Una mujer puede pensar que tiene derecho a abortar: es su
vida, es su cuerpo…¿quién puede ser el dictador que se lo impida? Tiene dentro
un conjunto de células, incluso una criatura suya, y por eso puede decidir
sobre su vida. Se trata de algo o de alguien que no puede hablar y, quizás, ni
sentir ni padecer. Con esta lógica podemos dar más pasos: No hay por qué
aguantar a una persona con alzheimer profundo desde hace años. Es absurdo, y
una fuente de dolor, mantener en vida bastantes años más a alguien que ya no es
más que un vegetal, por muy querido que nos sea. Con estos planteamientos,
también sería lógico no sentir ninguna responsabilidad respecto a indigentes de
la calle o a personas necesitadas: no son mi problema. Pero esta lógica
individualista se enfrenta al momento en que sea uno mismo el que esté
gravemente enfermo, imposibilitado o necesitado. La persona abortista, por su
propia lógica, no podrá exigir que le ayuden y le cuiden: ella es ahora la
débil e indefensa. La lógica del aborto lleva a la inhumanidad. Frente a esto,
planteemos la ética del cuidado de los más necesitados, empezando por los todavía
no nacidos, para hacer un mundo más solidario, más acogedor, más humano, más
seguro para nosotros mismos.
José Ignacio Moreno
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