“Aprender
a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es
esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio
cuerpo en su feminidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo el
encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don
específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse
recíprocamente. Por lo tanto, no es sana
una actitud que pretenda cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe
confrontarse con la misma” (Papa Francisco, Laudato Si' 155).
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