Sunday, March 01, 2026

Aborto 2026 y Derechos del Niño


Con más de cien mil abortos en 2024 en España, y cada vez  mayor número de las asociaciones de defensa de la vida del no nacido, el problema es que el aborto se haya convertido en asunto político: Ahora, el gobierno pretende imponerlo como derecho constitucional, obviando el artículo 15: “todos tienen derecho a la vida”-, sin que la vida del nasciturus cuente ( no es verdad que el aborto beneficie a la mujer, pues la daña física, psíquica y emocionalmente). La protección del niño, hoy se ha convertido en una emergencia social. Por tanto, se precisa ayuda urgente, vital y asistencial a las familias con dificultades.

 

La Declaración de los Derechos del Niño ( 1959), les reconoce la atención a la salud y a tener un entorno que los proteja. Artículo 6: “Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida” y “han de “asegurar la atención sanitaria prenatal y postnatal apropiada a las madres”. ¿ No es el peor maltrato, el aborto, pues conlleva la matanza del niño? El Papa afirma que “no se puede separar la fe personal de la vida pública” y denuncia la contradicción de llamarse “personalmente provida” pero apoyar leyes favorables al aborto. “La misericordia de Dios nos impulsa a proteger cada vida en especial aquellas que suelen ser olvidadas: el niño por nacer, los ancianos al final de sus días...” ( León XIV, 29-VIII-2025)

 


Josefa Romo 



 

Tuesday, January 06, 2026

La seguridad interior de los hijos


Hay algo que cada vez se aprende a valorar más con el paso de los años: la infancia. En fiestas como la de los Reyes Magos uno recuerda momentos de su vida, intensamente felices, donde unos regalos simpáticos, que tampoco eran para tanto, estaban envueltos por algo que sí valía mucho: un ambiente familiar lleno de cariño y de seguridad. Los que hemos tenido la enorme dicha de haber disfrutado de una infancia feliz, estamos llenos de un enorme agradecimiento a quienes nos la dieron: nuestros padres. Lo dicho hasta ahora nos puede hacer pensar, por contraste, en tantos niños del mundo que no tienen las mínimas condiciones para sentirse cuidados y satisfechos. Pero, más que un lamento estéril, tal reflexión nos puede llevar a pensar qué medios concretos se pueden poner para que muchos niños y niñas tengan una situación acorde a su auténtica y profunda dignidad. Hay quienes, con una iniciativa fantástica, son capaces de organizar estupendas campañas como la de “ningún niño sin Reyes”, con los que se llega a obsequiar a multitud de chavales cuyas familias padecen necesidad. Pero pueden pensarse, además, otras medidas menos llamativas, pero más asequibles y quizás con más largo alcance.

Yendo más atrás de la propia historia personal, uno puede caer en la cuenta de que nuestra seguridad ha sido consecuencia de las inseguridades y apuros que en su día tuvieron que pasar nuestros padres. En algunos casos, se remontan incluso hasta una pavorosa guerra donde muchas personas tuvieron que pasar por apuros y situaciones  difíciles. Pero, aunque no haya unos inconvenientes de tal calibre, hay algo que ofrece al niño o a la niña una fantástica seguridad en la que desarrollarse: el compromiso matrimonial de sus padres. Cuando uno se juega la vida a una carta, con un amor incondicional, sienta las mejores bases para que los hijos crezcan seguros, felices y con ganas de comerse el mundo.

Sobre la base humana del enamoramiento y de una voluntad buena, el cristianismo pone a Dios como Alguien principal en el surgimiento de una familia, dotándola de una unidad y de una fidelidad que se renueva diariamente desde la raíz, en la medida en que es cuidada y fomentada por sus protagonistas, hasta formar un árbol frondoso. Es en la entrega personal donde, paradójicamente, el ser humano encuentra su plenitud. Se trata de una entrega que se dirige en primer lugar a nuestra familia. Esta raigambre comporta esfuerzo y dedicación, conlleva atravesar algunos pasos difíciles, incluso puede incluir superar dificultades que parecen humanamente insalvables; pero que no lo son en cuanto se descubre la fuente eterna e inagotable de la justicia y de la misericordia, que se encuentra en misterios profundos pero asequibles: los sacramentos.

Hoy en día, cuando observamos bastantes familias desunidas, y niños y niñas a los que sobran regalos y faltan sólidas seguridades interiores, podemos repensar con esperanza cuáles son nuestros compromisos fundamentales. Sea cual sea nuestra situación, incluyendo una ruptura familiar, con la ayuda de Dios y de personas cualificadas de nuestra confianza, los obstáculos pueden ser allanados si existe voluntad de hacerlo por nuestra parte. También será oportuno buscar la paz personal, cuando no es uno quien ha provocado el problema que afecta a la propia familia. 

Nuestras exclusivas situaciones de seguridad, autonomía y confort son insuficientes para provocar un cambio profundo y positivo en los hijos. Si queremos que ellos sean felices y se sientan seguros, hemos de saber que solo lo serán si ven a sus mayores jugarse la vida por los demás: especialmente por su verdadero cónyuge y sus hijos.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, December 29, 2025

La sonrisa de una madre


Hablar de la sonrisa de una madre podría parecer algo tierno, o incluso melancólico. Sin embargo, se trata de algo tan potente y rotundo como cien cañones que preparan la victoria de una batalla.

El amor se hace generosidad en una madre, reflejándose en su cara. Este rostro nos está diciendo, de modo simpático, que en esta vida estamos en nuestra patria. Tal enseñanza se compone de una fuerte aleación de alegría, trabajo, ejemplo y ánimo.

Toda la cotidiana labor materna, fraguada en una entrega sincera y generosa, va forjando en los hijos una blanca seguridad, propensa a disfrutar de la vida y a cantar himnos de conquistas de paz. Más significativa puede ser su resignación y entereza de mujer madura, ante una adversidad; y mucho más aún su esperanza en el dolor.

Para transmitir tanta vida, una madre tiene que saberse querida, especialmente por su esposo, antes que por sus hijos. Por esto, aunque no sea el tema de estas líneas, conviene recordar la absoluta necesidad de caballeros que honren a sus mujeres con un amor entregado para toda la vida, tanto en las alegrías como en las penas.

Ser abogada del estado, o médico, o presidenta de una nación, es algo fantástico y compatible con algo mucho más grandioso: ser madre. Cabe recordar que la maternidad no es solo biológica, sino también espiritual. Aunque por diversos motivos no se hayan tenido hijos, la influencia maternal es posible y de muy largo alcance. Por otra parte, si la unidad familiar se hubiera quebrado, cosa ciertamente penosa, el corazón de una madre seguirá latiendo por sus hijos de un modo que puede ser insólitamente eficaz.

Ser madre y sonreír es un pilar del mundo, la cuna de la dignidad y el mejor estandarte de la justicia. Supone un foco de luz femenina, que procede de más allá de las estrellas, por el que nos sabemos queridos, al mismo tiempo que nos ayuda a estar convencidos de que la inocencia vencerá la maldad y la vida derrotará definitivamente a la muerte.

 

José Ignacio Moreno Iturralde


Monday, December 22, 2025

El silencio de la gestación


Vivimos en un mundo lleno de actividades y de comunicación. Negocios y relaciones profesionales constituyen un entramado de tareas interesantes, apasionantes, o agotadoras. Queremos mejorar la sociedad que nos ha tocado vivir y, para esto, hay que quererla. Al contemplarla, con sus luces y sombras  -también las de cada uno- puede echarse de menos algo más de calma.

De vez en cuando hay que pararse y sumergirse en algo que, pese a que pueda costarnos algo de esfuerzo, resulta fascinante. Me refiero al silencio. Con él se contempla la justicia del mar, la dignidad de las montañas, la serenidad de los campos y el rumor de los ríos.

En el silencio surgen muchas intenciones, algunas muy nobles que ni siquiera hemos dado a conocer. Miles de detalles de cariño familiar tampoco suenan alto ni nunca serán noticia; y, sin embargo, son tantas veces nuestras experiencias más valiosas.

Entre todos los silencios es prodigioso el de una madre, que cobija a su hijo en gestación, albergando un misterio de vida. En esa forja de la existencia, la luz de un nuevo ser humano brilla con su dignidad en una oscuridad apacible, donde se van enlazando sus billones de células. Es un ser que ya puede tener un nombre, porque han comenzado las primeras jornadas de su vida. Se trata de alguien dotado para la libertad y la palabra que, gracias a su principio motor de vida, crece y se forma en medio de un cuidado silencioso.

También cada día termina con el silencio de la noche, hasta que la alborada trae consigo el trino de los pájaros, el silbido del viento y los ruidos de la civilización. Algo similar, aunque más profundo, se nos esconde en la muerte, tras la que la luz de la fe nos anuncia una nueva vida que puede ser, tras la gestación de este mundo, gloriosa y eterna.

Para vivir, trabajar y comunicarnos nos hace falta experimentar el silencio, que es un espacio para descansar, contemplar, escuchar a Dios y aprender a querer. Es una ocasión de ver las grandes luminarias que surgen en la oscuridad, disipando las tinieblas del error; una ocasión privilegiada para detectar la estrella que reorienta nuestros pasos, aprendiendo a darnos cuenta de quiénes somos y a lo que estamos llamados.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, November 15, 2025

Inquietudes y paz del corazón

Como el mar, el corazón puede pasar por momentos alborotados, inquietos. En ocasiones se pretende saciar ese deseo de querer, afectiva y corporalmente, de un modo pasional, algo alocado. Uno se fija en personas atractivas, que parece que podrían satisfacer esas tendencias. Pero si se tienen dos dedos de frente, y virtudes que educan el corazón, nos podemos dar cuenta de que estos sentimientos necesitan ser reconducidos a buen puerto.

Estamos hechos para querer, y es lógico que sintamos deseos que pretendan ser satisfechos. Pero para saber querer es imprescindible saberse queridos, reflexionar en quién nos quiere verdaderamente. Cuando uno es querido por alguien que considera importante, se sabe valioso y encuentra descanso y satisfacción. Además, es entonces cuando la inteligencia puede guiar mejor al corazón para que sepa amar a las personas como deben ser queridas y, por lo tanto, respetadas. La luz de la fe cristiana aporta orientación precisa a la mente y fortaleza de espíritu para saber amar sabiamente. Desde esta seguridad interior, donde se experimenta gratitud al caer en la cuenta del profundo aprecio que se nos tiene pese a nuestros defectos, se aprende a querer apasionadamente al mundo y a las personas, también cuando éstas presentan aspectos poco atractivos y con multitud de limitaciones. “Dame, hijo mío tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26).


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, October 18, 2025

El cónyuge: ¿"Mi enemigo mortal" o el amor de mi alma?

“Mi enemigo mortal” es una novela de la escritora Willa Cather, en la que se narra la vida de un matrimonio. Lejos de lo aparente de su título, no se narra una existencia desgraciada marcada por malos tratos o el desencanto. Lo que recuerdo de este breve y encantador libro es una historia romántica, real y llena de humanidad, de una mujer y un hombre que se quieren profundamente, a pesar de las adversidades y las limitaciones de cada uno de los dos.

El amor conyugal tiene muchas facetas, desde afectivas hasta las efectivas. Hay que saber querer al marido o a la esposa con sus defectos, siempre que estos no sean algo claramente insoportable o denunciable. La escuela de la convivencia en las mil pequeñas cosas de cada día es realmente una palestra de la forja de los caracteres personales, que son el cañamazo y las raíces de la familia, aquel lugar tan profundamente humano.

Compartir alegrías, penas, fiestas, enfermedades y la vida cotidiana, puede muy bien ser una escuela de generosidad donde se aprende a querer al cónyuge y a los hijos, si vienen. Es esta precariedad la que puede ser transformada por un amor fiel. Y esta fidelidad es la que otorga al matrimonio y a la familia su valía capital, que hoy no puede darse por sobreentendida.

Hablar de los colores del amor tiene tintes de una notable cursilada; pero puede no serlo tanto cuanto caemos en la cuenta de que el blanco de la misericordia es el tono más propio del verdadero amor, donde convergen el resto de las tonalidades. Es cierto que el cariño familiar tiene que compaginarse con la justicia; como también lo es que en la familia se va mucho más allá de lo meramente equitativo.

El cristianismo eleva a sacramento la naturaleza del matrimonio, viéndolo como una imagen del propio amor divino. La escuela del perdón y la generosidad es, pese a sus dolores, la senda que lleva al manantial de alegría que solo la familia puede dar. En alguna ocasión, insisto que no hablo de casos graves, uno puede ver al cónyuge como “mi enemigo mortal” y, sin embargo, tantas veces es el amor de mi vida.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

 

Sunday, October 12, 2025

Virgen del Pilar


 

El 12 de octubre es la fiesta de la Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad. Suele encontrarse la imagen de esta advocación mariana en casi todas las iglesias, y son innumerables las españolas que celebran su onomástica este día.

Día destacado, en nuestro calendario, el 12 de octubre. Desde 1892, está declarado, por Ley (18/1987 de 7 de octubre), Fiesta Nacional. Dos memorias o efemérides en este día: la Virgen del Pilar y la Hispanidad. Fue, precisamente,  un 12 de octubre cuando Cristóbal Colón, con tres carabelas al mando de marinos españoles, descubrió América ( 1942). Como reconoció san Juan Pablo II en Zaragoza ( noviembre de 1982), “España es tierra de María. Decir España es decir María. Por medio de ella, de diferentes formas de piedad, ha llegado a muchos cristianos del mundo la fe en Cristo (...) ». Aquí, en Zaragoza, ocurrió la primera aparición mariana, y sucedió cuando, todavía, la Virgen vivía en carne mortal. Vino sobre una pequeña columna, para dejar señal de su visita. Da la impresión de que esta aparición se anticipó en la Escritura como profecía: “ El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha ensalzado” (salmo 26).

¡Qué importante es la advocación de la Virgen el Pilar, que cobija, bajo su manto, a españoles, americanos y filipinos. Con ocasión de su fiesta, el que fue Nuncio en España, Bernardito Auza, calificó, a la Virgen del Pilar, como un símbolo de la "firmeza de la fe de los españoles", y dijo:  « Consideramos a María como el mayor bien que cabe después de Dios. María es un bien, una madre es siempre un bien, un bien que a nadie deja indiferente. Una madre despierta el respeto, suscita la admiración, se impone el reconocimiento. Por eso el pueblo cristiano siente la fascinación de la Virgen llamándole vida, dulzura, esperanza nuestra» (12 de octubre de 2022).


 Josefa Romo Garlito

Sunday, September 14, 2025

Las tres dimensiones del corazón

El llamado flechazo tiene su importancia en la vida, a veces mucha. Pero siempre, y a medida que pasan los años, conviene tener más cuidado para que el arco del flechazo no se convierta en un boomerang, que termina por estampársenos en la geta.

El mundo del sentir, gustar, la “química”, son cosas humanas; pero conviene saber que el sentimiento no conoce, porque la atracción hacia alguien no da razón de quién es verdaderamente esa persona. Es importante tener dos dedos de frente, para saber reorientar con prudencia los sentimientos.

En un segundo lugar, está el ámbito de la voluntad: las decisiones tomadas con la cabeza respecto a responsabilidades familiares y laborales. Cuando vivimos nuestros deberes cotidianos con un sentido positivo, aunque no nos apetezcan mucho, nos forjamos como personas maduras y ayudamos a otros a serlo. También es interesante destacar que un puro voluntarismo, donde los sentimientos no tuvieran ningún lugar, es algo inhumano, que tiene los días contados. No se puede vivir siempre solamente a golpe del deber. Como alguien dijo: no hay que hacer las cosas por gusto, pero si con gusto; al menos se puede intentar.

Pienso que hay un último terreno del corazón, especialmente duro. Se trata del relativo, por ejemplo, a cuestiones como: ayudar a enfermos crónicos, aguantar ofensas de familiares -hasta cierto punto-, perdonar y pedir perdón, afrontar enfermedades difíciles o situaciones dramáticas. La vida tiene vericuetos oscuros y noches huérfanas de luna, donde acecha la desesperación y el abatimiento. Sin embargo, es en estas situaciones, si se viven con esperanza, con la ayuda de personas de confianza y el auxilio de Dios, cuando el corazón humano puede iluminarse bajo la luz reconfortante de la misericordia. Se produce entonces una afirmación más profunda y sencilla de la existencia. Es en estos momentos duros, no buscados voluntariamente, cuando podemos ser capaces de entender y querer a los demás con luces superiores, que además hacen renacer en nuestro interior sentimientos de comprensión y de profunda confianza.


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Saturday, August 30, 2025

Fe, esperanza, alegría


En el mundo hay cosas estupendas con las que podemos disfrutar un montón. También hay muchos días de tonos grises, que hay que aprender a vivir con el salero que uno pueda. También hay situaciones duras y tremendas.

La fe cristiana nos dice que la última palabra no la tiene el mal y la muerte, sino la verdad y la vida. Es mucho creer, pero la fe no es un invento humano sino un don divino. Al vivir según esta fe, tenemos esperanza en mejorar este mundo y en la existencia de la vida eterna. En esta opción no tenemos una evidencia del resultado final; y esto es precisamente lo que nos ejercita en una filial dependencia que nos hace capaces de aspirar a lo infinito. Con la fe y la esperanza, nuestras acciones nos mueven a ser mejores personas y a ayudar a los demás a serlo. Esta mejora, entre otras cosas, es la que mueve a considerar que el mensaje cristiano de salvación es verdadero. Lo falso no nos haría superarnos. Las virtudes teologales, las que Dios nos concede si las pedimos con humildad y hemos de ejercitar, son la fe, la esperanza y la caridad; siendo esta última la más importante porque se refiere al amor a Dios y a los demás. En el título de esta reflexión hemos puesto alegría, porque ésta es como una embajadora y una manifestación de la caridad. 


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, August 24, 2025

Para progresar más deprisa

La capacidad de innovación en diversos sectores nos permite avanzar con un paso más rápido en nuestro progreso personal y social. Pero antes de seguir avanzando, tendríamos que preguntarnos qué es progresar. A nivel personal, una respuesta satisfactoria tendría que contemplar a la totalidad de la persona. Para esto, hay que pensar las cosas con calma y tener en cuenta todo lo que hemos recibido familiar y socialmente. Entre nuestra cultura, quedan todavía algunas frases sabias que no tienen que ver precisamente con las prisas. Entre ellas destacaría “despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”. En este sentido, un jardinero me dijo una vez que, supuestos los conocimientos propios del oficio, “las cosas salen bien cuando se hacen con cariño”; y el cariño no suele ser precipitado. Lo conocí en un jardín precioso que tenía a su cargo.

Vivimos en una sociedad tecnológica y vertiginosa, que a veces resulta ser poco humana. No se trata de volver a siglos pasados, pero lo que es absurdo es una aceleración que nos angustia y nos difumina. Hay que pararse, ver cuál es nuestra jerarquía de valores y examinar si nuestra actitud diaria es coherente con esta jerarquía. Si se tienen fines claros en la vida, es posible que uno de los esfuerzos más saludables y costosos que se deban hacer es soltar cosas que sobran o estorban. Recuerdo una película, que vi hace mucho tiempo, en la que unos personajes tenían que tirar un pesado cofre con joyas desde un globo, para poder salir volando y salvar así la vida de un peligro. Uno de ellos dudó si quedarse con una de aquellas riquezas, pero finalmente la tiró. El final de la historia fue feliz. Conviene recordar que la avaricia rompe el saco.

Tenemos que descubrir o redescubrir lo que verdaderamente merece la pena y dirigirnos a esto de un modo más decidido y alegre. Se da, por tanto, una paradoja: hay que pararse a pensar la verdad y atreverse a arrojar lo que no es bueno para alcanzar algo mucho mejor. De este andar con más calma y ponderación se deriva una gran ganancia de tiempo.

Vivimos en un mundo con muchas cosas anteriores a nosotros mismos. Si uno quiere volar alto, tiene que estar atento a detectar por donde vienen los vientos buenos. Dejarnos ayudar por quienes merecen nuestra confianza es una actitud sensata e inteligente, que refuerza nuestra personalidad. Estamos rodeados de personas; y a un buen número de ellas las conocemos y apreciamos. Muchas veces, dedicarnos a una vida de servicio a los demás, teniendo en cuenta nuestras cualidades, resuelve muchos de nuestros problemas, embrollos y complicaciones. Es exigente y certera la sabiduría popular cuando afirma que “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Realmente, pensar en los demás de un modo estable, y vivir en consecuencia, supone llevar una vida profundamente original y acertada.

En el transcurso de la vida no todo es lineal, ni se ve siempre claro lo que tenemos que hacer. Pueden aparecer en nuestra existencia tramos difíciles, pero siempre hay una luz, al menos para cada día, que nos lleva a hacernos mejores personas, ayudando a los demás a que lo sean. Tal luz es una realidad que viene de fuera de nosotros mismos, como el sol que entra en la habitación por la mañana. Esta claridad va mostrando un sendero que nos enseña a querer, a apreciar lo bueno, a aspirar a lo mejor. Se trata de descubrir que somos profundamente queridos, a pesar de nuestras limitaciones, si nos empeñamos en seguir por este camino de victoria. Se puede buscar y encontrar un amor grandioso, que no traiciona pase lo que pase. Este amor con mayúscula existe y es un auténtico norte de felicidad.


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Friday, August 22, 2025

Paz y posición personal

Como profesor, me da alegría ver a muchos alumnos y alumnas progresar, y plantearse cuáles serán sus estudios universitarios o de Formación Profesional. Es bonito observar a esta juventud con un futuro abierto, y libertad para decidir lo que quieren ser.

Cuando va pasando el tiempo se han tomado decisiones, que no son una negación de la libertad sino una inversión de esta estupenda facultad humana. Lógicamente hay muchas cosas que pueden cambiar con el tiempo; pero hay otras cuestiones en las que establecemos compromisos importantes. Pienso que la categoría de una persona tiene bastante que ver con los compromisos que ha adquirido.

Es importante tener una jerarquía de valores clara, porque a veces nos podemos imponer auto-obligaciones que no son imprescindibles. Es clave saber ejercer la libertad y dejar algo que es un peso innecesario e inconveniente. Por otra parte, ser personas de palabra es algo de gran importancia para los demás y para nosotros mismos. En el trabajo hay una responsabilidad del empleador, pero también del trabajador. Lo digo en el sentido de no dejar tirada a la empresa, sin capacidad de reacción, por una nueva y distinta oferta laboral sorpresiva que parece más sugerente. Claro que uno tiene libertad de elegir el trabajo que quiera, pero también hay que procurar ser un caballero o una señora, que da ejemplo de buenas prácticas profesionales. Además, el sentido común tendrá que valorar si realmente ese cambio de trabajo es sensato o no lo es.

Entre los compromisos, destacan por su valor los familiares: las relaciones conyugales, de maternidad y paternidad, así como las filiales y de fraternidad, son nuclearmente humanas. Todas ellas cobran una significación aún más profunda si se realizan como un amor humano que enlaza con Dios.

En todo el ajetreo de la vida, hay algo destacable: la paz interior. Este estado es también una virtud, y ante todo un don. Ya se ve que no se trata solamente de tener espacios de tiempo veraniegos, sino de aspirar a tener ese buen “cuajo” y sosiego en las mil incidencias de la vida. Pero la paz es consecuencia de una lucha interior, de batallar personalmente por hacer el bien a nosotros mismos y a los demás. Pienso que gran parte de esa lucha tiene relación con vivir con esfuerzo el día a día, pechando con nuestros deberes, especialmente los familiares. Esto puede resultar costoso, pero es necesario para ser mujeres y hombres en los que otros se puedan apoyar.

Hay que saber mirar hacia el cielo, abriendo con decisión los brazos a las responsabilidades que tenemos en este mundo. Me parece que este planteamiento está muy relacionado con la Cruz cristiana. El cristianismo llena de sentido el saber aguantar nuestra posición en la vida, aceptándonos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Tal actitud exige de mejora por nuestra parte, así como de procurar la mejora de los otros. En esta incómoda batalla se va fraguando nuestra propia paz interior, algo que se transmite a nuestro entorno y a la sociedad.

Tanto el exceso de ambición como la enfermiza tendencia a salirnos de nuestro sitio, es la causa de múltiples problemas personales, familiares y sociales. Por esto, hemos de luchar por la armonía interna, por la tranquilidad en el orden, contando con múltiples meteduras de pata, que serán un buen terreno de humildad para que así vaya surgiendo el árbol vigoroso de la paz. Con la ayuda de Dios, como afirmaba San Josemaría, podemos ser sembradores de paz y de alegría; personas que, sin darse mucha cuenta, saben querer, están contentos con su vida -a pesar de los pesares-, y son referencia de generosidad y simpatía.


José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, August 21, 2025

Inteligencia artificial y corazón humano

 

La inteligencia artificial tiene un modo predictivo de funcionar; es como un programa de textos que avisa de la próxima palabra a emplear, pero en una escala mucho mayor. A esto se denomina un modelo de lenguaje: múltiples algoritmos conectados que organizan una ingente suma de información. Esta tecnología basa sus respuestas en la probabilidad.

La IA, al ser maquinal, tiene sintaxis pero no tiene semántica: ordena conocimientos, pero no los conoce. Esto se puede explicar con el clásico ejemplo en el que se relata que a través de una rendija en una puerta me envían mensajes en chino, que están en tres colores: rojo, blanco y azul. Yo no tengo ni idea de chino, pero aparento que lo sé porque voy poniendo cada mensaje en una carpeta de su color.

De todos modos, la brillantez y erudición de las respuestas de la inteligencia artificial nos llevan a dirigirnos a ella como si entendiera y fuera una persona. Cada vez más parece que su multiplicidad de operaciones va a dejarnos a los humanos bastante relegados en un buen número de actividades… Habrá que verlo. Entre tanto, quisiera recordar algo que puede ayudar a distinguir nuestro conocimiento del de las citadas máquinas: siempre digo a mis alumnos que, a la hora de decidir, primero hay que tener en cuenta la cabeza y después al corazón. Pienso que esto es así porque primero hay que entender la verdad de algo, antes de quererlo como un bien. Pero además de la esfera sentimental y emotiva humana, hay otro concepto de corazón más profundo. Se trata del centro del ser humano, donde cada persona toma sus más íntimas decisiones. Allí está la raíz más profunda de nuestra libertad y, por ser el núcleo de la persona, hay en él una profunda síntesis entre inteligencia y emotividad. Se trata del término corazón tal y como lo emplea la biblia (por ejemplo: “Dame, hijo mío tu corazón, y extiende tu mirada sobre mis campos de paz” Proverbios 23,26). Se trata de decisiones como la citada por Chesterton cuando escribía que “todo está entre la luz y la oscuridad, y cada uno tiene que elegir”.

Pues bien, el conocimiento que proviene del corazón, en el último sentido que de él hemos expresado, es exclusivo del ser humano. Pongamos una pregunta relevante: ¿Hasta dónde tengo que ser generoso?... Se trata de una cuestión que una IA jamás podrá responder; porque el amor tiene mucho de imprevisible.

La propia realidad tiene también gran relación con lo inesperado. Los últimos estudios científicos apuntan a que la probabilidad de que el universo haya evolucionado como lo ha hecho, gracias a lo cual estamos los humanos aquí, es de 10 elevado a 10, y la cifra anterior resultante elevada a 123.

El mundo no es por casualidad, ni por probabilidad, sino por una causa creadora. El cristianismo habla de un Dios que es Amor, que se ha hecho hombre y que hoy está, misteriosa pero realmente, a nuestro lado. También esto salta por los aires toda probabilidad. Se trata de una realidad asombrosa, sobrenatural, que supera a la razón, sin ser irracional. En este sentido, otra frase del mismo escritor antes citado dice: “toda la lógica pende de un misterio”. Un misterio de divina libertad.

Lo que llena nuestra vida es sabernos queridos y querer. La IA puede ayudarnos en muchas cosas, pero sería una necedad pensar en que puede suplantarnos en lo que es más propiamente humano.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, August 20, 2025

Autonomía y raíces

Vivimos en una sociedad dónde se valora mucho la autonomía, la libertad personal, o la auto-decisión. Es bueno que se tenga muy en cuenta la voluntad de cada persona a la hora de fraguarse su propio futuro. Pero la voluntad personal está sustentada por nuestro íntegro modo de ser humano, que es en gran parte previo a nuestras decisiones. Por este motivo, entender a la voluntad como el principio de los derechos personales es un error.

Hay que desarrollarse y dar fruto; pero un desarrollo desarraigado de nuestras propias raíces, aunque circunstancialmente parezca atractivo y prometedor acaba en la inanición y, por supuesto, no podrá dar un buen fruto humano.

Resulta paradójico observar cómo se reclama tanta libertad, incluso llegando a negar nuestra propia naturaleza, mientras se cae en un activismo y en un vivir de cara a la galería que puede llegar a esclavizar y a angustiar. Cuando somos conscientes de nuestras raíces y de nuestras limitaciones, quizás se lleve a cabo una vida más modesta y menos aparatosa. Sin embargo, con este modo enraizado de vivir uno es más consciente de su identidad y tiene una libertad mejor orientada y mucho más fructífera.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, August 16, 2025

Volver al hogar

  

En el verano quizás uno vuelve a ver un paisaje de su infancia. Aquellos tiempos de chaval o chavala estaban pletóricos de salud, llenos del cariño y de la seguridad familiar, surcados por juegos y algunos coscorrones con la bicicleta. Todo aquello ya pasó, pero queda en el fondo del alma como una referencia segura, asentada con firmeza en la propia historia personal.

Luego viene la juventud con sus remolinos, sus amores, sus estudios y sus decisiones. Hay algunas cosas muy buenas y comprometedoras que pueden decidirse pronto.

La madurez se aquilata con el realismo, el trabajo y la experiencia de dolores, más o menos fuertes, que no deseamos pero que pueden ayudar a madurar. Poco a poco se aprende a valorar más las cosas sencillas de cada día. Surge también un buen sentido del humor y un aceptar más la vida como viene.

La vejez se vislumbra como algo duro cuando se vive con miedo, y como algo sabio cuando se tiene fe.

Entre tanto, se empieza a entender que el tiempo pasa pero la vida queda, y permanece con capacidad de cambiarse porque el amor tiene jurisdicción sobre el tiempo… Cuánto se cambia, por ejemplo, pidiendo perdón o dándolo. También puede suceder algo estupendo: se empieza a ver todo como un cuento vivo hecho realidad. La vida tiene varias dimensiones, pero si somos capaces de valorarla e interpretarla es porque hay en nosotros otra dimensión nueva que abarca a todas las demás y se abre a un ser superior meta-dimensional que nos explica y que, por ser fuente de todo sentido, es eminentemente personal.

Todo lo dicho ayuda a entender que, siendo importantes tantos acontecimientos de la vida, nuestro hogar es raíz de nuestro modo de vivir. Nacimos en uno y hemos forjado, de una u otra manera, otro. Este hogar es clave para nuestro cónyuge, hijos -si los tenemos- y amigos: es una referencia de humanidad.

Vivir como madre, padre, hijo o hermano es un aprendizaje y una enseñanza. Vivir como hijo de Dios es, además, un regalo tan asombroso que conviene ser meditado y encarnado con asiduidad diaria.

La vida puede tener roturas y contrariedades tremendas, pero nuestra habitación interior siempre puede abrirse a la luz de divina, que no solo ilumina sino que recompone y edifica.  Por todo esto conviene vivir como cuando éramos niños, en el sentido de vivir en un hogar de seres humanos donde esté Dios. Este es el camino para que más adelante entremos al hogar de Dios, donde habitan por siempre multitud de seres humanos. 

En el verano quizás uno vuelve a ver un paisaje de su infancia. Aquellos tiempos de chaval o chavala estaban pletóricos de salud, llenos del cariño y de la seguridad familiar, surcados por juegos y algunos coscorrones con la bicicleta. Todo aquello ya pasó, pero queda en el fondo del alma como una referencia segura, asentada con firmeza en la propia historia personal.

Luego viene la juventud con sus remolinos, sus amores, sus estudios y sus decisiones. Hay algunas cosas muy buenas y comprometedoras que pueden decidirse pronto.

La madurez se aquilata con el realismo, el trabajo y la experiencia de dolores, más o menos fuertes, que no deseamos pero que pueden ayudar a madurar. Poco a poco se aprende a valorar más las cosas sencillas de cada día. Surge también un buen sentido del humor y un aceptar más la vida como viene.

La vejez se vislumbra como algo duro cuando se vive con miedo, y como algo sabio cuando se tiene fe.

Entre tanto, se empieza a entender que el tiempo pasa pero la vida queda, y permanece con capacidad de cambiarse porque el amor tiene jurisdicción sobre el tiempo… Cuánto se cambia, por ejemplo, pidiendo perdón o dándolo. Puede suceder algo estupendo: que se empieza a ver todo como un cuento vivo hecho realidad. La vida tiene varias dimensiones, pero si somos capaces de valorarla e interpretarla es porque hay en nosotros otra dimensión nueva que abarca a todas las demás y se abre a un ser superior meta-dimensional que nos explica y que, por ser fuente de todo sentido, es eminentemente personal.

Todo lo dicho ayuda a entender que, siendo importantes tantos acontecimientos de la vida, nuestro hogar es raíz de nuestro modo de vivir. Nacimos en uno y hemos forjado, de una u otra manera, otro. Este hogar es clave para nuestro cónyuge, hijos -si los tenemos- y amigos: es una referencia de humanidad.

Vivir como madre, padre, hijo o hermano es un aprendizaje y una enseñanza. Vivir como hijo de Dios es, además, un regalo tan asombroso que conviene ser meditado y encarnado con asiduidad diaria.

La vida puede tener roturas y contrariedades tremendas, pero nuestra habitación interior siempre puede abrirse a la luz de divina, que no solo ilumina sino que recompone y edifica.  Por todo esto conviene vivir como cuando éramos niños, en el sentido de vivir en un hogar de seres humanos donde esté Dios. Este es el camino para que más adelante entremos al hogar de Dios, donde habitan por siempre multitud de seres humanos.


José Ignacio Moreno Iturralde

Friday, August 15, 2025

La perspectiva más humana de la educación


Supongo que hay, entre otras, tantas ideas de lo que es un profesor o una profesora, como docentes. Aquí intentaré hacer una aproximación personal, refiriéndome especialmente a profesionales de la enseñanza media, y me referiré especialmente a un aspecto que considero relevante.

Generalmente se dice que para ser profesor hay que tener vocación, y es verdad. Pero mi idea de la vocación no significa solamente lo que a uno le atrae, sino ante todo una llamada de la vida hacia nosotros. Me parece que hay muy buenos profesores que no soñaban con serlo cuando eran chavales.

Por otra parte, se habla mucho de lo desorientada que anda la juventud; pero también se olvida con frecuencia la fuerza de los jóvenes. Es una fuerza que hay que saber detonar a partir de la autoridad, la exigencia y la sincera estima personal. Un chico o una chica detecta si a este profesor o profesora le importo.

Un profe intenta saber de lo suyo, transmitir conocimientos, educar caracteres, impulsar futuros, vivir con intensidad su trabajo; otras veces -no pocas- trata simplemente de sobrevivir. Uno de los aspectos más gratificantes de ser profesor, en mi opinión, son los encuentros con antiguos alumnos: ver sus progresos profesionales, sus iniciativas que quizás antes no hubiéramos sospechado, y contemplarlos hechos unos jóvenes con ganas de comerse el mundo. También estos encuentros son una posible ocasión de ofrecerles alguna orientación para sus vidas.

Se comentan muchas cosas del sistema educativo, de las dificultades que entraña actualmente esta profesión, y de la crisis de identidad de lo que es la misma educación. Ante todo esto, pienso que hace falta libertad de enseñanza y sentido común. Y si alguna vez un país quiere verdaderamente progresar mucho y pronto, tendrá que dedicar auténtica atención a la enseñanza y, por tanto, prestigiar en todos los sentidos a un profesorado competente. Pero quisiera centrarme ahora en otro asunto diferente: cuando pasan las décadas como profesor, uno ha dado clase a multitud de chicas y chicos. Alumnas y alumnos son recordados con aprecio, pese a que las cosas por parte de nosotros y de ellos se podrían haber hecho mejor. Ante este río de la vida y, por tanto, de las promociones de alumnos, me pregunto: ¿Dónde encontrar una referencia estable y profunda del sentido de la educación?... Caben muchas respuestas, pero voy a fijarme en una que me parece importante: cada estudiante es la encarnación del amor entre su padre y su madre; aunque haya veces en que lo olvidamos. Es clave recordarlo porque solo desde esta perspectiva familiar se puede lograr una educación profundamente humana. Los profesores y profesoras somos testigos de esta realidad. La enseñanza tiene que tener cabeza, pero también corazón. Las alumnas y los alumnos pasan por institutos y colegios como el rielar de la luz sobre las aguas. Pero ese continuo movimiento, cobra mucho más sentido cuando se enfoca la vista a una poderosa y real luz estable que es capaz de iluminar el corazón humano, la familia y la noble tarea educar.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, August 13, 2025

Un grandioso descubrimiento

 

Se ha iniciado la era de la Inteligencia Artificial, que ya está modificando nuestra vida; y no ha hecho más que empezar. La Biotecnología, entre otras ciencias, también presenta una serie de avances asombrosos. No es menos cierto que asistimos, abrumados, a problemas sociales serios, que chocan por completo con el alto grado de desarrollo del que venimos hablando. Me refiero, entre otras cuestiones, a las tremendas guerras existentes y al problema de una inmigración masiva, que nos plantea qué tipo de comportamiento es digno y verdaderamente humano por nuestra parte: algo que ni la IA ni la Biotecnología resolverán sin nuestra virtud.

Pero la vida sigue, el trabajo aprieta y las vacaciones son escasas -salvo las de los profesores; digno colectivo al que pertenezco-. Tenemos que cualificarnos profesionalmente, ganar más dinero porque nos resulta necesario, y conocer mundo para realizarnos, o eso dicen. Estamos muy ocupados y tecnologizados… Pero dentro de este circular torbellino de actividades, llegan momentos de enfermedad, de agotamiento, o simplemente de decepción, porque el corazón humano no acaba de llenarse con una cuenta de resultados de logros laborales trasladable a un Excel. Un día especialmente abrumador llegamos a casa; pero lo hacemos de un modo nuevo. Nuestro cónyuge, también con mucho bollo profesional, está hoy especialmente amable. Nuestra hija nos da un par de besos, y nuestro hijo no hace ni caso porque está con el ipad, pero le levantamos en alto y le damos un abrazo que provoca risas en los dos. Entonces, en un milagro de la creatividad humana, hablamos, cenamos, y empezamos… ¡un juego familiar! Hacía bastante tiempo que esto no sucedía, y hacemos un grandioso  descubrimiento: esto hay que repetirlo más a menudo. De hecho, mañana es sábado y daremos una vuelta por el parque para hacer el ganso todos juntos.

Lo pavoroso es que una vida acelerada y descuidada, incendie la familia, dejándonos solos y profundamente tristes. No podemos abandonar el hogar a base de una sucesión de descuidos, de “no estar física ni mentalmente” el tiempo que le debemos.

Los cimientos del hogar son duros, están enterrados bajo tierra: en ellos hemos sacrificado ambiciones, quitado afectos nocivos, y ante todo nos decidimos a aplastar el mal orgullo que siembra división y tensiones. Pero gracias a esto, la familia es el lugar de la confianza, aquel en el que podemos vivir un abandono bueno de tantas preocupaciones, porque en ella nos estamos seguros.

El hogar familiar tiene una llama, la de la cocina, la del alma, la del espíritu humano, que es encantador cuando dejamos que esté animado por el Espíritu divino, lleno de fidelidad y caridad. Con el hogar en el centro del alma, trabajaremos duro y bien, utilizaremos la tecnología hasta cierto punto, obtendremos logros sociales, pero ante todo redescubriremos lo que somos: seres profundamente familiares y, por esto, capaces de comernos el mundo con sacrificio, con realismo y con alegría.


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Sunday, August 10, 2025

Nuestro conocimiento de la verdad

Cuando uno se despierta de un mal sueño, resulta un alivio darse cuenta de que aquella pesadilla no es real o no es verdad; así que pronto nos percatamos de la relación entre la realidad y la verdad. Por tanto, una persona que quiera ser honrada, que quiera ser veraz, estará atenta a lo que las cosas son y no a interpretaciones interesadas de lo que realmente ocurre.

Se podría pensar que cada uno ve las cosas desde su punto de vista y con sus entendederas personales. Así es, y tal variedad puede ser enriquecedora, como sucede en un buen coro musical o en un equipo de fútbol bien conjuntado. Esta armonía se basa tanto en una variedad como en un aprendizaje, en el que hay que superar defectos de interpretación. Para todo ello, es importante tener una idea común de lo que se quiere hacer.

Dar prioridad a lo real respecto a lo mental supone un cierto salir fuera de uno mismo. Esta salida es necesaria porque nuestro entendimiento está abierto naturalmente a la realidad. Lo primero que captamos de algo es que es, que existe. Gracias a ese conocimiento podemos después reflexionar sobre nosotros mismos. Una consecuencia de lo dicho sería que es más importante ser verdaderos que ser auténticos, si por autenticidad se entiende solo auto-coherencia. Un ladrón o un asesino pueden ser muy auto-coherentes, pero esto no les justifica.

Tenemos la experiencia propia y ajena de un cierto repliegue de los propios pensamientos sobre nosotros mismos. En casos agudos tal repliegue desemboca en el cinismo, la actitud para que la única verdad es el propio interés. Abrirse a la verdad de la realidad supone un esfuerzo, para liberarse de una tendencia egoísta o enfermiza a cerrarse en sí misma. Éste es un modo estupendo para conectar con los demás, haciéndonos cargo de sus planteamientos y necesidades.

El mundo nos enseña muchas cosas buenas, pero también nos manifiesta otras dolorosas. Para entender algo de esto, habría que abordar en otro momento el misterioso problema del mal y su relación con el bien. De momento diremos que la verdad, el bien y el ser de las cosas son intercambiables. Dicho más despacio: todo lo que tiene un orden tiene un sentido, una verdad, un bien y una armonía o belleza. El mal es una falta de alguno de estos aspectos. El mal no es por sí mismo; el bien sí. Las sombras -el mal- son por las luces -el bien-; no las luces por las sombras. Pese a las oscuridades, lo que no parece convincente es preferir vivir en una mentira, para evitar los aspectos duros que la verdad puede tener.

Respecto a las verdades, hay algunas mucho más significativas que otras. Entre las que más nos importan destacan las que se refieren a personas queridas. Para cualquier madre o padre honrados sus hijos son incomparablemente más valiosos que cualquier otro asunto. De este modo nos acercamos a la relación entre verdad y amor. Las mayores verdades tienen que ver con los mejores amores; y los amores auténticos son los que se basan en la verdad. Por esto, un amor es verdadero si nos hace ser mejor personas.

La verdad tiene también tiene relación con la tranquilidad en el orden. Cuando sabemos el sentido de algo, especialmente el de nuestra propia vida, nos llenamos de una paz dichosa.

José Ignacio Moreno Iturralde 

Saturday, August 09, 2025

Una fuente de sentido lógico y moral, anterior a la conciencia


Una chica joven discapacitada contaba algo que me pareció muy interesante. Narrando su vida en un vídeo, afirmaba que le fue muy útil cambiar la pregunta “¿por qué me pasa esto?” por esta otra: “¿para qué me puede pasar lo que me ha sucedido?... No siempre entenderemos los sucesos de la vida, pero esto no quiere decir que no tengan un sentido.

Cuando se practica un deporte hay unas reglas previas a nuestro partido de fútbol, baloncesto, tenis, o lo que sea. Estas reglas suponen ciertos límites, que son precisamente los que posibilitan el juego. Las reglas de estas actividades son convencionales; podrían cambiar. En la realidad hay muchas leyes permanentes, pero los ejemplos anteriores nos sirven para considerar que hay algo anterior a nuestra vida y a nuestro comportamiento, que pone reglas en la existencia.

Si pienso o hablo procuro no caer en contradicciones, aunque en la práctica no sea del todo coherente. No puedo decir al mismo tiempo “voy a salir y no voy a salir”, o “te voy a ayudar y no te voy a ayudar”. En la realidad un perro no es un gato, ni una gallina un cocodrilo. Estas perogrulladas esconden algo importante a mi modo de ver: la no contradicción es un principio de la realidad; algo anterior a cualquier cosa, una “regla de juego” de los seres. Algo similar a lo anterior pasa con las causas y los efectos: si hago tal cosa, se produce esta otra. Ya sabemos que hay pensadores que han criticado el principio de causalidad. Pero sin este principio, ellos mismos no serían las causas de sus filosofías.

En el terreno ético o moral suceden cosas similares. El principio de “haz el bien y evita el mal” es previo a mí mismo. También ocurre lo propio con la llamada regla de oro de la moralidad: “trata a los demás como quieres que te traten a ti”. Otra cosa es que vivamos mejor o peor esta orientación. No hay nadie que quiera ser un desgraciado y un fracasado, aunque en ocasiones pasemos por momentos difíciles y dolorosos. La tendencia a la felicidad es intrínseca a nuestro modo de ser.

Para ser consciente de sí mismo, un bebé necesita bastante tiempo de conexión con la realidad, especialmente con sus padres. Y, sin necesidad de ser un recién nacido, soy consciente de mí mismo gracias a que antes soy consciente del mundo exterior a mí, como cuando suena el pajolero despertador de la mañana.

Todos estos rodeos, y muchos más que se podrían hacer, ponen de manifiesto que una sana filosofía solo puede empezar desde fuera de mí mismo, desde antes de mí mismo; o de lo contrario edificaré un planteamiento rotundamente equivocado. La autoconciencia no puede ser el principio de la sabiduría; sino que ésta ha de comenzar por la realidad que sustenta a la conciencia y a la comprensión que tiene de sí misma. Cuando una persona establece su conciencia como norma absoluta e inapelable a la hora de actuar está falseando su identidad. Por supuesto que actuar según la propia conciencia es importante y necesario; pero es muy distinto divinizar la conciencia o entender que me puedo equivocar, y que tengo que tener una apertura a una modificación de planteamientos en mi vida. La conciencia es como una brújula que señala el norte moral; pero no es el norte moral. Esta distinción es clave para poder vivir con acierto.

Me contaban de tres amigos que, yendo en coche, estuvieron a punto de salirse de la carretera al tomar una curva. Durante el momento de máximo peligro a uno le dio por decir a media voz “ay, qué bien, qué bien”. No estaba loco, ni era tonto; tampoco había bebido, aunque podría decirse que “iba por la vida “con dos copas espirituales de más”. Quiso quitar tensión en un momento difícil, y quizás ayudó un poco al conductor a solventar el problema, como así ocurrió.

Hay cosas que controlamos y muchas cosas más que no controlamos. La actuación personal marca la vida de cada uno, pero no siempre salen las cosas como se prevén. Esto se debe simple y llanamente a que hay muchos más factores en juego que nuestra voluntad y nuestras acciones.

Hay que ponerse metas, claro que sí. Pero solo existe una victoria que resiste a todo contratiempo: la victoria moral, ser una persona buena. Puede parecer que ganar dinero y tener éxito en la vida profesional y social es algo importante… y lo es. Pero si todos estos logros no se orientan a una mejora moral, se convierten en auténtica basura. Es interesante legar dinero y posesiones, pero es inmensamente más valioso dejar a los seres queridos, y a muchos más, un ejemplo de vida recta, alegre y positiva. Suceda lo que suceda, siempre podemos optar por una actuación que nos haga ser mejores personas y que ayude a serlo también a los demás. Los contratiempos de cualquier tipo pueden ser una ocasión de replantear cuál es en la práctica nuestra jerarquía de valores.


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, August 03, 2025

El punto de encuentro entre cerebrales y pasionales

Hay múltiples temperamentos y tantos caracteres -lo que hacemos libremente con el temperamento- como individuos. Simplificando muchísimo, vamos a hablar de dos tipos de modos de ser. Hay personas cerebrales, inteligentes, de temperamento frío, que tienden más a escuchar que a hablar. Son metódicas, prudentes y, en algunas ocasiones, algo sosas. Por otra parte, están los pasionales, habladores, impulsivos y fiesteros, con los que puedes troncharte de risa o acabar agotado, deseando que se callen o desaparezcan durante un cierto tiempo.

La persona cerebral -parece ser que predominan en ella las capacidades de su hemisferio cerebral izquierdo- puede observar con distancia, escepticismo o cierta ironía a la persona emocional. Ésta última -en la que destacarían sus facultades del hemisferio derecho- puede impacientarse o acalorarse, al ver el orden meticuloso y una cierta cachaza en el comportamiento de su colega cerebral. El asunto que aquí nos planteamos es en qué momento, situación o disposición pueden ser estos caracteres complementarios y no opuestos.

Hay quien afirma que para tomar decisiones importantes hace falta “cabeza de hielo y corazón de fuego”. Seguramente es verdad. Es la inteligencia la que tiene que decidir, porque es la que se orienta a la verdad, aunque el corazón sea lo más valioso que tenemos. Pero también es cierto que el corazón y la voluntad pueden, en ocasiones, tomar la delantera en una actitud muy acertada. Al respecto, recuerdo el gol de Puyol a Alemania en la semifinal de la Copa del mundo de fútbol de 2010. Aquello fue un derroche de coraje, de corazón y, sin duda, también de técnica.

¿Qué podría combinar bien dos caracteres tan distintos como los que estamos hablando? ... ¿La tolerancia, el respeto? Sin duda alguna… pero hace falta algo más. Se trataría de algún ejercicio del espíritu, que fomente una comprensión positiva y colaboradora… ¿Dónde encontrar ese tesoro? Tiene que tratarse de algo sensato, inteligente y prudente. Pero también tal actitud conciliadora ha de ser entrañablemente humana. Queremos sabernos entendidos, pero también necesitamos sabernos queridos. Quizás la amistad puede ser la respuesta porque supone una cordialidad, donde se aprecia al otro por sí mismo: una actitud, llena de razón, que satisface el corazón. El filósofo español Ricardo Yepes definía la amistad como “la benevolencia recíproca dialogada”. Por esto, la benevolencia es clave en la amistad. Pero incluso, sin desarrollar una amistad propiamente dicha, la citada benevolencia es suficiente cuando se trata de caridad, que es la virtud que Dios nos da para querer a nuestros semejantes de un modo más parecido a como él los aprecia. Por tanto, la caridad no tiene una dimensión exclusivamente cristiana, sino que también demuestra ser una virtud profundamente humana, inteligente y colaboradora.


José Ignacio Moreno Iturralde