Monday, July 29, 2024

Olimpiadas París: Ahora dicen que era "El festín de los dioses". Piden perdón; yo lo acepto.


Olimpiadas de París: ahora dicen que se trataba de representar "El festín de los dioses" de Van Bijlert. Si así fuera, hace falta ser ignorante para no ver la clara conexión con "La última cena de Leonardo" da Vinci. Pero al menos se excusan y la responsable de la organización pide perdón. Yo lo acepto.



        José Ignacio Moreno Iturralde 

Tuesday, July 16, 2024

Salir fuera de uno mismo es algo profundamente humano


 

Chesterton definía la infancia como cien ventanales abiertos. En esos años, el mundo aparece como todo un territorio por explorar. Las ranas, pájaros y lagartijas son auténticas motivaciones para el infante aventurero. La seguridad y el cariño de los padres son el sustrato de una vida feliz, que no está exenta de berrinches y coscorrones. Al pasar los años, pueden redescubrirse tesoros de la infancia como la confianza y la ilusión de vivir.

En el transcurso del tiempo, a lo largo de la juventud y la madurez, cada persona va tomando sus decisiones y forjando su carácter. Una de las paradojas más curiosas del ser humano es que tiene que salir de sí mismo, para realmente encontrarse; y esto ocurre a varios niveles.

Viktor Frankl en su famoso libro “El hombre en busca de sentido”, en el que cuenta su personal experiencia del campo de exterminio de Auschwitz, afirmaba que “más importante que lo que yo espero de la vida, es lo que la vida espera de mí”. Hay muchas cosas que no elegimos, pero sí podemos elegir el modo de vivirlas. Por ejemplo: un enfermo crónico que sepa llevar su enfermedad con alegría, no deja a nadie indiferente.

Respecto al conocimiento de la realidad, nos damos cuenta de la importancia de ponernos en el lugar de ella. Pongamos un ejemplo: aunque parece evidente que el sol gira alrededor de la tierra, lo que sucede es precisamente lo contrario. Una reflexión más filosófica en este sentido sería que, aunque mi existencia se me da a conocer de modo evidente a través de mi pensamiento, la verdad de mi ser es anterior a mi razón. La verdad no siempre es lo más evidente.

Desde la perspectiva de las relaciones humanas, cuando me sé querido por alguien a quien valoro, me encuentro feliz, lleno de sentido. Algún familiar o amigo me da luces distintas a la mía, para saber mejor quién soy y para qué valgo. Todo esto no es contrario a nuestra libertad y autonomía, pero ayuda enormemente a saber enfocar las coordenadas de la propia vida.

Es experiencia común que una persona ensimismada y creída resulta insoportable. Decía Chesterton que al que se enamora de sí mismo no le envidio en el cortejo. Sin embargo, cuando nos topamos con alguien generoso, que habitualmente piensa en los demás, descubrimos que es alegre y da gusto estar con ella o con él. En muchas ocasiones, estas personas suelen ser realistas, maduras y con buen humor.

La familia es una realidad nuclear en la que se combina prodigiosamente la libertad y el amor, el descanso y el esfuerzo, la igualdad y la diferencia. Fortalecer la familia supone renunciar a muchas cosas para darse a nuestros semejantes más cercanos; es algo así como el árbol que se somete a una poda. Con el paso del tiempo, las raíces se hacen profundas y el árbol está lleno de frutos.

La ancianidad no resulta en principio atractiva, pero en muchas ocasiones descubrimos en ella el encanto de una vida con un entrañable sentido. Se trata de un periodo que se abre a la dependencia y a la confianza. El cuidado a nuestros mayores es un termómetro de nuestra categoría moral. Además, nos aporta una importante enseñanza humana no exenta de sacrificios, como la mayoría de las cosas que valen la pena.

Las ideas anteriores vienen a destacar que cada ser humano tiene que darse la vuelta a sí mismo como un calcetín, con la ayuda de los demás y de Dios. Es entonces cuando está en condiciones de hacer de su vida una andadura mucho más humana.


                                                                                José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, July 10, 2024

Ana María, una mujer del Opus Dei


Ana María Iturralde Pons fue una mujer con el don de una entrañable simpatía. Con sencillez y alegría supo vivir de un modo laborioso y decidido, con un corazón grande para los demás. Por esto fue una persona muy querida.

Nació en Madrid, en 1918, penúltima de ocho hermanos. Su padre falleció a temprana edad y su madre sacó adelante a todos sus hijos e hijas, afrontando contrariedades del calibre de una guerra civil. Durante la contienda estuvieron en la capital, así como en otras ciudades: Málaga, Vilassar de Mar y Cabrils. Parece que, durante un bombardeo, varios de los hermanos decidieron salieron al jardín de la casa a tomar un chocolate con churros… Así eran los Iturralde. Más adelante, se casó, sabiéndolo perfectamente, con un tuberculoso al que le quedaban seis meses de vida, como efectivamente ocurrió. En Madrid, siendo una viuda joven, se fue a vivir con su madre y sus dos hermanas Mercedes y Dolores. Trabajó como telefonista, siendo recordada por su capacidad de hacer amistades y por su energía vital. A los cuarenta y dos años se casó con José, tuvieron un hijo, y formaron una familia profundamente feliz. No faltó el sacrificio; por ejemplo, Ana quiso cuidar en casa a su suegro, impedido y dependiente, hasta el fallecimiento de éste.

Conoció el Opus Dei a través de su hijo, que frecuentaba un centro de la Obra en Madrid. Al poco tiempo pidió la admisión como supernumeraria de la Institución fundada por San Josemaría, al servicio de la Iglesia, que promueve la santidad da las en medio del trabajo y de las ocupaciones ordinarias del cristiano. La formación y el ejemplo que recibió entonces, hizo que su vida de trato con Dios, que siempre cultivó, se robusteciera cada vez más. Posteriormente, sufrió una larga y dura enfermedad que llevó con salero y fe, rodeada de los cuidados de su marido. Recuerdo que una vez me comentó: “si al menos este maldito cáncer me hubiera dejado un buen tipo…”. Falleció en mayo de 1990, tras un ingreso hospitalario inusual: la habitación de la enferma albergaba, con frecuencia, a amigas y amigos que se reían con ella por el buen humor que tenía. Sus últimos días fueron de una gran intensidad de trato con Dios, ofreciendo sus dolores por la Iglesia, la Obra, y recibiendo los Sacramentos. El entierro fue un sábado y al lado de su tumba estaba una estatua de la Virgen del Carmen.

Ana María triunfó como persona, procurando santificar su trabajo cotidiano, su familia y sus amistades. A todos los que la conocimos nos ha dejado un surco de esperanza y una raíz de sentido positivo y valioso de la vida.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, June 21, 2024

Conocimiento, autonomía y amor

    De un alumno ejemplar, me contaba su madre que recién nacido miraba su entorno con los ojos muy abiertos. Se ve que tenía gran interés por conocer todo un mundo, y especialmente el rostro de su madre. Antes de poder razonar, lo que un bebé percibe es el afecto de sus padres. Entre este cariño, su alimentación y cuidados, un ser humano va despertando poco a poco a su vida racional. La mente humana tiene una base previa a sí misma: su entorno familiar.  

    Las primeras comunicaciones no verbales de un niño pequeño con sus padres son risas, llantos, satisfacción, quejas. Este mundo de la primera infancia manifiesta que la mente depende de una serie de necesidades previas, materiales y personales. Con el tiempo se adquiere la capacidad de empezar a hablar, en torno a los dos años, y progresivamente se va desarrollando la razón. Todo esto es elemental, pero conviene recordarlo porque nos hace ver que siendo la autonomía de la razón una cualidad importante en el desarrollo de la personalidad, quedaría totalmente desfigurada si se le diera un carácter absoluto. La razón está inserta en el fenotipo corporal y en las relaciones interpersonales.

    Razón y libertad son dos facultades íntimamente fusionadas en cada persona. Su ejercicio es necesario para el despliegue de nuestra vida. Pero el fin de la razón no es ella misma, sino la realidad que nos rodea. Del mismo modo, el fin de la libertad no consiste en no vincularse a nada sino en procurar el bien. Tanto razón como libertad se ejercitan plenamente cuando se emplean para amar, especialmente a nuestros semejantes. Entendemos amar como la afirmación de la vida de las personas que se estiman, queriéndolas por sí mismas. Cuando una persona razona con alguien a quien quiere, sus planteamientos son especialmente certeros y convincentes, porque están indisolublemente unidos al amor, que es un poderoso motor de conocimiento. Cuando alguien se sabe comprendido y querido, es mucho más fácil que atienda a las razones que se le dan.

    Lo que hemos dicho hasta ahora significa que solo cuando la razón se ejercita dentro de los parámetros de la naturaleza propia y la de los demás, así como la del resto de los seres del mundo, es cuando la conciencia humana encuentra su sentido. Se trata de un proceso que durará toda la vida, y que tiene que contar con que no siempre podremos entender todo lo que sucede. Esto es una oportunidad para ejercitar nuestra confianza en quien estimemos que la merece. Razonar humanamente necesita el complemento de la confianza. En su inicio y desarrollo, la razón personal está íntimamente relacionada y sostenida por factores que no dependen exclusivamente de nosotros mismos. Solo entendiendo esto emplearemos bien la razón y la libertad, como lo hizo aquél bebé con los ojos bien abiertos que miraban a su madre.


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, June 09, 2024

El corazón: su "psicosis" y su cordura

Un amigo me contaba que hace años, siendo adolescente, se preparó concienzudamente para una carrera en el lugar donde veraneaba. Asistieron un buen número de muchachos atléticos y bien equipados al evento. El hijo de la lechera del pueblo se presentó con unas zapatillas penosas, y un aspecto nada competitivo. Comenzó la carrera y el lechero junior dejó atrás a todos los demás, ganando la competición con amplio margen. Mi amigo quedó en un modesto puesto, que nada tenía que ver con sus ingenuas previsiones.

Conocerse a uno mismo parece algo bastante sensato a la hora de acertar como vivir; pero no resulta fácil. Decía Descartes que la claridad y distinción eran características de las ideas verdaderas. Sin embargo, resulta claramente útil distinguir entre los pensamientos y la realidad. Incluso hay alguno que le puede dar por percibir nítidamente que es el zar de Rusia y reclamar su derecho al trono, pero lo que probablemente necesita su psicosis aguda es terapia y medicación.

El corazón -el núcleo personal afectivo- puede padecer también sus “psicosis emocionales”. El amor a primera vista puede ser el verdadero, pero generalmente se necesita tiempo y trato para conocer y querer a una persona por la que alguien se siente atraído. Quizás, antes de nada, hace falta sensatez. La intensidad de sentimiento no es, en absoluto, la garantía para hacer lo que el corazón quiera. Hace falta ver la realidad de las personas y de las situaciones, pensar con la inteligencia y orientar al corazón con la ayuda de la voluntad. Sin corazón no merece la pena vivir, pero solo con corazón uno puede acabar caído y humillado, y hacer mucho daño a otros. El corazón es lo más valioso que tenemos y refleja que estamos hechos para ser queridos y para querer, pero hemos de saber que educar el corazón requiere virtudes y, sin ellas, el corazón se vuelve un traidor con el que no es posible ser feliz.

La inteligencia tiende a conocer la verdad de la realidad. La voluntad tiende al bien, por el que el corazón se siente atraído para unirse a él. Pero existe también una cierta deformación en la inteligencia, en el corazón y en la corporalidad, por la que la persona experimenta una inclinación a cerrarse   en sí misma, en sus propios y ciegos intereses. Por este motivo. la ayuda de Dios es tan importante y decisiva. Recurrir a la gracia divina es todo lo contrario a destruir a la persona humana, es liberarla de sus contradicciones interiores para que sea ella misma, a pleno pulmón.

Cuando inteligencia, corazón y voluntad guardan armonía en la integridad de la persona, se es mucho más feliz. Entonces el corazón puede detectar un amor y un compromiso libre, no obligatorio, apasionante y arriesgado. Se trata de ese amor que nos hace ser mejores, elevándonos por encima de nosotros mismos, y que nos embarcan en una misión que merece la pena. El corazón, liberado de psicosis enfermizas, es tan cuerdo que puede decidir hacer una bendita locura. Y si decide hacerla, la hace porque sí; porque le da la real gana.


José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, June 04, 2024

Vivir con salero


“Si al menos este maldito cáncer me hubiera dejado buen tipo” es algo que me dijo un familiar muy querido, que no perdía su sentido del humor ni en situaciones difíciles.

Muchos motivadores nos convencen de la posibilidad de vivir con energía positiva, o con ilusión renovada. Todo eso está muy bien, pero a veces no es fácil. No es sencillo sufrir una depresión, un despido laboral imprevisto, o la muerte de una persona cercana a nosotros. En esas ocasiones uno tiene bastante con sobrevivir. Lo que, sin embargo, mejora notablemente el panorama del problema es encontrar algún sentido satisfactorio a lo que nos toca afrontar. Hay quien dice que en vez de preguntarnos “¿por qué me sucede esto”, es mejor plantearse “¿para qué me puede suceder?”.

Rosa Mari era una chica paralítica, de unos veinticinco años, vecina de unos primos míos. Con cierta frecuencia iba a verla. Solo podía mover la cabeza, dormía en un “pulmón de acero”, y la recuerdo siempre sonriente. Jugaba con ella al ajedrez; yo tenía que mover mis figuras y las suyas. Me encontraba bien en su casa, porque desprendía una serenidad y una paz espléndidas. De todo esto eres más consciente cuando pasa el tiempo. Jamás la escuché una queja de su situación. Lo mismo que hay unos cimientos ocultos totalmente ignorados, que sostienen un edificio, Rosa Mari era una de esas mujeres que suponen un auténtico apoyo para construir el edificio de la vida. Estoy convencido de que hay mucha gente así. El hecho de que estas personas no sean muy mediáticas no puede suponer que las olvidemos.

Para los que no tenemos problemas especialmente serios, la vida cotidiana supone también una abundante fuente de superación. Hay en el ambiente de los días muchas situaciones agradables y simpáticas. Pero también son abundantes los pequeños o no tan pequeños problemas que hay que resolver. Procurar vivirlos de un modo deportivo y alegre es, sin duda, una manera original y atractiva de actuar.

Vivir con salero requiere, entre otras virtudes, la laboriosidad: ser alguien con unas tareas y responsabilidades precisas a las que hacer frente cada día. También es importante saber emplear tiempo con las personas, especialmente los familiares y amigos, cuando lo necesitan. Estas disposiciones son complementarias con una actitud abierta a todo aquello que, de un modo ordenado, sea gozoso y festivo.

Se dice que es bueno ser sufrido, pero no sufridor. Bien, pero cada uno tiene el temperamento que tiene. Una persona gozona es alguien atractiva de entrada, pero quizás no de salida. Un disfrutón puede llegar a ser un holgazán o una persona infiel. Un sufridor puede ser un tipo estupendo. Heredamos un temperamento; lo que trabajamos con él es el carácter. Es bueno tener una actitud natural hacia la felicidad y el gozo, pero debe estar presidida por unos fines serios, que merezcan la pena, y no por un planteamiento frívolo o superficial.

Uno debe intentar aceptarse como es, no por un conformismo tristón, sino por ser consciente de la providencia que rodea la propia vida. Además, algunos desarrollan la capacidad de reírse un poco de sí mismos; algo bastante conveniente para vivir con más salero.


José Ignacio Moreno Iturralde


 

Monday, June 03, 2024

Cuando la vida te descoloca


En cierta ocasión le robaron el ordenador a un amigo mío. Lo dejó en una sala de trabajo, y al poco tiempo desapareció. De este desagradable incidente recuerdo la capacidad de encajar la situación de aquél amigo: no hizo ningún aspaviento, no emitió ninguna queja. El ordenador estaba en buen estado, y había en él muchos datos de la empresa de la que ese caballero era el director. Cuando me percaté de lo sucedido, pocos minutos después que el afectado, le miré con cierta admiración ante la serenidad con la que se comportaba. Me dijo: “me lo han quitado; es un hecho”; y lo comentó como el que constata que llueve. Y ya está, pasó a otro asunto y compró al día siguiente un nuevo ordenador. Aquella circunstancia supone para cualquiera un roto en el panorama del día; sin embargo, provocó en mí una enseñanza eficaz: aprender a asimilar los contratiempos como parte de la realidad.

Nos gusta que las cosas salgan según nuestras expectativas, tal y como hemos planeado. Reconocemos que las agradables sorpresas tienen una magia que, en ocasiones, supera lo previsto. Pero una adversidad seria no hace ninguna gracia. Sin embargo, una reacción ejemplar ante un problema puede provocar una enseñanza positiva, como hemos dicho; y esto sí que tiene su gracia. La vida hay que tomarla como viene: este es un consejo socorrido, fácil de decir a un buen amigo, y más difícil de aplicarlo a uno mismo. Algo todavía más complejo de asimilar es que esa curva molesta del camino pueda ser una misteriosa autopista. Pero con frecuencia es así. La sabiduría cristiana afirma que Dios escribe derecho con renglones torcidos. Quizás lo que ocurre es que somos nosotros los que estamos torcidos, y nos hacen falta unos palos que nos pongan rectos.

Las dificultades exteriores, que observamos, pueden ayudarnos a solucionar otras dificultades interiores, de las que quizás no somos muy conscientes. Me refiero, por ejemplo, al déficit de gratitud o al exceso de orgullo. Un golpe en nuestra existencia nos puede hacer más conscientes de nuestros límites y, de este modo, vivir una libertad más realista. “Donde una puerta se cierra, otra se abre”. Este dicho popular es verdad; la fe cristiana lo aplica incluso a la muerte. Pero sin llegar a este extremo, las situaciones que nos descolocan pueden ayudarnos a recolocar nuestra jerarquía de valores.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, June 01, 2024

¿Es nuestra sociedad tecnológica más feliz?


La irrupción de la IA hace prever grandes cambios en el mundo laboral. Ya estábamos muy tecnologizados, pero esta novedad pone en el desarrollo del conocimiento una guinda, un cohete, o una bomba; todavía no lo sabemos bien. Bien es cierto que tanta tecnología no incumbe a enormes sectores de población de países poco desarrollados. Las patentes desigualdades mundiales ponen de manifiesto que, junto al desarrollo de la inteligencia artificial, existe una deficiente inteligencia natural, si por ésta entendemos un progreso humano y moral.

Nuestra sociedad occidental se rige por los méritos, la eficacia y los resultados. Se nos pone cara muy seria al hablar del trabajo. Tanta tensión y exigencia se intenta compensar con espacios de diversión y afectividad. Pero no parece que haya mucha unidad personal en estos planteamientos. ¿Usted para qué vive? resulta una pregunta provocadora e impertinente, pero de gran valor, y quizás convenga enfrentarse a ella más a menudo y con detenimiento.

Disfrutar es algo fantástico, que se desea para uno mismo y para los demás. Sin embargo, solo a personas muy cercanas y de confianza se les desea ser felices. Hay un cierto escepticismo respecto a la felicidad. Las tragedias que nos dan a conocer los medios de comunicación y las asperezas de la realidad, nos sitúan en un marco donde parece que hay no se divisa un espacio estable de felicidad.

Sin embargo, como una estrella en el firmamento, aparece ante nosotros algún hombre o alguna mujer feliz. Suele ser alguien realista, maduro, que sabe querer y se le quiere. Se trata de una persona que es una referencia para su entorno, sin que ella se dé mucha cuenta. Nos percatamos entonces de que estos familiares o amigos llevan consigo una antorcha de auténtico progreso. Pienso que una de sus cualidades destacadas es la sencillez: algo muy relacionado con aceptarse a uno mismo en el mundo, centrándose en la realidad que toca, sin dar muchas vueltas a lo que podría haber sido de otro modo. Quien posee esta virtud tiene un estilo de vida sincero, abierto a una empatía natural con quienes les rodean. No se trata de que les haya salido todo bien; sino de que saben salir bien de lo que les sucede. Conocen el modo de volver a poner en su sitio lo que se ha descolocado. Sus vidas no han sido fáciles, pero parece que ellos y ellas saben hacer las cosas de un modo fácil. Todo el mundo tiene problemas y defectos, pero hay personas que tienen un especial salero para vivir, y un carácter estupendo. Quisiéramos ser como ellos en esto y nos preguntamos: ¿Cuál será el secreto de su felicidad? Como les conocemos, algo podemos intuir de por dónde van los tiros. Además, es bueno plantearse… ¿No podría yo llegar a ser así también?


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, March 24, 2024

Educación: la "competencia narrativa"


En foros educativos se abre paso la idea de que la competencia en lecto-escritura es la más importante para el presente y el futuro de los alumnos y alumnas. Pienso que la “competencia narrativa” es aún más importante. Entiendo por esta última, la capacidad de saber por qué y para qué se estudia, dentro de un proyecto de vida personal lleno de humanidad y de sentido. La “competencia narrativa” -la que posibilita ilusionarse con la narración de la propia vida- tiene sus raíces en la familia; el colegio solo puede desarrollarla teniendo claro su núcleo familiar. Considero que este es el modo de centrarse en una educación humanamente convincente, abierta a los múltiples y apasionantes desafíos de nuestro tiempo.

 


José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, March 07, 2024

La paradoja de la imagen

En el mundo actual, la importancia de cuidar la propia imagen está fuera de toda duda. Cuidar la presentación es requisito indispensable para progresar, y tener una reputación lo más atractiva posible; tanto personal como empresarialmente.

También es cierto que cuando observamos a personas, jóvenes y mayores, excesivamente preocupadas por su imagen, sentimos un cierto rechazo, que puede incluso contener algo de sarcasmo. No deja de ser algo un poco cómico el trágico mito de Narciso, en el que un hombre se enamoró de su imagen reflejada en un lago hasta caer en él y ahogarse. Los ojos no están hechos principalmente para mirarse a sí mismos sino para mirar a la realidad, especialmente a los demás.

En nuestro atormentado mundo audiovisual hay catástrofes pavorosas, que los medios de comunicación nos recuerdan con una frecuencia, en ocasiones, algo enfermiza. Tan cierto como lo anterior, es nuestra experiencia del trato con personas normales y corrientes que son estupendas. Existen, lo sabemos, excelentes camareros, enfermeras, profesores o bomberos, por citar unos pocos ejemplos. Ciertamente es ridículo caer en una opinión dulzona, donde todo el mundo es estupendo; no es así: hay tipos de cuidado. Pero puede ser patética la actitud que ha hecho de la visión negativa y de la queja una constante en la vida, porque solo detecta problemas propios y egoísmos ajenos. Frente a lo anterior, hay que afirmar que existe mucha gente buena; y muchos de ellos y ellas no salen con frecuencia en la televisión, ni en internet.

En algunos casos nos encontramos con auténticos maestros del vivir, que poseen una aptitud hacia el sentido positivo de la vida. En esto el temperamento influye, pero es cuestión también de carácter, que es lo que hacemos con el temperamento. Eso significa que trabajarse un buen carácter supone actos de virtud. Muchas de estas personalidades atractivas y entrañables, han experimentado en carne propia fragilidades, errores y desengaños. Pero han sabido superarlos y son, muchas veces sin darse cuenta, referencia para quienes tienen la fortuna de conocerles.

Un desapego absoluto por la propia imagen no parece humano, pero cierto desentendimiento de los propios logros tiene algo de elegancia y de grandeza. Cuando alguien, en temporadas estelares, está más preocupado de sus familiares y amigos que de sí mismo, suele encontrarse más feliz. Si uno encuentra un motivo sólido para ayudar a quienes le rodean parece que su vida cobra ligereza, pierde el peso demoledor del propio yo. Y esa especie de ingravidez se parece a la de una estrella en el firmamento. Cuando uno encuentra su estrella, su vida tiene un rumbo, un sentido. Esto da alegría, e invita a compartirla con otros.

A lo largo de la vida hay quienes consiguen sus sueños de juventud, incluso de infancia. Muchos otros no; tienen que coger la vida como viene. A veces viene con unas realidades mejores que aquellos sueños tan humanos. Es bonito destacar en algún aspecto y ser famoso y admirado. Pero es más bonito ser querido por quienes conocemos, aunque nuestra vida no tenga una influencia socialmente visible. La inmensa mayoría de las personas se encuentra en esta última situación. Cuando uno es un tipo discreto, está más en condiciones de admirarse ante una realidad magnífica donde hay mucha gente a la que ayudar y de la que aprender. El cristianismo revela a tantas personas sencillas el enorme valor de sus vidas. La sencillez nos hace aceptarnos como somos: personas llenas de limitaciones, pero abiertas a la grandeza del mundo y de su Creador.

El cristianismo afirma que el hombre es imagen y semejanza de Dios; es decir: un ser para ser querido y para querer, y no por un amor cualquiera. El amor que nos hace grandes pasa por el reconocimiento de nuestra pequeñez. Cuando no andamos excesivamente preocupados de nuestra imagen, podemos encontrar con más facilidad la imagen de Dios en nosotros; y con ello nuestra verdadera identidad. Surge entonces una alegría radiante, que viniendo de lo divino nos hace más humanos. Y es entonces cuando los seres humanos encuentran un motivo convincente, a pesar de los pesares, para respetar la imagen de los demás, porque desde este baluarte de la igualdad, la fraternidad se reconoce más fácilmente en muchos rostros.


José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, March 05, 2024

Hannah Arendt y el respeto a la vida humana


 Hannah Arendt fue una periodista y filósofa judía del siglo XX. Logró huir de Alemania durante la persecución nazi, y se instaló en Estados Unidos. Desde este país, se dedicó como periodista y pensadora a buscar los orígenes de los totalitarismos de su época, para combatirlos. Acuñó el término “la banalidad del mal” cuando asistió al juicio contra Eichmann, uno de los principales organizadores del Holocausto. Arendt se dio cuenta de que aquél hombre no era un mosntruo, sino un títere sin personalidad a las órdenes de un régimen criminal. Advirtió que lo acontecido en Alemania puede ocurrir en otros tiempos y lugares, si no se hace el esfuerzo por llevar acabo acción política basada en la pluralidad y el respeto a los derechos de las personas. Una pluralidad que siempre debía respetar la verdad de las cosas. Dio mucha importancia a la natalidad, viendo en cada persona un auténtico inicio del mundo, una vida nueva capaz de creatividad.

El ejemplo de esta mujer coraje puede dar luz a lo que sucede cuando se decreta como derecho, incluso constitucional, el poder dar muerte al hijo que viene de camino en el seno materno. Se legisla así un derecho que no nace de la realidad de la vida, sino que brota de la voluntad del más fuerte sobre el más débil, y para esto se niega la realidad e identidad del nonato. Respecto a un embarazo no deseado es necesario desarrollar toda la comprensión y apoyo de todo tipo a la mujer gestante; no se trata de criminalizar a nadie. Pero otra cosa distinta es romper en añicos el primero de los derechos -el derecho a la vida- sobre el que todos los demás dependen. No es digno ni justo olvidar la inocencia masacrada de millones de seres humanos no nacidos por una industria de muerte adinerada y despiadada. Europa y muchas otras zonas del mundo están optando por una cultura de la muerte, que no tendrá la última palabra. La cultura del cuidado y del respeto a la vida es la que hay que promover. Esto es lo que defendió Hannah Arendt, la mujer judía que conocía bien que quien salva una vida humana, salva al mundo.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, February 28, 2024

Novela "Los sueños de Lucía". Juventud e Historia de la Filosofía.


Os quiero presentar una breve novela que acabo de publicar sobre juventud e Historia de la Filosofía. Se titula "Los sueños de Lucía". Por si veis de interés darla a conocer. Muchas gracias... https://www.amazon.es/dp/B0CW9G8LSZ
 

Tuesday, February 06, 2024

Rafael Alvira y la muerte buena


Rafael Álvira, recientemente fallecido, ha sido para mí una referencia como persona y como profesional de la Filosofía. He podido hablar con él en unas pocas ocasiones y recuerdo su temple sereno, su mirada franca y su sonrisa sincera. También he leído algunas de sus publicaciones. En una idea suya, que me llamó la atención, explicaba por qué la muerte era buena: sin la muerte daría igual hacer una cosa hoy, mañana, o no hacerla; sería lo mismo hacer algo bueno o malo. Sin embargo, la dura realidad de la muerte nos marca una meta. Tenemos un tiempo para hacer el bien, y hay que aprovecharlo. Querido Rafael: gracias por tu ejemplo y por tu pensamiento; has aprovechado la vida y estoy seguro que has encontrado a la Sabiduría misma, un Dios misericordioso.

 

José Ignacio Moreno Iturralde 


Sunday, January 21, 2024

Las sombras de Herodes y la luz de Belén.

La sombra del castillo de Herodes es alargada. En una noche con luna, esa imponente fortaleza de poder proyectaba su silueta, como quien quisiera poseer con sus garras de autonomía y poder todo lo que le rodeara. No muy lejos, en una pequeña gruta había luz, la luz de la familia; y en el firmamento, una formidable estrella señalaba la presencia del niño rodeado por el cariño de sus padres.

Se trataba de dos modos de vida muy diferentes: por un lado, el castillo lleno de comodidades, armas y arrogancia; por otra parte, el pesebre rodeado de pobreza, humildad y alegría. Sin embargo, las sombras son por las luces, no las luces por las sombras. La oscuridad repetiría sus intentonas a lo largo de la historia, dejando siempre tristeza, sinsentido y fracaso. La luz se propagaría por el mundo entero, renovando la vida de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en medio de las calmas y tempestades de los siglos.

Actualmente son muchas las sombras que se ciernen sobre el mundo. Una destacable es el oscurecimiento del valor de la vida del niño concebido y no nacido. La muerte de tantos seres humanos indefensos, en una actividad industrial legalizada a gran escala, es vista incluso como una conquista de derechos y libertades. Se trata de un retorcimiento de la realidad con más curvas que las de una serpiente, como aquella que incitaba a que fuera el hombre y la mujer los exclusivos creadores de su propio bien y mal.

Defender la vida humana desde la concepción es algo profundamente humano. No puede ser calificado de confesional; del mismo modo que sería perverso afirmar que el maltrato a las mujeres es solo una exageración del confesionalismo feminista.

A la relativización de la vida del nonato, ha seguido otra de la maternidad y de la paternidad. La realidad de la familia se está difuminando, también la comprensión del hombre y de la mujer. Pero el ser humano es familiar: somos nuclearmente hijos e hijas. Necesitamos de ese hogar donde se nos quiere a cada uno por nosotros mismos, donde se nos pone un nombre y se nos anima a vivir con decisión y buen ánimo. Ciertamente la familia supone esfuerzo, superación, fidelidad: virtudes necesarias para forjarnos como personas. Por supuesto que puede haber situaciones de ruptura complejas e insostenibles: una casa se puede venir abajo por diversos motivos; y habrá que recomponerse de alguna manera, quizás muy buena. Pero otra cosa distinta es pretender edificar el hogar sobre la grieta del egoísmo: así solo terminan por quedar intereses individuales, tristeza y soledad.

Hay que levantar la mirada, cada uno tiene que descubrir su estrella. Si pone empeño la descubrirá; y allí encontrará también el calor y la luz de su familia.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

 

Wednesday, November 08, 2023

Ensayo breve sobre la felicidad.

 


Os presento un breve y nuevo ensayo sobre la felicidad. Por si veis de interés darlo a conocer. Gracias: https://www.amazon.es/dp/B0CLZ56VM8

Monday, October 09, 2023

Mirar a Dios

Un amigo me dijo una vez: “mira que te mira Dios, mira que te está mirando”. El ripio me cayó simpático y animante porque siempre me han enseñado que Dios es un Padre bueno.

Mirar a Dios tiene algo de misterio: Él no es una montaña, ni un río, ni tampoco el conjunto del universo. ¿Cómo podemos mirar entonces a alguien que ni siquiera vemos?... Pongamos algunos ejemplos: no vemos las leyes de la naturaleza, sino sus manifestaciones. Tampoco vemos la luz, estrictamente hablando, pero gracias a ella vemos todo lo demás. Si observamos una película gracias a un proyector, éste no está dentro de la pantalla, pero posibilita su emisión. Cuando vivimos la novela del mundo, como dice Chesterton, podemos encontrarnos con su autor. Sería una mirada de muy corto alcance afirmar que solo existe lo que se ve.

Mirar a Dios significa querer hacer su Voluntad, entender nuestra vida como un camino que, pese a sus dificultades, tiene todas las papeletas para culminar en una victoria definitiva. Esta mirada supone vivir la vida con más sentido, con esperanza, porque aspiramos a algo grandioso que está más allá de la muerte. Es lógico querer conseguir éxitos y logros en el mundo; y muchas veces es estupendo. Pero no es menos cierto que cuando nos miramos excesivamente a nosotros mismos, surge un ridículo orgullo o la tristeza que se experimenta al palpar nuestras múltiples limitaciones.

Mirar a Dios es devolver la mirada a quien nos mira; es encontrar nuestra más genuina fuente de identidad, que promueve la libertad personal empleada en saber querer. Dicen que amar es como decir “es bueno que existas”. La existencia de Dios nos revela el sentido de la nuestra: somos sostenidos en el ser y profundamente queridos.

Los horrores del mundo nacen de los límites de la naturaleza y del mal uso de la libertad humana. El mal surge al cortar nuestra relación con Dios, que nos une a los demás. El error moral está en querer hacer la propia voluntad en contra del providencial camino que Dios nos ha dispuesto, a veces difícil de entender. El sendero divino no coarta nuestra libertad, sino que la lleva a buen puerto. El cristianismo identifica tal camino con el propio Dios hecho hombre, con Jesucristo. Él es el camino donde nos mira y conoce.

Por esto, cuando miramos a Dios, cuando seguimos sus pasos, surge la alegría, divisamos nuestra estrella, comprendemos nuestra sencilla vida personal íntimamente relacionada con la de todos los hombres. Y aunque tengamos debilidades, aparece la paz interior que surge de la verdad y la visión más profunda del ser humano: somos imagen y semejanza de Dios.


José Ignacio Moreno Iturralde