Saturday, November 25, 2006

Cristo Rey

Predicador del Papa: Cristo Rey, «humanísimo y trascendente» a la vezComentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del próximo domingo ROMA, viernes, 24 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del próximo domingo –solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo-, XXXIV y último del tiempo ordinario.
* * *
Le veréis venir entre las nubes del cielo...
XXXIV Domingo del tiempo ordinario (B): Solemnidad de Cristo Rey Daniel 7, 13-14; Apocalipsis 1, 5-8; Juan 18, 33b-37En el Evangelio de este domingo, Pilato pregunta a Jesús: «¿Eres tú el Rey de los judíos?», y Jesús responde: «Sí, como dices, soy Rey». Poco antes, Caifás le había dirigido la misma pregunta de otra forma: «¿Eres tú el Hijo de Dios bendito?», y también esta vez Jesús respondió afirmativamente: «Sí, yo soy». Es más: según el Evangelio de Marcos [Mc, 14, 62. Ndt.], Jesús reforzó esta respuesta, citando y aplicándose aquello que el profeta Daniel había dicho del Hijo del hombre que viene entre las nubes del cielo y recibe el reino que nunca pasará (primera lectura). Una visión grandiosa en la que Cristo aparece dentro de la historia y por encima de ella, temporal y eterno. Junto a esta imagen gloriosa de Cristo hallamos, en las lecturas de la solemnidad, la del Jesús humilde y sufriente, más preocupado de hacer de sus discípulos reyes que de reinar sobre ellos. En el pasaje del Apocalipsis Él es definido como quien «nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre».

Ha sido siempre difícil mantener unidas estas dos prerrogativas de Cristo –majestad y humildad-, derivadas de sus dos naturalezas, divina y humana. El hombre de hoy no tiene dificultad para reconocer en Jesús al amigo y al hermano universal, pero encuentra difícil proclamarle también Señor y reconocerle un poder real sobre él. En las películas sobre Jesús, esta dificultad salta a la vista. En general, el cine ha optado por el Jesús humilde, perseguido, incomprendido, tan cercano al hombre como para compartir sus luchas, sus rebeliones, su deseo de una vida normal. En esta línea se sitúan Jesucristo Superstar y, de manera más cruda y desacralizadora, La última tentación de Cristo –de Martin Scorsese-. También Pier Paolo Pasolini, en el Evangelio según Mateo, nos presenta a este Jesús amigo de los apóstoles y de los hombres, a nuestro alcance, si bien no carente de cierta dimensión de misterio, expresada con mucha poesía, sobre todo a través de algunos eficacísimos silencios. Sólo Franco Zeffirelli, en su Jesús de Nazaret, se esforzó por mantener juntos los dos rasgos de Él. Ahí se ve a Jesús como hombre entre los hombres, afable y a la mano, pero a la vez como alguien que, con sus milagros y su resurrección, nos sitúa ante el misterio de su persona que trasciende lo humano. No se trata de descalificar los intentos de reproponer en términos accesibles y populares el acontecimiento de Jesús. En su tiempo Jesús no se ofendía si «la gente» le consideraba uno de los profetas. Pero preguntaba a los apóstoles: «¿Y vosotros quién decís que soy yo?», dando a entender que las respuestas de la gente no eran suficientes. El Jesús que la Iglesia nos presenta en la solemnidad de Cristo Rey es el Jesús completo, humanísimo y trascendente. En París se conserva, bajo custodia especial, la barra que sirve para establecer la longitud exacta del metro, a fin de que esta unidad de medida, introducida por la Revolución Francesa, no se altere con el paso del tiempo. De forma similar, en la comunidad de creyentes que es la Iglesia, se custodia la verdadera imagen de Jesús de Nazaret que debe servir como criterio para medir la legitimidad de toda representación suya en la literatura, en el cine, en el arte.

No se trata de una imagen fija e inerte, que hay que conservar al vacío, como el metro, sino de un Cristo vivo que crece en la comprensión misma de la Iglesia, también a raíz de las cuestiones y de las provocaciones siempre nuevas planteadas por la cultura y por el progreso humano. [Traducción del italiano realizada por Zenit] ZS06112401

Friday, November 17, 2006

Jornada Mundial de la Juventud en Sidney

página oficial de la JMJ http://www.wyd2008.org/ (en Inglés)
http://www.wyd2008.org/index.php/es (en español)

Convoca un curso para prepararles para el gran evento SYDNEY, martes, 7 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Preparará para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Sydney y será parte de su legado: se trata del curso para formar a jóvenes líderes, convocado por la organización del gran evento en Australia.Ya está abierta la inscripción a este «Curso de Formación de Jóvenes Líderes» para candidatos de 18 a 30 años que quieran brindar su ayuda en los preparativos locales y nacionales de la JMJ ’08 y tener un papel activo en la futura vida de la Iglesia.Del 15 al 20 de julio de 2008 la ciudad australiana acogerá el gran encuentro de fe y fiesta que reunirá a jóvenes de todo el mundo en torno al Papa. Será la primera visita de Benedicto XVI a Australia.Se prevé la llegada de medio millón de jóvenes peregrinos, incluyendo a unos 125 mil de otros países.Durante tres meses (de marzo a junio del próximo año), el citado curso ofrecerá formación intensiva para que estos jóvenes líderes tengan herramientas para preparar a otros en el camino a la JMJ.Bringelly, al sudoeste de Sydney, acogerá esta iniciativa.Igualmente, ese período formativo brindará habilidades específicas y experiencia para la implementación de programas de la JMJ en ministerios juveniles en las Iglesias locales, apunta el obispo coordinador de esta edición australiana, monseñor Anthony Fisher OP.«Buscamos que este curso impulse el crecimiento y el liderato cristiano, no sólo entre los participantes, sino también en las comunidades a las que regresarán», añade.Confirma que participarán en el curso obispos australianos, teólogos, filósofos, sacerdotes, periodistas y políticos, «todos apasionados por guiar a jóvenes líderes en el sendero de la JMJ».«Es parte de la inversión a largo plazo y del legado que proyectamos para la Jornada Mundial de la Juventud de 2008», añade.Faltan 615 días para el inicio de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará por décima ocasión fuera de Italia, esta vez en Australia.«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hechos 1,8) es el lema elegido esta vez para la convocatoria.Más información sobre el curso en la página oficial de la JMJ http://www.wyd2008.org/ (sección «Australian Parishes and Schools»). Las inscripciones permanecerán abiertas hasta el próximo 31 de enero.

Cómo afrontar la enfermedad y el final de la vida

Autor: Miguel Ángel Monge

Una cuestión de amor
Welby ha sufrido de su dolencia durante muchos años y ahora está confinado a su cama, conectado a una máquina que le ayuda a respirar, informaba el 23 de septiembre el Corriere della Sera.Su petición recibió una amplia cobertura de los medios y ha abierto un debate nacional sobre el tema de la eutanasia. El 24 de septiembre, el periódico La Repubblica informó de que Napolitano había pedido al parlamento que considerara el tema.En los días que siguieron a la petición de Welby algunos grupos y figuras políticas declararon su apoyo a los cambios legales que permitieran alguna forma de eutanasia. Por su parte la Iglesia católica mostró una fuerte oposición contra cualquier tipo de legalización.En una entrevista con La Repubblica el 25 de septiembre, el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, recordaba a los lectores que no podemos ponernos nosotros mismos en lugar de Dios quitándonos nuestras vidas. Nuestra vida es un don de Dios y debe salvaguardarse, afirmaba.El cardenal explicaba, sin embargo, que la oposición de la Iglesia a la eutanasia no significa que defienda un tratamiento médico excesivo que prolongue la vida a costa de un sufrimiento innecesario. El cardenal Lozano Barragán también recomendaba prestar más atención a los tratamientos paliativos, para aliviar los sufrimientos de los enfermos terminales.Por su parte, el obispo de Terni, monseñor Vincenzo Paglia, recomendaba aprender de la experiencia de Cristo en la cruz. En una entrevista publicada el 25 de septiembre en el Corriere della Sera, moneñor Paglia afirmaba que se sintió golpeado por la conjunción de dos imágenes de vídeo enviadas por Welby: la del hombre sufriendo confinado en su cama, y la de un crucifijo en la pared de su habitación. La cercanía del crucifijo a Welby recordaba al obispo las palabras del Evangelio y la presencia de Cristo.Monseñor Paglia indicaba que se necesita más amor para personas, como Welby, para ayudarles a superar su sufrimiento. Este amor no incluye ayudar a nadie a morir, afirmaba el obispo. El amor cristiano nos permite dar nuestras vidas para salvar a los demás, pero no podemos quitar las vidas de otros, observaba.Otro pide más ayuda para vivir Deseo de vivir Cesare Scoccimarro, de 45 años, que sufre de una forma de esclerosis, replicó también a la petición de Welby. Según la agencia de noticias Ansa, Scoccimarro declaró que, a pesar de su grave enfermedad, que le ha confinado a una cama desde 1998, quiere seguir viviendo.Tras conocer la petición de Welby, Scoccimarro, que se comunica por medio de movimientos del ojo, redactó una carta al presidente de Italia. En ella afirmaba que a pesar de estar tan enfermo como Welby, su deseo de vivir es grande. Scoccimarro añadía que las personas en su condición necesitaban más ayudas para hacer frente a las graves dificultades a las que se enfrentan.Este fue el tema principal de un libro recientemente publicado. En «Eutanasia: Spunti per un Dibattito» (Eutanasia: Ideas para un Debate), la profesora de bioética Michele Aramini sostiene, entre otras cosas, la necesidad de una mayor solidaridad con el anciano y el enfermo.Esta solidaridad incluye proporcionar la atención médica y los cuidados paliativos adecuados, pero va más allá de los medios técnicos. Nuestra actitud hacia los demás es también una medida de nuestro nivel de humanidad, afirma Aramini. Además, la enfermedad y el sufrimiento tienen también un sentido moral, que necesitamos recuperar. Es necesario que, a los enfermos que tienen el don de la fe, les ayudemos a vivir sus esperanzas y valores religiosos. Incluso aquellos sin una fe activa necesitan ayuda para percibir el carácter trascendente de la persona humana.Aramini discute la noción de que la eutanasia es necesaria para poner fin al sufrimiento de las personas. Afirma que este suele ser un punto de vista excesivamente simplista del tema. De hecho, los estudios muestran que la mayoría de las personas ancianas que se suicidan tenían relativamente buena salud o, al menos, no tan enfermos como pensaban que estaban.De igual forma, quienes sufren de enfermedades terminales, y quienes quieren suicidarse, suelen sufrir de depresión. La solución para estos casos no es permitirles morir, sino tratar la depresión.Por eso, cuando alguien pide que se le permita suicidarse, continúa Aramini, lo que debemos hacer es investigar la situación de la persona para identificar las causas y proporcionar el tratamiento adecuado que le permita superar este deseo. Desde esta perspectiva, aceptar la idea de la eutanasia no significa ofrecer ayuda a alguien. Más bien significa rechazar ayudarles a hacer frente a sus necesidades.Un derecho poco claro ¿Derecho a morir? En el plano médico, estas necesidades incluyen extender la práctica de los cuidados paliativos de los pacientes y proporcionar el adecuado tratamiento del dolor. Para lograr esto, es necesario preparar mejor a los doctores y enfermeras para hacer frente a las necesidades de los enfermos terminales y de los ancianos. También son necesarias mejoras en la comunicación entre el personal médico, los pacientes y sus familias.Uno de los argumentos utilizados por quienes proponen la eutanasia es el de la autonomía, es decir, el derecho de cada persona a elegir el momento de su muerte. Pero este concepto no es tan decisivo, advierte Aramini.Para comenzar, no podemos estar seguros de que cuando una persona pide la eutanasia lo haga con verdadera voluntad; puede ser el resultado de un momento pasajero de sufrimiento. También hay que tener en cuenta el papel de los médicos y enfermeras. ¿Están obligados a ayudar a la gente a suicidarse sólo porque se lo pidan?Respecto a la cuestión de la autonomía individual, Aramini cuestiona si la muerte de una persona es sólo un tema personal, o si la sociedad también entra en juego. Si aceptamos la existencia de un «derecho a morir» personal y, aún más, si aceptamos un derecho a ser ayudado a morir, corremos el riesgo de devaluar la vida humana.Hay mucho en juego Con frecuencia la petición de morir de una persona enferma está influida por factores subjetivos relacionados con su enfermedad. Si se reconociera un «derecho a morir», sería más fácil que los pacientes se sintieran obligados a elegir la muerte, influidos por el deseo de no ser una carga para los demás. Podrían también sentirse presionados a no seguir utilizando valiosas camas de hospital y otros recursos médicos. Si se acepta ampliamente, la eutanasia podría convertirse en una alternativa económicamente atractiva al hecho de proporcionar un tratamiento caro.Aramini concluye que la legalización de la eutanasia significaría aceptar un punto de vista que hace que el concepto de dignidad humana dependa de la «calidad de vida».Tal dependencia mina el principio del valor y la dignidad incondicionales de cada persona, defiende Aramini. Dañar este principio en nombre de la autonomía personal afecta a la sociedad en su mismo fundamento. Por eso, es erróneo considerar la eutanasia como una decisión meramente personal que sólo afecta al individuo en cuestión.Una vez que perdemos nuestro respeto por el valor de la vida humana, abrimos entonces las puertas a toda clase de abusos, como ha ocurrido en Holanda con la práctica en expansión de la eutanasia, advierte Aramini. La compasión por el enfermo, por lo tanto, no significa acelerar indebidamente su muerte.

Friday, November 10, 2006

Paquito Fernández Ochoa

Tuve la suerte de que recibir clases de esquí de un hermano de Francisco Fernández Ochoa en Navacerrada: Jesús. A Paquito le vi una vez bajando la pista del Pluviómetro a una fortísima velocidad. Con motivo de su fallecimiento, he recordado el oro que ganó en Sapporo 72. Tras una bajada impresionante tuvo la genialidad, antes de llegar a meta, de tumbarse hacia atrás en los esquís, para arañar alguna décima de segundo menos. Su vida ha sido relativamente corta, como el slalom especial en que triunfó. Al tener noticia de cómo ha afrontado el cáncer se puede decir que Paquito ha vivido y ha fallecido con deportividad. Con su entereza, humana y cristiana, ha sabido ser ejemplar en su último torneo y, con todo el alma lo espero, ha vuelto a vencer.

José Ignacio Moreno Iturralde

Chesterton se quitó el sombrero

“Cuando entro en una Iglesia me quito el sombrero,no la cabeza”.

La quinta etapa de la vida de Chesterton coincide con su bautismo católico. En 1900 había conocido a Hilaire Belloc y en 1901 contrajo matrimonio con Frances Blogg, a la que había conocido en 1896. Frances era anglicana practicante y Chesterton la acompañaba a la Iglesia. Fue en esa época cuando comenzó a frecuentar los oficios litúrgicos. También por aquella época profundiza en una idea importante: la humildad.Reflexionando sobre el paganismo y sobre su grotesca parodia moderna se da cuenta de que el Cristianismo ha conquistado el corazón de los hombres a través de la humildad. Por eso frente al deber exigido por la mentalidad moderna el opone el don que ha de ser agradecido. La soberbia, por el contrario, deforma la perspectiva de las cosas e impide ver el mundo tal como es. De ahí que la autoafirmación propia del hombre moderno conduzca también a la ignorancia. Y una de las deformaciones más graves es el gnosticismo que, so pretexto de conocer los arcanos acaba negando el misterio de la Encarnación.Fue la sorpresa ante el mundo y la capacidad de asombro, unidos al agradecimiento por la vida, lo que llevó a Chesterton a abrazar cada vez más la fe hasta pedir el bautismo en 1922. Por fin llegaba a la que denominó la “casa del hombre”. Después, cuando viajó a Roma reafirmó que por fin se sentía en su hogar.Chesterton se bautizó en una sencilla barraca con tejado de uralita. En Beaconsfield aún no habían podido construir la Iglesia. Días antes se paseaba por su casa repasando un pequeño catecismo.

Más tarde, para responder a los que se preguntaban por su conversión al catolicismo escribió:
“Cuando la gente me pregunta a mí o a cualquier otro ¿Por qué te uniste a la Iglesia de Roma?, la primera respuesta esencial, aunque sea en parte incompleta es: “para librarme de mis pecados”. Porque no hay ningún otro sistema religioso que declare verdaderamente que libra a la gente de los pecados. (…) El sacramento de la penitencia da una vida nueva, y reconcilia al hombre con todo lo que vive: pero no como lo hacen los optimistas y los predicadores paganos de la felicidad. El don viene dado a un precio y condicionado a la confesión. He encontrado una religión que osa descender conmigo a las profundidades de mí mismo”.

Wednesday, November 01, 2006

Nostalgia de Dios

En el día de todos los santos supongo que bastantes personas echarán un vistazo a sus álbumes, llenos de recuerdos. Otra costumbre bien arraigada es la visita a las tumbas de los seres queridos. Allí, al considerar la alegría radiante de los bienaventurados, parece que algo de esa luz entra en nuestra vida haciéndola más grata, más amable. No digo que todo el mundo lo experimente así, pero pienso que detrás de todas esas manifestaciones, junto al cariño a los familiares difuntos, existe una nostalgia de Dios.

José Ignacio Moreno Iturralde

Thursday, October 12, 2006

Una historia increíble

Hace unos meses mi amigo Luis recibió una llamada, desde Alemania, de un amigo suyo. Tal amigo le comentó que su mujer estaba embarazada por fecundación artificial. Se había diagnosticado al feto un gran bulto en el cuello de un tamaño similar a la cabeza y les habían sugerido la posibilidad de abortar. Luis, castellano directo, le comentó que a la barbaridad de tener un hijo por fecundación artificial no debía añadir el crimen de una criatura inocente. Su amigo se enfadó con él por tan rotunda respuesta; quizás sin reparar que había llamado para pedir consejo. Tras algún tiempo el amigo de Luis volvió a llamarle para decirle varias cosas: Había desaparecido el bulto del feto, su mujer quería bautizar al niño cuando naciera; para lo que juzgó conveniente bautizarse ella también. Habían decidido llamar al niño Marcos Luis y querían que Luis fuese el padrino del bautismo del niño; cuestión que fue aceptada de inmediato. Queda algo más: El amigo de Luis estaba casado civilmente con su actual mujer; pero con anterioridad se había casado por la Iglesia con otra señora. Recientemente le ha llegado un comunicado de la parroquia donde se casó para decirle que aquél matrimonio no fue válido porque el sacerdote que lo celebró no tenía las oportunas licencias. El próximo día 3 de diciembre tendrá lugar el bautizo del niño.

José Ignacio Moreno Iturralde

Monday, October 09, 2006

La financiación de la Iglesia

El sostenimiento material de la Iglesia para que pueda realizar su servicio de la Palabra, de los Sacramentos y del testimonio de la caridad es, ha sido y será siempre una responsabilidad de sus hijos y una obligación nacida de las exigencias del mandamiento del amor que les vincula y une con su Señor y Salvador. Las necesidades materiales –o económicas– de la Iglesia, inherentes intrínsecamente a la posibilidad del recto ejercicio de su misión, han sido siempre cubiertas por la generosidad de sus fieles, desde los mismos días de la comunidad de discípulos de Jesús y de la primitiva comunidad cristiana hasta el día de hoy. Las formas en las que se ha prestado dicha ayuda ha variado mucho a lo largo de las distintas etapas de su historia. Pero el principio de la contribución de los fieles ha permanecido inalterable como signo e instrumento obligado de su comunión con la Iglesia y sus Pastores. La intervención del Estado y de la sociedad civil con sus leyes y el ordenamiento jurídico de la propiedad y de la economía han condicionado, por otra parte, en todas las épocas no sólo las formas técnicas de las aportaciones de los fieles a la Iglesia, sino incluso su misma viabilidad. En primer lugar, cerrando o abriendo el espacio de libertad personal e institucional para que los ciudadanos pudieran aplicar los recursos económicos, de los que disponían, a este fin y, luego, valorando positivamente o no el papel de la religión en la existencia personal del hombre y en la vida de la sociedad, como un factor de extraordinaria importancia para el bien de cada persona –siempre en busca de una felicidad que trasciende lo que el mundo ofrece y puede ofrecer– y de la sociedad misma, que no puede subsistir sin valores morales compartidos y fundados en principios no cuestionables por el poder humano: los de la justicia, de la solidaridad, de la libertad, del amor y de la paz. El condicionamiento mayor, sufrido por y en la autofinanciación de la Iglesia –como hoy acostumbramos a denominar su sustentación a cargo de sus fieles o de sus bienhechores– a causa del Estado, ocurrió con las leyes de desamortización de principios del s. XIX que la despojaron de sus bienes, fruto de las donaciones generosas de generaciones y generaciones de cristianos a lo largo de muchos siglos. Esta masiva acción expropiadora del Estado cercenó decisivamente las posibilidades económicas del mantenimiento de la vida y el servicio pastoral de la Iglesia en sí mismas y, sobre todo, como resultado de la generosa aportación de sus miembros. Coincidían estas drásticas medidas desamortizadoras, impuestas a la Iglesia, con el comienzo de la creciente tendencia del Estado moderno a asumir y ordenar todos los aspectos de la vida social de sus ciudadanos con una consecuencia: la de fijar y dominar por la vía del sistema fiscal sus recursos económicos, estrechando crecientemente su capacidad de disponer libre y responsablemente de los mismos, más allá de los intereses y objetivos determinados e impuestos por la autoridad política. Los Estados democráticos subvencionan en la actualidad las más variadas actividades que los ciudadanos puedan desarrollar en el terreno del deporte, de las artes, de la cultura, etc., a fin de que puedan ser sencillamente viables. ¿Por qué no las actividades relacionadas con la vida y actividad religiosa? El derecho a la libertad religiosa es intrínseco a la persona humana y anterior a las leyes positivas civiles, sea cual sea su rango. O, dicho con otras palabras, teniendo en cuenta la situación española: el Estado, en su autocomprensión contemporánea, ha de posibilitar eficazmente que también sus ciudadanos –los católicos y otros ciudadanos que coinciden con ellos– puedan contribuir efectivamente a un digno y suficiente sostenimiento de la Iglesia católica. Una de las fórmulas, por directa y expresa, de las más estimadas en la Europa de hoy –con antecedentes muy evidentes en el siglo XX– es la de que puedan destinar para este fin un tanto por ciento de los tributos que pagan al fisco. De ella se ha hecho uso en el Acuerdo firmado por la Santa Sede y el Gobierno Español sobre asuntos económicos después de aprobada la Constitución de 1978 y que está a punto de ser actualizada. El Gobierno y la Conferencia Episcopal Española, actuando ésta con mandato de la Santa Sede, acaban de ponerse de acuerdo en que el porcentaje de deducción del impuesto, que se paga en concepto de la renta de las personas físicas, a favor de la Iglesia Católica, pase del 0’52 al 0’70 %, dejando el Estado de aportar cualquier complemento presupuestario propio a lo recaudado y exigiendo a la Iglesia el pago del impuesto conocido por el IVA cuando adquiera bienes que pertenezcan al ámbito de las actividades propias de su Magisterio, del Culto o la Liturgia y de la Caridad. Queda así eliminada la inseguridad jurídica que había ido creciendo en los últimos tiempos en torno a la forma de la actuación del Estado en relación con su responsabilidad de posibilitar la autofinanciación de la Iglesia y la participación libre de los ciudadanos en la misma. Con ello no se resuelve, sin embargo, en su totalidad –¡ni mucho menos!– el problema de lo que significan las necesidades reales de la financiación de la Iglesia en España. Así lo hemos venido explicando los Obispos Españoles con insistencia en las dos últimas décadas y lo debemos seguir haciendo en esta nueva coyuntura. Lo que se recauda por esta vía de autofinanciación de la Iglesia, facilitada por el Estado, no sobrepasa el 30% de lo que implican sus necesidades pastorales, entendidas y vividas con una gran sobriedad, tanto en lo personal como en lo funcional y estructural. En nuestra Archidiócesis de Madrid apenas supera el 10%. La solidaridad activa de los católicos con la Iglesia en España y en Madrid continúa siendo vitalmente imprescindible y no debe decaer ni en su volumen material, ni en su intensidad espiritual. Al lado de la colaboración por la vía de la deducción del impuesto sobre la renta, propiciada por el Estado, y que no cuesta nada al contribuyente, es preciso seguir ofreciendo la generosa aportación ordinaria y perseverante de todos los fieles en la medida de sus posibilidades –¡ésta sí cuesta!–, como fruto de la caridad eclesial y del amor fraterno que nos une en la Comunión de la Iglesia, cuya Cabeza es Cristo, el Señor, y nosotros sus miembros.

+ Antonio Mª Rouco Varela Cardenal-Arzobispo de Madrid

Thursday, October 05, 2006

DVD: El Papa en Valencia

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Monday, September 25, 2006

El Papa, la razón y el Islam

Firmante: Juan Domínguez
20-09-2006
099/06 Aceprensa.

¿Qué ha pasado para que el discurso más académico de Benedicto XVI en su visita a Baviera, pronunciado en la Universidad de Ratisbona, haya despertado un inesperado aluvión de críticas de portavoces musulmanes? Como suele ocurrir en estos casos, las primeras críticas suelen transmitir una idea simplificada –el Papa habría dicho que el islam es una religión violenta–, y los que vienen detrás se limitan ya a atacar a quien ha pronunciado tal «ofensa», sin preocuparse de conocer el texto y el contexto original.

El discurso pronunciado por Benedicto XVI el 12 de septiembre no versa sobre las relaciones entre el cristianismo y el islam, sino sobre «Fe, razón y universidad». El tema central es una cuestión muy querida en la reflexión del teólogo Ratzinger: la racionalidad de la fe, el interrogarse sobre Dios por medio de la razón, la convergencia entre la fe bíblica y la filosofía griega.

En este contexto, y con el estilo habitual de un académico que hace una cita que viene bien para el desarrollo de su tema, menciona el diálogo entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo (1350-1425) y un erudito persa sobre el cristianismo y el islam. Manuel II Paleólogo, hijo del emperador, había sido rehén en la corte otomana, sufrió la constante presión turca sobre Constantinopla y fue un erudito, autor de obras teológicas y retóricas.

Los párrafos incriminados dicen así: «En el séptimo coloquio editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la "jihad" (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 se lee: "Ninguna constricción en las cosas de la fe". Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el Emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre aquellos que poseen el "Libro" y los "incrédulos", él, en modo sorprendentemente brusco, se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: "Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba". El Emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es una cosa irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no goza de la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Quien por lo tanto quiere conducir a otro a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, no de la violencia ni de la amenaza"».

Lo que Benedicto XVI quiere destacar aquí no es el «brusco» juicio del emperador sobre la acción de Mahoma, sino la concepción cristiana del modo de actuar de Dios. «La afirmación decisiva –prosigue Benedicto XVI– en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios (...). Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad».

De lo que está hablando el Papa es «del encuentro entre fe y razón, entre auténtica Ilustración y religión. Partiendo verdaderamente desde la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, desde la naturaleza del pensamiento helenístico fusionado ya con la fe, Manuel II podía decir: No actuar "con el logos" es contrario a la naturaleza de Dios». Dios no actúa de modo arbitrario, sino de acuerdo con la razón creadora; y el hombre, para cumplir el proyecto divino, debe actuar conforme a la razón.

Dos modos de concebir a Dios

Benedicto XVI contrapone aquí dos modos de concebir la trascendencia divina. En un caso, «la trascendencia y la diversidad de Dios son acentuadas en modo tan exagerado, que también nuestra razón, nuestro sentido del verdadero y del bien no son ya un verdadero reflejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraste con ello, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía».

El secretario de Estado vaticano, cardenal Bertone, ha aclarado en un comunicado que al citar el juicio del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, el Santo Padre no pretendía asumirlo, sino sólo utilizarlo para desarrollar en un contexto académico «algunas reflexiones sobre el tema de la relación entre religión y violencia en general y concluir con un claro y radical rechazo de la motivación religiosa de la violencia, independientemente de donde proceda».

No se trata de un problema de choque de civilizaciones. El mismo comunicado recuerda la advertencia, dirigida en otro discurso de Benedicto XVI a la cultura occidental secularizada, para que se evite «el desprecio de Dios y el cinismo que considera la irrisión de lo sacro como un derecho de la libertad».

En el mismo discurso en la Universidad de Ratisbona el Papa ha afirmado que la dimensión religiosa es esencial para un fructuoso diálogo entre culturas: «Las culturas profundamente religiosas del mundo ven la exclusión de lo divino de la universalidad de la razón como un ataque a sus convicciones más íntimas. Una razón que es sorda ante lo divino y que relega a la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de participar en el diálogo entre las culturas».

Los portavoces islámicos deberían comprender que Benedicto XVI, al defender la apertura de la modernidad a Dios, está abriendo también espacio para todas las religiones. Y deberían plantearse si las dificultades del islam para encontrar su lugar en el mundo moderno provienen, no de los enemigos exteriores siempre invocados (los nuevos «cruzados», el Occidente agresor, los colonialistas), sino de un problema no resuelto entre la razón y la fe coránica.

Wednesday, September 20, 2006

Las palabras del Papa

He leído once libros del Papa, así como su encíclica"Deus Caritas est"; también un buen número de sus homilías e intervenciones y su discurso en Ratisbona. Me parece, como modesto profesor de filosofía y religión, que tal discurso es una reivindicación del papel de la razón al servicio de la fe para el diálogo y la fraternidad. La cita que ha desatado las iras de algunos musulmanes es una muestra ante la que el mismo Papa siente "estupor" y en ningún momento hace suya; trata de un problema histórico de falta de entendimiento. Se ha sacado de contexto esa cita y se ha malinterpretado. Es absurdo plantear tal cita como un ataque al Islam cuando lo que el discurso pretende es lo contrario. Otra cosa es que todos los creyentes de las diversas religiones, incluido el cristianismo, se planteen el necesario respeto con que han de tratarla dignidad humana de cualquier persona.

José Ignacio Moreno Iturralde

Tuesday, September 19, 2006

La religiosa asesinada en Somalia murió perdonando a sus asesinos

MOGADISCIO, lunes, 18 septiembre 2006 (ZENIT.org).- «Perdono, perdono, perdono». Estas fueron las últimas palabras de la misionera italiana asesinada este domingo en Mogadiscio, Somalia. Sor Leonella Sgorbati, nacida en Piacenza, Italia, en 1940, pertenecía a las religiosas misioneras de la Consolata y dirigía junto a tres hermanas en religión una escuela y el hospital pediátrico «SOS Kindergarten» en la capital del país africano. Sus asesinos estaban escondidos en coches estacionados en la carretera del hospital y dispararon a bocajarro contra la religiosa y contra una persona de seguridad del hospital, que también falleció, según ha explicado sor Marzia Feurra, misionera de la Consolata, a la agencia MISNA. La religiosa no murió al instante. La llevaron en una camilla al hospital. «Trabajadores del hospital trajeron unas cuatro o cinco bolsas de sangre, pero salía la misma cantidad que la sangre introducida», narra su hermana en religión. «Cuando llegó el cirujano nos dijo que no había nada que hacer. Sor Leonella todavía estaba viva, su sudor era frío. Nos dimos la mano, nos miramos, y antes de apagarse como una vela, en tres ocasiones, me repitió sus palabras de perdón: “Perdono, perdono, perdono”». «Fueron sus últimas palabras», afirma sor Marzia. Los funerales de la religiosa se celebrarán el próximo jueves en la Iglesia de la Consolata en Nairobi. La ceremonia será presidida por monseñor Giorgio Bertin, obispo de Gibuti y administrador apostólico de Mogadiscio.

La Comisión europea defiende al Papa ante las reacciones "desproporcionadas"

BRUSELAS, lunes, 18 septiembre 2006 (ZENIT.org).- La Comisión Europea calificó hoy de «inaceptables» las reacciones «desproporcionadas y que rechazan la libertad de expresión» como las producidas tras las palabras sobre el Islam que Benedicto XVI pronunció en un discurso en una universidad alemana. «La libertad de expresión es una piedra angular de los valores de la UE, como lo es el respeto a todas las religiones, cristianismo, islam, judaísmo o laicismo», afirmó este lunes en una rueda de prensa el portavoz de la Comisión, Johannes Laitenberger. Asimismo, señaló que hay que tener en cuenta el discurso del Papa «en su conjunto» y no reaccionar a «frases fuera de contexto y menos aún a frases sacadas deliberadamente de contexto», según refiere la agencia EFE. No obstante, el portavoz hizo hincapié en que no es la Comisión Europea la que debe clarificar o interpretar «la contribución teológica del Papa a un debate teológico» y recordó que la Santa Sede ya ha dado explicaciones.

El Papa de la razón

ABC, 18.IX.06
Por JUAN MANUEL DE PRADA

PRODUCE consternación que un discurso tan bellamente argumentado, tan límpido y sutil, tan luminoso y benéfico como el que Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona haya sido empleado por los fanáticos islamistas para desatar una ola de violencia vesánica. Pero la consternación, y la repulsión, y la náusea, alcanzan cúspides difícilmente superables ante el silencio cetrino, acobardado o lacayuno con que los gobernantes occidentales han acogido tales muestras de violencia; silencio que no es sino la expresión claudicante de una Europa que ha renunciado a defender los principios que se asientan sobre la razón, los principios que fundan su genealogía espiritual, para inclinar dócilmente la testuz ante el hacha que blande el verdugo. Espectáculo de vileza infinita, de cobardía blandengue, de rendición monstruosa de la razón ante el acoso de la barbarie, merecedor por sí solo de ocupar un voluminoso volumen en la historia universal de la infamia. En cierta ocasión, escribí que no acepto otra autoridad que la que viene de Roma; hoy, ante este denigrante episodio de ignominia, en el que un hombre vestido de blanco hace frente en soledad a las hordas del fanatismo, mientras los mandatarios del mundo occidental le vuelven la espalda, me ratifico en esta impresión. No hay otra esperanza para el mundo que hemos heredado, el mundo que esa patulea de dimisionarios abyectos está vendiendo en pública almoneda, que la fuerza espiritual que irradia Roma.

¿De qué trataba el discurso del Papa? ¿No queda una sola mente inquisitiva, mínimamente curiosa, capaz de leerlo con atención, sustrayéndose a las pildoritas desenfocadas que nos ofrecen los noticiarios televisivos, como el pienso que se ofrece al ganado? Benedicto XVI habló de la necesidad de interrogarse sobre Dios por medio de la razón. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios; no actuar según la razón equivale a negar la naturaleza de Dios. «Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios», leemos en el prólogo del Evangelio de San Juan. «Logos», que es la palabra originaria que San Juan utiliza para designar el Verbo, significa a la vez «palabra» y «razón». En esa frase vertiginosa se logra el encuentro pleno entre la fe cristiana y el pensamiento griego: Dios, el Señor del tiempo, no actúa arbitrariamente, sino que todas sus acciones están regidas por la razón creadora; y sólo el hombre que piensa y actúa de forma razonable puede llegar a conocerlo en plenitud. A esta fe en un Dios que actúa con «logos» se opone una fe patológica que se trata de imponer con la espada; también una razón tan exclusivista y tiránica que pretende confinar la fe en el ámbito de lo subjetivo. Sólo si conseguimos que la razón y la fe avancen juntas -afirmó el Papa- lograremos un diálogo genuino de culturas y religiones. Y concluyó: ««No actuar razonablemente (con logos) es contrario a la naturaleza de Dios», dijo Manuel II Paleólogo. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran logos, esta amplitud de la razón».

Parece natural que un discurso tan perspicaz y dilucidador de la naturaleza de la verdadera fe haya enardecido a quienes entienden la religión como una vindicación de la barbarie y a Dios como una fuerza irracional, arbitraria, que se regodea en la crueldad e impulsa a los seres humanos a matar en su nombre. Más escandalosa que el furor de los energúmenos que afilan el hacha para descargarla sobre nuestra testuz resulta la cobardía moral, la tibieza, la claudicación de esa patulea de gobernantes que se han abstenido de salir en defensa del vapuleado Papa, que es tanto como abstenerse de salir en defensa del mejor legado occidental, ése que se funda sobre la razón constructora. ¿A alguien le queda todavía alguna duda de que semejante patulea no tardará, genuflexa y temblorosa, en entregar tal legado en bandeja de plata, para que lo pisotee la codicia destructora de los bárbaros?

Sunday, September 17, 2006

El Papa, apenado, aclara el sentido de sus palabras que han ofendido a musulmanes

Intervención al rezar la oración mariana del Ángelus
CASTEL GANDOLFO, domingo, 17 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este domingo en la residencia pontificia del Castel Gandolfo al rezar el Ángelus.

* * *Queridos hermanos y hermanas: El viaje apostólico a Baviera, que realicé en los días pasados, ha sido una intensa experiencia espiritual en la que se han entrecruzado recuerdos personales, ligados a lugares que para mí son sumamente familiares, y perspectivas pastorales para un eficaz anuncio del Evangelio en nuestro tiempo. Doy gracias a Dios por los consuelos interiores que me ha permitido vivir y expreso mi reconocimiento al mismo tiempo a todos los que han trabajado activamente por el éxito de mi visita pastoral. Como es costumbre, hablaré de ella más ampliamente durante la audiencia general del miércoles próximo.

En este momento sólo deseo añadir que me siento muy apenado por las reacciones suscitadas por un breve pasaje de mi discurso en la Universidad de Ratisbona, considerado ofensivo para la sensibilidad de los creyentes musulmanes, mientras que en realidad se trataba de una cita de un texto medieval, que no expresa de ninguna manera mi pensamiento personal. Por este motivo, ayer el señor cardenal secretario de Estado hizo pública una declaración en la que explicaba el auténtico significado de mis palabras. Espero que esto sirva para calmar los ánimos y para aclarar el verdadero significado de mi discurso, que en su totalidad era una invitación al diálogo franco y sincero, con gran respeto recíproco.

Ahora, antes de la oración mariana, deseo reflexionar sobre dos recientes e importantes festividades litúrgicas: la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada el 14 de septiembre, y la memoria de la Virgen de los Dolores, celebrada el día después. Estas dos celebraciones litúrgicas pueden resumir de una manera visual en la tradicional imagen de la Crucifixión, que representa a la Virgen María a los pies de la Cruz, según la descripción del Evangelista Juan, el único apóstol que permaneció junto a Jesús en la hora de su muerte. Pero, ¿qué sentido tiene «exaltar» la Cruz? ¿No es quizá escandaloso venerar un patíbulo infamante? El apóstol Pablo dice: «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles» (1 Corintios 1,23). Los cristianos, sin embargo, no exaltan una cruz cualquiera, sino a esa Cruz que Jesús santificó con su sacrificio, fruto y testimonio de amor inmenso. Cristo, en la Cruz, derramó toda su sangre para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte. Por este motivo, la Cruz se transformó de signo de maldición en signo de bendición, de símbolo de muerte en símbolo por excelencia del Amor que es capaz de vencer al odio y a la violencia y que genera la vida inmortal. «O Crux, ave spes unica! Oh Cruz, esperanza única», canta la liturgia. El evangelista escribe: al pie de la Cruz estaba María (Cf. Juan 19, 25-27). Su dolor forma una sola cosa con el dolor del Hijo. Es un dolor lleno de fe y de amor. La Virgen en el Calvario participa en la potencia salvífica del dolor de Cristo, uniendo su «fiat» con el del Hijo. Queridos hermanos y hermanas: espiritualmente unidos a la Virgen de los Dolores, renovemos también nosotros nuestro «sí» a Dios, que escogió el camino de la Cruz para salvarnos. Se trata de un gran misterio que todavía tiene lugar hasta el fin del mundo y que exige también nuestra colaboración. Nos ayude María a tomar cada día nuestra cruz y a seguir fielmente a Jesús por el camino de la obediencia, del sacrificio y del amor. [Tras reza el Ángelus, el Papa dirigió un saludo en varios idiomas a los peregrinos. En español, dijo:] Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en especial al grupo de militares venezolanos aquí presentes. Pidamos a María Santísima que, mediante la meditación cotidiana de los misterios de Cristo, lleguemos a reconocerlo como nuestro único y verdadero Salvador, siendo siempre testigos de su amor. ¡Feliz Día del Señor!

Saturday, September 16, 2006

Declaración del Cardenal Bertone sobre el discurso del Papa Benedicto XVI en Ratisbona

Declaración del cardenal Bertone, nuevo secretario de Estado, sobre las reacciones islámicas al discurso pronunciado por Benedicto XVI en Ratisbona CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 16 septiembre 2006 (ZENIT.org).- A raíz de las reacciones musulmanas ante algunos pasajes del discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, ha publicado este sábado la declaración siguiente:

* * *--La posición del Papa sobre el Islam está sin lugar a dudas expresada en el documento del Concilio Vaticano II Nostra Aetate: «La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno» (n. 3).

--La opción del Papa a favor del diálogo interreligioso e intercultural es asimismo inequívoca. En el encuentro con los representantes de algunas comunidades musulmanas en Colonia, el 20 de agosto de 2005, dijo que este diálogo entre cristianos y musulmanes «no puede reducirse a una opción temporal», añadiendo: «Las lecciones del pasado tienen que servirnos para evitar que se repitan los mismos errores. Queremos buscar los caminos de la reconciliación y aprender a vivir respetando la identidad del otro». --Por lo que se refiere al juicio del emperador bizantino Manuel II Paleólogo, citado por él en el discurso de Ratisbona, el Santo Padre no pretendía ni pretende de ningún modo asumirlo, sólo lo ha utilizado como una oportunidad para desarrollar en un contexto académico y según resulta de una atenta lectura del texto, algunas reflexiones sobre el tema de la relación entre religión y violencia en general y concluir con un claro y radical rechazo de la motivación religiosa de la violencia, independientemente de donde proceda . Vale la pena recordar lo que el mismo Benedicto XVI afirmó recientemente en el mensaje conmemorativo del vigésimo aniversario del encuentro interreligioso de oración por la paz convocado por su predecesor Juan Pablo II en Asís, en octubre de 1986: «Las manifestaciones de violencia no pueden atribuirse a la religión en cuanto tal, sino a los límites culturales con las que se vive y desarrolla en el tiempo… De hecho, testimonios del íntimo lazo que se da entre la relación con Dios y la ética del amor se registran en todas las grandes tradiciones religiosas».

--Por tanto, el Santo Padre está profundamente disgustado por el hecho de que algunos pasajes de su discurso hayan podido parecer ofensivos para la sensibilidad de creyentes musulmanes y hayan sido interpretados de una manera que no corresponde de ninguna manera a sus intenciones. Por otra parte, ante la ferviente religiosidad de los creyentes musulmanes ha advertido a la cultura occidental secularizada para que evite «el desprecio de Dios y el cinismo que considera la ridiculización de lo sagrado como un derecho de la libertad». --Al confirmar su respeto y estima por quienes profesan el Islam, el Papa desea que se les ayude a comprender en su justo sentido sus palabras para que, una vez superado este momento difícil, se refuerce el testimonio en el « único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres» y la colaboración para promover y defender «unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (Nostra Aetate, n. 3).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

Friday, September 15, 2006

Dolorosa

"Estaba la Dolorosa
junto al leño de la Cruz..."
¡Qué manera tan graciosa
de enseñarnos la preciosa
lección del callar doliente!
Tronaba el cielo rugiente,
la tierra se estremecía,
bramaba el agua... María
estaba, sencillamente.

José María Pemán

Thursday, September 14, 2006

La Cruz explica el mundo

Hace no muchos años existían los negativos de las fotos: se trataba de unos feos espectros de la realidad. Estos negativos se metían en un líquido específico que revelaba las fotografías, dándoles el color y la capacidad de ser reconocidas como momentos de la vida personal y familiar. El 14 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Pensaba en la Sangre del Redentor como el líquido que transforma los desastres de este mundo en una realidad inefable. No pretendo decir que la vida sea mala, pues tiene tantas cosas estupendas. Tampoco aspiro a que el ejemplo puesto sea muy bueno. Pero quiero afirmar que la Cruz de Cristo, a la que se accede por la fe, es la única explicación razonable para un mundo totalmente insuficiente en sí mismo, como queda patente al observar tantos millones de víctimas inocentes.


José Ignacio Moreno Iturralde

Saturday, September 09, 2006

Benedicto XVI quiere suscitar la alegría del cristianismo en Baviera

Carta a los lectores del semanario católico «Münchener Kirchenzeitung» CIUDAD DEL VATICANO, viernes 8 septiembre 2006 (ZENIT.org) -.

Benedicto XVI ha confesado a sus compatriotas sus esperanzas para el viaje a Baviera que emprende este sábado: suscitar la alegría del cristianismo y hacer que los jóvenes recuperen la confianza en la Iglesia. El pontífice ha dejado espacio a estas confidencias en una carta que ha enviado a los lectores del «Münchener Kirchenzeitung», el semanario católico de la archidiócesis de Munich y Freising, con motivo de su visita a Baviera que tendrá lugar del 9 al 14 de septiembre. En su peregrinación, recorrerá algunos de los lugares decisivos para la vida de Joseph Ratzinger: Munich, la ciudad de la que fue arzobispo de 1977 a 1982; el Santuario de Altötting, símbolo del catolicismo bávaro; Marktl am Inn, su pueblo natal; y Ratisbona, ciudad en la que fue catedrático, en la que vive su hermano, y en la que se encuentran sepultados sus padres y su hermana. «Quisiera expresar, como deseo del fondo de mi corazón, que mi vista a mi patria pueda despertar la alegría en el cristianismo y sobre todo que pueda reforzar la confianza en la responsabilidad que se ha asumido la comunidad eclesial de realizar un futuro humano para todos», escribe el Papa en su carta autógrafa firmada el 15 de agosto. «A esto, uno también la esperanza de que haya cada vez más jóvenes que puedan superar sus dudas en la capacidad de futuro de la Iglesia y seguir la vocación de servicio como sacerdotes o religiosos», indica. Al explicar los motivos de esta cuarta peregrinación apostólica internacional el Papa bávaro reconoce que «en mis años romanos y aún más intensamente tras mi elección como sucesor de Pedro, he recibido muchas atenciones precisamente de Baviera, que quisiera agradecer e intercambiar de todo corazón». El lema de la visita, escogido por los obispos bávaros es «¡Quien cree, nunca está solo!». La esperanza del Papa es que en Baviera, el «cristianismo», «a veces cansado», «pueda vivir un tiempo de Pentecostés y sacar valentía para un nuevo despertar».

8 de Octubre: Jornada Mundial de Oración por la Vida Humana

Congreso en Fátima: «María, te confiamos la causa de la vida»

FÁTIMA, viernes, 8 septiembre 2006 (ZENIT.org).- El Apostolado Mundial de Fátima promueve, el próximo 8 de octubre, una Jornada Mundial de Oración por la Vida Humana.

En esta ocasión, todos los católicos están llamados a recitar el rosario, mientras que todas las demás religiones están invitadas a orar, según su fe, durante veinte minutos, creando una corriente mundial de oración.

Para registrar la intención de oración es necesario acceder al sitio web del Apostolado Mundial de Fátima (www.worldfatima.com).

Junto a esta iniciativa, del 4 al 8 de octubre, tendrá lugar en Fátima, Portugal, el Congreso «María, te confiamos la causa de la vida».

Según recuerdan los organizadores, en su encíclica «Evangelium Vitae», Juan Pablo II escribió: «movido por la firme solicitud por cada hombre y mujer, repito hoy a todos cuanto he dicho a las familias comprometidas en sus difíciles tareas en medio de las insidias que las amenazan: es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero» (nº 100).

El Congreso tiene por tanto como objetivo principal realizar este deseo de Juan Pablo II, divulgándolo entre todos los creyentes y poniéndolo en práctica.

Los organizadores esperan, a través del compromiso en la construcción de una cultura de la vida, apoyar también el esfuerzo pastoral de Benedicto XVI, en el Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Valencia, España, en julio pasado, y que, en su encíclica «Deus Caritas Est», llevó al corazón de todos los creyentes un mensaje de amor.

Los organizadores del Congreso de Fátima son el Apostolado Mundial de Fátima, Human Life International, Helpers of God’s Precious Infants (fundado por monseñor Philip J. Reilly), Europaische Arzteaktion (Médicos Europeos). El evento tiene además el apoyo del Consejo Pontificio para la Familia.

Participan también nombres destacados relacionados con el movimiento pro vida y con Fátima, como monseñor Karl Josef Romer, secretario del Consejo Pontificio para la Familia; monseñor Serafim Silva, obispo emérito de la diócesis de Leiría-Fátima; Isilda Pegado, presidenta de la Federación Portuguesa por la Vida; Luis Kondor, vicepostulador de la causa de canonización de los Pastorcillos; monseñor Vítor Feytor Pinto, miembro del Consejo Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida; sor Virginia Beretta, hermana de Santa Juana Beretta Molla; Américo Lopez Ortiz, presidente del Apostolado Mundial de Fátima.

[Para más información ver www.fatima-pro-life-congress-2006]

Saturday, September 02, 2006

Película Karol-II


JUAN PABLO II
Actor: Jon Voight

2 DVD en un solo estuche

Idiomas: Español e Inglés.

Juan Pablo II se convirtió en un Símbolo de fe inquebrantable; entregó su vida en favor de su misión y a pesar de una grave enfermedad, cargó con su cruz para llevar una multitud de creyentes por los caminos de Dios y la Salvación.
Duración: más de 200 minutos
Precio: 20 Euros.
CASABLANCA COMUNICACIÓN
arvo@casablan.org
www.casablan.org

Tfno.: 923.26.13.03 - Fax.: 923.21.65.11

Se publica en ruso el libro Camino

NOVEDAD EDITORIAL EN RUSO

CAMINO

San Josemaría Escrivá de Balaguer

Precio: 10 Euros.PARA MAYOR INFORMACIÓN DIRIGIRSE A:arvo@casablan.org
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16 de septiembre: Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad

Monday, August 14, 2006

Iglesia y democracia

Pamplona, Octubre de 2004

Con frecuencia los católicos tenemos que oír que no estamos acomodados a la vida democrática. Esta acusación puede producir inseguridad y malestar en algunos de nosotros. Vale la pena que nos preguntemos seriamente si la fe cristiana dificulta realmente el desarrollo de una cultura democrática.Si esto fuera así, sería dificil de explicar que la democracia haya nacido precisamente en el seno de los países de cultura cristiana. Sin exageración podemos decir que los principios que rigen la vida democrática han nacido del cristianismo. La igualdad y los derechos de las personas, la soberanía de los pueblos, el concepto de autoridad como servicio al bien común y no como simple dominio o imposición, la igualdad de todos ante la ley, todo esto, nace históricamente de la experiencia cristiana y de los valores morales del cristianismo. Incluso cuando semejantes ideas se afirman contra la Iglesia, quienes las defienden son hijos de la tradición y de la cultura cristianas.No es difícil mostrar la compatibilidad entre la Iglesia y la vida cristiana con la organización democrática del Estado. El Estado democrático se organiza como defensor y protector de las libertades de los ciudadanos. Entre estas libertades o derechos de los ciudadanos están universalmente reconocidas como algo esencial la libertad de conciencia y la libertad religiosa. Ahora bien, la Iglesia, que ha sabido vivir en todas las épocas y situaciones de la historia, entiende que, en las sociedades modernas y democráticas, puede y debe vivir en el espacio de la libertad religiosa plenamente reconocida, sin privilegios ni discriminaciones de ninguna clase. Los ciudadanos son quienes en virtud de su propia decisión personal abren el espacio necesario para que la vida religiosa y moral tenga un lugar en la sociedad y las instituciones civiles puedan legítimamente tratar con las instituciones religiosas que representan en materia religiosa la voluntad y los derechos civiles de los ciudadanos.

Desde estos principios, en los momentos de la transición política, asumimos los españoles la figura de un Estado no confesional. Algo bastante diferente del Estado laico de tradición francesa. El Estado democrático no confesioal es aquel que, sin tener ninguna religión como propia, protege positivamente la práctica religiosa de sus ciudadanos como parte del bien común, sin imponer preferencias ni rechazos que no vengan impuestos por las exigencias del bien común o del orden público. Aunque el Estado no sea confesional, la sociedad sí puede serlo, tal como lo decidan libremente los ciudadanos en el legítimo derecho de su libertad en materias religiosas. Ellos son quienes, en el ejercicio de su libertad, dan un determinado tono religioso a la vida social. Dentro del patrimonio cultural y espiritual de una sociedad entran de manera relevante las tradiciones religiosas y las convicciones morales de sus ciudadanos, su propia historia espiritual y religiosa. El Estado sirve y protege la libertad de los ciudadanos y por tanto también la vida religiosa que ellos libremente quieran tener y desarrollar. Un Estado no beligerante en materias religiosas no puede imponer ni excluir una determinada confesión en contra de otra, ni tampoco ignorarlas a todas en favor de una pretendida profesión de laicismo. Esto es exactamente lo que dice el artículo 16 de la actual Constitución española.En el momento de la transición muchos pensábamos que con la nueva situación social de la Iglesia, iría desapareciendo el anticlericalismo y las diferencias de sensibilidad religiosa dejarían de ser un problema en la nueva sociedad democrática. Pero parece que no es así. Un movimiento de reacción contra la antigua situación de confesionalidad estatal, en la que no se reconocía plenamente el derecho a la libertad religiosa, sigue dando argumentos a personas e instituciones para considerar a la Iglesia y a los católicos como un peligro para una sociedad verdaderamente democrática.Lo que algunos consideramos tratamiento justo de la vida religiosa de los ciudadanos en el marco de la sociedad civil, otros lo consideran como confesionalismo remanente. Para remediarlo propugnan la laicización del Estado y pretenden configurar una sociedad laica, sin ninguna referencia religiosa ni moral, sin otra norma objetiva que el pleno reconocimiento de una omnímoda y quimérica libertad que termina siendo un auténtico nihilismo moral. Ante semejante propósito surgen inevitablemente muchas preguntas. Si el Estado está al servicio de una sociedad concreta ¿no deben los gobernantes tener en cuenta y favorecer las decisiones y preferencias religiosas y morales de los ciudadanos? ¿Acaso la religión o las religiones libremente profesadas por los ciudadanos no forman parte del patrimonio cultural y espiritual de la sociedad tal como existe en realidad? ¿Acaso los ciudadanos no necesitan una referencia objetiva para encauzar su libertad por los caminos de un progreso auténticamente humano? ¿Es que el legislador no tiene el deber de discernir moralmente lo que verdaderamente favorece el bien común de los ciudadanos?
En nuestra sociedad está apareciendo con fuerza una corriente de pensamiento político que considera que la democracia crece solamente cuando la religión ha sido eliminada de la vida pública. Para quienes opinan así, la democracia solamente puede realizarse en un clima de estricto laicismo, en el que las instituciones públicas desconocen la vida religiosa de los ciudadanos y ésta pasa a ser una actividad estrictamente privada, sin ninguna consideración por parte de las instituciones públicas ni ninguna influencia en el desenvolvimiento de la vida social y pública. De esta manera volvemos a los planteamientos de los partidos laicistas antes de aquel consenso constitucional que permitió la transición política de manera pacífica y el establecimiento de la democracia. Este conflicto aparece en la concepción de la escuela pública. Son muchos los que piensan que la escuela pública tiene que ser enteramente laica. La formación moral de los jóvenes queda restringida a una formación para la democracia y la convivencia. Bien está, pero ¿dónde apoyar sólidamente los principios y los valores de la justicia y de la convivencia? El conocimiento y la educación impartida en la escuela tiene que responder a la realidad histórica y existencial de la vida humana, que no es precisamente laica. La imagen laica de la vida es una abstracción y una imposición. Porque la realidad no es así.Nosotros pensamos que la escuela pública tiene que ayudar a comprender la entera existencia humana, también la vida religiosa. Creemos también que la educación escolar tiene que incluir la necesaria educación para que aprendan a convivir pacíficamente hombres y mujeres de distintas religiones. Por eso la escuela pública tiene que tener en cuenta y reflejar la condición religiosa de la sociedad y de los ciudadanos. Por una razón muy sencilla: el Estado tiene que estar al servicio de las libertades de los ciudadanos. También de su libertad religiosa. Si la mayoría de los ciudadanos quieren una escuela cristiana, la escuela tendrá que responder a los deseos de los padres. Y si hay minorías significativas que la quieran protestante, musulmana o laica, habrá que tener en cuenta también estos deseos, bien sea creando centros públicos distintos para las diferentes religiones o admitiendo en el colegio común un pluralismo intraescolar proporcional al de la sociedad real. Las preferencias de quienes están en el gobierno no pueden ser el último factor determinante de las características de los centros. Un modelo de escuela pública, impuesto desde una ideología, en contra del querer y sentir de los ciudadanos, no sería verdaderamente democrático sino autoritario y sectario.

Esta misma concepción está en el origen de algunas objeciones que se hacen contra la posibilidad de subvencionar las actividades de la Iglesia con dinero público. Si en la vida social concreta está presente la Iglesia por expresa voluntad de los ciudadanos que profesan una determinada religión, no se ve por qué el Estado no puede dedicar fondos a apoyar el ejercicio de esa religión libremente profesada por los ciudadanos. En un barrio determinado no todos los vecinos van al templo católico. Como tampoco van al teatro, al cine, al polideportivo, a la universidad o a las conferencias del ateneo. Pero sí es de interés general que los ciudadanos que quieran puedan participar en esas actividades y tengan donde hacerlo. No hay razones de naturaleza democrática, que prohíban unas posibles subvenciones del Estado a las instituciones religiosas, en la medida en que son libremente queridas y frecuentadas por los ciudadanos. Y no sólo para las actividades humanitarias sino también para el culto en su sentido más estricto.La cuestión de fondo consiste en saber si la religión, y en concreto la fe cristiana, aporta algo positivo a la vida democrática o significa más bien un peligro que conviene debilitar y alejar en cuanto sea posible. Los laicistas piensan que la religión manifiesta una mente primitiva, poco racional y poco científica, inclinada a las posiciones fundamentalistas y autoritarias, origen de intransigencias y de conflictos, y por todo ello poco favorable para la vida democrática. Los cristianos, en cambio, sabemos que nuestra fe, no del mismo modo todas las religiones, refuerza los principios básicos de la vida democrática, como son, por ejemplo, el valor sagrado de las personas, la igualdad e inviolabilidad de sus derechos, las cualidades fundamentales del matrimonio y de la familia, la justificación de la autoridad como servicio al bien general, el respeto a la conciencia moral de cada persona, la existencia de un orden moral objetivo reconocido como vinculante para las actuaciones de todos, también en el ejercicio de las diferentes actividades políticas.

Causa perplejidad oír a algunos políticos lamentarse de una pretendida asimetría en la configuración religiosa de la sociedad española. Dan a entender que sería más democrático que los españoles se distribuyeran en varias religiones, de forma más simétrica y en proporciones más parecidas. Asombra pensar que un gobierno democrático pueda sentirse llamado a modificar el perfil religioso de nuestra sociedad, como la mayoría sociológica de la fe católica fuera una amenaza para la calidad democrática de nuestra convivencia. Este proceder sí que sería directamente contrario a la naturaleza de un Estado no confesional. Quede bien claro que los católicos podemos vivir en democracia con entera normalidad, sin ocultar nuestra condición de católicos, actuando en todo de acuerdo con nuestra conciencia, seguros de que de esta manera enriquecemos la vida democrática y fortalecemos sus instituciones. De ninguna manera debemos aceptar la idea de que para ser buen demócrata haya que ser relativista en lo religioso y en lo moral, y crítico con la doctrina y las instituciones de la Iglesia. Ni podemos aceptar una visión de las cosas según la cual España, para ser plenamente democrática, tendría que dejar de ser mayoritariamente católica.En una sociedad democrática, los cristianos, con su vida, hacen presente la sabiduría y la bondad de Dios y ponen de manifiesto la fecundidad social y humanizadora de sus dones.. Ellos han de ser el rostro elocuente de la Iglesia en la nueva sociedad, y son también la mejor contribución de la Iglesia al bien común y al buen funcionamiento de las instituciones democráticas. Para ello es necesario y suficiente que vivan de verdad arraigados en la persona y en el mensaje de Jesús, que sientan el gozo de comunión católica, que practiquen el mandamiento del amor fraterno en las diversas situaciones de la vida social, que iluminen y valoren la vida de cada día con la luz de la fe y apoyen con sus actividades y sus votos las propuestas que les parezcan más favorables para el bien común. Este es, hoy, el reto de los católicos españoles, un gran reto, exigente y estimulante.

Mons. Fernando Sebastián Aguilar,Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Sunday, August 06, 2006

Transfiguración del Señor

Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del próximo domingo ROMA, sábado, 5 agosto 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, fiesta de la Transfiguración del Señor.
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Transfiguración del Señor
6 de agosto de 2006 Daniel 7, 9-10.13-14; 2 Pedro 1, 16-19; Marcos 9, 2-10En lugar del XVIII domingo del Tiempo Ordinario, este año se celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor. El episodio de la Transfiguración, como se lee en los Evangelios, refleja ciertamente la fe posterior de la Iglesia, pero se basa en un hecho ocurrido realmente. «El relato hace pensar un acontecimiento verdaderamente sucedido en Jesús, más que en una visión subjetiva de los tres discípulos o de uno de ellos» (H. Schurmann). Negar a la Transfiguración la relevancia histórica y el carácter sobrenatural y objetivo atestiguado por los Evangelios significaría considerar imposible en la vida de Cristo lo que se observa frecuentemente en la vida de los santos, por ejemplo, en la de San Serafín de Sarov, quien un día se transfiguró, literalmente, en presencia de su discípulo Motovilov. Pero los acontecimientos de la vida de Cristo son históricos en un sentido del todo especial. Sucedidos en un tiempo y lugar preciso, extienden su acción a todos los tiempos y a todo lugar. Son «misterios», esto es, acontecimientos abiertos. El creyente está llamado a revivirlos, no sólo a recordarlos. Cada uno, en la fe, se hace contemporáneo al evento y el evento contemporáneo a él. En otras palabras, Cristo sigue hoy transfigurándose, revelándose a los ojos del creyente con la misma «evidencia» con la que se apareció a los discípulos en el Tabor. A veces esto ocurre mientras se leen con fe sus palabras. Las palabras del Evangelio son también, a su modo, las vestiduras de Cristo: «Cuando veas a alguien que conoce perfectamente la divinidad de Jesús y que es capaz de “aclarar” cada texto evangélico, no dudes en decir que para él las vestiduras de Jesús se han vuelto blancas como la nieve» (Orígenes).

Otras veces esta transfiguración sucede en la contemplación de la creación. Dios ha escrito dos libros: uno es la Escritura, el otro la creación. Uno está hecho de letras y palabras, el otro de cosas. No todos conocen y pueden leer el libro de la Escritura, pero todos, también los iletrados, pueden leer el libro que es la creación. Está abierto de par en par a los ojos de todos. En el Tabor, decía un antiguo autor, Cristo «transfiguró en su imagen la creación entera». Al celebrar esta fiesta en el corazón de las vacaciones de verano, en las que todos buscan un renovado contacto con la naturaleza, desearía insistir sobre este punto. No basta con abrir los ojos del cuerpo; es necesario abrir también los del alma. Los tres apóstoles habían pasado mucho tiempo con Jesús, pero habían visto sólo las apariencias, la humanidad; aquel día sus ojos se abrieron. Así ocurre con la presencia de Dios en la creación. Vivimos en medio de ella, pero raramente reconocemos ahí la gloria de Dios, de la que «los cielos y la tierra están llenos». Pensamos sólo en utilizarla en nuestro beneficio, en disfrutar de las cosas. Es un universo para nosotros opaco, no transparente. Esto es lo que la Escritura llama «necedad de los hombres» (Sb 13, 1 ss.).

Las vacaciones de verano son una ocasión para poner remedio a esta necedad. Existe una dimensión religiosa de las vacaciones que se evidencia por su propio nombre: ferias [días de fiesta. Ndt], en el sentido originario, eran días libres dedicados al culto de la divinidad. Es el sentido que el término tiene también hoy en el uso litúrgico. El término inglés holydays literalmente significa días santos. En un salmo Dios se dirige a los hombres y dice: «Deteneos (literalmente: vacate. Ndt.), sabed que yo soy Dios» (Sal 46, 11). Se podría traducir el versículo (como hacía la Vulgata latina): Tomaos una vacación (vacate) para descubrir la única verdad que importa: que existe un Dios y que tú, precisamente tú, existes en presencia de este Dios. No es necesario, ni sería posible para todos, ir a los Dolomitas o a las Maldivas para descubrir la gloria de Dios en la creación. Cada lugar tiene su fascinación y su belleza: un campo de trigo, una viña, una flor, una mariposa volando. Basta con abrir los ojos del corazón.

La fe es un poco como la poesía y el arte en general. El poeta y el pintor, cuanto están bajo la inspiración, transfiguran todo aquello sobre lo que se posan sus ojos. Van Gogh era capaz de descubrir la belleza hasta en una silla de paja con una pipa apoyada en ella. «Los cielos y la tierra están llenos de su gloria», pero no pueden, por sí solos, «vaciarse». Como la mujer embarazada, tienen también necesidad de las hábiles manos de una comadrona para sacar a la luz todo aquello de lo que están llenos. Y estas «comadronas» de la gloria de Dios debemos ser nosotros, criaturas razonables a quienes la Escritura nos define «alabanza de su gloria» (Ef 1,12). Había comprendido esta tarea el beato Enrico Susone, quien escribe: «Cuando en el canto de la Misa llego a las palabras Sursum corda [levantemos el corazón. Ndt.], me imagino que tengo ante mí a todos los seres creados por Dios en el cielo y en la tierra: el agua, el aire, el fuego, la luz y todo elemento, cada uno con su propio nombre, así como los pájaros del cielo, los peces del mar y las flores del bosque, la hierba y todas las plantas del campo, las innumerables arenas del mar, el polvillo que se ve a la luz del sol, las gotas de lluvia caídas o que caerán, el rocío que perla el prado. Entonces imagino que estoy entre estas criaturas como un maestro de canto en medio de un inmenso coro».

Monday, July 31, 2006

Dios y el dolor de los inocentes

Por Ángel Gutiérrez Sanz

El tema de Dios no es un tema que apasione hoy, ni para bien ni para mal. Ese Dios teórico de la Filosofía que vive en su cielo alejado de los hombres ha dejado de preocupar. El Dios interpelado actualmente por los hombres es el Dios providente del que nos acordamos cuando algo malo sucede en el mundo, cuando sucede una catástrofe es nos preguntamos ¿donde está Dios? ¿ Por qué no hizo nada para evitarlo? El mal en el mundo es la gran objeción hoy día contra el Dios bueno

Las objeciones del hombre moderno no van dirigidas contra el Dios teórico. Digamos que este Dios ha dejado de interesar a las gentes; de él apenas se habla ni para bien ni para mal, simplemente se pasa de él. Como queda tan lejos… ni es amigo ni enemigo.
Que exista o no exista un Dios así es su problema Ver a Dios como la única razón suficiente de todo lo que existe puede llegar a ser una exigencia lógica; pero este Dios del pensamiento no colma las ansias y anhelos humanos. Este es un Dios que puede llegar a convencernos, pero no a apasionarnos.

El Dios de la filosofía es siempre el Otro, un ser Trascendente, grandioso, reverencial, sí, pero lejano. La imagen del Dios aristotélico, por ejemplo, se nos presenta bajo la forma de un motor inmóvil, que puso en funcionamiento la gigantesca maquinaria del universo, pero vive solitario, recluido en su cielo, sin querer saber nada de lo que pasa aquí abajo.
Necesario, sí, pero frío y lejano es este Dios. Que se sepa ningún hombre ha estado dispuesto a dar la vida por un Dios así. El Dios que sacia las ansias del corazón humano es algo más que la conclusión bien probada de un sólido argumento metafísico.

El Dios que puede llegar a apasionarnos es el que nos llega al corazón y está llamado a ser vida de nuestra propia vida. Este es precisamente el Dios interpelado por el hombre moderno. Es a este Dios al que se le piden explicaciones por lo que pasa en el mundo. A este Dios es al que quisiera ahora referirme

No es la razón sino el corazón el que nos hace sentir la cálida presencia del Dios comprometido con nuestra propia historia de hombres. A partir de aquí pueden establecerse los rasgos diferenciadores entre el Dios de la fe y el Dios de la razón, o como diría Pascal, entre el Dios de Abrahám, de Isaac y de Jacob y el Dios de los filósofos y los sabios. La lógica de la razón, bien utilizada por Aristóteles y por Sto. Tomás en las cinco vías, nos llevan hasta la Causa Necesaria, en cambio la lógica del corazón de S. Agustín y de Pascal nos colocan frente al Dios afectuoso e íntimo.

Este Dios amoroso es precisamente el Dios que no deja indiferente a nadie y es interpelado hoy por gran parte de los hombres de nuestro mundo
Nosotros, los hombres de la sociedad del bienestar, no hemos podido evitar el dolor y la muerte.
Después de tantos siglos de desarrollo, el hombre de hoy sigue sabiendo mucho de violencias y catástrofes, de enfermedades incurables y desesperanzas, de injusticias y discriminaciones, de soledades y abandonos y no cesamos de preguntarnos ¿por qué así? ¿Por qué tanto mal? ¿Por qué tanto sufrimiento?......

Seguro que todos , de una forma o de otra, en algún momento de nuestra vida hemos sentido la tentación de pedir a Dios una explicación de lo que considerábamos humanamente injusto , humanamente absurdo ¿Por qué este joven ha tenido que morir en accidente justamente la víspera de su boda.¿Por qué niños huérfanos no sabrán nunca lo que es el calor de un hogar y el cariño de unos padres? ¿Por qué miles de vidas inocentes están condenadas a morir antes de nacer? Dolor, mucho dolor; muerte, mucha muerte. ¿Por qué?... ¿Por qué?....

Si Dios es bueno ¿por qué hay tanto mal en el mundo? Este ha sido y sigue siendo motivo importante de la crisis de fe en muchas conciencias, esto es lo que ha hecho que muchos se vuelvan contra Dios, porque piensan que él y no otro es el responsable del exceso de sufrimiento y del mal en el mundo; por ello se pretende sentar a Dios en el banquillo de los acusados, para que responda ante miles y millones de víctimas inocentes que sufren y mueren en nuestro mundo. Esta es la gran objeción contra el Dios bueno, hasta el punto de que alguien ha podido decir: sufro, luego Dios no existe. ¿Es posible seguir hablando de Dios después de Auswitz?, se preguntaba Wiesel , premio nobel de la paz en 1986?

La cuestión no es de ahora, viene de atrás. Desde tiempos de Epicuro retomada en los tiempos modernos por Hume, viene formulándose el famoso dilema, adaptado a las distintas experiencias vividas.

El dilema es este: O Dios quiere erradicar el dolor y el mal del mundo, pero no pude; o puede hacerlo, pero no quiere. Si es que no quiere librarnos del mal y el dolor ¿Cómo podemos llamarle bueno y si es que no puede, entonces ¿cómo podemos llamarle Dios?.....
A partir de aquí las interpelaciones no han cesado. ¿Qué clase de Dios es éste?....... Dejar de considerar a Dios como a un amigo es la gran tentación de nuestro tiempo. La gente se pregunta ¿Dónde está Dios cuando cientos de miles de personas sucumben ante la catástrofe implorando desesperadamente su ayuda? ¿Dónde cuando Hiroshima y Nagasaki?..... ¿Dónde cuando el Tsunami de Diciembre de 2004?....¿Por qué calla cuando miles de inocentes se pudren en las cárceles acusados de crímenes que nunca cometieron?...¿Por qué?...¿Por qué?....
Y la respuesta no puede ser otra. Dios está siempre cerca ,muy cerca, al lado mismo de las víctimas. A Dios hay que irle a buscar al Gólgota, en aquella tarde oscura del primer Viernes Santo. Allí le encontraremos, sufriendo con los que sufren, muriendo con los que mueren. Allí está el Justo, el Inocente, haciendo suya la causa de todos los desdichados y clamando contra todas las injusticias.

El Dios del Gólgota sufre el desamparo de niños y niñas inocentes de ojos tristes, padece la violencia de la mujer maltratada, agoniza de soledad con el anciano. Abre bien los ojos y podrás verle en los que mueren sin haber vivido nunca, podrás verle en los vertederos de desperdicios, donde niñitas hambrientas, famélicas y desvalidas disputan a las ratas un mendrugo de pan duro; podrás ver su rostro disfrazado del mendigo o de emigrante sin techo, bajo el sol o bajo la lluvia.

El juicio de Dios ante las víctimas inocentes tiene una defensa irrefutable en Jesucristo colgado de un madero. Cualquiera que contemple la escena del Cristo Doliente en aquel Primer Viernes Santo, no puede dudar por más tiempo de qué parte está Dios. No se le pueden pedir cuentas del dolor y sufrimiento en el mundo a quien voluntariamente quiso cargar sobre sus espaldas con toda la desdicha de una humanidad herida por el pecado. Ello sería injusto, tremendamente injusto.

Hasta el propio Albert Camus reconoce la gran importancia que para la historia de los hombres ha tenido el drama de la cruz: “ porque en esas tinieblas, son sus propias palabras, la divinidad abandonando ostensiblemente sus privilegios tradicionales, vivió hasta el fin, incluyendo la desesperación y la angustia de la muerte” ( A.Camus :El Hombre Rebelde . pág. 40)
Los inocentes de la tierra que preguntan por su dolor pueden encontrar algún tipo de satisfacción en la Teología del Dios Doliente. Si el mundo duda de la bondad de Dios será porque se ha olvidado de lo que pasó en el Gólgota hace 2000 años, un suceso que sólo tiene explicación por y desde el amor, que nos pone de manifiesto hasta qué punto Dios ha sido bueno con nosotros. Si alguna vez he dudado yo también de tu amor, he de avergonzarme de ello de ello y con palabras de Gabriela Mistral he de pedir que me perdones.

“En esta tarde, Cristo del Calvario, Vine a rogarte por mi carne enferma; Pero al verte, mis ojos van y vienen De tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.” ¿Cómo quejarme de mis pies cansados Cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías Cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad Cuando en la cruz alzado solo estás?”

Los que hemos ido creciendo a la sombra del árbol de la cruz, tal vez no sepamos por qué el dolor entró en los planes de Dios; pero lo que si sabemos que en nuestro dolor estamos unidos por siempre a aquel que a la vez supo ser sacerdote y víctima, sabemos que esa sangre que brota a borbotones de sus llagas es garantía de esperanza , sabemos que en el arroyo de agua que mana de sus costado, la humanidad entera manchada por el pecado puede lavar sus culpas; sabemos que siempre que con el corazón destrozado nos hemos acercado a besar los pies del crucificado nos hemos sentido aliviados.

Prepararnos para vivir la cuaresma es irnos adentrando en el corazón de Cristo Doliente; es disponernos a recorrer con los hermanos el duro trayecto de la Vía Dolorosa, que conduce al Gólgota, siempre con la alegría de saber que el Dios bueno nunca nos dejará solos en medio de la tragedia humana.

El Dios crucificado es la Buena Nueva para todas las víctimas de la historia, que somos todos. Si Cristo hubiera hecho caso a los que le decían: Baja de la cruz y creeremos en ti, si les hubiera hecho caso, se hubieran derrumbado las ilusiones de todos los crucificados de la tierra ; pero como no fue así, podemos seguir pensando que la cruz de Cristo da sentido a todas las cruces de la tierra: ella es precisamente la respuesta que Dios da a la pregunta sobre el mal en el mundo. Cuando Dios muere en la cruz, lo que está afirmando es su radical solidaridad con los que sufren inocentemente; pero también y esto es lo grandioso, está afirmando su reconciliación con los verdugos, porque la cruz es el símbolo de reconciliación universal de todos, de buenos y de malos.

La aparente inactividad que en tantas ocasiones se ha echado en cara a Dios se convierte así en la más activa intervención. Es el Cristo del Calvario el que con toda claridad nos muestra qué significa la palabra Dios, qué significa la palabra amor; ninguna otra representación filosófica o religiosa hubiera podido aspirar a tanto. En el símbolo cristiano de la cruz encontramos el compendio de nuestra fe cristiana, hasta el punto que la misma resurrección es una prolongación y no un complemento. La cruz no se concibe sin la resurrección como la resurrección tampoco sin la cruz. (...)

Sunday, July 30, 2006

Dios está ganando

A pesar de las previsiones, la religión no se desvanece en el mundo moderno, NUEVA YORK, sábado, 29 julio 2006 (ZENIT.org).- Lejos de desvanecerse a la sombra de la modernidad y la prosperidad, el fervor religioso, de hecho, está aumentando. Este es el tema de un artículo, «Why God is Winning» (Por qué Dios está ganando), publicado en el número de julio-agosto de la revista Foreign Policy. Los autores, Timothy Samuel Shah y Monica Duffy Toft, explican que una de las confirmaciones más recientes de sus tesis ha sido la victoria el pasado enero en las elecciones palestinas del Partido Hamas. Tras las elecciones, un seguidor de Hamas reemplazó la bandera que ondea sobre el parlamento con un estandarte proclamando a Mahoma. Poco después, las violentas protestas en muchos países sobre la publicación de las viñetas que caricaturizaban a Mahoma proporcionaron más evidencias de la fuerza del fervor islámico. Esto no ha sido sólo un incidente aislado, mantienen Shah y Toft. «Voces clamando por la autoridad trascendente llenan los espacios públicos y ganan contextos políticos claves», afirman. La política inspirada en la religión ha jugado un importante papel en situaciones como la lucha contra el apartheid en Sudáfrica y la victoria de los nacionalistas hindúes en India en 1998.
En Estados Unidos, los evangélicos han jugado un creciente e importante parte en las elecciones en los últimos años. «La democracia está dando a los pueblos del mundo su voz, y ellos quieren hablar de Dios», observa el artículo. El fortalecimiento de la religión está teniendo lugar al mismo tiempo en que la democracia y la libertad se extienden por el mundo. La apertura de procesos políticos en países tales como India, Nigeria, Turquía e Indonesia durante la pasada década ha llevado una mayor influencia de la religión en la vida política. Una tendencia similar está teniendo lugar en cuanto a la vida económica. Aunque la pobreza es todavía un grave problema en muchos países, a un gran número de personas les va mejor en términos económicos. Pero cuando la población del mundo se ha vuelto más rica y más educada no ha dado la espalda a Dios. Un caso a propósito es el rápido desarrollo económico en China, acompañado de un fuerte crecimiento de las creencias religiosas.
Citando datos de la World Christian Enciclopedia, el artículo de Foreign Policy apunta que los dos credos cristianos más importantes – el catolicismo y el protestantismo – y las dos mayores religiones no cristianas – el Islam y el hinduismo – han aumentado su proporción en la población mundial en el año 2000, si se compara con un siglo antes. Las cuatro religiones juntas sumaban el 50% de la población mundial al comenzar el siglo XX. Esta proporción ha subido al 64% al comenzar el siglo XXI, y podría subir hasta cerca del 70% en el 2025. Neo-ortodoxia Pero el despertar religioso no está distribuido, apuntaban Shah y Toft. «El despertar religioso de hoy es menos una vuelta a la ortodoxia religiosa que una explosión de ‘neo-ortodoxias», sostienen. Estas religiones tienen en común la capacidad de organizarse bien y de tener cierto sentido político. Son rápidas también a la hora de utilizar nuevas tecnologías para llegar a los creyentes y trasladar su número al poder político. Este ha sido el caso de las organizaciones hindúes en India, de la Hermandad Musulmana en Egipto, de Hamas en los territorios palestinos y de los pentecostales en Brasil. Preocupa, no obstante, que tales grupos puedan ser demasiado extremistas en sus puntos de vista y puedan provocar también conflictos civiles. Pero aunque haya aspectos negativos en algunas aplicaciones del fervor religioso, la religión ha jugado un papel positivo en el apoyo a la democracia y a los derechos humanos en muchos países. Shah y Taft explicaban esta afirmación en una entrevista en la página web de Pew Forum on Religion and Public Life. En el texto, con fecha 18 de julio, observan que, en los últimos años, la atención se ha centrado en el Islam. Sin embargo, no es sólo una cuestión islámica, y es necesario entender la cuestión islámica en el contexto más amplio de la religión en el mundo. También admitían que algunos países occidentales, entre ellos las naciones europeas, Canadá y Japón, son bastante seculares. Incluso así, los debates religiosos y los diversos grupos todavía juegan su papel en estos países. En Europa, por ejemplo, muchos debates recientes sobre temas como la entrada de Turquía en la Unión Europea o la inmigración, tienen que ver con el Islam o el papel de la religión en la identidad europea. Al intentar explicar el auge actual de la religión, Shah y Taft opinan que comenzó un cambio a últimos de los sesenta que se aceleró en los setenta y ochenta. En el mundo en desarrollo, los líderes e ideologías seculares que prometieron progreso comenzaron a fallar. Este fue el caso, por ejemplo, tanto de Egipto como de Irán. La derrota subsiguiente del comunismo soviético aceleró este proceso, creando un vacío que los grupos religiosos podían llenar. Además, en los últimos tiempos, algunos líderes religiosos «proféticos», desde Juan Pablo II a figuras islámicas, han ejercido un alto grado de autoridad e influencia sobre sus seguidores. La movilización de los creyentes en Estados Unidos ha sido también un importante factor de influencia en la vida política y social, con consecuencias tanto dentro como fuera de Norteamérica. Sin embargo, hasta hace poco tiempo los analistas daban poco peso al papel de la religión en la política. Esto ha cambiado actualmente y tanto los círculos académicos como los gobiernos se toman la religión de forma más seria. Resurgir mundial Otra visión de la religión en el mundo moderno la daba Ronald Inglehart, director de World Values Survey, y profesor de la Universidad de Michigan. Está disponible también en la Pew Web una trascripción de una entrevista a Inglehart en el National Press Club, el 8 de mayo. Se está llevando a cabo una encuesta sobre valores, la quinta, cuyos resultados ser publicarán el año próximo. Inglehart subrayaba la complejidad de la situación con respecto a la religión. En muchos países la religión está en declive. Pero, continuaba, «hoy hay más personas vivas con creencias religiosas tradicionales que nunca antes en la historia, y son un porcentaje mayor de la población mundial del que eran hace 20 años». Ha habido secularización debido a los cambios económicos, aunque Estados Unidos puede ser una excepción a este proceso. Pero la secularización tuvo lugar principalmente en el periodo de la industrialización, y todavía avanza en algunos países. Esto ha llevado al declive de la religión en muchos países y al debilitamiento de las religiones establecidas. En muchas naciones occidentales, por ejemplo, ha descendido la asistencia a la iglesia. No obstante, la situación ha cambiado en las sociedades post-industriales o basadas en el conocimiento. En estos países hay un debate creciente sobre temas relacionados con los valores religiosos, como por ejemplo la cuestión del matrimonio del mismo sexo. Así, aunque las iglesias tradiciones puede que todavía se enfrenten a muchos desafíos, hay un mayor interés por las cuestiones espirituales entre la población. Las cuestiones de cultura y religión, por tanto, tienen un peso mayor en el mundo de hoy. Inglehart también precisaba que hay una notable diferencia entre los países económicamente avanzados y los países en desarrollo. El nuevo interés en la religión en los países desarrollados es diferente en el hecho de que aceptan menos la autoridad y está ligado a lo que se denominan creencias new age. En los países en desarrollo, sin embargo, hay considerablemente más énfasis en la religión tradicional y esto no ha cambiado en los últimos años. De hecho, no se están secularizando y ponen más énfasis en la religión tradicional. Esta divergencia en las actitudes religiosas es una posible fuente de conflictos, observaba Inglehart. Conflicto que no es inevitable, pero hay una línea potencial dentro de la cual puede ocurrir. De este modo la globalización no ha traído consigo una mayor conformidad y convergencia en términos de valores culturales y religiosos. Una situación que sin ninguna duda se estudiará en profundidad en los próximos años.

Friday, July 28, 2006

Testimonio de jóvenes apóstoles

Los pesimistas se quejan; pero los santos ven, reflexionan y actúan. Nos entristecemos porque muchos jóvenes no pisan en la iglesia, pero... ¿qué hacemos para atraerlos? Los santos imaginan nuevas formas de apostolado y de presencia y se lanzan; sueñan y hacen realidad su sueño de apostolado fecundo y alegre, a veces original. ¿No nos impacta el testimonio de apostolado joven en la playa, de un párroco italiano, don Vito, y un grupo de jóvenes, los "Sentinelles" o Centinelas ( eso quería Juan pablo II que fueran todos)? Desde hace dois años, se han lanzado a la arena-nunca mejor dicho-, con una barca sosteniendo la custodia, una Cruz grande con un salvavidas a los pies, un icono de la Virgen y dos sillas, una para el confesor y otra para el penitente. Esa es su capilla, con una tela para el que se quiera hacer oración en la playa ante Jesús Sacramentado, adorado por los jóvenes "Sentinelas" en la noche (en la noche, como Nicodemus). Los hombres tenemos sed de Dios, y la capilla de la playa se les queda pequeña. Al enterarme, he evocado a aquel grupo de jóvenes que en Cáceres y otras ciudades extremeñas, recorrían por los años 60 las calles céntricas invitando a una Misa de los sábados en honor de la Virgen, a Cenáculos de oración y a Círculos de Estudios (reuniones formativas). Era impresionante la siembra y no lo era menos la cosecha. ¿No hará falta hoy, repetir ese apostolado, alma por alma? ¿Creemos que van a conocer a Jesús si no se les presenta y si la cobardía o el pasotismo invade el corazón del joven católico? A los jóvenes hay que salirles al encuentro allí en donde quiera que estén. Pero los jóvenes apóstoles necesitan ser alentados por sacerdotes que no se duerman, centinelas ellos también; sacerdotes santos y valientes, a los que les duela Cristo y, por ello, las almas.
Josefa Romo.Cáceres

Wednesday, July 26, 2006

El programa de investigación con células madre aprobado por la Unión Europa amenaza la vida

Denuncia el obispo Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida CIUDAD DEL VATICANO, martes, 25 julio 2006 (ZENIT.org).

- El programa de investigación con células madre, aprobado por la Unión Europea (UE), constituye una amenaza para la vida de embriones humanos, constata el obispo Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida. Según el acuerdo alcanzado este lunes, el séptimo Programa Marco de Investigación de la UE, correspondiente al periodo 2007-2013, dotado con 50.521 millones de euros, prevé la investigación con células madre ya existentes, a condición de que no estén obtenidas por la destrucción de embriones humanos. Ahora bien, esta limitación, esconde un compromiso inaceptable para la Iglesia, según ha constatado este martes el obispo Sgreccia, quien ha analizado ante los micrófonos de «Radio Vaticano» los elementos que afectan a la bioética en el programa aprobado. «La decisión del Consejo de ministros se hace explícita con tres afirmaciones. La primera dice que se prohíbe al investigador suprimir al embrión humano para extraer las células deseadas». «La segunda afirmación, sin embargo, dice que este investigador --y otros investigadores-- pueden recurrir a líneas celulares producidas por otros investigadores, investigadores que han suprimido embriones vivos y de ellos ha producido líneas celulares, que después han comercializado». «Por tanto –explica monseñor Sgreccia--, se establece entre quien vende y prepara las líneas celulares y entre quien compra una coincidencia de intereses. Esta coincidencia de intereses implica desde el punto de vista ético una complicidad, una colaboración, como dicen los moralistas, que no exime de la participación en la responsabilidad de quienes, en primer lugar, ha producido, seccionado los embriones, y comercializado sus células». «La tercera afirmación dice que se pueden producir protocolos de investigación para la financiación dirigidos a utilizar los embriones ya congelados y que no pueden implantarse en el útero de la madre, si se constata previamente su muerte». «Ahora bien --responde el obispo--, sabemos que para verificar la muerte de estos embriones congelados es necesario descongelarlos y, al descongelarlos, algunos de ellos mueren, y por el momento no existe una técnica que pueda diagnosticar su muerte». Por tanto, reconoce, «no queda claro cómo es posible seguir este camino sin provocar la eliminación de embriones. Si el embrión es lo que es, es decir, un ser humano, nos damos cuenta de que estas tres afirmaciones no están en armonía entre sí».

Por este motivo, el prelado ofrece dos consideraciones de carecer «ético-político». «La primera es que, por este camino, no se salvaguarda el derecho a la vida de estos embriones. Y que es un hecho grave el que Europa, en un Parlamento de esta representación, no reconozca este derecho primordial, el primero de todo los demás, el derecho a la vida». «Como es grave también –sigue diciendo-- el que la legislación autorice la manipulación del ser humano en virtud del principio: “yo mato para sacar ventajas para los demás”», explica. La segunda consideración presentada por el obispo es la siguiente: «Europa, que en este momento se compromete oportuna y colegialmente para apagar los actos de violencia y de guerra en el cercano Mediterráneo, ha realizado un acto grave de incoherencia, al no oponerse a una investigación destructiva, que es violenta, aunque se ejerza en el inicio de la vida que, sin embargo, es igual a la de todos nuestros hijos, de todos los que hemos venido al mundo». Por su parte, la edición italiana de «L’Osservatore Romano» del 26 de julio, en un artículo firmado por Marco Bellizi, considera que esta decisión europea es «el macabro producto de un malentendido sentido del progreso».

Hacer oración con Forja, libro de San Josemaría (en audio)