Sunday, May 03, 2026

Las madres y la lógica de la Cruz


Hay quienes se centran en lo horizontal de la vida: quieren disfrutar de lo apetecible y divertido, pero también se encuentran con injusticias y dramas que no pueden entender. Ante un mundo en donde no ven un sentido de conjunto, optan por actuar desde una autonomía radical y, en ocasiones, por un compromiso social nuclearmente reivindicativo, con enemigos a batir.

Otros parecen sentirse a gusto con su posición en la vida. Pueden tener una visión vertical que les permite abrirse a la trascendencia de lo divino y cuidan de los suyos, pero las calamidades y las necesidades de los más pobres pueden verlas como algo ajeno, penoso y molesto, respecto a lo que no hay mucho que hacer.

Sin embargo, la visión horizontal y la vertical de la vida lejos de oponerse se necesitan una a otra... ¿Dónde pueden encontrarse?... Lo primero que ve un niño al nacer es a su madre. La criatura no tiene necesidad de entender, sino de ser acogido, querido y recibido en la vida. Su madre no solo es lo horizontal, sino también lo vertical: lo es todo para él. Por este motivo es tan espantoso el aborto voluntario, justificado desde una horizontalidad materialista sin corazón. Pero también es tremendo desentenderse de las madres gestantes necesitadas, y de cualquier ser humano que pase por etapas de vulnerabilidad.

En una madre encontramos la raíz de nuestro ser, sin que podamos olvidar al padre, porque sin padres no hay madres, y sin madres no hay mujeres ni hombres. La dimensión familiar es la que nos hermana a todos, la que nos enraíza y sustenta. Es en el hogar familiar donde se debe aprende a querer, a entregarse. Desde ahí nos lanzamos a vivir en el mundo, a forjar una nueva familia y a mejorar la sociedad. Somos seres familiares, reconocemos el don de la propia vida y nos apasiona el mar y el firmamento. Estas seguridades y convicciones nos mueven a hacer un mundo mejor y ayudar a los demás, empezando por los más próximos. Es la lógica de la entrega, la lógica de la Cruz. Y es en esa entrega, bien asegurada por la verticalidad divina, donde encontramos el más profundo sentido de nuestra acción horizontal en el mundo. Esta posición, que tiene sus incomodidades, es la que nos hace más profundamente dichosos.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

  

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