Sunday, June 15, 2025

El sentido cristiano del cuerpo


Recuerdo que una mañana observé algo curioso: era temprano y una gota de rocío reflejaba la bóveda celeste, donde aún se distinguían algunas estrellas. Esto me recuerda a la mente humana: algo muy pequeño que tiene la grandeza de abrirse a la inmensidad de lo real. Por esto resultan deprimentes los planteamientos que dudan de la posibilidad humana de conocer las cosas del mundo. Frente a todos los escepticismos, la buena filosofía siempre ha amado la verdad de la vida.

Nos pueden explicar el proceso por el que una semilla da lugar a un árbol espléndido, pero tal conocimiento científico no abarca el por qué se produce semejante desarrollo: hay algo misterioso. Por otra parte, lo que está claro es que esa semilla puede dar lugar a un árbol, pero no a un rosal; y esto me lleva a pensar que los diseños de los seres vivos, expresados en sus genéticas propias, son previos a su desarrollo. Está claro que la evolución influye es las especies; pero la evolución no es una especie suprema de la que surjan los seres, sino el proceso histórico de los mismos. Aristóteles decía que “el hombre piensa porque tiene manos”. Me parece que es al revés: “tiene manos porque piensa”; de lo contrario seguiría teniendo garras como algunos animales.

Los seres vivos tienen una anatomía acorde con sus funciones. Karol Wojtyla -San Juan Pablo II- ha estudiado con peculiar profundidad el sentido del cuerpo humano. Ciertamente se basa en contenidos de la fe cristiana, pero razonados de tal manera que ofrecen unas interesantes perspectivas a toda persona que tenga una mente abierta. El cuerpo humano, el de la mujer y el del hombre, manifiestan una tendencia a la relación personal. El abrazo a un padre es distinto al de un hijo o al de la esposa; pero todos ellos manifiestan la necesidad de compartir la vida con los demás.

El cristianismo explica el origen del mal en un desacato a la autoridad divina. Comer del árbol de la ciencia del bien y del mal fue como decirle a Dios que es el hombre el que crea su propio orden moral. De este modo se produjo el pecado original, que provocó una ruptura de la relación con Dios, un oscurecimiento de la imagen y semejanza divina que existía en los primeros seres humanos. La muerte viene como una consecuencia de aquella primera culpa; no solo como un castigo, sino como un remedio. El final de nuestra vida en este mundo nos dice: tienes un tiempo; procura hacer el bien. Sin la muerte daría igual hacer una cosa hoy mañana o no hacerla; hacer algo bien o algo mal. Y esto no sería adecuado para nuestra actual naturaleza deteriorada.

Antes de la culpa original, dice el Génesis, Adán y Eva estaban desnudos sin sentir vergüenza. Explica Wojtyla que esto se debía a que ambos se conocían en Dios, para el que están patentes todas las realidades. Fue esa rebelión lo que les hizo perder su integridad anímico-corporal. Por esto, el pudor es una reacción natural en nuestra condición actual, ya que podemos desear algo de alguien desordenadamente. Una reivindicación exclusivamente naturalista no da cuenta del desorden interior del ser humano.

De todo esto deducimos que la corporeidad sexuada es buena, magnífica, llamada al amor mutuo y a transmitir la vida. Por esto, una uso amoral e irresponsable de la corporeidad no es la solución para una persona moral, cosa que somos todos los seres humanos.

Cada unión conyugal de marido y mujer, prosigue con audacia Juan Pablo II, tiene la fuerza del inicio de la creación. Ciertamente se trata de una frase asombrosa. Recuerda al pensamiento de San Agustín -seguido por Hannah Arendt en este punto- afirmando que cada nuevo ser humano es un inicio del mundo. Estas reflexiones nos recuerdan a las de Chesterton cuando afirmaba que un solo ser humano vale más que todas las galaxias. Dios es un ser personal y, por esto, quiere a cada ser humano por sí mismo. Pero Dios es también familia, pues la fe nos afirma que en un solo Dios hay tres Personas:  Padre, Hijo y Espíritu Santo. En su intimidad, Dios es entrega, donación: esta es la sublime garantía de que la vida de entrega a los demás es lo único que realmente puede dar sentido pleno a nuestra vida, aunque no siempre seamos correspondidos.

El mal en la historia y en el mundo es una dura realidad. La Encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios, es la superación absoluta de ese mal y la restauración de nuestra naturaleza humana elevada a la vida de la gracia, que es una participación de la vida divina.

Asombrosamente la institución de la eucaristía por Jesucristo, donde está Él verdadera y realmente presente, nos une en su Cuerpo. Cristo restaura nuestra condición originaria a la comunión de personas, preparando ya aquí la plenitud de la vida eterna. Nos enseña una entrega de vida que se explicita en el matrimonio; pero también en el celibato por el reino de los cielos. Somos hijos por naturaleza, pero nos casamos por libre elección. La entrega a los demás no es necesariamente matrimonial. Lo que sí cabe admitir, siguiendo el pensamiento de Wojtyla, es que matrimonio y celibato son dos dimensiones de la entrega personal.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, June 14, 2025

Fidelidad y autoridad


El fallecimiento de un familiar es una experiencia dura. Pero, dentro del desgarrón y la pena que produce, es consolador poder abrazar a un padre en sus últimos momentos y decirle: “gracias por todo, eres un padrazo”.

El cariño a un padre no surge de la admiración por una persona que no tiene defectos; sino ante el testimonio de una vida de entrega incondicional a su familia. Es probable que nuestros padres hayan cometido errores; la mayoría pequeños; quizás alguno no tanto. Pero son mi padre y mi madre, los que me ha criado, educado, aguantado y sacado adelante. Resulta curioso constatar que solo después del fallecimiento paterno, uno cae en la cuenta de algunos gestos de entrega muy generosa de quien contribuyó a darnos la vida.

Esta trayectoria de fidelidad, que es el nombre del amor en el tiempo -como algún sabio ha dicho-, es de una elegancia y un señorío incomparables. Nuestros padres han tenido que soportar dificultades, educando con esfuerzo su propio corazón, y han buscado el mayor bien para sus hijos. Pero, quizás lo más conmovedor de todo, es que mujer y marido han aprendido a quererse mutuamente desbrozando dificultades, hasta hacer brotar el manantial de la vida y de la alegría. La familia es una realidad plagada de inconvenientes, virtudes, enfados, risas, amor, seguridad, futuro y buen humor. Por todo esto, de la vida de nuestros padres surge su autoridad, que aceptamos libremente porque brota de su entrega sincera y generosa.

La sencilla y grandiosa alegría de una madre es algo clave para poder amar al mundo y a la propia vida. Su enorme amor a los hijos es algo que supera   los desengaños que pudieran surgirnos al paso.  Todo este claro caudal de la mejor humanidad se vertebra y desarrolla cuando dejamos que el amor divino purifique y renueve el corazón humano. De ahí nace la necesidad de pedir perdón y de perdonar -una especie de resurrección en vida- que hace hermosa la existencia. “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre (Mt, 19,6)” es una norma cristiana y profundamente humana.

Soy consciente de que estas reflexiones chocan de pleno con un panorama de separaciones y divorcios que se extienden en nuestra sociedad, asolando la felicidad y el desarrollo armónico de muchos jóvenes y adultos. Ni pretendo ni soy quién para juzgar a nadie, pero me parece importante recordar referencias esenciales de vida, que se pretenden olvidar. Por otra parte, como decía mi padre, “Dios es el imprevisible”, y sabrá encontrar caminos seguros de restauración y plenitud para todos aquellos que busquen sinceramente la verdad de sus vidas, por muy problemática que sea su situación.

Sin libertad no se puede vivir, pero tampoco sin una autoridad satisfactoria que guie nuestros pasos. Ante todo, somos hijos e hijas. Negar esto, como algunos pretenden, es engañar y defraudar al ser humano. El corazón está hecho para amar; pero amar no es una emoción pasajera sino un acto libre de entrega que nos permite forjar lazos familiares de fidelidad, aquellos por los que merece la pena dar la vida.



José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, June 10, 2025

Realidad, honradez y pluralidad

Hace años salían en la televisión unos muñecos animados que se llamaban Epi y Blas. Insistían mucho en mensajes del estilo: “arriba-abajo; derecha-izquierda”. Sinceramente no les encontraba ninguna gracia, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta del interés de lo que decían estos personajes.

Las cosas no siempre están claras: ¿Fue penalti?... ¿Tuviste tú la culpa de nuestro último enfado, o la tuve yo?... Hay, desde luego, muchos puntos de vista sobre la realidad, como decía Ortega y Gasset. Pero sigue teniendo vigencia el viejo y novedoso principio de no contradicción: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido. Uno es distinto de cero; un niño y un abuelo no se identifican; la madre es diferente de su hijo; una mujer no es lo mismo que un hombre -teniendo ambos igual dignidad y derechos-. Sin embargo, vemos que algunos de estos aspectos fundamentales son polémicos en nuestra sociedad. Los intereses personales pueden deformar la realidad porque llamar a las cosas por su nombre puede exigir honradez, una virtud que supone esfuerzo.

También es interesante al respecto redescubrir y entender la distinción entre las oposiciones de conceptos establecidas por Aristóteles: la oposición relativa se da entre términos que entre sí se excluyen y, a la vez, se reclaman -por ejemplo: madre/ hijo-.  En la oposición contradictoria un concepto es la total negación del otro -por ejemplo: ser/ no ser-. La oposición de contrarios se da entre formas de un mismo género, entre los que cabe una gradualidad -como entre amarillo y rojo-. Finalmente, la oposición privativa niega una capacidad en sujeto que podría recibirla -por ejemplo, la ceguera en un ser humano-.

Pongamos algunas consecuencias prácticas de no tener claro lo dicho anteriormente. Si la relación entre madre e hijo la entiendo como una oposición contradictoria cometo un error grave, que afecta a ambos sujetos: es el caso del aborto voluntario. Si la relación entre mujer y hombre la entiendo como una oposición de contrarios, convierto esta distinción radicalmente cualitativa en algo puramente cuantitativo; es decir: me quedo con una visión puramente materialista del ser humano. Si establezco una oposición privativa entre la fe y la razón, caigo en un agnosticismo ramplón. Todo esto nos lleva a darnos cuenta de que entender las bien las relaciones entre ideas, influye poderosamente en vivir con acierto las relaciones personales.

El respeto a la realidad no significa que todos pensemos lo mismo; es precisamente el presupuesto para una legítima pluralidad, que no tiene nada que ver con una batalla campal. Esto no significa que la realidad muestre siempre una justicia. Hay muchos asuntos que han de ser modificados y mejorados. Pero hay cosas, anteriores a nosotros mismos, y que no hemos elegido, como una madre. Y, en ocasiones, se trata de cuestiones especialmente relevantes, que hay que custodiar. Respetar la realidad es lo que asegura las buenas ideas y la conducta buena. Pongo otro ejemplo: el hecho de haber nacido discapacitado puede entenderse como una desgracia, o quizás como una oportunidad de demostrar algo muy importante. Lo que nunca puede servir es para quitar valor al nacimiento de una vida humana.


José Ignacio Moreno Iturralde



Monday, June 09, 2025

Admiración ante la vida cotidiana

Cuando uno se encuentra con una persona encantadora no se pregunta… ¿Por qué existe esta persona? Sencillamente la contempla y trata de conocerla. De un modo parecido, la primera reacción ante el espectáculo de la vida es la admiración. Luego vienen efectivamente muchas preguntas sobre el sentido de la misma; pero si éstas cuestiones surgieran desde la desconfianza, se encapsulan en una lógica torcida y deprimente.

Los abundantes defectos de nuestros semejantes no se prestan a ninguna admiración, aunque sí invitan a cuestionarnos cosas; por ejemplo: ¿Cómo puede ser Fulanito tan memo? Tampoco los propios defectos resultan estimulantes, y además provocan cierta perplejidad al ver con cuanta facilidad se repiten. Es cierto que hay defectos que suponen serios males, pero otros tienen una lectura más benévola. Ser gangoso, por ejemplo, debe ser un palo; pero ser un gangoso que tiene cierto choteo de sí mismo es una genialidad. Muchas limitaciones, no todas, están configurando las naturalezas de los seres. Un jilguero no puede mugir; y si alguna vez lo hiciera entraríamos en un mundo de terror. Las limitaciones humanas son la condición de posibilidad de nuestra libertad. Las injusticias y perversidades, que ya son consecuencia de la maldad y deben ser combatidas, también pueden servir para sacar lo mejor de las personas que las sufren. Las manifestaciones de ayuda a los necesitados y de perdón a los enemigos, figuran entre las acciones más dignas de mujeres y hombres.

Estar en un atasco en la carretera o soportar una sobrecarga de trabajo no parecen cosas admirables: situaciones para ser filmadas en una buena película. Sin embargo, la metafísica tomista y la fe cristiana nos aseguran que somos mantenidos en la existencia por un ser que es por sí mismo. O sea: que la realidad cotidiana es como una novela viva que tiene una consistencia y significado muy superior a cualquier producción de Hollywood. Si un coche pasa por un charco y moja a un peatón de la calle el asunto no es agradable; pero si al señor calado le da por reírse, la escena resulta admirable y profundamente atractiva, porque esconde un misterio. Esta reacción divertida no es común, ni busca el espectáculo, pero es una manifestación de alguien feliz, que hace la vida más bonita: algo que muchos quieren admirar y vivir.


José Ignacio Moreno Iturralde

 

Saturday, June 07, 2025

Estar "de ida"



El paso de los años te va quitando ingenuidades. Sin embargo, la experiencia no tiene nada que ver con “estar de vuelta” de la vida, porque ese estado nos hace replegarnos sobre nosotros mismos. Los niños pequeños suelen ir bastante a su bola, pero tienen algo envidiable: una indudable orientación de estreno de la vida y de confianza en el mundo que les rodea. Me parece que un aspecto importante de la madurez radica precisamente en algo propio de la infancia: abrirse a la realidad, estar siempre “de ida”.

Lo primero que conocemos de algo es su ser, que existe. Esta perogrullada, destacada por Tomás de Aquino, conviene ser recordada. Nuestro conocimiento está naturalmente abierto a la realidad, y tiene que medirse por ella para no llegar a ser un cínico o un loco. La sabiduría no consiste en engullir datos, sino en ser colaboradores de una verdad superior a nosotros mismos. También el corazón y la afectividad necesitan salir de sus tendencias posesivas, para abrirse a dinámicas de realismo, de generosidad, y ser así capaces de querer el bien de los demás.

En las facultades racionales y emocionales del ser humano, enraizadas en cada persona, se da una paradoja y es ésta: tienen que salir de sí mismas para ocupar su lugar adecuado. Es entonces cuando se llega a una situación de paz y bienestar. Existe, por tanto, un cierto principio de desorden personal, anterior a nosotros mismos: hay algo dañado en nuestro interior. Por esto, si el egoísmo es visto como simple naturalidad se cae en una ramplona animalización de mujeres y hombres; que termina en la tristeza o la angustia.  Pero también tenemos una poderosa tendencia natural a compartir la vida y alegrarnos con familiares y amigos. Muchas veces queremos sinceramente el bien de los demás e intentamos procurarlo. Hay que caer en la cuenta de que la paradoja expuesta, experimentada de modo natural, requiere de la intervención de un agente con una dimensión superior, sobrenatural o divina, que mejore nuestra libertad, haciéndonos más humanos. Es así como, siendo adultos, recuperamos la alegría de los niños.

Nos damos cuenta de que nuestra vida es breve, que hay otros que son más listos, más guapos y mejores personas que nosotros. Pero todo esto nos hace gracia y nos mueve al regocijo, porque estamos de ida hacia un bien inmenso que comprende, relaciona y trasciende a todo lo demás.


José Ignacio Moreno Iturralde


Friday, June 06, 2025

La tutoría personal escolar


En los años noventa del siglo pasado, enseñar Filosofía en un colegio de Vallecas -un barrio obrero de Madrid- me pareció algo así como ordeñar coliflores. Pero ahí estaba yo, Dios sabe por qué, presto a iniciar una áspera y fructífera etapa docente.

En aquél centro educativo empecé a preceptuar, dentro del horario escolar. Básicamente se trata de sacar de vez en cuando, de uno en uno, a varios alumnos, para charlar acerca de su rendimiento escolar, de fútbol o de algún tema que al chaval le preocupe. En los primeros meses de preceptor -término que identifico con tutor personal escolar- tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo olímpicamente. Las conversaciones entre un profe de treinta años y un muchacho de quince o dieciséis, no me parecía que tuvieran mucho recorrido. Me equivoqué.

Dedicar un tiempo quincenal, o al menos mensual, a un alumno puede ser, aunque no lo parezca, uno de los pilares de una educación más eficaz y más humana. Por supuesto, esta preceptuación se ve enriquecida y complementada con las entrevistas o tutorías con los padres de los chicos. La perspectiva de los padres es clave para poder ayudar a alumnos y alumnas. Por otra parte, el conocimiento que un profesor tutor tiene del estudiante es significativo para sus familias; a veces mucho.

La preceptuación es, para aquellos centros educativos que se la han planteado, algo importante, aunque suele ser poco urgente. Por este motivo, en el tráfago del calendario escolar, es fácil descuidarla. Chesterton no recordaba con gran aprecio a su colegio y llegó a definir así un día es su escuela: “un señor que no conozco, me enseña una cosa que no quiero”. La preceptuación está para conocer mejor a los alumnos y a sus familias. Preceptor significa “el que enseña” o “el que está adelante”. Pero para guiar bien a las personas antes hay que valorarlas mucho, y la primera muestra de esto es el conocimiento personal. Ayudar a formar personas -en el sentido de clásico de forma como principio de vida y de libertad- hace que la tarea educativa deje una huella valiosa en las vidas de quienes participaron en esta noble tarea.

Las conversaciones con los alumnos pueden parecer poco relevantes, pero van haciendo su efecto, tan invisible y eficaz como la sal -si se tiene verdadero afán de servicio al hacerlas-. En algunas ocasiones pueden surgir asuntos de más calado:  he podido ayudar a desbloquear a un alumno brillante de bachillerato respecto a una cuestión de filosofía, que le afectaba en su modo de entender la fe católica. Tranquilicé con una sencilla explicación a otro alumno más pequeño que estaba preocupado porque cuando cogió un avión con su familia, después de atravesar las nubes, no había visto a Dios…

En algunas situaciones hay que bajar los humos a algún adolescente; por ejemplo, cuando emite juicios apresurados sobre profesores. Pero también es uno el que aprende mucho de los chicos: recuerdo que un alumno con discapacidad severa desde su nacimiento no daba ningún dramatismo a su situación, era un tipo alegre y tenía proyectos estupendos para su vida.

A lo largo de varias décadas de profesor y tutor pueden llegar a realizarse miles de conversaciones, que siempre han de realizarse con un esmerado respeto a la libertad de los alumnos. A los chicos les pueden aportar referencias para la vida, y a los profesores tutores les dejan como recuerdo un surco de alegría.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, May 31, 2025

La autoridad de los profesores


Cuando era alumno, con quince o dieciséis años, apareció en mi clase un nuevo profesor de Matemáticas llamado Fernando. Transmitía ilusión por la asignatura: al resolver un problema decía… “¡eureka!”; que significa en griego “lo descubrí”. En su primera clase, al poco tiempo, hubo un cierto inicio de desorden por parte de algunos alumnos. Fernando lo atajó de inmediato con firmeza y energía. En clase de Matemáticas había cordialidad, pero no cabían las tonterías. Me llamó la atención esa combinación de trasmisión de conocimientos, ilusión y autoridad; todo un ejemplo de profesionalidad docente.

También tuve un profesor de latín que por algún motivo que desconozco estuvo poco tiempo en mi colegio. Era un hombre sencillo, bajito, moreno y con gafas, del que emanaba una sencillez y una autoridad convincente. Imagino que tendría experiencia, e intuyo que podría encarnar una trasparente profesionalidad al servicio de sus alumnos. Muchos más son los profesores de los que tengo un recuerdo entrañable y de todos ellos un elemento imprescindible era su autoridad.

Hace bastantes décadas podía estar de moda un cierto autoritarismo en diversos planos de la convivencia social. Lo he visto y padecido por parte de algún docente, y me parece mal; pero no se trata de pasarse al extremo contrario. La autoridad del profesor se forja a lo largo de su propia vida; no es una insignia de “sheriff” que se pone en la solapa. Es algo que hay que ganarse con el ejemplo; pero esto es necesariamente compatible con el previo respeto al estatuto del profesor. Ciertamente la enseñanza supone un esfuerzo notable, y un grupo de jóvenes ante un nuevo “profe” van a estudiarle y, probablemente, a ponerle a prueba. Pero siempre se ha contado con que el profesor tiene la sartén por el mango, como debe ser. Hoy en día también esto está parcialmente en entredicho. He podido presenciar faltas de respeto, e incluso algunas agresiones verbales y físicas leves a profesores por parte de alumnos, sin que la capacidad de sancionar del colegio sea eficaz y rápida, debido a la legislación actual. Actualmente en la ESO, para expulsar a un chico o una chica algún día de clase por un reiterado mal comportamiento, hace falta que los padres del sancionado vengan al colegio y den su aprobación, aunque puede haber alguna excepción.

La falta de cuidado a la autoridad de los docentes supone la fuga de los mismos hacia otras profesiones más seguras y mejor remuneradas. De esta manera, lo que se consigue es una devaluación de la calidad y profesionalidad de la enseñanza. Se trata de una enfermedad educativa lenta y progresiva, contra la que hay que reaccionar. Una enseñanza de verdadera calidad requiere de profesoras y profesores ilusionados con su profesión. No se puede despojarlos de su autoridad; del mismo modo que no se puede quitar a un árbitro las cartulinas amarillas y rojas. 

Por supuesto que se trata de tener toda la comprensión y solicitud posible con todos los alumnos. Pero la enseñanza inclusiva no puede excluir a los propios profesores, cargándoles excesivamente de responsabilidades, al mismo tiempo que merma su capacidad de poner orden en sus aulas. Hay que enseñar con la cabeza y con el corazón; pero primero con la cabeza y, por tanto, con el sentido común.

Con una enseñanza competente se levanta a un país, a medio plazo, de un modo asombroso. Esto es algo que entiende cualquiera que vea que la educación no es un instrumento de control de la ciudadanía, sino una noble tarea al servicio de los alumnos y sus familias.

La verdadera autoridad es fuente de libertad y de prestigio; no es un ejercicio de despotismo, sino una fuente de seguridad, orientación, y educación de la libertad para los alumnos. Esta autoridad tiene su raíz en la familia. La autoridad de los padres, que es la más importante, es la que apoya a la subsidiaria autoridad de los profesores. Si esto se entiende y se procura vivir, se da una de las condiciones necesarias las para ofrecer una enseñanza sólida, eficaz e inspiradora, capaz de proyectar la energía creativa de alumnas y alumnos.


José Ignacio Moreno Iturralde

Wednesday, May 28, 2025

Educar para el conocimiento de la realidad

Actualmente, en los sectores educativos, es prioritario innovar. Por supuesto se trata de algo de gran interés, pero que no sea acosta de perder las raíces o el norte de la enseñanza.

Los ojos no están hechos para verse a sí mismos; ni siquiera la inteligencia tiene como fin prioritario entenderse a sí misma. Hemos nacido para conocer la verdad de las cosas del mundo, especialmente la de las personas, y precisamente por esto somos también capaces de irnos conociendo a nosotros mismos.

Un primer requisito de un buen profesor es que sepa todo lo posible de lo que está enseñando. Cuando alguien sabe mucho de algo suele resultar interesante. Por supuesto, habrá que tener en cuenta una buena metodología pedagógica, el uso de tecnologías y el afán de que los estudiantes adquieran las competencias adecuadas. Pero no se pueden ningunear el valor de los contenidos, hasta el punto de casi olvidarlos del discurso y proyecto de mejora educativa. Algunos parecen pensar que aprender contenidos es simplemente embotellar datos que hay que soltar maquinalmente en un examen. Es cierto que en ocasiones se ha abusado en este sentido, pero quisiera decir algo al respecto: Cuando un alumno estudia un contenido lo hace de un modo personal, lo interioriza de un modo propio y libre, con más o menos ganas. Los contenidos se convierten en algo personal cuando se estudian. El hecho de que los datos estén en google o en la IA -habría que ver con qué fiabilidad-, es compatible con el gran valor del conocimiento personal de diversos aspectos de la realidad.

Hirsch, en su famoso libro “La escuela que necesitamos”, desarrolla el concepto de “capital intelectual”. Lo explicaremos con un ejemplo: si hablo a mis alumnos de la princesa del Nilo, es muy importante que sepan que el Nilo es un río de Egipto. Un conocimiento es un puente hacia otro. En la película “El milagro de Ana Sullivan” una profesora intenta enseñarle un lenguaje de sordomudos a Helen, una chica que no puede ver, ni oír, ni hablar. En un momento determinado, Ana le dice a Helen: “sé que con una palabra pondría el mundo en tus manos”. En esta película, que relata un caso sucedido en la realidad, Helen entiende por fin que el lenguaje simbólico de las manos en una determinada posición significa agua. Cuando se da cuenta de esto, despierta al desarrollo de su vida racional y empieza a preguntar por todo lo que le rodea con un hambre de conocimiento inaudita, pues ha encontrado la llave de entrada para poder nombrar y expresar lo que significan las cosas. Ana era una profesora con un gran corazón, pero muy exigente. Helen era una niña caprichosa y consentida. El proceso de aprendizaje fue muy duro, y profesora y alumna tuvieron momentos difíciles. Al final de la película, Helen hace algo insólito: se acerca a Ana y le da un beso de agradecimiento en el rostro por todo lo que su profesora le ha enseñado. Ahora, porque entiende, Helen es capaz de querer.

Hay algo muy valioso detrás de los tan despreciados contenidos: ni más ni menos que la verdad y el bien de las cosas. Si renunciamos a conocer las múltiples facetas de la realidad tampoco sabremos quienes somos nosotros mismos. No se trata de imponer visiones de la vida, sino de cooperar en el descubrimiento de la verdad, algo exigente, apasionante e ilimitado.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, May 24, 2025

¿Qué es la enseñanza?

Preguntarse sobre qué significa enseñar es algo de más interés de lo que parece. Cuando existe tanta polémica sobre las leyes educativas, quizás lo que suceda es que no hay una idea suficientemente compartida de lo que es educar y, por esto, es importante pensar sobre esta cuestión.

Cuando uno es pequeño y habla con su padre o su madre de múltiples asuntos, aprende probablemente algunas de las cosas más valiosas que le van a servir de guía en su vida. En el ámbito familiar, un lugar en el que en principio puede reinar un amor mutuo, el cariño y la enseñanza son dos caras de una misma realidad. Allí se enseña con las palabras, pero sobre todo con los hechos. Los hijos se fijan, ante todo, en el modo de ser de sus padres, y es ahí donde está la raíz de la educación.

Un amor acertado hacia los hijos es el que sabe exigir teniendo en cuenta la libertad de chicos y chicas. Un amor posesivo, en el que el hijo parece que es considerado como la proyección de la vida de la madre o del padre, es un error. Pienso que de lo que se trata es de ayudar a los hijos a que sean ellos mismos, guiándoles hacia lo verdadero y lo bueno.

Podríamos decir que la educación tiene, por tanto, dos dimensiones fundamentales: guiar hacia una meta y ayudar a desarrollar la propia personalidad de quien es educado.

Los centros escolares ofrecen una valiosa ampliación de la educación recibida en las familias. Una primera idea para el sector docente es que estamos al servicio de las familias. Esto debería parecer una perogrullada, pero hay gente que no lo tiene nada claro, y conviene recordarlo. El hecho de que actualmente existan muchas crisis familiares, que tienen que tenerse en cuenta, no puede hacer olvidar el papel primordial que tienen las familias en la educación. Esto es compatible con una sana autonomía de los diversos ámbitos educativos: en el hogar son los padres los que ponen las normas de convivencia, como es lógico. Pero en el colegio, quien pone las normas de la actividad académica son los directivos y profesores docentes, no los padres de chicas y chicos. No está de más recordarlo.

Una educación escolar verdaderamente humana tiene que tener en el centro de la enseñanza a cada persona. Esto no es sencillo y requiere un esfuerzo que merece la pena. De un modo análogo a la familia, hay que enseñar procurando conjugar el conocimiento, la cordialidad y la exigencia. Una enseñanza competente es la que ayuda a cada alumno a desarrollar su potencial personal; a sacar lo mejor de sí mismo. No siempre se consigue, ni es fácil medirlo, pues muchas cosas aprendidas en la escuela se desarrollan con el paso de los años.

Un modo de mejorar es considerar de nuevo los fundamentos humanos en los que se basa la enseñanza. Se trata de algo clave, porque puede existir bastante confusión al respecto.


José Ignacio Moreno Iturralde



Saturday, March 22, 2025

Búsqueda y encuentro de la verdad


Buscar la verdad es algo profundamente humano. Se trata de un itinerario relacionado con el cariño recibido en la infancia, con el hogar donde nos criaron y educaron. También esta búsqueda de lo auténtico puede tener que ver con situaciones de falta de justicia en nuestra vida y en la de los demás, que nos mueven a encontrar un sentido a algo que no comprendemos. Por otra parte, los sueños de la juventud aspiran a algo que nos llene la vida. Para esto habrá que ser generoso y saber rechazar ofertas aparentemente atractivas, bajo cuya máscara se encuentra la mentira. A medida que maduramos la realidad va imponiendo sus límites, en ocasiones bastante precarios. Avanzada la trayectoria profesional, uno puede encontrarse con un panorama más modesto de lo que había previsto. Y entonces parece que lo que toca es simplemente “ir tirando”. Pero esa expresión puede esconder algo fantástico y misterioso.

Pretender encontrar la verdad, puede ser más un don que una búsqueda. Quizás no se trata tanto de una conquista personal como de desembalar un gran don, que se esconde en la apariencia de lo sencillo. Entonces uno encuentra alegría en los días, consuelo en las cosas inexplicables, e impulso y sentido para vivir mejor.

La verdad que más nos importa es una verdad personal, la de los seres más queridos. Por esto la verdad más grande ha de ser personal. La gran paradoja de la búsqueda de la verdad es que la Verdad es quien nos busca, es la que “va tirando” de nosotros. El cristianismo afirma que Dios, en su misterio de amor personal, ha decidido libérrimamente relacionarse con los seres humanos, de un modo asombrosamente familiar. Es Él quien se nos ofrece a sí mismo.

A la hora de definir el ser humano -el ejemplo no es mío- me viene a la cabeza un pollino; o sea: un burro. Ese animal resulta -si no es rencoroso y coceador- sencillo, laboriosos y simpático. Pero se trata de un burro que puede tener una estrella en la frente: una visión grandiosa y alegre de la existencia, pese a sus dificultades.

La buena filosofía nos ayuda a conocer nuestra humilde condición, preparando el camino para encontrar nuestra más íntima verdad personal: la estrella de la llamada divina, que a cada uno toca descubrir. Y con esa estrella -que lleva dentro mi nombre- ya no soy solo un burro, sino un hijo querido.


José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, March 17, 2025

La importancia de la formación cristiana



Hace muchos años participé en una carrera por el campo en Soto del Real. Algunos íbamos muy bien equipados. Había un chaval que llevaba un pantalón corto raído, una camiseta y unas zapatillas bastante elementales. Empezó la carrera, de unos tres kilómetros. Ese chico, que era el hijo de la lechera, empezó a correr a toda velocidad y no le volvimos a ver el pelo. Sacó muchísima ventaja al segundo. Llevaba corriendo toda su vida detrás de las vacas: estaba muy en forma.

Pienso que la formación no se reduce a recibir unos conocimientos; sino que tiene que ver con el sentido profundo de la palabra forma. La forma es la configuradora de orden, de sentido, incluso de vida. Un embrión en el seno materno puede que no tenga todavía una apariencia, una forma accidental humana, pero su forma sustancial, profunda -su principio configurador de vida- es el de un ser humano.

Nos interesa cuidar el físico, y hacemos muy bien. También es muy importante poner en forma la cabeza, la voluntad y el corazón: Educar la mente -con contenidos verdaderos-, la libertad –con virtudes- y los afectos -intentando llevarlos hacia el bien-. Por ejemplo: es importante saber que el amor es ante todo un acto de la voluntad y no solo un sentimiento. Es clave darse cuenta de que los amores verdaderos son los que nos hacen ser mejor personas. Y opino que sucede lo mismo con los pensamientos: si no me dan paz interior, si no me hacen ser mejor, son falsos, por muy lógicos que parezcan.

Todo esto no nos quita personalidad, sino todo lo contrario: facilita la única e irrepetible identidad de cada uno y de cada una. La forma de las formas es el acto de ser concreto que Dios nos da a cada uno… Quizás por esto se dice que Dios, aunque seamos miles de millones, no sabe contar más que uno.

Un chiste malo se pregunta "¿por qué los de Lepe dedican mucho tiempo a bucear? Porque en el fondo no son tan tontos"… Pues eso: hay que profundizar. La formación más significativa es la que supone una transformación. Hay que formarse para transformarse. Lo que más nos transforma es sabernos queridos, perdonados y valorados.

El cristianismo no es un simple curso de formación, sino un encuentro libre y personal con Dios, que nos quiere y nos limpia las heridas interiores. Un encuentro que nos hace ver lo que es más importante y lo que es secundario; y por esto nos hace más libres. Un encuentro que nos transforma y nos llena de alegría.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, March 15, 2025

La fuerza de la debilidad


 

Cuidar a una persona muy mayor no siempre es agradable. Hay que prestarles servicios que pueden resultar costosos; todavía resultan más difíciles si tal persona tiene un carácter difícil. Pero ese familiar o amigo, avanzado en años, de vez en cuando muestra una sonrisa sincera y un agradecimiento conmovedor.

Las atenciones que se presten a personas pobres, enfermas o discapacitadas, en ocasiones son duras y agobiantes; pero siempre dejan una satisfacción de llenazo en el hondón del alma. Por este motivo, la ayuda a los necesitados es un buen medidor de nuestra talla moral.

Respecto al aborto voluntario, con todos los atenuantes que puedan concurrir en esa delicada situación, lo que resulta preocupante es la total ausencia de misericordia para la criatura que se está gestando. Aceptarle sería quizás una carga, pero también probablemente una gran alegría… En cualquier caso es un ser humano, en una situación vulnerable, por la que todos pasamos: alguien que podría llegar, desde su debilidad, a sonreír a sus padres. Puedo entender -no aceptar- que alguien decida eliminarle; pero lo que considero alarmante es la convicción legal y social de que abortar es un derecho: el derecho a matar al propio hijo de las entrañas. Cuando la ley se basa en la propia voluntad, y no en la naturaleza de las criaturas, la sociedad se vuelve más despótica e inhumana. Sin embargo, cuando se asume la maternidad y la paternidad entramos en un mundo familiar, donde el amor que da fruto se hace raíz de una civilización fuerte, que da prioridad a los más indefensos.

El ser humano es siempre una sorpresa. Por esto, es asombroso constatar cómo algunos enfermos graves son capaces de tener buen ánimo y alegrar a quienes les cuidan. Conozco ocasiones donde un moribundo le da por hacer un chiste, o alguien afectado por un ictus cerebral es capaz de hacer una broma para tomar el pelo a sus acompañantes. Esto demuestra que el espíritu humano puede tener una realidad grandiosa. Es precisamente la debilidad la situación de la que, de vez en cuando, surge una rayo luminoso  portador de fortaleza y alegría.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, March 08, 2025

Los pensamientos verdaderos


Eureka es un término griego que expresa la alegría ante un hallazgo. Quien descubre una nueva fórmula matemática, un tesoro arqueológico, o simplemente el móvil extraviado, experimenta un gozo de este tipo. Sin embargo, podemos considerar que no todas las verdades son estimulantes ya que algunas invitan al desánimo, como puede ser cualquier tipo de problema, más o menos serio.

En nuestro mundo hablar de metafísica puede ser como clamar en el desierto, pero me dispongo a hacerlo, brevemente: todo lo que tiene un orden tiene un sentido, una verdad, un bien y una armonía o belleza. El mal es una herida en el bien; el mal no es por sí mismo; el bien sí. Las sombras son por las luces, no las luces por las sombras. La verdad y el bien generan realidad y vida. El mal, por muy patente y duro que parezca, se destruye a sí mismo. Este es un motivo realista para ser optimista con fundamento.

Entre todo tipo de verdades, las más significativas son las personales: valoramos más a un familiar querido que a un objeto deseado. Nuestra aportación más importante para el mundo es ofrecer una personalidad buena, implicada en trabajos de interés profesional y social.

El pensamiento tiende a la verdad y no puede eludir los problemas. Pero quien busca la verdad siempre encuentra un foco de luz, por muy oscuro que esté el lugar en que se encuentra. Por esto considero que los pensamientos verdaderos son los que nos hacen ser mejor personas. Una pretendida lógica ceniza y pesimista no está anclada en el núcleo de la realidad. Experimentamos que múltiples inconvenientes, de menor o mayor fuste, nos sacan del camino de la victoria. Pero podemos reorientar el GPS de nuestro pensamiento hacia un norte más adecuado. Es humano despistarnos, pero es falso caer en una toxicidad mental que aplasta el ánimo y las ganas de vivir.

Con frecuencia nos enfadamos, nos constipamos, y tenemos ganas de mandar a la porra bastantes cosas. Pero toda esa fragilidad es el contrapunto para encontrar fortalezas más sólidas y permanentes. Necesitamos la ayuda de los demás y de la de Dios para continuar con más garbo la vida. Hemos de esforzarnos por procurar evitar pensamientos negativos, tristes y tóxicos porque son mentira. Hay que subir hacia arriba como los salmones y elegir pensamientos positivos, generativos de esperanza… porque nos hacen ser mejores, porque son verdad.


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, March 02, 2025

El exceso de ambición


Soy profesor de 2º de Bachillerato y me da alegría ver cada año como los alumnos se preparan con empeño para la prueba que les permitirá acceder a Grados Universitarios, u otros estudios. Tienen toda una vida por delante para hacer muchas cosas estupendas. También da particular gozo ver a antiguos alumnos, que destacan en sus primeros pasos profesionales. Procurar ser de los mejores en la tarea que uno elija es una aspiración lícita y motivadora.

Sin embargo, al hablar de estos temas, siempre recuerdo un consejo paterno, dicho como de pasada: los males del mundo se resumen en la falta de moralidad y el exceso de ambición. El primer elemento del mal es importante, pero voy a centrarme en el segundo. Vivimos en una sociedad algo apresurada y ansiosa. Hacemos muchas cosas, pero no sé si siempre tenemos un motivo profundo y convincente para hacerlas. Quizás sea bueno plantearse, a diario, una jerarquía de valores. Como decía Stephen Covey: puede ser interesante guiarse más por prioridades que por actividades. No siempre resulta fácil, pero merece la pena pararse a considerarlo.

La avaricia rompe el saco y, en ocasiones, la salud. Es magnífico plantearse retos y superarlos. El ser humano siempre quiere superar límites. Esto puede estar muy bien en muchas ocasiones; pero en otras no… Hay veces que hay que tener la sensatez de saber pararse. Conocer las propias limitaciones parece que vende poco, pero puede comprar mucho: el bienestar propio y ajeno. La prudencia es una virtud de sabios, que suele llevar a la victoria.

Lo más paradójico de todo esto es que mantener a raya la ambición de algunas cosas puede suponer colmarla en otros asuntos más importantes, como puede ser dedicar tiempo generoso a la familia. Asumir los límites no es un aburrido ejercicio de sentido común, sino algo mucho más interesante. Cuando nos centramos en lo que verdaderamente importa, que suele ser algo bastante asequible, somos más señores del tiempo y de nuestra propia vida. Así disfrutamos más del momento, vamos menos agobiados y podemos mirar con más calma y perspectiva el horizonte de los días. Estar en lo pequeño y cotidiano, procurando hacerlo bien, puede hacer que nuestra panorámica se ensanche: los propios límites se abren al beneficio de los demás. Es como si se tratara de enfocar bien un telescopio, dejando de buscar hormigas en la tierra para detectar estrellas en el cielo, para descubrir un panorama asombroso. Se trata de una apertura de los propios límites a la realidad más prosaica y cercana, conectada a una perspectiva de eternidad.

Recuerdo a una persona de Las Palmas de Gran Canaria que tenía un precioso jardín, lleno de flores magníficas. Me dijo algo que se me quedó grabado: "las cosas salen cuando se hacen con cariño", y esto requiere realismo, tiempo, dedicación. La mentalidad de esta persona me parece muy interesante para nuestro mundo laboral. Claro que deseamos logros, éxitos y aumento de sueldo. Pero también tenemos que aprender a vivir, a servir, a querer a quienes nos rodean, y para esto es clave moderar las ambiciones, respetar nuestras limitaciones; es decir: a nosotros mismos.

 


José Ignacio Moreno Iturralde


Sunday, February 16, 2025

Continuidad entre conyugalidad y hogar


 

Decía Chesterton que la unión del lecho matrimonial era lo mismo que una madre con su bebé en los brazos. Uno podría pensar que se trata de una afirmación un tanto chocante, quizás algo idealizada. Sin embargo, pienso que el escritor inglés puede tener razón.

Cuando pasa el tiempo, uno se acuerda con frecuencia de su familia de origen: los que hemos tenido la suerte de tener una infancia feliz, recordamos con gratitud aquella etapa de la vida, llena de seguridad y de ilusión. Todo esto no hubiera sido posible sin el amor de nuestros padres; un amor físico y espiritual.

La santa pureza que enseña la doctrina católica es algo nítidamente positivo. El cristianismo ve en la sexualidad humana una fuente de expresión de amor y de vida querida por Dios para muchos, sin ser una obligación para todos. Pero se trata de un amor comprometido, fiel, fructífero. Marido y mujer se unen en algo que les trasciende. En el misterio del inicio de un nuevo ser humano, hay una atracción que se convierte en vida, en generosidad, en entrega. Es entonces cuando la sexualidad resulta plenamente humana, precisamente porque se abre a la acción divina en el surgimiento de una nueva persona, que es materia y espíritu. Tal es la grandeza del amor conyugal; y, por este motivo, resulta falso reducir la sexualidad a un intercambio de satisfacción física y emocional. Falsear la sexualidad es tan equivocado como entender a la persona como un mero conjunto de sensaciones y de afectos; algo que resulta despersonalizador.

Comprendo que hablar de esta manera es ir contracorriente, en un mundo donde la sexualidad parece ser entendida por muchos como un consumo. Sin embargo, las personas no están para consumirse -no son objetos-, sino para unirse, a través de la amistad o de las diversas relaciones familiares; entre ellas, la conyugal.

Del mismo modo que, en ocasiones, tenemos demasiado amor propio o pensamos excesivamente en nosotros mismos, la sexualidad tiene una cierta tendencia a replegarse sobre sí misma. Se trata de una espontaneidad que hay que educar, como sucede con las otras manifestaciones de la personalidad antes citadas. La espontaneidad no siempre es correcta; y habrá que orientarla, especialmente cuando sus manifestaciones están relacionadas con el respeto a la propia naturaleza o a la de los demás; y especialmente con el surgimiento de la vida. Todo este decoro es categoría humana, no mojigatería. Somos seres sexuados personales y esto requiere una superación de nosotros mismos, para aprender a tener capacidad de constituir y cuidar un hogar. Con la ayuda de Dios merece la pena, en lo que esté de nuestra parte, ser personas familiares; es decir: profundamente humanas.


José Ignacio Moreno Iturralde

Sunday, February 09, 2025

Entendernos desde las relaciones humanas y divinas

¿Qué es lo que más radicalmente somos? Pienso que la respuesta es hijos o hijas. Por esto, la relación de filiación y, por tanto, las de paternidad y maternidad, no son algo gradual y cuantitativo, sino que se trata de relaciones profundas y cualitativas. Un niño se conoce a sí mismo, primeramente, mirando a su madre y a su padre.

Las relaciones conyugales se basan en un compromiso donde la mujer y el hombre se complementan y quieren con un amor entregado, que puede hacerse vida en los hijos. Las relaciones con hermanos y hermanas nos hacen también sabernos queridos y exigidos: nos ayudan a salir de nosotros mismos, y hacen que aprendamos a querer.

La amistad es un tipo de relación especialmente libre. Dos amigos o amigas lo son porque les da la real gana. La grandeza de la amistad tiene que ver con su fragilidad. Se trata de una relación fácilmente prescindible, pero resulta que la vida sin amigos o amigas es inhumana. La alegría y la pena tiende a compartirse con los amigos.

En las relaciones académicas y laborales procuramos buscar un sector de estudios, o profesional, que se adecúe a nuestros intereses. La experiencia muestra que esto no es siempre del todo posible. Por esto, me parece muy sano y provechoso el planteamiento de preguntarnos: ¿Qué esperan mis profesores y profesoras de mí? O bien: ¿Qué esperan en mi empresa de mí? Quizás lo sabemos. Tal vez sea bueno preguntarlo en alguna ocasión. Es interesante que adquiramos un mayor conocimiento de nosotros mismos, desde la óptica de los que pasan con nosotros gran parte de nuestra vida cotidiana.

Nos informamos de la meteorología a la hora de hacer un viaje o emprender una excursión. De la observación atenta del mundo han salido grandes inventos, como la penicilina; así como multitud de beneficios prácticos. Este realismo saludable es especialmente interesante aplicarlo en el paisaje de nuestra vida. Nos damos cuenta que una persona generosa es más alegre y más querida por quienes la conocen. Pero sabemos que la generosidad no es siempre premiada; sino que incluso es atacada y pisoteada: la vida ofrece numerosos ejemplos. Sin embargo, la persona generosa se hace mejor ella misma, al margen del reconocimiento que otros le ofrezcan -y no olvidemos que suele ser mucho-. La generosidad nace también de un sentido común aliado con la gratitud. La vida es un don inmerecido y es lógico y bueno corresponder, haciendo a los demás lo que quisieran que hicieran conmigo.

El cristianismo ofrece algo muy animante que ha de ser acogido desde la fe, pero también desde la razón. El misterio de la Trinidad de Dios es muy significativo: el Padre es todo Paternidad; el Hijo es todo Filiación; el Espíritu Santo es la relación de Amor entre el Padre y el Hijo. Un único Dios es tres relaciones subsistentes. Nosotros somos sustancias –sujetos- que nos relacionamos. El misterio de Dios está en sus relaciones personales. La explicación de nuestra vida está en nuestras relaciones con Dios y con los demás. La fe cristiana nos asegura que la generosidad, unida al sentido común y a la justicia, tiene un triunfo definitivo, y que el amor verdadero es más fuerte que la muerte. Por esto la vida de Cristo, Dios hecho hombre es el ejemplo máximo de una vida relacionada, feliz, sufrida y resucitada. María y José, personas humanas que tanto saben de lo divino, nos ofrecen con sus vidas un ejemplo lleno de una luz entrañable, asequible, práctica y comprensiva.

  

José Ignacio Moreno Iturralde


Thursday, February 06, 2025

La visión de los invidentes

Cuatro personas de la ONCE dieron una conferencia, junto a sus perros guía, ante un numeroso grupo de alumnos y alumnas de doce años, en el colegio donde trabajo. Algunos de los ponentes no podían ver nada y otros tenían una visión muy limitada. Se ganaron rápidamente al público, con su amenidad y simpatía. Entre las diversas y divertidas preguntas sobre cómo les ayudaban los dos perros que allí estaban, serenos y eficaces, hubo una cuestión de otro tenor: ¿Cómo se lleva el ser ciego en la vida? La respuesta de uno de los ponentes fue lúcida. Más o menos dijo lo siguiente: puedes venirte abajo o tirar hacia delante. Si te vienes abajo también haces que tu familia siga ese camino; y eso no es justo. Así que hay que hay que tirar hacia adelante. Y vaya si lo hacían: además de una exhibición de las habilidades de sus perros, también enseñaron cómo jugar al fútbol estando ciego, con un balón dotado de un mecanismo de ruido para localizarlo. Era la primera vez que los chavales, con antifaz, tiraban penaltis en el patio prescindiendo de los ojos.

La actividad resultó un éxito, pero lo que más me llamó la atención fue la llaneza, el realismo y la alegría de estas personas de la ONCE. Pensé que su ceguera les ha proporcionado una concepción del mundo que trasmitía claridad; con su campechanía disipaban oscuridades. Su visión del mundo parecía profunda, sencilla y sincera. Nos enseñaron a ver la luz de la vida con una visión nueva, más agradecida, más humana.


José Ignacio Moreno Iturralde