Lo que me sacó de la indiferencia
no fue tu igualdad, sino tu diferencia.
He admirado tu estilo, tu gracia, tu salero, tu sonrisa.
Cuánto nos hemos reído, con heladas y con brisa.
Qué ruin sería una igualdad
que te hiciera un clon de mí;
qué miserable maldad,
para el mundo y para ti.
Querida abuela, querida madre, querida esposa, querida hija,
gracias por tu cariño y por tu paciencia.
Desde la igualdad,
te quiero por tu diferencia.
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