juicio de la Iglesia sólo está preservado de error cuando se pronuncia sobre fe y moral. Pero la Iglesia no condenó a Galileo dogmáticamente. Sólo el que se considere exento de falibilidad -concluye Brandmüller- podría juzgar a los jueces de Galileo.

Por otra parte, conviene superar opiniones pasadas que mezclan datos con interpretaciones incoherentes. Por ejemplo, Owen Gingerich (cfr. El caso Galileo en “Investigación y ciencia” 1982,) cita al papa Urbano VIII cuando éste advierte a Galileo que el movimiento de las mareas podría no deberse al movimiento de la tierra, como efectivamente ocurre. Sin embargo, Gingerich se fija más en un pretendido a priori: “tal vez la verdad no sea lo que dices según tu hipótesis” (interpretando en esta visión una salvaguarda de la doctrina contra todo logro científico que pueda comprometerla), en vez de subrayar la prudente observación del Pontífice contra lo que era un error de Galileo, como reconoce lógicamente el propio Gingerich.

Este autor también dice que el Papa Pablo V (anterior a Urbano VIII) era de la opinión de declarar a Copérnico -punto de partida de Galileo- como contrario a la fe, aunque no llegó a hacerlo. La fuente en la que se basa para afirmar esto son, según el propio Gingerich, “los chismes recogidos en el diario de Giovanfrancesco Buanamici, un secretario de Galileo” (una fuente poco seria).

Por otra parte Gingerich, al hablar de la negación de Galileo respecto a sus propias ideas por presión de la Inquisición, desvincula a ésta de su contextuación histórica. No se trata de justificar, o no, una presión del Santo Oficio sobre Galileo, sino de afirmar que una visión actual -que no tenga en cuenta el valor, no sólo personal, sino estatal y social que la religión tenla en el siglo XVII -no puede enjuiciar con acierto una cuestión donde la mentalidad histórica es fundamental. Gingerich no niega el valor de la Sagrada Escritura pero no alcanza a entender el carácter armónico y complementario de la separación del método exegético- escriturístico y el científico astronómico.

Ha sido la propia Santa Sede quien mejor ha puesto todos los puntos sobre las íes.

JUAN PABLO II: “UN MALENTENDIDO QUE PERTENECE AL PASADO” 

Como la mayor parte de sus adversarios, Galileo no hizo distinción entre el análisis científico de los fenómenos naturales y la reflexión acerca de la naturaleza, de orden filosófico, que ese análisis por lo general suscita. Por esto mismo, rechazó la sugerencia que se le hizo de presentar como una hipótesis el sistema de Copérnico, hasta que fuera confirmado con pruebas irrefutables. Ésa era, por lo demás, una exigencia del método experimental, de la que él fue el genial iniciador. (…) La nueva ciencia, con sus métodos y la libertad de investigación que suponía, obligaba a los teólogos a interrogarse acerca de sus propios criterios de interpretación de la Escritura. La mayoría no supo hacerlo. Paradójicamente, Galileo, creyente sincero, se mostró en este punto más perspicaz que sus adversarios teólogos (…) El horizonte cultural de la época de Galileo era unitario y llevaba impresa la huella de una formación filosófica particular. Ese carácter unitario de la cultura, que en sí es positivo y deseable aún hoy, fue una de las causas de la condena de Galileo. La mayoría de los teólogos no percibía la distinción formal entre la Sagrada Escritura y su interpretación, y ello llevó a trasladar indebidamente el campo de la doctrina de la fe una cuestión que de hecho pertenecía a la investigación científica (…). A partir del Siglo de las luces y hasta nuestros días, el caso de Galileo ha constituido una especie de mito, en el que la imagen de los sucesos que se han creado estaba muy lejos de la realidad (…). Las aclaraciones aportadas por los estudiosos históricos recientes nos permiten afirmar que ese doloroso malentendido pertenece ya al pasado. · (Discurso a la Academaia de Ciencias, 31-X-1992).

LA COMISIÓN PAPAL

Fue el Papa quien deseó zanjar “un contencioso histórico que, amplificado y mitificado, ha sido el instrumento para difundir una imagen oscurantista de la Iglesia en relación al progreso científico”. En el marco de la reunión anual de la Academia Pontificia de las Ciencias se dieron a conocer las conclusiones elaboradas por una comisión interdisciplinar, instituida por Juan Pablo II en 1981, para examinar a fondo las circunstancias de la condena que el Santo Oficio romano hizo, en 1633, de las teorías del astrónomo italiano. “Algunos medios de comunicación presentaron este acto como la rehabilitación de Galileo por parte de la Iglesia, como si ésta reconociera ahora por primera vez el error de entonces. La realidad es que la teoría heliocéntrica fue reconocida oficialmente por el Santo Oficio ya en 1741, cuando aparecieron los instrumentos mecánicos y ópticos que permitieron demostrar que la Tierra gira en torno al Sol y sobre su propio eje. Este afán de clarificación debe aún superar ciertos clichés, que olvidan que tanto Copérnico como Galileo eran sinceros creyentes y que sus teorías se enseñaban en Universidades de la Iglesia”.

CONCLUSIONES DE LA COMISIÓN

Las conclusiones del examen se pueden extractar en el discurso que pronunció ante el Papa el Cardenal Paul Poupard, coordinador de los trabajos: “El objetivo de estos grupos de trabajo era responder a las expectativas del mundo de la ciencia y la cultura en lo que respecta a la cuestión de Galileo, repensar enteramente la cuestión -con plena fidelidad a los hechos establecidos históricamente y en conformidad con las doctrinas y la cultura del tiempo- y reconocer lealmente, en el espíritu del Concilio Ecuménico Vaticano II, los errores y los aciertos, vinieran de donde vinieran (…) “La investigación ha sido amplia, exhaustiva,, y ha sido llevada en cada uno de los campos interesados (…) “En una carta del 12 de abril de 1615 dirigida al carmelita Foscarini, el Cardenal Roberto Bellarmino habla expuesto ya las dos verdaderas cuestiones suscitadas por el sistema de Copérnico: la astronomía copernicana, ¿es verdadera, en el sentido de que se funda sobre pruebas rea les y verificables, o al contrario se basa solamente en conjeturas y apariencias?; las tesis copernicas, ¿son compatibles con los enunciados de la Sagrada Escritura? Según ¡Roberto Bellarmino, hasta que no se proporcionaran pruebas de la rotación de la tierra en torno al sol, era necesario interpretar con mucha circunspección los pasajes de la Biblia que declaraban que la tierra era inmóvil. Pero si se demostrara que la rotación de la tierra era cierta, entonces los teólogos debían -según él revisar sus interpretaciones de los pasajes de la Biblia aparentemente en contraste con las nuevas teorías copernicanas, de modo que no se considerasen falsas las opiniones cuya verdad estuviese demostrada (…) “De hecho, Galileo no consiguió probar de manera irrefutable el doble movimiento de la tierra, su órbita anual en torno al Sol y su rotación diaria en torno al eje polar, mientras que estaba convencido de haber encontrado la prueba en la mareas oceánicas, cayo verdadero origen solamente habría de demostrarlo Newton ( …) “En 1741, ante la prueba óptica, de la rotación de la tierra en torno al Sol, Benedicto XIV hizo conceder al Santo Oficio el Imprimatur a la primera edición de las Obras Completas de Galileo (…) “La relectura de los documentos del archivo demuestra una vez más que todos los actores del proceso, sin excepción, tienen el derecho al beneficio de la buena fe, en ausencia de documentos extraprocesuales contrarios. Las calificaciones filosóficas y teológicas abusivamente atribuidas a las nuevas teorías de entonces sobre la centralidad del Sol y la movilidad de la tierra fueron consecuencia de una situación de transición en el ámbito de los conocimientos astronómicos, y de una confusión exegética en lo que respecta a la cosmología. Herederos de la concepción unitaria del mundo que se impuso universalmente hasta el alba del siglo XVII, algunos teólogos contemporáneos de Galileo, no supieron interpretar el significado profundo, no literal, de la Escrituras, cuando éstas describen la estructura física del universo creado, hecho que les condujo a trasladar indebidamente al campo de la fe una cuestión de observación fáctica”.

Prof. JOSÉ IGNACIO MORENO (Madrid)

UN CASO ÚNICO

El Papa no ha llevado a cabo una “rehabilitación” de Galileo, pues la Iglesia ya reconoció su error en 1741 cuando se dispuso de instrumentos que permitieron comprobar la verdad del heliocentrismo copernicano. Lo que la Iglesia ha subrayado es que los jueces de Galileo se equivocaron en el campo de la explicación de la Sagrada Escritura, la exégesis bíblica, al pensar que la “letra” de la Biblia defendía el sistema tolemaico, es decir que el Sol gira alrededor de la tierra (…) Según la doctrina católica, la infalibilidad de la Iglesia se circunscribe a las solemnes declaraciones “ex cathedra” del Papa y de los concilios ecuménicos en comunión en con el Papa. Es evidente, por tanto, que un tribunal eclesiástico se puede equivocar.

Quisiera subrayar a este propósito que la condena del Santo Oficio a Galileo no fue nunca firmada por el Papa ni fue una condena del magisterio de la Iglesia sino de un tribunal. Además, es importante centrar el episodio en sus debidos límites, porque, al ser un caso único, se ha creado un “mito Galileo” que poco tiene que ver con la realidad. (…).

Prof. JUAN JOSÉ SANGUINETI (Roma)

GALILEO SIGUIÓ TRABAJANDO

Con frecuencia hablo de Galileo en mis clases y conferencias. Muchos oyentes piensan que Galileo fue quemado por la Inquisición. Por eso suelo recordar que Galileo murió de muerte natural a los 78 años (…) En 1633 tuvo lugar, en Roma, el famoso proceso contra Galileo. No fue condenado a muerte, ni nadie lo pretendió. Nadie le torturó, ni le pegó, ni le puso un dedo encima; no hubo ninguna clase de malos tratos físicos. Fue condenado a prisión que, teniendo en cuenta sus buenas disposiciones, fue inmediatamente conmutada por arresto domiciliario. Desde el proceso hasta que murió, vivió en su casa. Siguió trabajando con intensidad, y publicó su obra más importante en esa época. Tres de los diez altos dignatarios del tribunal se negaron a firmar la sentencia. Desde luego, el proceso no debió producirse, y fue lamentable. Pero los trabajos de Galileo siguieron adelante.

Prof. MARIANO ARTIGAS (Pamplona)

Artículo publicado en la Revista Palabra, 1997

Tuesday, October 12, 2021

La Revolución francesa... ¿Progreso o barbarie?

La Revolución francesa es estudiada en institutos, colegios y universidades, como la cuna de nuestra sociedad democrática. Pero, tal y como se hizo… ¿Supuso un progreso o una barbarie? Si quisiéramos escribir la crónica completa de la Revolución francesa, habría que empezar citando a Jules Michelet, gran apologista de los revolucionarios, autor que tuvo celebridad a mediados del siglo XIX. Su sentenciosa expresión “La Révolution est en nous”, manifiesta la opinión de que esta Revolución es la clave para entender la historia anterior y posterior de Francia. De la obra de Michelet surge toda una corriente partidaria de la revolución.

Sin embargo, en torno al bicentenario de 1989, el escritor Louis Pauwels, afirmaba que se ha dado un error de interpretación: “La historia imaginaria de los sucesos de la Francia contemporánea, desde Michelet, fue el catecismo de los hijos de la República”. La tradición pro-revolucionaria no recogió voces de intelectuales destacados del siglo XIX. Uno fue Alexis de Tocqueville, para quien el periodo revolucionario es “un ciclo infernal que va de la anarquía a la tiranía”. También se olvidó la obra de Hippolyte Taine, quien describió la Revolución como “un verdadero rodillo compresor”. Por eso, recuerda Pauwels, que “Taine denuncia la miseria, el desprecio y el castigo que sufrió el pueblo a manos de la administración del poder real, pero también las medidas absurdas de una revolución conducida por una escolástica de pedantes con énfasis de energúmenos”. Siguiendo las ideas de Taine, Guglielmo Ferrero escribió su obra “Las dos revoluciones francesas”, donde plantea la pregunta de si la Revolución logró los resultados apetecidos. Según Ferrero, los frutos del asalto a la Bastilla no fueron un orden nuevo basado en los derechos individuales ni la instauración de una fraternidad universal, sino la guerra civil y la masacre general.

El costo de la Revolución

Al valorar la Revolución, los historiadores dispuestos a quitarle su aureola encuentran un firme punto de apoyo en las matanzas de La Vendée, realizadas por el régimen del terror. “Nunca es tarde para restablecer la verdad”, dice Raymon Secher, autor del libro “Un genocidio franco-francés”, sobre lo acaecido en La Vendée. Por otra parte, el trabajo de Claude Petitfrére y Frederich Bluche escribieron “Septiembre de 1792, la lógica de una masacre” recuerda las ejecuciones realizadas en las cárceles durante los días en los que se proclamó La República.

En cambio, Francois Furet, piensa que la Revolución francesa supone “la llegada de la democracia y su expansión europea: el acontecimiento fundamental de la civilización en que vivimos”. A su juicio, la Revolución significa la madurez de la historia de las naciones. Surgirá entonces la democracia, basada en la Declaración de los Derechos del Hombre, que proclamó la Constituyente francesa de 1789, con notable influencia de la Declaración de la Independencia Norteamericana de 1776. En parecidos términos se expresa el historiador René Sedillot en su obra “Le cout de la Révolution francaise”, donde sin embargo reconoce que “caros han costado la gloria y el prestigio: dos millones de muertos”.

La represión ocultada

¿Es conciliable es espíritu de la Declaración de los Derechos del Hombre con la devastación que produjo el trauma revolucionario? El historiador Pierre Chaunu escribe sobre “ciertos documentos, verdaderamente impresionantes, que hablan de una enorme masacre de católicos en Francia, sobre todo en el oeste y en La Vendée. En esta última, la masacre fue algo tan evidente, tan premeditado y atroz -se dio orden de eliminar a las mujeres para que no pudieran traer hijos al mundo, despedazar a los niños para que de mayores no se convirtieran en bandoleros-, que no comprendo cómo aun hoy se duda en llamar a esto un genocidio… De los 600.000 habitantes de entonces en La Vendée, los muertos se cuentan por centenares de miles”. Prosigue Chaunu hablando de los muertos que produjo la Revolución francesa: “Nos encontramos, a partir de los cálculos que hemos realizado, con dos millones cincuenta mil muertos de una población total de 27 millones de habitantes. Un número increíble que supera las pérdidas sufridas por Francia durante la Primera Guerra Mundial”.

Francois Furet da una interpretación distinta de la matanza de La Vendée. En cierto modo, dice, el terror y la persecución religiosa son imputables a la ideología revolucionaria; pero también fueron, en parte, los efectos perversos -no deseados- de aquellos ideales. Las atrocidades revolucionarias se dieron -por reprobables que resulten- como una especie de accidente, según este autor. Con todo, Furet reconoce que “la represión de La Vendée ha sido sistemáticamente ocultada por la historiografía republicana y se ha infravalorado su importancia”.

Cristianismo y Revolución

El cardenal francés Paul Poupard al referirse a La Vendée afirma: “Niel Pinot, beatificado por Pío XI en 1926, y los noventa y nueve mártires de Angers, mi diócesis de origen, beatificados por Juan Pablo II el 19 de febrero de 1984, pertenecen a ese grupo de 3000 personas -hombres, mujeres, niños, sacerdotes, religiosos y laicos- que fueron condenados por quien odiaba su fe”. Asimismo, George Suffert afirma que “la mayor parte de los dirigentes de la Convención quisieron la liquidación del catolicismo”. También Ferdinand Braudel asegura que “la constitución civil margina por primera vez a los católicos franceses”. También la extensa obra de Jean de Viguerie, titulada “Christianisme et Révolution”, destaca la vehemencia descristianizadora de la Revolución francesa.

Libertad, igualdad, fraternidad… Es difícil conciliar este lema de la Revolución con la realidad recordada por Chaunu: “La persecución religiosa que sufrieron los católicos franceses durante aquellos años no tiene parangón en la historia, si exceptuamos las grandes persecuciones del siglo XX. Para todas ellas, la Revolución francesa ha sido el modelo. La persecución religiosa no solo fue persecución contra los religiosos, sino una revuelta contra el cristianismo, con la explícita intención de descristianizar el país”.

Desmitificar

Louis Pauwels destaca la obra de Auguste Cochin, fallecido en 1916, “que desvela la lista de sociedades de pensamiento dentro de la Revolución Francesa y el establecimiento de un totalitarismo ideológico de tipo contemporáneo”. Furet y Richet acreditan el trabajo de Cochin: Los dos primeros han escrito “La Revolución francesa”, obra en la que polemizan con historiadores marxistas. Furet, que destaca los avances de la Revolución, no duda en criticar sus fracasos. Francois Fejtö deja constancia de que “historiadores de izquierda están reescribiendo la historia de la Revolución. Con ojo crítico, desmitificando, reconociendo, junto con las conquistas positivas, los aspectos negativos y los graves daños ocasionados al pueblo francés”.

Sería interesante estudiar lo publicado sobre la Revolución francesa, tras el recuerdo de su Bicentenario en 1989. Aquella conmemoración puso de manifiesto que la historia pasada, estudiada con sensatez y veracidad, ayuda a entender lo que realmente ocurrió y cómo nos influye en nuestra actual mentalidad occidental. Para poder avanzar en nuestra sociedad democrática, hay que saber distinguir qué hay en sus raíces de progreso y de barbarie.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

He retocado este artículo que publiqué hace años en ACEPRENSA.

Saturday, October 09, 2021

¿A dónde vamos con la educación?


En educación es importante pensar a dónde queremos llegar, qué es lo principal y qué es lo accesorio.

Todo ser humano quiere conocer el mundo que se abre ante su presencia. Al mismo tiempo que conoce la realidad, se va conociendo a sí mismo. El sentido de las cosas del mundo está antes fuera que dentro de sí mismas: ninguna estrella, o ser vivo, existe por su voluntad. También el sentido de nosotros mismos está antes fuera que dentro del propio yo: hay muchas cosas en nuestra vida que nos han sido otorgadas sin nuestro permiso. Esto encauza nuestro conocimiento y libertad, posibilitando el modo humano de llevarlos a cabo.

La realidad puede estudiarse desde sus cualidades, como hacen muchas ciencias experimentales; desde sus cantidades, como hace la matemática, y desde su modo de ser, como hace la filosofía. Un conocimiento profundo nos lleva a plantearnos el por qué mismo de la realidad. En este sentido la investigación científica, filosófica y artística, se complementa con las aportaciones de la religión, cuyos contenidos podemos aceptar libremente   por la confianza que nos inspira quien nos los revela. La realidad remite de alguna manera al autor de ella misma; cosa que es tan misteriosa como interesante para el conocimiento humano. Todas estas dimensiones se complementan unas a otras, dándonos un conocimiento más completo del significado de la vida.

Nuestra libertad tiende a los bienes y a las personas. La calidad de las relaciones con los demás influye enormemente sobre nuestra felicidad. La capacidad de convivir con nuestros semejantes, pone a prueba nuestra categoría personal. Saber querer a los demás, pese a sus defectos que no supongan una injusticia, es algo que nos engrandece. Entre los ámbitos de convivencia destaca el familiar. En la familia es donde más nos quieren, donde hemos aprendido a amar. La familia es el primer núcleo de humanidad, de educación y de socialización. Generalmente un padre y una madre piensan frecuentemente en sus hijos, afrontando muchos sacrificios para sacarlos adelante. Nuestros padres son verdaderamente originales para nosotros, porque son irrepetibles. Esa capacidad de ser queridos y de querer, podemos reflejarla en buena medida con nuestros amigos, compañeros y conciudadanos.

Un buen conocimiento del mundo y una buena convivencia con los demás es algo de un valor incalculable. La educación, en sus diversos niveles, puede ayudar notoriamente a entrelazar estos aspectos. Solo desde un conocimiento profundo de lo que es el ser humano, podemos hacer una enseñanza más humana y eficaz.

Hablo ahora de algunas cuestiones concretas, entre otras muchas que se podrían tratar. Junto con una metodología y una tecnología propias de nuestra época, es preciso recorrer en profundidad los grados del conocimiento. Por ejemplo: una buena educación humanística es clave para educar a alumnos libres, con personalidad y creatividad. Lógicamente es importante la enseñanza de idiomas para los alumnos, pero en primer lugar deben conocer bien su lengua nativa, pues es en la que piensan. Para esto es importante fomentar la lectura. Por otra parte, toda la innovación educativa es un síntoma de vitalidad docente irrenunciable, siempre que sepa hacia donde se dirige.

Respecto a la convivencia y la capacidad afectiva, emocional y virtuosa de los jóvenes, un colegio competente debe cuidar algunos aspectos. Las entrevistas con las familias de los chicos a través de un profesor encargado, así como la atención personalizada a cada chico y chica mediante conversaciones periódicas entre los alumnos y un profesor o profesora. También es muy relevante el papel del orientador escolar, que tiene especiales conocimientos pedagógicos, como agente clave de atención a la diversidad. Si estas cosas se llevan a la práctica, el grado de satisfacción escolar mejora enormemente. También es muy importante educar en la libertad y en la irrenunciable responsabilidad de las propias acciones. Por otra parte, cuidar a los profesores es algo que no se puede quedar solo en buenas palabras.

Cuando la educación escolar se apoya en el núcleo de la educación familiar, el conocimiento y el corazón de los alumnos puede abrirse a la aventura del conocimiento y de la convivencia. Con esfuerzos, superando errores, y con ilusión de vivir, los jóvenes se abren a la aventura del conocimiento, que está unida personalmente a la escuela de la vida cordial y de amistad, generadora de una civilización con esperanza.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, October 06, 2021

El peor de los alumnos


Tengo un alumno experto en reventar clases: habla cuando le da la gana y le importa un pimiento todo. Además, si le riñes es probable que le entre la risa. Por otra parte, hoy llegué al colegio encontrándome mal por una mala noche de insomnio. Fui superando las horas como un boxeador que espera que suene la campana del final del combate. Cuando me quedaba solo una clase, se acercó mi peor alumno y me dijo: “José Ignacio, ¿por qué estás triste, te pasa algo?”… Fue la única persona que se hizo cargo de mi situación.



José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, September 26, 2021

Nuevo proyecto de ley para penalizar a los que defienden la vida humana

Se ha admitido a trámite un proyecto de ley español para penalizar a las personas que ofrezcan información a las mujeres que acuden a una clínica abortista, animándolas a que cambien de opinión y tengan a su hijo que viene de camino. Pienso que el asunto se podría ver desde el ángulo opuesto: supongamos que hay personas muy convencidas de la bondad del aborto como fuente de libertad para las mujeres. Deciden ponerse algunos días en las inmediaciones de centros de ginecología y maternidad. En la calle, tan solo pretenden informar del aborto como alternativa a la maternidad. Pero resulta que hay un gobierno pro-vida que ve con malos ojos esa información. Hasta tal punto que se va a hacer una ley para multar, incluso encarcelar, a los activistas pro-aborto. ¿Qué pensarían los penalizados de tal gobierno? ¿Cómo se sentirían?... Considero que este argumento es válido para valorar el nuevo proyecto de ley, contra los que aprecian la vida del todavía no nacido, como intolerante, opresivo y dictatorial.


José Ignacio Moreno Iturralde.

Saturday, September 25, 2021

Cantidad y cualidad: la distinción que hace posible la vida


Algunos identifican lo cualitativo con lo cuantitativo: a fin de cuentas, cambiar de color o de sonido puede ser cuestión de apretar más o menos un botón. Pero lo que no acaban de entender estos materialistas es a la propia materia. Los griegos cásicos, con su buena dosis de sentido común, se dieron cuenta de algo elemental: el orden de la materia es inmaterial. Las piedras pesan lo mismo arrinconadas, que ensambladas con maestría en un acueducto. Pero qué diferente es su resultado cualitativo. Otro ejemplo: los componentes bioquímicos separados se comportan de un modo muy diverso a los conjuntados prodigiosamente por un programa de vida, que ni siquiera google puede llevar a cabo.

La distinción es clave para acertar en la vida, incluso para que la vida pueda existir. No es lo mismo el norte que el sur, el este que el oeste, el verdadero amor bueno que el falso amor malo, la conducta ejemplar y la depravada. Es diferente ser abuelo que nieto, padre que hijo, hombre que mujer. Si todo se identificara por una pretendida igualdad, donde el materialismo se identifica con el relativismo, desaparece la pluralidad de la vida. 

La libertad humana es algo que nos hace ser más que materia. Pero la libertad de algunos pretende destruir el orden de la materia, como si ésta fuera algo construido y dominado enteramente por ellos. Sin embargo, la libertad está afiliada a la realidad, como una hoja a su árbol. Si la hoja se arranca del árbol tiene una libertad que la conduce a la muerte.

La igualdad está precisamente en el orden de los distintos y cualitativos modos de ser o naturalezas (vegetales, animales, etc), de los que cada individuo participa de un modo diverso. Todos los seres humanos tenemos una igualdad de dignidad y derechos; precisamente porque tenemos una misma naturaleza. Si se deconstruye la naturaleza humana, el abuso y la desigualdad están servidos.

Algunas ideologías pretenden exaltar unos valores, desgajándolos de su realidad natural. Lo más patético del igualitarismo materialista es su vehemencia para atacar cualquier disenso a sus creencias. Su libertad exaltada busca una igualdad sin fronteras, negando otras libertades que solo piden respeto al orden de la vida. Al no entender la materia, el igualitarismo extremo cae en la cultura de la muerte, algunas de cuyas manifestaciones son el aborto y la eutanasia. Precisamente por no saber distinguir entre la cantidad y la cualidad, cuya combinación hace posible toda vida, entre las que destaca la humana.

 

José Ignacio Moreno Iturralde 

El drama de un profesor veterano

Cuando las décadas superan los dedos de una mano, un profesor puede sentirse cansado. Las energías no son las de antes y, sin embargo, la chavalada renueva sus fuerzas año tras año. En el docente mayor hay más experiencia, pero otras habilidades idiomáticas o tecnológicas pueden ser inferiores a las de profesores que irrumpen con toda la fuerza de su juventud y creatividad. El día a día pesa, con su apretado horario lectivo, y con todo lo que solo un profesional de este sector sabe que hay que aguantar. Los sueldos en educación no son motivo de mucha algarabía; las vacaciones hemos de reconocer que sí. Sin embargo hay otra cuestión distinta, un cierto drama del que quisiera hablar.

Al salir al recreo, los niños lo hacen con la algarabía de la mañana. Luz, sol, o tiempo nublado, juegos, alegría de vivir. Su ilusión y felicidad se expanden por el universo. En esto, los infantes son sabios. Los adolescentes, con sus divertidos o exasperantes aspavientos, resultan paradójicos: toda su problemática es resultado de una caótica y hormonal salida de la infancia en búsqueda de una nueva personalidad. Posteriormente, una mayor madurez les centra en la búsqueda de unos estudios que se conjuguen con sus futuras competencias profesionales. En todos estos procesos, el profesor es una pieza clave. Quizás pocos se lo dirán y le valorarán; esto es parte de la grandeza de ser profesor. Pero no radica aquí, a mi entender, el problema principal.

Han sido muchos los días donde ha faltado más alegría, más buen humor, más garbo y preparación para dar unas clases verdaderamente magistrales, ahora que tanto se las minusvalora. Este es un drama importante: lo que se pudo hacer mejor y no se hizo, por falta de vivir con sencillez un nuevo día, por cenizo, quejica, incompetente, o por lo que sea. Pero se trata de algo que tiene arreglo y conviene enfocar adecuadamente: no sería justo hacer una enmienda a la totalidad. Se han hecho muchas cosas bien; se ha soportado mucho; y también se ha disfrutado muchísimo. Además, ahora, a la vuelta de los años, desde la grandiosa panorámica que se divisa siendo un simple profesor, se observa la enorme proyección de lo escrito en las almas de los alumnos: palabras de ánimo, de esperanza, de futuro, para que ellos y ellas corran, y corran bien, la carrera de la vida. Entonces, uno lamenta no haberlo hecho mejor, pero ese drama se convierte en una alegría fantástica: haber dedicado la vida a enseñar, a contribuir a que cada joven encuentre su estrella de paz y de victoria. Unas estrellas que hacen adivinar un cielo eterno, pletórico de sentido y de alegría compartida. 

La verdad es que aún no ha terminado la historia, así que conviene buscar buenos aliados: los tiempos en familia, quizás el fútbol, y por supuesto algunas cañas con los amigos.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

 

Saturday, September 18, 2021

La paradoja del amor propio

A veces hay cosas que nos sacan de quicio: acciones y palabras de personas, que nos ofenden profundamente. Es lógico que entonces nos indignemos, lo pasemos mal y quizás tomemos algunas medidas concretas. Pero otros acontecimientos más leves nos pueden provocar también un enfado considerable que, tras unos días o meses, se transforma en una carcajada. Siendo el amor propio algo necesario… ¿por qué se hincha, a veces, tan desorbitadamente? 

Nuestro amor a un buen plato de cocina es posesivo, el propio que se tiene por una cosa apetecible. Pero las personas no somos cosas. Por esto, no se puede amar a una persona con una afectividad posesiva, de dominio. Si se hace así, pronto se produce una reacción de rechazo porque tal amor es un engaño. Solo se puede querer a las personas desde el respeto a su identidad y con el afán de quererlas por sí mismas, buscando su bien. Si esto sucede en el amor a los demás, quizás ocurre algo parecido con el amor propio. No podemos querernos como objetos de posesión. Somos personas y estamos hechos para darnos: sólo así seremos capaces de tener un ordenado amor a nosotros mismos.

El cristianismo nos explica que los exagerados deseos de dominio sobre los demás, y sobre nuestro propio yo, son una secuela del pecado original: el elegir el amor propio y rechazar el amor a Dios y, por tanto, a nuestros semejantes. Por esto, la humildad es una virtud clave que hemos de pedir y ejercitar.

Si tenemos un gran motivo para vivir, y todos podemos encontrarlo, no nos importará enjugar muchas lágrimas, dando apoyo y ánimo a otros. Para esto es necesario tragarse el orgullo, como un avestruz se come una piedra. Aunque sea desagradable esa digestión, sus resultados son más beneficiosos que los de un buen almuerzo. El mal orgullo es una cosa nefasta, y se puede tragar. Nuestro auténtico yo no es una cosa poseída, sino que está en nuestro ser personal abierto a las necesidades de los demás.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, September 11, 2021

El mensaje del ruiseñor


Un hombre solía sentarse en una habitación, algo aislada, de su casa. Era un espacio grande, con ventanales abiertos, donde entraba la luz a raudales. Allí dedicaba ratos a recordar, reflexionar y rezar. Algunas veces, pocas, le invadía una paz fantástica, como de otro mundo. Era frecuente entonces que se oyeran, desde la calle, los discretos y melódicos trinos de los ruiseñores. Eran cantos de alegría, simpáticos. Pero pronto había que regresar a las múltiples tareas de nuestro agitado mundo.

Hace poco aquél señor daba un paseo por el campo. Se sentó en una piedra y, cuando estaba atardeciendo, se preguntaba acerca de un duro acontecimiento: ¿Por qué ha tenido que suceder? ¿Por qué ha fallecido una persona tan inocente a temprana edad? … En ese mismo instante comenzó a cantar un ruiseñor.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, September 05, 2021

Regresar a la casa de nuestros padres

La casa de nuestros padres nos trae recuerdos de alegrías expansivas y de nostalgias aún no totalmente resueltas. Aquellos ojos de la infancia que veían todo nuevo, con una ilusión mecida en la seguridad filial, se enfrentaban de vez en cuando con algún contratiempo, que se superaba en un periquete. El tiempo pasaba muy lento y la capacidad de disfrutar era muy grande.

Para algunos de nosotros, han pasado muchos años desde aquella época dorada. Hemos ido eligiendo nuestra vida, y también el modo de vivir lo que muchas veces no hemos elegido. Nos han pasado cosas grandiosas y acontecimientos difíciles.

Ahora, pese a tener experiencia, podemos mejorar mucho el arte de vivir. Lo más asequible podemos experimentarlo todavía a medio gas, en una sociedad llena de actividad y de imagen. Me refiero a aquellas cosas que experimentábamos con ojos de niño: lo normal de cada día. Si uno quiere, puede encontrar motivos más que suficientes para reestrenar la vida, para ver en nuestras circunstancias la casa de nuestros padres. Y si tal experiencia de la infancia fuera para alguno negativa, puede pensar en las personas que han sido o son para él o ella una familia querida.

Desde una profunda entraña filial, se puede contestar a lo precario y costoso, incluso a lo dramático, con entereza y valentía, aunque a veces el ánimo esté bajo. Solo es posible hacerlo desde la humildad y la gratitud, a pesar de los pesares. Podemos, en definitiva, pedir a Dios la alegría interna y el salero de ver profunda y renovadamente las cosas que nos tocan vivir. Es algo que deseamos para todas las personas. Para esto hay que empezar por la propia familia, por los más cercanos. También hemos de ayudar en la medida en que podamos a los que peor lo pasan en este mundo; para que también ellos tengan la ilusión de vivir con esperanza.

 

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, September 03, 2021

Belleza y libertad interior

A veces es difícil razonar porque una cosa nos gusta más que otra. La belleza tiene algo de improviso, de deslumbrador, que no afecta a todos por igual. Sin embargo, pueden trazarse algunas líneas generales. Por una parte, la belleza tiene que ver con la armonía. Una deformidad no suele ser vista como algo agradable. La armonía tiene que ver con la relación de algo con su entorno. Una persona que sabe llevarse bien con quienes convive tiene, sin duda, un comportamiento atractivo.

Por otra parte, el bien es la condición metafísica de la belleza. Algo puede ser atractivo, pero si su búsqueda supone un desorden, un error, se trata de un engaño. Un mal es un bien desordenado, y una falsa belleza puede inducirnos a ese mal, para luego quitarse la careta y mostrarnos el núcleo de fealdad que tenía dentro.

El conocimiento estético parte de muchas experiencias y razonamientos concretos. Es un conocimiento intuitivo, parecido al que tiene una madre cuando con solo mirar a su hijo sabe que le ocurre algo. El amor sabe descubrir la verdad y la belleza que contempla.

Entre todos los tipos de arte, el más asequible y el más difícil es el de la propia vida. Tener una conducta agradable, positiva, generosa y animante es algo tremendamente atractivo y bello.

Por otra parte, es bueno ser capaz de detectar bellezas más profundas. Detrás de la apariencia de una persona enferma o anciana, puede verse la belleza interior de alguien que sabe sonreírle a la vida, a pesar de sus dificultades. Esto es algo conmovedor, un efecto propio de la belleza. Es preciso ejercitarse en saber valorar bellezas más altas que remiten a comportamientos humanos llenos de libertad interior y de superación de adversidades.


José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, September 02, 2021

El tercer grado de conocimiento

Nos resulta natural ver las cosas en tres dimensiones y a colores. Junto a este conocimiento descriptivo, podemos llegar a otros grados de abstracción o conocimiento para entender mejor la realidad. Un ejemplo es el matemático, de indudable interés y utilidad. Siguiendo a Tomás de Aquino, existe también el conocimiento metafísico. Este último nos hace considerar el ser de las cosas. Puede parecer algo inútil y, sin embargo, se trata de algo muy real. Por ejemplo, la metafísica afecta a la comprensión de nuestra propia identidad. Los seres humanos podemos entendernos como espirituales y corporales al mismo tiempo. No es infrecuente, sin embargo, la postura contraria: considerar al psiquismo y a los afectos como una simple derivación de lo corporal. Siempre se nos plantean las mismas preguntas: ¿se reduce la libertad personal a impulsos eléctricos neuronales? ¿El amor a mi madre es algo exclusivamente fisiológico? Los que consideramos que lo corporal no explica todo, lo hacemos desde la convicción de que solo un ser con alma racional es capaz de dudar si realmente la tiene. No parece que ningún otro animal sea capaz de tales reflexiones.

La metafísica es también el camino para la demostración racional de la existencia de Dios. Solo una consideración de la gradualidad de perfecciones en los seres, de sus causas y primeros principios, puede hacer que partiendo de lo sensible lleguemos a entender la existencia de una realidad que va más allá del mundo físico. Sería algo así como estar en un lago lleno de luz y considerar que esa luminosidad procede de más allá de la superficie del agua.

La metafísica nos hace levantar el periscopio racional, reflexionando sobre aspectos reales más allá de la esfera sensitiva. Es interesante observar cómo este estudio nos hace también entender con más profundidad lo puramente físico. Pero, ante todo, nos eleva a una comprensión más profunda   del sentido de nuestra propia existencia.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, September 01, 2021

Racionalidad: ponerse en el lugar de la realidad

 

Parece evidente que es el sol el que gira alrededor de la tierra; pero sucede exactamente lo contrario. “Resulta que es al revés” es una frase extraordinariamente importante para conocer la vida y, también, la función del pensamiento. Muchos descubrimientos científicos han sido consecuencia de la observación atenta de la realidad, y de una posterior reflexión.

Salir de nosotros mismos es algo propio de la racionalidad. Ponerse en el lugar de los demás, aunque a veces nos cueste, nos hace mucho más humanos. Claro que hemos de tener en cuenta nuestros sentimientos y pensamientos, pero el espíritu humano es capaz de trascenderlos y ponerlos en función de la realidad exterior a nosotros mismos. Esto no niega nuestras capacidades, antes bien las perfecciona. Tras este realismo, seremos más capaces de aportar cosas personales humanamente valiosas.

Respecto a la interpretación de la existencia, es interesante la idea de Viktor Frankl de que más importante lo que yo espero de la vida, es lo que la vida espera de mí[1]. La vida tiene un núcleo de paradoja a diversos niveles. Por ejemplo, el sufrimiento es, frecuentemente, una ocasión de aprendizaje. Un contratiempo o una enfermedad pueden modificar para bien nuestra escala de valores, haciéndonos más humildes y comprensivos, si queremos optar libremente por esta sabiduría.

En la familia se puede ser más feliz cuando uno procura la felicidad de los demás por encima de la propia. Y en muchas otras relaciones humanas también sucede lo mismo. Pensar en los demás y actuar en consecuencia no solo es una actitud generosa, sino que también es inteligente.

A la hora de educar es importante que el profesor intente ver las cosas con los ojos de los alumnos y de sus familias. Evidentemente no se trata de poner sobresaliente indiscriminadamente a todo el mundo, sino de entender sus puntos de vista para ayudarles mejor a cumplir con sus responsabilidades y aspiraciones. Cuando un alumno se sabe comprendido se encuentra en la disposición óptima para querer aprender.


José Ignacio Moreno Iturralde



[1] Cfr El hombre en busca de sentido, Frankl, V. Herder. 2015