Información sobre la fe cristiana y la dignidad humana en relación con el mundo actual
Wednesday, July 28, 2010
There be dragons: la película sobre San Josemaría Escrivá
Para una idea cristiana del hombre: Libro de Juan Luis Lorda
Monday, July 26, 2010
Oración al Espíritu Santo
¡Oh, Espíritu Santo,
Amor del Padre y del Hijo!
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo tengo que hablar,
cuando debo callar,
lo que debo escribir,
cómo debo actuar,
qué tengo que hacer
para procurar tu gloria,
el bien de las almas,
mi propia santificación.
¡Espíritu Santo!
Ilumina mi entendimiento
y fortifica mi voluntad.
Sunday, July 18, 2010
Friday, July 16, 2010
Saturday, July 10, 2010
ACEPRENSA
Sigue temas de actualidad con un buen análisis y un enfoque cristiano en http://www.aceprensa.com/
Friday, July 02, 2010
Thursday, July 01, 2010
El Papa a los sacerdotes: “dedicad tiempo a la Confesión”
Dale la bienvenida al Papa por su próxima visita a España
Tuesday, June 29, 2010
Saturday, June 26, 2010
La Nueva Revolución sexual: http://www.chastity.com/
Thursday, June 24, 2010
Saturday, June 19, 2010
Benedicto XVI a los sacerdotes (V): la vocación viene de Dios
El Corazón de Jesús y su Fiesta
En la octava del Corpus (11 de junio) se celebró la fiesta del Corazón de Jesús, que se apareció en Valladolid, en 1733, al Beato Bernardo de Hoyos, recientemente beatificado. La doctrina del Corazón de Jesús está anclada en las Sagradas Escrituras; pero el culto al Sagrado Corazón comienza en la Edad Media tras las apariciones del Señor a Santa Gertrudis la Grande (1280). Más tarde, se apareció en Francia a Santa Margarita María de Alacoque (s. XVII) y se propagó la devoción de los Nueve Primeros Viernes. En el siglo XVIII, tras aparecerse en Valladolid, el culto al Sagrado Corazón se extendió a toda España y a América. En el siglo XX se apareció a Santa Faustina Kowalska, canonizada por Juan Pablo II A Ella le dijo Jesús: Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites”, “quien no quiera pasar por la puerta de la Misericordia tendrá que pasar por la puerta de la Justicia”, y le pidió que en la Octava de Pascua se celebrase la “Fiesta de la Misericordia”. Me llama la atención la aparición del Sagrado Corazón en “el siglo de las luces”, cuando se ensalzaba la razón, sin fijarse en que un hombre sin sentimientos es incapaz de aceptarse ni de querer a los demás. Por eso, la devoción al Corazón de Jesús es importante también desde el punto de vista psicológico, pues desde la mirada del Corazón de Cristo el del hombre se ablanda y puede surgir la autoestima y la estima a los demás. Nadie podrá decir, sin equivocación, que no tiene quien le quiera, pues Jesús tiene un Corazón amantísimo que no excluye a nadie: en él podemos encontrar misericordia, alivio y descanso; eso sí, para encontrar misericordia debemos practicarla “de alguna manera”.
Josefa R. Garlito
Josefa R. Garlito
Saturday, June 12, 2010
Monday, June 07, 2010
Sunday, June 06, 2010
La fiesta del Corpus Christi
Se hizo popular el dicho: Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. La fiesta del Corpus Christi o Día del Señor, que data del siglo XIII, fue instituida por el Papa Urbano IV en 1264 a raíz del famoso milagro eucarístico ocurrido en 1263 en la cripta de Santa Cristina en Bolsena (Italia), cuando, en la Santa Misa, brotó sangre de la Hostia Consagrada y manchó los corporales y el mármol del pavimento (todavía se observan los grumos de la preciosa Sangre del Redentor en la reliquia que se conserva en la catedral de Orvieto). De gran tradición en muchos países de América y en bastantes localidades españolas, la fiesta del Corpus coincide en bastantes sitios con las fiestas patronales y se mantiene en jueves. Es también fiesta oficial relevante en Austria, Suiza, Polonia, Portugal y en algunas zonas de Alemania. La procesión del Corpus es un acto expléndido de devoción al Señor Sacramentado. La famosa de Toledo fue declarada de Interés Turístico Internacional en 1980. Es el mismo Jesús, no una imagen sagrada, quien procesiona bajo palio en la Custodia, algunas de renombre como las del orfebre Enrique de Arfe.
Josefa Romo Garlito
Josefa Romo Garlito
Saturday, June 05, 2010
Wednesday, June 02, 2010
Escultura de Cristo según la Sábana Santa
En www.dignidadhumana.com dentro de Documentos hemos puesto una presentación titulada Cristo-Sábana Santa. Se trata de una escultura de madera hecha según los datos científicos de la Sábana Santa de Turín.
Monday, May 31, 2010
Thursday, May 27, 2010
Carta de un sacerdote al New York Times
Abril, 2010
Querido hermano y hermana periodista:
Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.
Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.
Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.
¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.
No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.
La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.
No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…
Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.
Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.
En Cristo,
P. Martín Lasarte sdb
(Angola – domboscolwena@hotmail.com)
Querido hermano y hermana periodista:
Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.
Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.
Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.
¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.
No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.
La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.
No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…
Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.
Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.
En Cristo,
P. Martín Lasarte sdb
(Angola – domboscolwena@hotmail.com)
Tuesday, May 25, 2010
Esquí, montaña y vida cristiana
Voy a hablar del esquí y de la montaña, pero cada uno puede sustituirlos por el deporte o la afición que prefiera. Cuando empecé a esquiar, 1974...¡ha nevado mucho!, el primer examen que hacía la Escuela Española de Esquí era el de “estrella de nieve”: giros elementales y primeras nociones. Si uno había estado con un grupo y con profesor se aprendía pronto y generalmente se aprobaba ese examen con facilidad, además de pasarlo en grande. Cada año aumentaba la dificultad: en la segunda temporada el examen se llamaba “águila de bronce”; también era sencillo superarlo. Las pruebas siguientes llevaban por nombre “águila de plata” y “águila de oro”. Éstas ya no era tan sencillo superarlas, y si uno lo conseguía sentía una gran satisfacción. La última prueba era la “flecha de competición”: Se trataba de bajar una pista de esquí ciñéndose a unos palos de competición que marcaban la trayectoria. Primero bajaba el experto monitor. Después cada esquiador tenía que intentar hacer, como mucho, un diez por ciento más que el crono marcado por el monitor. Aquello si era difícil; pero la ilusión era grande. Hubiera sido extraño que un águila de oro al que le facilitaran el examen a flecha no se hubiera animado a hacerlo. Cada alumno estaba haciendo historia en el esquí con mentalidad de pionero.Pensaba en estas cosas cuando leí una frase que me interpeló; decía así: “Si vives como cristiano, o te sientes pionero, o te sientes idiota”. Vamos a ver: un cristiano con mentalidad de pionero ha enfocado bien su cristianismo. Un cristiano que se siente idiota ha desenfocado su vida cristiana.
En la vida de un esquiador hay decenas o centenares de caídas; pero con compañeros y la ayuda de un buen monitor uno se levanta las veces que haga falta. En la vida cristiana ocurre lo mismo: necesitamos un buen grupo y un buen monitor. Tenemos que sabernos queridos, ayudados y animados en tan noble empeño.
Cuando pasan los años uno recuerda aquellas medallas de esquí con cariño, pero es muy probable que se regalen a los hijos o a los sobrinos, aquello era algo de chavales. Las condecoraciones del cristiano no caducan; quedan en el alma. La vida cristiana, a diferencia del esquí, es como la ascensión a una cumbre: Hay momentos de todo tipo: simpáticos, soleados, oscuros y, algunas veces, duros. Pero con amigos y un buen guía se llega a la cima. Desde allí se ve un vista fantástica, el aire está limpio y uno se siente muy satisfecho. La persona humana está para subir a la cumbre; es en ese empeño donde es feliz. Dejo claro que es solo un ejemplo, que cambiaran a su gusto los que no les apetezca el trepar riscos.
No se trata de alo complicado: La Virgen María, dentro del misterio de ser Madre de Dios, llevó una vida normal, corriente, junto a Jesús y José, en los momentos gozosos, dolorosos y gloriosos. Ella puede ayudarnos a descubrir pistas asequibles, objetivas y cotidianas para retomar el pulso de nuestra vida cristiana.
José Ignacio Moreno
Sunday, May 23, 2010
Saturday, May 22, 2010
Sacerdotes que dejan huella
Con motivo del 150 aniversario del Santo Cura de Ars, Benedicto XVI proclamó “un especial Año Sacerdotal”, que termina el 19 de junio. En la historia cristiana, sobresale una pléyade de curas buenos, sin que falten los santos. ¿Quién no ha conocido u oído hablar de un cura así? Yo conozco a varios; pero quiero detenerme, ahora, en don Juan Carballo Nevado, un sacerdote natural de Santiago de Alcántara que ejerció su ministerio sacerdotal en Brozas, cuya iglesia parroquial de Santa María la Mayor guarda sus restos mortales. Un tío mío marchó con él a Brozas para que le diera clase. Las anécdotas que contaban en casa, de este cura del que decían “era un santo”, coinciden esencialmente con las referidas por sus familiares cercanos. Don Juan lo daba todo, y le parecía que él nada necesitaba. Cuanto llegaba a sus manos, desaparecía en un pispás: bastaba con que tropezara con un pobre por el camino (en su época, en Extremadura los había en tropel). Desde Santiago, los hermanos de don Juan le enviaban, con frecuencia, una caballería, cargadas de alimento las alforjas; pero, en seguida, su alacena quedaba vacía. ‘No puedo aguantar el sufrimiento de los pobres’, decía cuando le veían llegar a casa “descalzo”, unas veces; “sin pantalones” bajo la sotana, otras. En una ocasión, le regalaron la tela para una sotana, que no estrenó: antes de llegar a casa, vio a un pobre y…, lo de siempre. Dato curioso: los enfermos sabían que, siempre, después de recibir la visita de don Juan, encontrarían un regalito bajo la almohada.Una sobrina suya me cuenta que se encontró, en Madrid, con una personalidad que- le dijo- le debe su posición a su tío don Juan Carballo. El consejo de este cura a su padre, le convirtió, de “bala”, en un joven estudioso y honrado. Admirable: amante de la verdad, don Juan no permitía, a los suyos, decir una mentira; pero destacó, sobre todo, por su heroica y exquisita caridad. Impresionante: supo hacer realidad, en su vida, estos versos: “Abrir a todos mis brazos/ y consolar sus pesares,/ y entre risas y cantares, /darles la vida a pedazos” ( José Mª. Pemán).
Josefa Romo
Josefa Romo
Saturday, May 15, 2010
Tuesday, May 11, 2010
La última cima: Película sobre el sacerdote español Don Pablo Domínguez, fallecido hace un año
Se está realizando una película sobre el sacerdote español Don Pablo Domínguez –antiguo alumno del colegio Tajamar-, que falleció hace un año en accidente de montaña. Dentro de una semana estará lista la web www.laultimacima.com Ahí se pondrán los días y lugares de estreno de esta película. Aquí van, de aperitivo, enlaces a dos trailers de la película:
http://vimeo.com/11618057
http://vimeo.com/11048903
http://vimeo.com/11618057
http://vimeo.com/11048903
Sunday, May 09, 2010
Saturday, May 08, 2010
Ordenación de 32 sacerdotes, en directo por Internet
El sábado 8 de mayo a las 16 h., en la página web del Opus Dei podrá ver en directo la retransmisión de la ordenación sacerdotal de 32 sacerdotes de 13 países.
La verdad de la propia vida
Nos interesa saber la verdad de las cosas: de un asunto familiar, de una calificación académica,...La verdad nos motiva. No se trata sólo de una cuestión de cabeza sino de toda nuestra realidad; por ejemplo: la veracidad de los sentimientos que muestran conmigo, o la veracidad de mis propios sentimientos.
La verdad tiende a buscar la unidad de los diversos aspectos de nuestra vida: familia, amigos y amigas, estudio, diversión. No es fácil encontrar la unidad de la verdad de todas estas cosas. Pero si renunciamos a encontrarla habrá trozos de nuestra vida que no vivimos en primera persona; más bien pasamos a ser una especie de espectadores pasivos de nuestra propia vida.
Siempre hay algo que no nos encaja bien: un problema familiar, de estudios, amigos, salud, carácter. No logramos que todo funcione.¿Qué interpretación podemos dar a esto? Una respuesta negativa sería decir que somos un “quiero y no puedo”. Otra respuesta positiva estaría en afirmar que el hombre tiene que salir de sí mismo, pedir ayuda y confiar.
Conocemos a personas que merecen nuestro crédito: nuestros padres, hermanos, amigos. Pero pueden fallar; incluso en cosas importantes. También nosotros podemos mentir a los demás. ¿Dónde podemos encontrar la seguridad de la verdad?... La necesitamos para vivir una vida llena de sentido, plenamente humana. Es importante esa verdad segura para no devaluar nuestra vida. Vemos fragmentos de esa seguridad cuando encontramos a la verdad encarnada; es decir: cuando vemos la verdad hecha amor: afirmación de los demás, ayuda, generosidad sin buscar nada a cambio. O sea, cuando vemos un ejemplo en la conducta de una persona veraz, que actúa por amor no una o dos veces, sino de modo estable, con las limitaciones de la condición humana. Nos percatamos de que esa persona actúa con una fuerza superior a sí misma. Una fuerza que es verdad y amor al mismo tiempo. Percibimos que esa persona tiene luz, tiene ángel; que en ella está actuando Dios.
Toda nuestra corporalidad puede expresar ese deseo de verdad y de amor; pero no de modo inmediato porque en nuestro espíritu hay compartimentos oscuros que contienen miedos, vergüenzas, incluso falsedades. Necesitamos una fuerza que nos renueve el corazón y que nos de luz sobre la verdad de nuestra propia vida, en medio de nuestras virtudes y de nuestras fragilidades.
El cristianismo revela que la mayor verdad se identifica con el mayor amor. Un Amor que quiere inmensamente a las criaturas y se pone a su nivel, educándolas en el amor. Las da a conocer, de un modo discreto y dialogante, el sentido de su espíritu y de su cuerpo. Pero esto es posible si los hombres se dejan querer por Él, si confían en Dios.
La Eucaristía y el modo de vivir que implica –la entrega- supone un espíritu nuevo...el hombre se endiosa y, por esto, se hace más humano. El hombre puede confiar o desconfiar, abrirse a la Verdad o cerrarse en sí mismo; como decía Chesterton “escoger la luz o la oscuridad, y cada uno tiene que elegir”.
José Ignacio Moreno Iturralde
La verdad tiende a buscar la unidad de los diversos aspectos de nuestra vida: familia, amigos y amigas, estudio, diversión. No es fácil encontrar la unidad de la verdad de todas estas cosas. Pero si renunciamos a encontrarla habrá trozos de nuestra vida que no vivimos en primera persona; más bien pasamos a ser una especie de espectadores pasivos de nuestra propia vida.
Siempre hay algo que no nos encaja bien: un problema familiar, de estudios, amigos, salud, carácter. No logramos que todo funcione.¿Qué interpretación podemos dar a esto? Una respuesta negativa sería decir que somos un “quiero y no puedo”. Otra respuesta positiva estaría en afirmar que el hombre tiene que salir de sí mismo, pedir ayuda y confiar.
Conocemos a personas que merecen nuestro crédito: nuestros padres, hermanos, amigos. Pero pueden fallar; incluso en cosas importantes. También nosotros podemos mentir a los demás. ¿Dónde podemos encontrar la seguridad de la verdad?... La necesitamos para vivir una vida llena de sentido, plenamente humana. Es importante esa verdad segura para no devaluar nuestra vida. Vemos fragmentos de esa seguridad cuando encontramos a la verdad encarnada; es decir: cuando vemos la verdad hecha amor: afirmación de los demás, ayuda, generosidad sin buscar nada a cambio. O sea, cuando vemos un ejemplo en la conducta de una persona veraz, que actúa por amor no una o dos veces, sino de modo estable, con las limitaciones de la condición humana. Nos percatamos de que esa persona actúa con una fuerza superior a sí misma. Una fuerza que es verdad y amor al mismo tiempo. Percibimos que esa persona tiene luz, tiene ángel; que en ella está actuando Dios.
Toda nuestra corporalidad puede expresar ese deseo de verdad y de amor; pero no de modo inmediato porque en nuestro espíritu hay compartimentos oscuros que contienen miedos, vergüenzas, incluso falsedades. Necesitamos una fuerza que nos renueve el corazón y que nos de luz sobre la verdad de nuestra propia vida, en medio de nuestras virtudes y de nuestras fragilidades.
El cristianismo revela que la mayor verdad se identifica con el mayor amor. Un Amor que quiere inmensamente a las criaturas y se pone a su nivel, educándolas en el amor. Las da a conocer, de un modo discreto y dialogante, el sentido de su espíritu y de su cuerpo. Pero esto es posible si los hombres se dejan querer por Él, si confían en Dios.
La Eucaristía y el modo de vivir que implica –la entrega- supone un espíritu nuevo...el hombre se endiosa y, por esto, se hace más humano. El hombre puede confiar o desconfiar, abrirse a la Verdad o cerrarse en sí mismo; como decía Chesterton “escoger la luz o la oscuridad, y cada uno tiene que elegir”.
José Ignacio Moreno Iturralde
Sunday, May 02, 2010
Fantástico vídeo de agradecimiento a los sacerdotes
Saturday, May 01, 2010
A un padre tan querido

“Cuando una persona muere,
Dios acaba de amasar su existencia
para la eternidad.
Y en las manos de Dios, que nos amasa
una carne y un alma,
no se pierde ni una lágrima, ni un esfuerzo,
ni una ilusión, ni un sufrimiento,
ni un instante de la vida.
Con nosotros entra en la eternidad
la primera nevada,
el primer atardecer que nos ennobleció,
la primera música que nos hizo vibrar,
el primer amor de juventud,
nuestro padre que tanto nos quería,
los recuerdos mejores de esta vida”.
Eugueni Evtushenko, poeta ortodoxo ruso.
Dios acaba de amasar su existencia
para la eternidad.
Y en las manos de Dios, que nos amasa
una carne y un alma,
no se pierde ni una lágrima, ni un esfuerzo,
ni una ilusión, ni un sufrimiento,
ni un instante de la vida.
Con nosotros entra en la eternidad
la primera nevada,
el primer atardecer que nos ennobleció,
la primera música que nos hizo vibrar,
el primer amor de juventud,
nuestro padre que tanto nos quería,
los recuerdos mejores de esta vida”.
Eugueni Evtushenko, poeta ortodoxo ruso.
Monday, April 26, 2010
El ejemplo del Papa
Sobre Benedicto XVI se dicen muchas cosas. Yo quisiera resaltar una: su entrega heroica a las almas y su ferviente caridad. Tras una vida de generosidad eximia y duro sacrificio le toca ser sucesor de Pedro, y lo hace con la sencillez y la valentía de quien sabe que su vida es una donación que hay que hacer rendir al máximo. Como el Papa, millares de sacerdotes y laicos en la historia de la Iglesia han luchado contra sí mismos y contra todo tipo de persecuciones para llevar el maravilloso anuncio del Evangelio a todos lugares la tierra. El hecho de que se den a conocer algunos casos de mala conducta en algunos miembros de la Iglesia hace ver que se compone de hombres de carne y hueso, con capacidad de cometer errores y también de pedir perdón. Cuando con excusa de estos casos se emprende un ataque despiadado e injusto contra el Papa se activa de nuevo la lógica de la cruz; la auténtica piedra de escándalo que es el refugio y abrigo de todos los hombres de buena voluntad, especialmentelos más necesitados.
José Ignacio Moreno Iturralde
José Ignacio Moreno Iturralde
Saturday, April 24, 2010
Llamamiento de intelectuales franceses a favor del Papa
El caldo de cultivo de las vocaciones sacerdotales en EE.UU.
Tuesday, April 20, 2010
Saturday, April 17, 2010
¡Feliz cumpleaños, querido Papa Benedicto XVI!
El Papa invita al arrepentimiento y a la renovación
Friday, April 16, 2010
Monday, April 12, 2010
¿Conoces a Benedicto XVI? (Vídeo muy simpático)
Valor humano y divino de la pureza
Impactante noticia: El 25 de marzo de 2010, diez mil jóvenes en Ecuador se comprometieron vivir en pureza y castidad, a abstenerse “ de relaciones sexuales hasta el matrimonio y luego siendo fieles hasta la muerte”. Una bocanada de aire fresco en medio de noticias preocupantes que apuntan al aumento de enfermedades de transmisión sexual ( Sida, papiloma humano, resucitar de la sífilis…) como consecuencia del libertinaje y promiscuidad que viven muchos jóvenes, aupadas esas costumbres degradantes por campañas irresponsables del falso “sexo seguro”. La castidad es una virtud que apunta al Cielo ( “bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”) y a una vida saludable. Se trata de un valor humano cotizado a la baja como el agua; pero tan necesario como ella si queremos ser felices por dentro. Se le ha llamado la virtud de los fuertes, pues hace falta coraje para enfrentarla. No es propia de jóvenes de mantequilla que tienen por norte el “me apetece” y la mirada en los demás como objetos de placer, como si careciéramos de razón y de dominio propio. ¿Cómo se educa para la castidad? Hay que intentarlo mediante el cultivo de la reflexión y de la reciedumbre, para fortalecer la voluntad del joven y del adolescente. La pureza es la mejor preparación y garantía para un amor pleno y responsable, que desemboca en la felicidad.
Josefa Romo
Josefa Romo
Saturday, April 10, 2010
Los abusos conciernen a un reducido número de sacerdotes
El Papa y los abusos en EE.UU.: lo que el “Times” no cuenta
Domingo, 11 de abril: Fiesta de la Divina Misericordia
Según Sus revelaciones a Santa Faustina Kowalska en Polonia.
¡Jesús en vos confío!mensaje al pie del cuadro
"Oh Sangre y Agua,que brotaron del Corazón de Jesúscomo una Fuente de Misericordia para nosotros,en Vos confío..."
¡Jesús en vos confío!mensaje al pie del cuadro
"Oh Sangre y Agua,que brotaron del Corazón de Jesúscomo una Fuente de Misericordia para nosotros,en Vos confío..."
PROMESA DE JESÚS "Yo prometo al alma que venere ésta imagen que no perecerá ... Protegeré durante toda su vida, cual madre a su hijo, a las almas que propagaren el culto a Mi Misericordia; en la hora de la muerte no seré para ellos Juez sino Salvador..." -Promesa hecha durante Sus apariciones (1931-1938) a Santa Faustina Kowalska en Plock, Polonia.
Friday, April 09, 2010
Oración
Un bosque con luz eléctrica es una horterada. Un bosque de noche es una ratonera. Cuando sale el sol la luz cambia totalmente el panorama y lo hace maravilloso. La oración es algo así: Nos permite ver más los acontecimientos de la vida con los ojos de Dios.
Rezar es hablar con Dios de tú a Tú; rehuyendo el anonimato. La oración supone ejercitar las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. En la oración nos llenamos de visión sobrenatural. Todo el empeño del diablo está en que abandonemos la oración; sabe que así nos falta la tercera dimensión.
“In te, Domine, speravi”: en ti, Señor, esperé.-Y puse, con los medios humanos, mi oración y mi cruz.-Y mi esperanza no fue vana, ni jamás lo será: “non confundar in aeternum” (Camino, 95). La Cruz de cada día, la vemos haciendo oración. Con la oración le damos la vuelta a la tortilla.
Hemos de luchar por vivir siempre en gracia de Dios. Para esto hemos de frecuentar el sacramento de la confesión. Así, la oración nos ayudará a vivir más la vida de los hijos de Dios. Somos hombres limitados, con defectos, con meteduras de pata, a veces quizás de importancia. Esto no debe apartarnos de la oración: todo lo contrario.
Concretar: oración mental diaria. Es una cita con el Señor.Una sugerencia: al menos un cu arto de hora. Con algún libro que nos ayude: Evangelio, textos litúrgicos, Camino, etc. Mejor... de parado; en un buen momento. Hacer bien la oración introductoria. Apuntar alguna idea que salga en la oración. Sacar algún propósito muy concreto para mejorar la vida.
Puede parecer a veces un monólogo, una pérdida de tiempo, una comedia. Sin embargo le damos una gran alegría al Señor y a la Virgen. Un día la oración,... dos días,..dos meses, dos años..., veinte años. La oración perseverante nos cambia totalmente la vida.
Si tenemos dirección espiritual con algún sacerdote –algo muy conveniente- llevar esos consejos a la oración.
“Llamad y se os abrirá. Pedid y se os dará...” El Señor nos da garantías; pero hemos de pedir bien: hemos de buscar la Voluntad de Dios, que es amabilísima.
La oración es la actividad más productiva del hombre y la más enriquecedora.
José Ignacio Moreno
Rezar es hablar con Dios de tú a Tú; rehuyendo el anonimato. La oración supone ejercitar las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. En la oración nos llenamos de visión sobrenatural. Todo el empeño del diablo está en que abandonemos la oración; sabe que así nos falta la tercera dimensión.
“In te, Domine, speravi”: en ti, Señor, esperé.-Y puse, con los medios humanos, mi oración y mi cruz.-Y mi esperanza no fue vana, ni jamás lo será: “non confundar in aeternum” (Camino, 95). La Cruz de cada día, la vemos haciendo oración. Con la oración le damos la vuelta a la tortilla.
Hemos de luchar por vivir siempre en gracia de Dios. Para esto hemos de frecuentar el sacramento de la confesión. Así, la oración nos ayudará a vivir más la vida de los hijos de Dios. Somos hombres limitados, con defectos, con meteduras de pata, a veces quizás de importancia. Esto no debe apartarnos de la oración: todo lo contrario.
Concretar: oración mental diaria. Es una cita con el Señor.Una sugerencia: al menos un cu arto de hora. Con algún libro que nos ayude: Evangelio, textos litúrgicos, Camino, etc. Mejor... de parado; en un buen momento. Hacer bien la oración introductoria. Apuntar alguna idea que salga en la oración. Sacar algún propósito muy concreto para mejorar la vida.
Puede parecer a veces un monólogo, una pérdida de tiempo, una comedia. Sin embargo le damos una gran alegría al Señor y a la Virgen. Un día la oración,... dos días,..dos meses, dos años..., veinte años. La oración perseverante nos cambia totalmente la vida.
Si tenemos dirección espiritual con algún sacerdote –algo muy conveniente- llevar esos consejos a la oración.
“Llamad y se os abrirá. Pedid y se os dará...” El Señor nos da garantías; pero hemos de pedir bien: hemos de buscar la Voluntad de Dios, que es amabilísima.
La oración es la actividad más productiva del hombre y la más enriquecedora.
José Ignacio Moreno
Saturday, April 03, 2010
HOMILÍA DEL PAPA EN LA SANTA MISA EN LA CENA DEL SEÑOR
Tuesday, March 30, 2010
Homilía del Papa el Domingo de Ramos 2010
Queridos hermanos y hermanas,
¡queridos jóvenes!
El Evangelio de la bendición de las palmas, que hemos escuchado aquí reunidos en la Plaza de San Pedro, comienza con la frase: “Marchaba por delante subiendo a Jerusalén (Lc 19,28). Nada más empezar la liturgia de este día, la Iglesia anticipa su respuesta al Evangelio, diciendo: “Sigamos al Señor”. Con esto el tema del Domingo de Ramos está claramente expresado. Es el siguiente. Ser cristiano significa considerar el camino de Jesucristo como el camino correcto para el ser humano -como ese camino que conduce a la meta, a una humanidad plenamente realizada y auténtica. De manera particular, quiero repetir a todos los jóvenes, en esta XXV Jornada Mundial de la Juventud, que ser cristiano es un camino, o mejor: una peregrinación, un caminar junto a Jesucristo. Un caminar en esa dirección que Él nos ha indicado y nos indica.
¿Pero de qué dirección se trata? ¿Cómo se la encuentra? La fase de nuestro Evangelio ofrece dos indicaciones al respecto. En primer lugar dice que se trata de un ascenso. Esto tiene en primer lugar un significado muy concreto. Jericó, donde ha empezado la última parte de la peregrinación de Jesús, se encuentra a 250 metros bajo el nivel del mar, mientras que Jerusalén -la meta del camino- está a 740-780 metros sobre el nivel del mar: un ascenso de casi mil metros. Pero este camino exterior es sobre todo una imagen del movimiento interior de la existencia, que se realiza en el seguimiento de Cristo: es una ascensión a la verdadera altura del ser humano. La persona puede escoger un camino cómodo y evitar todo cansancio. Puede también descender hacia lo bajo, lo vulgar. Puede hundirse en el lodo de la mentira y la deshonestidad. Jesús camina delante de nosotros, y va hacia lo alto. Él nos conduce a lo que es grande, puro, nos conduce al aire saludable de las alturas: a la vida según verdad; al coraje que no se deja intimidar por el cotilleo de las opiniones dominantes; a la paciencia que soporta y sostiene al otro. Él conduce a la disponibilidad para los que sufren, los abandonados; a la fidelidad que está de parte del otro también cuando la situación se hace difícil. Conduce a la disponibilidad para proporcionar ayuda; a la bondad que no se deja desarmar ni por la ingratitud. Él nos conduce al amor -nos conduce a Dios.
“Marchaba por delante subiendo a Jerusalén”. Si leemos esta palabra del Evangelio en el contexto del camino de Jesús en su conjunto -un camino que, de hecho, prosigue hasta el fin de los tiempos- podemos descubrir en la indicación de la meta “Jerusalén” diversos niveles. Naturalmente en primer lugar debe entenderse simplemente el lugar “Jerusalén”: es la ciudad en la que se encontraba el Templo de Dios, cuya unicidad debía aludir a la unicidad de Dios mismo. Este lugar anuncia por tanto en primer lugar dos cosas: por un lado dice que Dios es uno solo en todo el mundo, supera inmensamente todos nuestros lugares y tiempos; es a ese Dios al que pertenece toda la creación. Es el Dios que todas las personas buscan en lo más profundo y de quien, de algún modo, todos tienen también conocimiento. Pero este Dios se ha dado un nombre. Se ha dado a conocer a nosotros, ha tenido una historia con los hombres; ha elegido a un hombre -Abraham- como punto de partida de esta historia. El Dios infinito es al mismo tiempo el Dios cercano. Él, que no puede ser encerrado en ningún edificio, quiere sin embargo habitar en medio de nosotros, estar totalmente con nosotros.
Si Jesús junto al Israel que peregrina sale hacia Jerusalén, va allí para celebrar con Israel la Pascua: el memorial de la liberación de Israel -memorial que, al mismo tiempo, es siempre esperanza de la libertad definitiva, que Dios dará. Y Jesús va a esta fiesta consciente de ser Él mismo el Cordero en el que se cumplirá lo que el Libro del Éxodo dice al respecto: un cordero sin defecto, macho, que al atardecer, ante los ojos de los hijos de Israel, es inmolado “ como rito perenne” (cf. Ex 12,5-6.14). Y finalmente Jesús sabe que su camino irá más lejos: no tendrá en la cruz su final. Sabe que su camino rasgará el velo entre este mundo y el mundo de Dios; que Él ascenderá hasta el trono de Dios y reconciliará a Dios y al hombre en su cuerpo. Sabe que su cuerpo resucitado será el nuevo sacrificio y el nuevo Templo; que en torno a Él, de las filas de los Ángeles y de los Santos, se formará la nueva Jerusalén que está en el cielo y está también ya en la tierra, porque en su pasión Él ha abierto los confines entre cielo y tierra. Su camino conduce más allá de la cima del monte del Templo hasta la altura de Dios mismo: es éste el gran ascenso al que nos invita a todos. Él permanece siempre con nosotros en la tierra y está ya siempre junto a Dios, Él nos guía en la tierra y más allá de la tierra.
Así, en la amplitud del ascenso de Jesús se hacen visibles las dimensiones de nuestro seguimiento -la meta a la que Él quiere conducirnos: hasta las alturas de Dios, a la comunión con Dios, al ser-con-Dios. Es ésta la verdadera meta, y la comunión con Él es el camino. La comunión con Cristo es un estar en camino, un permanente ascenso hacia la verdadera altitud de nuestra vocación. Caminar con Jesús es al mismo tiempo siempre un caminar en el “nosotros” de los que quieren seguirLe. Nos introduce en esta comunidad. Pero el camino a la vida verdadera, a un ser personas conforme al modelo del Hijo de Dios Jesucristo supera nuestras propias fuerzas, este caminar es siempre también un ser llevados. Nos encontramos, por así decirlo, en una cordada con Jesucristo -junto a Él en la ascensión a las alturas de Dios. El nos empuja y nos sostiene. Forma parte del seguimiento de Cristo que nos dejemos integrar en esa cordada; que aceptemos no poder hacerlo solos. Forma parte de él este acto de humildad, entrar en el “nosotros” de la Iglesia; agruparse en la cordada, la responsabilidad de la comunión -no romper la cuerda con la obstinación y la arrogancia. El humilde creer con la Iglesia, como estar soldados en la cordada del ascenso hacia Dios, es una condición esencial del seguimiento. De este estar en el conjunto de la cordada forma parte también el no comportarse como patrones de la Palabra de Dios, el no correr tras una idea equivocada de emancipación. La humildad del “ser-con” es esencial para el ascenso. Forma también parte de él que en los Sacramentos nos dejemos siempre de nuevo tomar de la mano por el Señor; que por Él nos dejemos purificar y vigorizar; que aceptemos la disciplina del ascenso, aunque estemos cansados.
Finalmente, debemos todavía decir: del ascenso a la altura de Jesucristo, del ascenso a la altura de Dios mismo forma parte la Cruz. Como en los asuntos de este mundo no se pueden lograr grandes resultados sin renuncia y duro ejercicio, como la alegría por un gran descubrimiento del conocimiento o por una verdadera capacidad operativa está ligada a la disciplina, de hecho, a la fatiga del aprendizaje, así también el camino a la vida misma, a la realización de la propia humanidad está ligado a la comunión con Aquel que ha subido a la altura de Dios a través de la Cruz. En última instancia, la Cruz es expresión de lo que significa el amor: sólo quien se pierde a sí mismo, se encuentra.
En resumen: el seguimiento de Cristo requiere como primer paso volver a despertar la nostalgia por el auténtico ser humano y así revivir por Dios. Requiere después entrar en la cordada de los que ascienden, en la comunión de la Iglesia. En el “nosotros” de la Iglesia entramos en comunión con el “Tú” de Jesucristo y alcanzamos así el camino hacia Dios. También se requiere escuchar la Palabra de Jesucristo y vivirla: en fe, esperanza y amor. Así estamos en camino a la Jerusalén definitiva y ya desde ahora, de algún modo, nos encontramos allí, en la comunión de todos los Santos de Dios.
Nuestra peregrinación en el seguimiento de Cristo por tanto no va hacia una ciudad terrena, sino hacia la nueva Ciudad de Dios que crece en medio de este mundo. La peregrinación hacia la Jerusalén terrestre, sin embargo, puede ser precisamente también para nosotros los cristianos un elemento útil para ese viaje mayor. Yo mismo he ligado a mi peregrinación a Tierra Santa del año pasado tres significados. Primero de todo he pensado que nos podría pasar en esa ocasión lo que san Juan dice al inicio de su Primera Carta: lo que hemos oído, lo podemos, en cierta manera, ver y tocar con nuestras manos (cf. 1 Jn 1,1). La fe en Jesucristo no es una invención legendaria. Se basa en una historia ocurrida realmente. Esta historia la podemos, por así decirlo, contemplar y tocar. Es conmovedor encontrarse en Nazaret en el lugar donde el Ángel se apareció a María y le transmitió la tarea de convertirse en la Madre del Redentor. Es conmovedor estar en Belén en el lugar donde el Verbo, hecho carne, vino a habitar entre nosotros; pisar la tierra santa en la que Dios quiso hacerse hombre y niño. Es conmovedor subir la escalera al Calvario hasta el lugar en el que Jesús murió por nosotros en la Cruz. Y estar finalmente ante el sepulcro vacío; rezar allí donde su santa alma reposó y donde al tercer día sucedió la resurrección. Seguir los caminos exteriores de Jesús debe ayudarnos a caminar más gozosamente y con una nueva certeza en el camino interior que Él nos ha indicado y que es Él mismo.
Cuando vamos a Tierra Santa como peregrinos, vamos también -y éste es el segundo aspecto- como mensajeros de la paz, con la oración por la paz; con la invitación fuerte a todos a hacer en ese lugar, que lleva en su nombre la palabra “paz”, todo lo posible para que se convierta verdaderamente en un lugar de paz. Así esta peregrinación es al mismo tiempo -como tercer aspecto- un estímulo para los cristianos a permanecer en el País de sus orígenes y a comprometerse intensamente en él por la paz.
Volvamos de nuevo a la liturgia del Domingo de Ramos. En la oración con la que se bendicen las palmas rezamos para que en la comunión con Cristo podamos dar el fruto de buenas obras. Por una interpretación errónea de san Pablo, se ha desarrollado repetidamente en el curso de la historia y también hoy, la opinión de que las buenas obras no formarían parte del ser cristiano, en todo caso serían insignificantes para la salvación de la persona. Pero si Pablo dice que las obras no pueden justificar a la persona, con ello no se opone a la importancia de actuar de una manera recta y, si él habla del fin de la Ley, no declara superados e irrelevantes los Diez Mandamientos. No hay necesidad ahora de reflexionar sobre toda la amplitud de la cuestión que interesaba al Apóstol. Es importante destacar que con el término “Ley” él no entiende los Diez Mandamientos, sino el complejo estilo de vida mediante el cual Israel debía protegerse contra las tentaciones del paganismo. Ahora, sin embargo, Cristo ha llevado a Dios a los paganos. A ellos no se les impone esa forma de distinción. A ellos se les da como Ley únicamente a Cristo. Pero esto significa el amor a Dios y al prójimo y todo lo que forma parte de él. Forman parte de este amor los Mandamientos leídos de una manera nueva y más profunda a partir de Cristo, esos Mandamientos que no son otros que las reglas fundamentales del verdadero amor: primero de todo y como principio fundamental la adoración de Dios, el primado de Dios, que los primeros tres Mandamientos expresan. Ellos nos dicen: sin Dios nada sale bien. Quién es ese Dios o cómo es Él, lo sabemos a partir de la persona de Jesucristo. Siguen después la santidad de la familia (cuarto Mandamiento), la santidad de la vida (quinto Mandamiento), las reglas del matrimonio (sexto Mandamiento), las reglas sociales (séptimo Mandamiento) y finalmente la inviolabilidad de la verdad (octavo Mandamiento). Todo es hoy de máxima actualidad y precisamente también en el sentido de san Pablo -si leemos íntegramente sus Cartas. “Dar fruto con las buenas obras”: al inicio de la Semana Santa pidamos al Señor que nos dé a todos nosotros cada vez más este fruto.
Al final del Evangelio para la bendición de las palmas oímos la aclamación con la que los peregrinos saludan a Jesús a las puertas de Jerusalén. Es la palabra del Salmo 118 (117), que originariamente los sacerdotes proclamaban desde la Ciudad Santa a los peregrinos, pero que, con el tiempo, se convirtió en expresión de la esperanza mesiánica: “Bendito el que viene en nombre del Señor” (Sal 118 [117],26; Lc 19,38). Los peregrinos ven en Jesús al Esperado, que viene en el nombre del Señor, o mejor, según el Evangelio de san Lucas, introducen una palabra más: “Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor”. Y prosiguen con una aclamación que recuerda el mensaje de los Ángeles en Navidad, pero lo modifica de una manera que hace reflexionar. Los Ángeles habían hablado de la gloria de Dios en las alturas y de la paz en la tierra para los hombre de la benevolencia divina. Los peregrinos en la entrada de la Ciudad Santa dicen: “¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Saben demasiado bien que en la tierra no hay paz. Y saben que el lugar de la paz es el cielo -saben que forma parte de la esencia del cielo ser lugar de paz. Así esta aclamación es expresión de una profunda pena y, también, es oración de esperanza: Que quien viene en nombre del Señor traiga a la tierra lo que está en los cielos. Su reinado se convierta en el reinado de Dios, presencia del cielo en la tierra. La Iglesia, antes de la consagración eucarística, canta la palabra del Salmo con el que Jesús es saludado antes de su entrada en la Ciudad Santa: ésta saluda a Jesús como el Rey que, viniendo de Dios, en nombre de Dios entra en medio de nosotros. También hoy este saludo gozoso es siempre súplica y esperanza. Roguemos al Señor para que nos traiga el cielo: la gloria de Dios y la paz de los hombres. Entendamos ese saludo en el espíritu de la petición del Padre Nuestro: “¡Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo!”. Sabemos que el cielo es cielo, lugar de la gloria y de la paz, porque en él reina totalmente la voluntad de Dios. Y sabemos que la tierra no es cielo hasta que en ella no se realiza la voluntad de Dios. Demos la bienvenida por tanto a Jesús que viene del cielo y roguémosle que nos ayude a conocer y a cumplir la voluntad de Dios. Que el reino de Dios entre en el mundo y así éste sea colmado con el esplendor de la paz. Amén.
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 28 de marzo de 2010
Homilía de Benedicto XVI en la Misa del Domingo de Ramos
¡queridos jóvenes!
El Evangelio de la bendición de las palmas, que hemos escuchado aquí reunidos en la Plaza de San Pedro, comienza con la frase: “Marchaba por delante subiendo a Jerusalén (Lc 19,28). Nada más empezar la liturgia de este día, la Iglesia anticipa su respuesta al Evangelio, diciendo: “Sigamos al Señor”. Con esto el tema del Domingo de Ramos está claramente expresado. Es el siguiente. Ser cristiano significa considerar el camino de Jesucristo como el camino correcto para el ser humano -como ese camino que conduce a la meta, a una humanidad plenamente realizada y auténtica. De manera particular, quiero repetir a todos los jóvenes, en esta XXV Jornada Mundial de la Juventud, que ser cristiano es un camino, o mejor: una peregrinación, un caminar junto a Jesucristo. Un caminar en esa dirección que Él nos ha indicado y nos indica.
¿Pero de qué dirección se trata? ¿Cómo se la encuentra? La fase de nuestro Evangelio ofrece dos indicaciones al respecto. En primer lugar dice que se trata de un ascenso. Esto tiene en primer lugar un significado muy concreto. Jericó, donde ha empezado la última parte de la peregrinación de Jesús, se encuentra a 250 metros bajo el nivel del mar, mientras que Jerusalén -la meta del camino- está a 740-780 metros sobre el nivel del mar: un ascenso de casi mil metros. Pero este camino exterior es sobre todo una imagen del movimiento interior de la existencia, que se realiza en el seguimiento de Cristo: es una ascensión a la verdadera altura del ser humano. La persona puede escoger un camino cómodo y evitar todo cansancio. Puede también descender hacia lo bajo, lo vulgar. Puede hundirse en el lodo de la mentira y la deshonestidad. Jesús camina delante de nosotros, y va hacia lo alto. Él nos conduce a lo que es grande, puro, nos conduce al aire saludable de las alturas: a la vida según verdad; al coraje que no se deja intimidar por el cotilleo de las opiniones dominantes; a la paciencia que soporta y sostiene al otro. Él conduce a la disponibilidad para los que sufren, los abandonados; a la fidelidad que está de parte del otro también cuando la situación se hace difícil. Conduce a la disponibilidad para proporcionar ayuda; a la bondad que no se deja desarmar ni por la ingratitud. Él nos conduce al amor -nos conduce a Dios.
“Marchaba por delante subiendo a Jerusalén”. Si leemos esta palabra del Evangelio en el contexto del camino de Jesús en su conjunto -un camino que, de hecho, prosigue hasta el fin de los tiempos- podemos descubrir en la indicación de la meta “Jerusalén” diversos niveles. Naturalmente en primer lugar debe entenderse simplemente el lugar “Jerusalén”: es la ciudad en la que se encontraba el Templo de Dios, cuya unicidad debía aludir a la unicidad de Dios mismo. Este lugar anuncia por tanto en primer lugar dos cosas: por un lado dice que Dios es uno solo en todo el mundo, supera inmensamente todos nuestros lugares y tiempos; es a ese Dios al que pertenece toda la creación. Es el Dios que todas las personas buscan en lo más profundo y de quien, de algún modo, todos tienen también conocimiento. Pero este Dios se ha dado un nombre. Se ha dado a conocer a nosotros, ha tenido una historia con los hombres; ha elegido a un hombre -Abraham- como punto de partida de esta historia. El Dios infinito es al mismo tiempo el Dios cercano. Él, que no puede ser encerrado en ningún edificio, quiere sin embargo habitar en medio de nosotros, estar totalmente con nosotros.
Si Jesús junto al Israel que peregrina sale hacia Jerusalén, va allí para celebrar con Israel la Pascua: el memorial de la liberación de Israel -memorial que, al mismo tiempo, es siempre esperanza de la libertad definitiva, que Dios dará. Y Jesús va a esta fiesta consciente de ser Él mismo el Cordero en el que se cumplirá lo que el Libro del Éxodo dice al respecto: un cordero sin defecto, macho, que al atardecer, ante los ojos de los hijos de Israel, es inmolado “ como rito perenne” (cf. Ex 12,5-6.14). Y finalmente Jesús sabe que su camino irá más lejos: no tendrá en la cruz su final. Sabe que su camino rasgará el velo entre este mundo y el mundo de Dios; que Él ascenderá hasta el trono de Dios y reconciliará a Dios y al hombre en su cuerpo. Sabe que su cuerpo resucitado será el nuevo sacrificio y el nuevo Templo; que en torno a Él, de las filas de los Ángeles y de los Santos, se formará la nueva Jerusalén que está en el cielo y está también ya en la tierra, porque en su pasión Él ha abierto los confines entre cielo y tierra. Su camino conduce más allá de la cima del monte del Templo hasta la altura de Dios mismo: es éste el gran ascenso al que nos invita a todos. Él permanece siempre con nosotros en la tierra y está ya siempre junto a Dios, Él nos guía en la tierra y más allá de la tierra.
Así, en la amplitud del ascenso de Jesús se hacen visibles las dimensiones de nuestro seguimiento -la meta a la que Él quiere conducirnos: hasta las alturas de Dios, a la comunión con Dios, al ser-con-Dios. Es ésta la verdadera meta, y la comunión con Él es el camino. La comunión con Cristo es un estar en camino, un permanente ascenso hacia la verdadera altitud de nuestra vocación. Caminar con Jesús es al mismo tiempo siempre un caminar en el “nosotros” de los que quieren seguirLe. Nos introduce en esta comunidad. Pero el camino a la vida verdadera, a un ser personas conforme al modelo del Hijo de Dios Jesucristo supera nuestras propias fuerzas, este caminar es siempre también un ser llevados. Nos encontramos, por así decirlo, en una cordada con Jesucristo -junto a Él en la ascensión a las alturas de Dios. El nos empuja y nos sostiene. Forma parte del seguimiento de Cristo que nos dejemos integrar en esa cordada; que aceptemos no poder hacerlo solos. Forma parte de él este acto de humildad, entrar en el “nosotros” de la Iglesia; agruparse en la cordada, la responsabilidad de la comunión -no romper la cuerda con la obstinación y la arrogancia. El humilde creer con la Iglesia, como estar soldados en la cordada del ascenso hacia Dios, es una condición esencial del seguimiento. De este estar en el conjunto de la cordada forma parte también el no comportarse como patrones de la Palabra de Dios, el no correr tras una idea equivocada de emancipación. La humildad del “ser-con” es esencial para el ascenso. Forma también parte de él que en los Sacramentos nos dejemos siempre de nuevo tomar de la mano por el Señor; que por Él nos dejemos purificar y vigorizar; que aceptemos la disciplina del ascenso, aunque estemos cansados.
Finalmente, debemos todavía decir: del ascenso a la altura de Jesucristo, del ascenso a la altura de Dios mismo forma parte la Cruz. Como en los asuntos de este mundo no se pueden lograr grandes resultados sin renuncia y duro ejercicio, como la alegría por un gran descubrimiento del conocimiento o por una verdadera capacidad operativa está ligada a la disciplina, de hecho, a la fatiga del aprendizaje, así también el camino a la vida misma, a la realización de la propia humanidad está ligado a la comunión con Aquel que ha subido a la altura de Dios a través de la Cruz. En última instancia, la Cruz es expresión de lo que significa el amor: sólo quien se pierde a sí mismo, se encuentra.
En resumen: el seguimiento de Cristo requiere como primer paso volver a despertar la nostalgia por el auténtico ser humano y así revivir por Dios. Requiere después entrar en la cordada de los que ascienden, en la comunión de la Iglesia. En el “nosotros” de la Iglesia entramos en comunión con el “Tú” de Jesucristo y alcanzamos así el camino hacia Dios. También se requiere escuchar la Palabra de Jesucristo y vivirla: en fe, esperanza y amor. Así estamos en camino a la Jerusalén definitiva y ya desde ahora, de algún modo, nos encontramos allí, en la comunión de todos los Santos de Dios.
Nuestra peregrinación en el seguimiento de Cristo por tanto no va hacia una ciudad terrena, sino hacia la nueva Ciudad de Dios que crece en medio de este mundo. La peregrinación hacia la Jerusalén terrestre, sin embargo, puede ser precisamente también para nosotros los cristianos un elemento útil para ese viaje mayor. Yo mismo he ligado a mi peregrinación a Tierra Santa del año pasado tres significados. Primero de todo he pensado que nos podría pasar en esa ocasión lo que san Juan dice al inicio de su Primera Carta: lo que hemos oído, lo podemos, en cierta manera, ver y tocar con nuestras manos (cf. 1 Jn 1,1). La fe en Jesucristo no es una invención legendaria. Se basa en una historia ocurrida realmente. Esta historia la podemos, por así decirlo, contemplar y tocar. Es conmovedor encontrarse en Nazaret en el lugar donde el Ángel se apareció a María y le transmitió la tarea de convertirse en la Madre del Redentor. Es conmovedor estar en Belén en el lugar donde el Verbo, hecho carne, vino a habitar entre nosotros; pisar la tierra santa en la que Dios quiso hacerse hombre y niño. Es conmovedor subir la escalera al Calvario hasta el lugar en el que Jesús murió por nosotros en la Cruz. Y estar finalmente ante el sepulcro vacío; rezar allí donde su santa alma reposó y donde al tercer día sucedió la resurrección. Seguir los caminos exteriores de Jesús debe ayudarnos a caminar más gozosamente y con una nueva certeza en el camino interior que Él nos ha indicado y que es Él mismo.
Cuando vamos a Tierra Santa como peregrinos, vamos también -y éste es el segundo aspecto- como mensajeros de la paz, con la oración por la paz; con la invitación fuerte a todos a hacer en ese lugar, que lleva en su nombre la palabra “paz”, todo lo posible para que se convierta verdaderamente en un lugar de paz. Así esta peregrinación es al mismo tiempo -como tercer aspecto- un estímulo para los cristianos a permanecer en el País de sus orígenes y a comprometerse intensamente en él por la paz.
Volvamos de nuevo a la liturgia del Domingo de Ramos. En la oración con la que se bendicen las palmas rezamos para que en la comunión con Cristo podamos dar el fruto de buenas obras. Por una interpretación errónea de san Pablo, se ha desarrollado repetidamente en el curso de la historia y también hoy, la opinión de que las buenas obras no formarían parte del ser cristiano, en todo caso serían insignificantes para la salvación de la persona. Pero si Pablo dice que las obras no pueden justificar a la persona, con ello no se opone a la importancia de actuar de una manera recta y, si él habla del fin de la Ley, no declara superados e irrelevantes los Diez Mandamientos. No hay necesidad ahora de reflexionar sobre toda la amplitud de la cuestión que interesaba al Apóstol. Es importante destacar que con el término “Ley” él no entiende los Diez Mandamientos, sino el complejo estilo de vida mediante el cual Israel debía protegerse contra las tentaciones del paganismo. Ahora, sin embargo, Cristo ha llevado a Dios a los paganos. A ellos no se les impone esa forma de distinción. A ellos se les da como Ley únicamente a Cristo. Pero esto significa el amor a Dios y al prójimo y todo lo que forma parte de él. Forman parte de este amor los Mandamientos leídos de una manera nueva y más profunda a partir de Cristo, esos Mandamientos que no son otros que las reglas fundamentales del verdadero amor: primero de todo y como principio fundamental la adoración de Dios, el primado de Dios, que los primeros tres Mandamientos expresan. Ellos nos dicen: sin Dios nada sale bien. Quién es ese Dios o cómo es Él, lo sabemos a partir de la persona de Jesucristo. Siguen después la santidad de la familia (cuarto Mandamiento), la santidad de la vida (quinto Mandamiento), las reglas del matrimonio (sexto Mandamiento), las reglas sociales (séptimo Mandamiento) y finalmente la inviolabilidad de la verdad (octavo Mandamiento). Todo es hoy de máxima actualidad y precisamente también en el sentido de san Pablo -si leemos íntegramente sus Cartas. “Dar fruto con las buenas obras”: al inicio de la Semana Santa pidamos al Señor que nos dé a todos nosotros cada vez más este fruto.
Al final del Evangelio para la bendición de las palmas oímos la aclamación con la que los peregrinos saludan a Jesús a las puertas de Jerusalén. Es la palabra del Salmo 118 (117), que originariamente los sacerdotes proclamaban desde la Ciudad Santa a los peregrinos, pero que, con el tiempo, se convirtió en expresión de la esperanza mesiánica: “Bendito el que viene en nombre del Señor” (Sal 118 [117],26; Lc 19,38). Los peregrinos ven en Jesús al Esperado, que viene en el nombre del Señor, o mejor, según el Evangelio de san Lucas, introducen una palabra más: “Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor”. Y prosiguen con una aclamación que recuerda el mensaje de los Ángeles en Navidad, pero lo modifica de una manera que hace reflexionar. Los Ángeles habían hablado de la gloria de Dios en las alturas y de la paz en la tierra para los hombre de la benevolencia divina. Los peregrinos en la entrada de la Ciudad Santa dicen: “¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Saben demasiado bien que en la tierra no hay paz. Y saben que el lugar de la paz es el cielo -saben que forma parte de la esencia del cielo ser lugar de paz. Así esta aclamación es expresión de una profunda pena y, también, es oración de esperanza: Que quien viene en nombre del Señor traiga a la tierra lo que está en los cielos. Su reinado se convierta en el reinado de Dios, presencia del cielo en la tierra. La Iglesia, antes de la consagración eucarística, canta la palabra del Salmo con el que Jesús es saludado antes de su entrada en la Ciudad Santa: ésta saluda a Jesús como el Rey que, viniendo de Dios, en nombre de Dios entra en medio de nosotros. También hoy este saludo gozoso es siempre súplica y esperanza. Roguemos al Señor para que nos traiga el cielo: la gloria de Dios y la paz de los hombres. Entendamos ese saludo en el espíritu de la petición del Padre Nuestro: “¡Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo!”. Sabemos que el cielo es cielo, lugar de la gloria y de la paz, porque en él reina totalmente la voluntad de Dios. Y sabemos que la tierra no es cielo hasta que en ella no se realiza la voluntad de Dios. Demos la bienvenida por tanto a Jesús que viene del cielo y roguémosle que nos ayude a conocer y a cumplir la voluntad de Dios. Que el reino de Dios entre en el mundo y así éste sea colmado con el esplendor de la paz. Amén.
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 28 de marzo de 2010
Homilía de Benedicto XVI en la Misa del Domingo de Ramos
Saturday, March 27, 2010
Friday, March 26, 2010
Thursday, March 25, 2010
GUERRA AL CRISTIANISMO
Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen.
Por su especial interés damos a conocer una carta al director del periódico Corriere della Sera firmada por Marcello Pera. Pera es Senador de la República Italiana y profesor de filosofía, no es católico. Escribió diversos libros sobre la identidad cristiana de Europa, entre los que destacan: Senza radici, Pera, Marcello y Ratzinger, Joseph, Ed. Mondadori, Milano 2004: Perché dobbiamo dirci cristiani, Ed. Mondadori, Milano 2008, con prefacio del Papa Benedicto XVI.
Una agresión al Papa y a la democracia Carta al director de Marcello Pera (Corriere della Sera, Milán, 17-03-2010, pag. 23).
Estimado director:La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios.No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?».Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro.Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo. La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide.De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que «progenitor A» y «progenitor B» es lo mismo que «padre» y «madre». De quien sostiene que la fe es como el coxis, un órgano que ya no participa en la evolución porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por sí mismo.O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que existe el mal.Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión. Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto XVI. Aquellos obispos equívocos que sostienen que entrar en compromisos con la modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano. Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo. Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una «cuestión femenina» dentro de la Iglesia y un problema no resuelto entre cristianismo y sexualidad. Aquellas conferencias episcopales que equivocan en el orden del día y, mientras auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente, llevados al banco de los acusados. O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético, o aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser «laico», es decir, anticristiano.La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué está allí.
Marcello Pera http://www.marcellopera.it/
Por su especial interés damos a conocer una carta al director del periódico Corriere della Sera firmada por Marcello Pera. Pera es Senador de la República Italiana y profesor de filosofía, no es católico. Escribió diversos libros sobre la identidad cristiana de Europa, entre los que destacan: Senza radici, Pera, Marcello y Ratzinger, Joseph, Ed. Mondadori, Milano 2004: Perché dobbiamo dirci cristiani, Ed. Mondadori, Milano 2008, con prefacio del Papa Benedicto XVI.
Una agresión al Papa y a la democracia Carta al director de Marcello Pera (Corriere della Sera, Milán, 17-03-2010, pag. 23).
Estimado director:La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios.No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?».Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro.Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo. La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide.De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que «progenitor A» y «progenitor B» es lo mismo que «padre» y «madre». De quien sostiene que la fe es como el coxis, un órgano que ya no participa en la evolución porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por sí mismo.O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que existe el mal.Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión. Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto XVI. Aquellos obispos equívocos que sostienen que entrar en compromisos con la modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano. Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo. Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una «cuestión femenina» dentro de la Iglesia y un problema no resuelto entre cristianismo y sexualidad. Aquellas conferencias episcopales que equivocan en el orden del día y, mientras auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente, llevados al banco de los acusados. O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético, o aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser «laico», es decir, anticristiano.La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué está allí.
Marcello Pera http://www.marcellopera.it/
Tuesday, March 23, 2010
Día 25 de marzo: Oración y Misa por la vida en la Catedral de la Almudena
En la Catedral de la Almudena tendrá lugar, este jueves 25 de marzo a las 19:00 horas, la Celebración diocesana por la Vida presidida por el Emmo.y Rvmo. Sr. D. Antonio Maria Rouco Varela, Cardenal-Arzobispo de Madrid. La Eucaristía será precedida por el rezo del Santo Rosario a las 18:30, que será guiado por diversas Asociaciones y Movimientos defensores de la vida y la familia.
Sunday, March 21, 2010
V Aniversario de la Elección del Papa: abril 2005
Saturday, March 13, 2010
Friday, March 12, 2010
Saturday, March 06, 2010
Abuelos y nietos
Existen datos preocupantes del censo de Estados Unidos sobre el creciente número de menores que han de ser sustentados por sus abuelos: 2,4 millones de venerables ancianos se encargan de la crianza de 4,4 millones de nietos. El semanario The Economist informa que un tercio de estos abuelos, cabeza de familia, no habían terminado la enseñanza secundaria y que el 62% no habían pasado por la universidad. La Academia Americana de Psiquiatría para Niños y Adolescentes explica las causas: aumento de familias con un solo padre, alta tasa de divorcios, embarazos de adolescentes, incapacitación de los padres por prisión, alcoholismo, consumo de drogas y violencia doméstica. Los abuelos juegan en la educación de los nietos un papel muy importante; “ya que sirven como modelos de comportamiento, transmitiéndoles normas, actitudes y valores morales”, al tiempo que ellos reciben “la compañía y el amor de sus nietos”.
GABRIEL ROSELLÓ
GABRIEL ROSELLÓ
Wednesday, March 03, 2010
Sigue adelante, chaval
Ahora que el fracaso escolar es tan grande, nos puede servir las palabras que se recogen en el libro “Siempre alegres para hacer felices a los demás”, de Jesús Urteaga, provenientes de un personaje norteamericano que cuenta con muchos fracasos en su infancia: “no podré olvidar jamás tres palabras de mi padre que cambiaron mi vida. Las dijo en un tranvía, entre dos campanadas del conductor. Tres palabras para ayudar y alentar a un chico”. Su padre era herrero, y trabajaba en una cochera de tranvías de Boston. El chico tenía entonces 17 años, y el resultado de los exámenes trimestrales fue catastrófico: “desilusionado con los resultados de mis exámenes, el padre director había concertado a toda prisa una entrevista con mi padre. La cita tenía que ser a última hora. Las luces de las calles estaban encendidas antes de que regresara a casa. Mi padre trabajaba diez horas diarias.
Recuerdo muy bien aquella noche fatídica. Cincuenta y tres años después puedo recordar perfectamente lo que ocurrió. A las ocho de la noche estábamos en el Seminario. Yo me temía lo peor y así fue. El rector le dijo a mi padre: ‘después de todo, Dios llama a sus hijos por caminos muy distintos, son pocos los llamados a la vida intelectual, y menos todavía los que alcanzan la vida sacerdotal; porque, no lo he dicho todavía, yo quería ser sacerdote.
Mi padre trató de defenderme por el fracaso de los exámenes, pero el rector le cortó en seco: ‘no debe usted afligirse. San José era carpintero. Dios encontrará trabajo para ese hijo suyo’. Nos despedimos. No había nada que hacer. Estaba claro que me expulsaban del colegio.
Como si fuera ayer, recuerdo aquella noche fría, oscura, húmeda. Fuimos a casa en silencio, cada uno dando vueltas a sus propios pensamientos. Los míos eran tristes. Al fin, demostrando indiferencia como suelen hacer los chicos, dije: ‘que se queden con su título. Conseguiré un empleo y te ayudaré en el trabajo, padre’.
Mi padre puso su mano sobre mi hombro y me dijo estas pocas palabras, que hoy las escribo por si pueden alentar a otros: ‘sigue adelante, hijo’. Y yo seguí”. Y a continuación iba la firma del que tenía ya setenta años cumplidos y que a los 17 expulsaron del colegio, porque no valía para estudiar para sacerdote. La firma decía: “Richard, Cardenal Cushing. Arzobispo de Boston”.
Pienso que también Juan Bautista Maria Vianney iba a dejar sus estudios para sacerdote por no saber latín, y también fue alentado pues él soñaba con salvar almas, y le dijo para animarle el rector: “piensa que si te vas, adiós almas”, y él se quedó. Y es el patrón de los sacerdotes. La perseverancia puede ser difícil a veces. Por ejemplo, los estudiantes a principios de año comienzan con "buenos propósitos", reflexiones sobre mejorar en nuestras virtudes y quitar defectos, tomar resoluciones firmes, cambiar. Todos hacemos propósitos, como hacer gimnasia o seguir una dieta o dejar de fumar... y ni siquiera un par de semanas pasan a veces, antes de que se olviden. La perseverancia es hermana de la fortaleza, para continuar por encima de las dificultades, más allá de las flaquezas o desánimos. Puede ser una verdadera lucha. A veces veo un chico en una escuela con cara de pena: “¿qué tal?” le pregunto. “Aburrido”, es la respuesta. Me entran ganas de decirle que por eso hemos pasado todos, que era muy cansado escuchar profesores que hablan y hablan... y no digamos luego, cuando ya en el trabajo les toca a algunos un jefe con neuras o paraonias, o una novia o un novio absorventes, o un marido o esposa celosos de cualquier relación humana que tenga su cónyuge, o tantas cosas que pueden hacernos romper los nervios, y muchos momentos de la vida difíciles.... pequeñas crisis o grandes huracanes, que nos muestran la cara oculta de esta vida que es hermosa, pero también es luchay si somos como un churro nos lleva la corriente como un barquito de papel, la menor llovizna nos hunde irremediablemente. Hace falta la fortaleza.
La perseverancia, ese esfuerzo continuado, es muy importante en la formación de una persona. Hay gente inconstante, que siguen siendo niños que se cansan de los proyectos que comienzan y cambian de rumbo constantemente. Recuerdo cómo unos niños se ofrecían para elevar unas persianas, yo les dejaba las manivelas y comenzaban ilusionados; como era tarea larga, si dejaba de mirarles e iba un momento a otro sitio, al volver a veces estaban las manivela pero no los niños: necesitaban alguien que les mirara, para sentirse útiles. Así muchos necesitan la gratificación inmediata, y no saben trabajar como en las tareas de campo, que el fruto llega después de mucho tiempo, sin que desfallezca la ilusión se van realizando los trabajos de arado y siembra..., mientras se sueña con la esperanza de recolectar. El valor de la perseverancia es muy necesario en un mundo cambiante, y da como fruto el gozo de poseer lo que aspirábamos, que a veces no llega sino al cabo del tiempo, pero disfrutamos en el camino por la esperanza de tenerlo, y mientras va madurando el carácter, con la estabilidad emocional, la confianza en uno mismo. El que persevera alcanza.
Llucià Pou Sabaté
Recuerdo muy bien aquella noche fatídica. Cincuenta y tres años después puedo recordar perfectamente lo que ocurrió. A las ocho de la noche estábamos en el Seminario. Yo me temía lo peor y así fue. El rector le dijo a mi padre: ‘después de todo, Dios llama a sus hijos por caminos muy distintos, son pocos los llamados a la vida intelectual, y menos todavía los que alcanzan la vida sacerdotal; porque, no lo he dicho todavía, yo quería ser sacerdote.
Mi padre trató de defenderme por el fracaso de los exámenes, pero el rector le cortó en seco: ‘no debe usted afligirse. San José era carpintero. Dios encontrará trabajo para ese hijo suyo’. Nos despedimos. No había nada que hacer. Estaba claro que me expulsaban del colegio.
Como si fuera ayer, recuerdo aquella noche fría, oscura, húmeda. Fuimos a casa en silencio, cada uno dando vueltas a sus propios pensamientos. Los míos eran tristes. Al fin, demostrando indiferencia como suelen hacer los chicos, dije: ‘que se queden con su título. Conseguiré un empleo y te ayudaré en el trabajo, padre’.
Mi padre puso su mano sobre mi hombro y me dijo estas pocas palabras, que hoy las escribo por si pueden alentar a otros: ‘sigue adelante, hijo’. Y yo seguí”. Y a continuación iba la firma del que tenía ya setenta años cumplidos y que a los 17 expulsaron del colegio, porque no valía para estudiar para sacerdote. La firma decía: “Richard, Cardenal Cushing. Arzobispo de Boston”.
Pienso que también Juan Bautista Maria Vianney iba a dejar sus estudios para sacerdote por no saber latín, y también fue alentado pues él soñaba con salvar almas, y le dijo para animarle el rector: “piensa que si te vas, adiós almas”, y él se quedó. Y es el patrón de los sacerdotes. La perseverancia puede ser difícil a veces. Por ejemplo, los estudiantes a principios de año comienzan con "buenos propósitos", reflexiones sobre mejorar en nuestras virtudes y quitar defectos, tomar resoluciones firmes, cambiar. Todos hacemos propósitos, como hacer gimnasia o seguir una dieta o dejar de fumar... y ni siquiera un par de semanas pasan a veces, antes de que se olviden. La perseverancia es hermana de la fortaleza, para continuar por encima de las dificultades, más allá de las flaquezas o desánimos. Puede ser una verdadera lucha. A veces veo un chico en una escuela con cara de pena: “¿qué tal?” le pregunto. “Aburrido”, es la respuesta. Me entran ganas de decirle que por eso hemos pasado todos, que era muy cansado escuchar profesores que hablan y hablan... y no digamos luego, cuando ya en el trabajo les toca a algunos un jefe con neuras o paraonias, o una novia o un novio absorventes, o un marido o esposa celosos de cualquier relación humana que tenga su cónyuge, o tantas cosas que pueden hacernos romper los nervios, y muchos momentos de la vida difíciles.... pequeñas crisis o grandes huracanes, que nos muestran la cara oculta de esta vida que es hermosa, pero también es luchay si somos como un churro nos lleva la corriente como un barquito de papel, la menor llovizna nos hunde irremediablemente. Hace falta la fortaleza.
La perseverancia, ese esfuerzo continuado, es muy importante en la formación de una persona. Hay gente inconstante, que siguen siendo niños que se cansan de los proyectos que comienzan y cambian de rumbo constantemente. Recuerdo cómo unos niños se ofrecían para elevar unas persianas, yo les dejaba las manivelas y comenzaban ilusionados; como era tarea larga, si dejaba de mirarles e iba un momento a otro sitio, al volver a veces estaban las manivela pero no los niños: necesitaban alguien que les mirara, para sentirse útiles. Así muchos necesitan la gratificación inmediata, y no saben trabajar como en las tareas de campo, que el fruto llega después de mucho tiempo, sin que desfallezca la ilusión se van realizando los trabajos de arado y siembra..., mientras se sueña con la esperanza de recolectar. El valor de la perseverancia es muy necesario en un mundo cambiante, y da como fruto el gozo de poseer lo que aspirábamos, que a veces no llega sino al cabo del tiempo, pero disfrutamos en el camino por la esperanza de tenerlo, y mientras va madurando el carácter, con la estabilidad emocional, la confianza en uno mismo. El que persevera alcanza.
Llucià Pou Sabaté
Sunday, February 28, 2010
El Santuario de Torreciudad atiende a 5.512 grupos en 2009
Saturday, February 27, 2010
Saturday, February 20, 2010
Vivir la Santa Misa

Javier Echevarría. Ed. Rialp.
El autor propone un itinerario espiritual que sigue de cerca el desarrollo de los ritos litúrgicos, y ofrece así a sacerdotes y seglares materia de meditación sobre la Santa Misa.
El autor propone un itinerario espiritual que sigue de cerca el desarrollo de los ritos litúrgicos, y ofrece así a sacerdotes y seglares materia de meditación sobre la Santa Misa.
Monday, February 15, 2010
El Santo Cura de Ars y la Eucaristía
La Eucaristía y la comunión (Palabras del Santo Cura de Ars)
"Todas las buenas obras juntas no equivalen al sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios.
No hay nada más grande que la Eucaristía.
¡Oh mi hijos!, ¿qué hace Nuestro Señor en el Sacramento de su amor? Ha tomado su corazón bueno para amarnos, y extrae de este corazón una transpiración de ternura y de misericordia para ahogar los pecados del mundo.
¡Allí está quien nos ama tanto! ¿Por qué no amarlo?
El nutrimento del alma es el cuerpo y la sangre de un Dios. ¡Si uno lo piensa, se puede perder por la eternidad en este abismo de amor!
Venid a la comunión, venid a Jesús, venid a vivir de Él, para vivir por Él.
El buen Dios, queriendo darse a nosotros en el sacramento de su amor, nos ha dado un deseo profundo y grande que sólo Él puede satisfacer.
¡La comunión produce en el alma como un golpe de fuelle en un fuego que comienza a apagarse, pero donde todavía hay muchas brasas!
Cuando hemos comulgado, si alguien nos dijera: “¿Qué os lleváis a casa"?, podríamos responder: “Me llevo el cielo.”
No decís que no sois dignos. Es cierto: no sois dignos, pero lo necesitáis".
"Todas las buenas obras juntas no equivalen al sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios.
No hay nada más grande que la Eucaristía.
¡Oh mi hijos!, ¿qué hace Nuestro Señor en el Sacramento de su amor? Ha tomado su corazón bueno para amarnos, y extrae de este corazón una transpiración de ternura y de misericordia para ahogar los pecados del mundo.
¡Allí está quien nos ama tanto! ¿Por qué no amarlo?
El nutrimento del alma es el cuerpo y la sangre de un Dios. ¡Si uno lo piensa, se puede perder por la eternidad en este abismo de amor!
Venid a la comunión, venid a Jesús, venid a vivir de Él, para vivir por Él.
El buen Dios, queriendo darse a nosotros en el sacramento de su amor, nos ha dado un deseo profundo y grande que sólo Él puede satisfacer.
¡La comunión produce en el alma como un golpe de fuelle en un fuego que comienza a apagarse, pero donde todavía hay muchas brasas!
Cuando hemos comulgado, si alguien nos dijera: “¿Qué os lleváis a casa"?, podríamos responder: “Me llevo el cielo.”
No decís que no sois dignos. Es cierto: no sois dignos, pero lo necesitáis".
Saturday, February 13, 2010
El secreto de la alegría en el sufrimiento, revela el Papa
Monday, February 08, 2010
Sunday, February 07, 2010
Friday, January 29, 2010
CUERPO Y CULTO
Estamos en una sociedad que valora mucho el músculo, la fachada. Hasta tal punto que recuerdo a una persona inolvidable que, tras años de sufrimiento, comentaba con insólita guasa: “si por lo menos este maldita enfermedad me hubiera servido para mejorar el tipo...”. Hoy se habla del culto al cuerpo, pero...¿no será el cuerpo para el culto?, para el amor de verdad, el que nos hace ser mejores personas.
CUERPO Y RAZÓN
El cuerpo humano está lleno de finalidades, esas realidades inmateriales para las que los órganos están hechos. Por ejemplo: nosotros tenemos inteligencia y manos con las que hacer utensilios con ilimitadas posibilidades. Pero no estamos solamente para hacer utensilios –apañados estaríamos algunos- sino para llevar a cabo con nuestra vida una finalidad, una misión. El sentido de la vida del hombre configura a la propia persona. El ser humano es un punto entre dos coordenadas: el que es y el que tiende a ser. Ambos polos se influyen mutuamente, y es el segundo el que va por delante en la carrera. El cuerpo puede considerarse como el posicionamiento de una biografía en curso. Nuestro cuerpo acomete la vida. Con calma, con descanso, el cuerpo se pone en marcha porque el tiempo apremia. Por eso imagínense una biografía que se dedicara frecuentemente a mirarse delante de un espejo...¡Vaya espectáculo!
Nosotros vemos personas, no cuerpos. La corporalidad queda intrínsecamente afectada por la personalidad. La personalidad confiere al cuerpo su más significativo alcance. Por este motivo hay enfermos o impedidos cuya fantástico carácter destaca aun más desde su cuerpo discapacitado. Marginar la belleza personal respecto a la corporal es como tirar al niño y quedarse con la cuna. Se trata de algo importante: a los seres humanos nos repugna que nos traten como si fuéramos cosas porque eso es inhumano y en el fondo de ese mal comportamiento está la esclavitud.
La mente está hecha para buscar la verdad y contemplarla. La voluntad se mueve hacia el bien y en él se complace. El corazón tiende a unirse con aquello que ama. Nuestro cuerpo es la plasmación física de esas búsquedas y encuentros, a veces logrados, en otras ocasiones fallidos. La corporeidad no es una carcasa o un mero instrumento sino que forma parte de nuestra propia persona; pero lo que va contra la razón es reducirnos, en la práctica, a considerarnos meros cuerpos. Los materialismos pasados y presentes tienden a ver nuestras manifestaciones racionales como una especie de plus de energía en una materia evolucionada. Estas posturas desconocen que el propio orden de la naturaleza es inmaterial. La materia no puede ordenarse a sí misma porque no es capaz de dialogar consigo. Su asombrosa ordenación no proviene de ella.
Los rayos de luz están en la atmósfera pero no están hechos de oxígeno. Con las limitaciones de todo ejemplo, algo parecido ocurre con nuestra mente o espíritu respecto a nuestro cuerpo. La armónica y personal unión entre el espíritu humano y su materia propia no puede entenderse a nivel de partículas elementales.
Los actos de justicia y de generosidad necesitan de un ámbito físico para expresarse, pero no es lo más importante la armónica nariz del justo o los férreos abdominales del generoso. Una persona con virtudes ejemplares puede permitirse el lujo de ser chata o gordita sin el más mínimo desdoro.
CUERPO Y ORACIÓN
Toda esta reflexión elemental, que hoy es necesaria, nos mueve a pensamientos que parecen olvidados en la opinión pública. La persona humana estima un hermoso paisaje, se fascina al ver a su hijo pequeño, se alegra al reconocer a un amigo, llora ante la muerte de un familiar y se arrodilla ante Dios. La lógica de la creación es la lógica de la naturaleza con significado, la única posible, aunque no siempre la entendamos. Se trata de la misma lógica de la gratitud y del hogar. La familia es el nivel humano de la creación. Sin adoración no hay creación ni familia. La naturaleza tiene leyes tan inexorables como la familia, precisamente porque son creadas. La persona puede hacer de la naturaleza familia, en sentido estricto y amplio. No lo hará si desconoce el culto: sin oración la biografía se desencuaderna y pasa a ser una sucesión de hojas que parece desvanecerse.
La dimensión religiosa de la persona le es tan connatural como el sistema digestivo, y no es menos peligrosa la anemia del espíritu que la del cuerpo. La búsqueda de sentido no es una tendencia frustrada al quiero y no puedo. La religiosidad es la vocación frontal del hombre que se sabe criatura, lo que verdaderamente es. La adquisición de una u otra confesión religiosa es un derecho de la persona que implica una confesionalidad personal. Pero la dimensión religiosa del hombre no es confesional. Afirmar esto y marginar la presencia pública de la religión en la sociedad es mutilar al ser humano y privarle de un importantísimo derecho fundamental: esto lo que el laicismo ignora o quiere ignorar. La laicidad positiva de un Estado consiste en aceptar la naturaleza humana –que incluye la religión-, defenderla y potenciarla, teniendo en cuenta el bien común.
No se puede obligar a nadie a practicar una religión determinada, como tampoco se puede obligar a nadie a jugar al fútbol. En la victoria en uno u otro partido se juegan razones muy personales. Pero nadie sensato retirará de la vida pública un deporte interesante aunque muchos no le presten atención; incluso, aunque ese deporte se haya practicado mal en algunas ocasiones dando lugar a manifestaciones de violencia que deben ser ajenas a una auténtica deportividad.
Hemos estudiado en la historia que la religión cristiana –no hablo ahora de otras- ha sido un factor determinante en el amor entre los hombres, especialmente respecto a los más desfavorecidos y maltratados; el testimonio del crucifijo es muy significativo. Son millones y millones las personas que a lo largo de los siglos de cristianismo han encontrado paz y sentido para sus vidas y para la de sus seres más queridos. No existen estadísticas suficientes que puedan registrar la cantidad de actos de solidaridad humana, a nivel personal y social, en los que la religión cristiana ha tenido un papel relevante. Es verdad que la configuración política de la cristiandad ha llevado durante siglos a que la religión cristiana tuviera en diversos países una situación confesional, felizmente superada. No podremos entender esas épocas sin bucear en el arcano de la historia comprendiendo el contexto situacional de aquellos momentos. Por otra parte, países cristianos han entablado luchas entre sí en momentos en los que religión y política estaban profundamente imbricadas. Las razones de tales conflictos, como las llamadas guerras de religión, fueron fundamentalmente políticas. También es cierto que los cristianos han cometido errores por el hecho de ser hombres; pero cuando se equivocaron y cuando nos equivocamos no es por ser cristianos, sino precisamente por dejar de serlo. La religión cristiana ejemplar es la que vivió Jesucristo: una comunión de Amor y entrega por los hombres.
CUERPO E IGLESIA
La fe y la vida de fe nos dicen que el Cuerpo de Cristo es su Iglesia. La Eucaristía es el mismo cuerpo de Cristo resucitado y sacramentado: un Cuerpo que es para el culto y un culto que es para el Cuerpo. Un Cuerpo del que nos alimentamos los miembros de la Iglesia.
Dios es Dios; los hombres somos los hombres y Dios se hizo hijo del hombre, como dice la Tradición cristiana, para que el hombre se hiciera hijo de Dios. El hecho de que Dios Hijo haya asumido una naturaleza humana, la Encarnación del Verbo, supone una dotación de sentido definitiva para la persona humana y su corporalidad. El arte ha tratado innumerables veces de representar los gestos del Dios-con-nosotros, recorriendo todas las etapas de la vida del Redentor. Su Pasión y Muerte es un aval grandioso al sentido del sufrimiento y del dolor que acompaña con frecuencia la vida humana. El cuerpo del Señor resucitado produjo la entrada de la humanidad de Jesucristo en la Gloria.
Cuerpo y culto: Jesucristo trabajó, sonrió, rezó...Él se hizo para el hombre entrega, alimento, unión. Cuando la persona humana reza con su alma y con su cuerpo se dispone a adentrarse en un diálogo espiritual portador de interioridad y de vida. El culto a Dios lleva a imitar su ejemplo de entrega de sí. La oración hace entrar al ser humano en la lógica del amor y de la vida. Mediante el culto el amor se purifica y se revela fructífero. El culto hace así la cultura, la renueva en su raíz, la hace más humana, más fraterna, más cordial.
CUERPO Y RESURRECCIÓN
La Teología católica afirma que, tras la muerte, el alma sigue tendiendo hacia el cuerpo. Por este motivo el dogma de la resurrección de la carne no es un imposible metafísico. Cristo Resucitado supone la glorificación de la entrega de su vida , un enaltecimiento todavía solo visible para nosotros con la luz de la fe. Buscando una vertiente moral de tan grandioso misterio podríamos decir que la lógica de la resurrección es la lógica de vivir para los demás. Esta es la Vida de Cristo: una Vida ofrecida, donada hasta el extremo. El ejemplo de Cristo resucitado es el que hace resucitar tantas veces nuestro corazón para ser capaz de esforzarnos en querer a los demás.
Realmente uno solo lucha con gozo por dar la vida entera –obras, afectos y pensamientos- por un Dios que la ha dado por cada uno de nosotros. Es elocuente la escena evangélica de Emaús (Luc. 24,13-49). Dos de los discípulos están abatidos, desnortados por el “escándalo de la Cruz”. Son dos cristianos que han perdido el culto, la oración. Hablan con un sabio caminante al que no reconocen. Es en el progresivo diálogo con Cristo cuando lo reconocen resucitado en la Eucaristía. Revive entonces con impetuosa fuerza su vocación y van presurosos a buscar a los demás apóstoles y a la Madre del Resucitado.
Estas consideraciones cristianas pueden parecer demasiado elevadas, alejadas de las modas y las actitudes de muchas personas en su vida privada y pública. Pero la corporalidad humana es como es: esponsal. El cuerpo humano abraza a los seres queridos; en especial a Dios: al respecto es sumamente significativa la Eucaristía. Sólo de esta manera los hombres encontramos la paz interior. El buen gusto, también respecto al cuerpo, es el gusto de lo bueno: lo saben bien los artistas a quienes Benedicto XVI ha llamado recientemente “custodios de la belleza”.
José Ignacio Moreno Iturralde
CUERPO Y RAZÓN
El cuerpo humano está lleno de finalidades, esas realidades inmateriales para las que los órganos están hechos. Por ejemplo: nosotros tenemos inteligencia y manos con las que hacer utensilios con ilimitadas posibilidades. Pero no estamos solamente para hacer utensilios –apañados estaríamos algunos- sino para llevar a cabo con nuestra vida una finalidad, una misión. El sentido de la vida del hombre configura a la propia persona. El ser humano es un punto entre dos coordenadas: el que es y el que tiende a ser. Ambos polos se influyen mutuamente, y es el segundo el que va por delante en la carrera. El cuerpo puede considerarse como el posicionamiento de una biografía en curso. Nuestro cuerpo acomete la vida. Con calma, con descanso, el cuerpo se pone en marcha porque el tiempo apremia. Por eso imagínense una biografía que se dedicara frecuentemente a mirarse delante de un espejo...¡Vaya espectáculo!
Nosotros vemos personas, no cuerpos. La corporalidad queda intrínsecamente afectada por la personalidad. La personalidad confiere al cuerpo su más significativo alcance. Por este motivo hay enfermos o impedidos cuya fantástico carácter destaca aun más desde su cuerpo discapacitado. Marginar la belleza personal respecto a la corporal es como tirar al niño y quedarse con la cuna. Se trata de algo importante: a los seres humanos nos repugna que nos traten como si fuéramos cosas porque eso es inhumano y en el fondo de ese mal comportamiento está la esclavitud.
La mente está hecha para buscar la verdad y contemplarla. La voluntad se mueve hacia el bien y en él se complace. El corazón tiende a unirse con aquello que ama. Nuestro cuerpo es la plasmación física de esas búsquedas y encuentros, a veces logrados, en otras ocasiones fallidos. La corporeidad no es una carcasa o un mero instrumento sino que forma parte de nuestra propia persona; pero lo que va contra la razón es reducirnos, en la práctica, a considerarnos meros cuerpos. Los materialismos pasados y presentes tienden a ver nuestras manifestaciones racionales como una especie de plus de energía en una materia evolucionada. Estas posturas desconocen que el propio orden de la naturaleza es inmaterial. La materia no puede ordenarse a sí misma porque no es capaz de dialogar consigo. Su asombrosa ordenación no proviene de ella.
Los rayos de luz están en la atmósfera pero no están hechos de oxígeno. Con las limitaciones de todo ejemplo, algo parecido ocurre con nuestra mente o espíritu respecto a nuestro cuerpo. La armónica y personal unión entre el espíritu humano y su materia propia no puede entenderse a nivel de partículas elementales.
Los actos de justicia y de generosidad necesitan de un ámbito físico para expresarse, pero no es lo más importante la armónica nariz del justo o los férreos abdominales del generoso. Una persona con virtudes ejemplares puede permitirse el lujo de ser chata o gordita sin el más mínimo desdoro.
CUERPO Y ORACIÓN
Toda esta reflexión elemental, que hoy es necesaria, nos mueve a pensamientos que parecen olvidados en la opinión pública. La persona humana estima un hermoso paisaje, se fascina al ver a su hijo pequeño, se alegra al reconocer a un amigo, llora ante la muerte de un familiar y se arrodilla ante Dios. La lógica de la creación es la lógica de la naturaleza con significado, la única posible, aunque no siempre la entendamos. Se trata de la misma lógica de la gratitud y del hogar. La familia es el nivel humano de la creación. Sin adoración no hay creación ni familia. La naturaleza tiene leyes tan inexorables como la familia, precisamente porque son creadas. La persona puede hacer de la naturaleza familia, en sentido estricto y amplio. No lo hará si desconoce el culto: sin oración la biografía se desencuaderna y pasa a ser una sucesión de hojas que parece desvanecerse.
La dimensión religiosa de la persona le es tan connatural como el sistema digestivo, y no es menos peligrosa la anemia del espíritu que la del cuerpo. La búsqueda de sentido no es una tendencia frustrada al quiero y no puedo. La religiosidad es la vocación frontal del hombre que se sabe criatura, lo que verdaderamente es. La adquisición de una u otra confesión religiosa es un derecho de la persona que implica una confesionalidad personal. Pero la dimensión religiosa del hombre no es confesional. Afirmar esto y marginar la presencia pública de la religión en la sociedad es mutilar al ser humano y privarle de un importantísimo derecho fundamental: esto lo que el laicismo ignora o quiere ignorar. La laicidad positiva de un Estado consiste en aceptar la naturaleza humana –que incluye la religión-, defenderla y potenciarla, teniendo en cuenta el bien común.
No se puede obligar a nadie a practicar una religión determinada, como tampoco se puede obligar a nadie a jugar al fútbol. En la victoria en uno u otro partido se juegan razones muy personales. Pero nadie sensato retirará de la vida pública un deporte interesante aunque muchos no le presten atención; incluso, aunque ese deporte se haya practicado mal en algunas ocasiones dando lugar a manifestaciones de violencia que deben ser ajenas a una auténtica deportividad.
Hemos estudiado en la historia que la religión cristiana –no hablo ahora de otras- ha sido un factor determinante en el amor entre los hombres, especialmente respecto a los más desfavorecidos y maltratados; el testimonio del crucifijo es muy significativo. Son millones y millones las personas que a lo largo de los siglos de cristianismo han encontrado paz y sentido para sus vidas y para la de sus seres más queridos. No existen estadísticas suficientes que puedan registrar la cantidad de actos de solidaridad humana, a nivel personal y social, en los que la religión cristiana ha tenido un papel relevante. Es verdad que la configuración política de la cristiandad ha llevado durante siglos a que la religión cristiana tuviera en diversos países una situación confesional, felizmente superada. No podremos entender esas épocas sin bucear en el arcano de la historia comprendiendo el contexto situacional de aquellos momentos. Por otra parte, países cristianos han entablado luchas entre sí en momentos en los que religión y política estaban profundamente imbricadas. Las razones de tales conflictos, como las llamadas guerras de religión, fueron fundamentalmente políticas. También es cierto que los cristianos han cometido errores por el hecho de ser hombres; pero cuando se equivocaron y cuando nos equivocamos no es por ser cristianos, sino precisamente por dejar de serlo. La religión cristiana ejemplar es la que vivió Jesucristo: una comunión de Amor y entrega por los hombres.
CUERPO E IGLESIA
La fe y la vida de fe nos dicen que el Cuerpo de Cristo es su Iglesia. La Eucaristía es el mismo cuerpo de Cristo resucitado y sacramentado: un Cuerpo que es para el culto y un culto que es para el Cuerpo. Un Cuerpo del que nos alimentamos los miembros de la Iglesia.
Dios es Dios; los hombres somos los hombres y Dios se hizo hijo del hombre, como dice la Tradición cristiana, para que el hombre se hiciera hijo de Dios. El hecho de que Dios Hijo haya asumido una naturaleza humana, la Encarnación del Verbo, supone una dotación de sentido definitiva para la persona humana y su corporalidad. El arte ha tratado innumerables veces de representar los gestos del Dios-con-nosotros, recorriendo todas las etapas de la vida del Redentor. Su Pasión y Muerte es un aval grandioso al sentido del sufrimiento y del dolor que acompaña con frecuencia la vida humana. El cuerpo del Señor resucitado produjo la entrada de la humanidad de Jesucristo en la Gloria.
Cuerpo y culto: Jesucristo trabajó, sonrió, rezó...Él se hizo para el hombre entrega, alimento, unión. Cuando la persona humana reza con su alma y con su cuerpo se dispone a adentrarse en un diálogo espiritual portador de interioridad y de vida. El culto a Dios lleva a imitar su ejemplo de entrega de sí. La oración hace entrar al ser humano en la lógica del amor y de la vida. Mediante el culto el amor se purifica y se revela fructífero. El culto hace así la cultura, la renueva en su raíz, la hace más humana, más fraterna, más cordial.
CUERPO Y RESURRECCIÓN
La Teología católica afirma que, tras la muerte, el alma sigue tendiendo hacia el cuerpo. Por este motivo el dogma de la resurrección de la carne no es un imposible metafísico. Cristo Resucitado supone la glorificación de la entrega de su vida , un enaltecimiento todavía solo visible para nosotros con la luz de la fe. Buscando una vertiente moral de tan grandioso misterio podríamos decir que la lógica de la resurrección es la lógica de vivir para los demás. Esta es la Vida de Cristo: una Vida ofrecida, donada hasta el extremo. El ejemplo de Cristo resucitado es el que hace resucitar tantas veces nuestro corazón para ser capaz de esforzarnos en querer a los demás.
Realmente uno solo lucha con gozo por dar la vida entera –obras, afectos y pensamientos- por un Dios que la ha dado por cada uno de nosotros. Es elocuente la escena evangélica de Emaús (Luc. 24,13-49). Dos de los discípulos están abatidos, desnortados por el “escándalo de la Cruz”. Son dos cristianos que han perdido el culto, la oración. Hablan con un sabio caminante al que no reconocen. Es en el progresivo diálogo con Cristo cuando lo reconocen resucitado en la Eucaristía. Revive entonces con impetuosa fuerza su vocación y van presurosos a buscar a los demás apóstoles y a la Madre del Resucitado.
Estas consideraciones cristianas pueden parecer demasiado elevadas, alejadas de las modas y las actitudes de muchas personas en su vida privada y pública. Pero la corporalidad humana es como es: esponsal. El cuerpo humano abraza a los seres queridos; en especial a Dios: al respecto es sumamente significativa la Eucaristía. Sólo de esta manera los hombres encontramos la paz interior. El buen gusto, también respecto al cuerpo, es el gusto de lo bueno: lo saben bien los artistas a quienes Benedicto XVI ha llamado recientemente “custodios de la belleza”.
José Ignacio Moreno Iturralde
Saturday, January 23, 2010
Friday, January 15, 2010
AYUDA A HAITÍ
CÁRITAS CON HAITÍ
SANTANDER 0049-1892-64-2110527931
BBVA 0182-2000-21-0201509050
POPULAR 0075-0001-81-0606839307
BANESTO 0030-1001-38-0007698271
CAJA MADRID 2038-1028-15-6000969697
LA CAIXA 2100-2208-39-0200227099
CECA 2000-0002-20-9100382307
BANCAJA 2077-1277-10-3100146740
CAM 2090-5513-04-0040370409
SABADELL–ATLANTICO 0081-0216-74-0001306932
La red Cáritas en Haití ha puesto en marcha una respuesta de emergencia tras el terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero. El seísmo de 7´3 grados en la escalas Richter sacudió la capital haitiana con 3 réplicas destruyendo cientos de edificios. La respuesta de la red Cáritas está siendo para dar apoyo a las víctimas de la catástrofe. Entre las acciones de emergencia se incluyen albergues temporales, distribución de alimentos y kits de higiene y apoyo espiritual. En una segunda fase se contempla la reconstrucción de infraestructuras.Y EN LAS CUENTAS DE LAS CÁRITAS DIOCESANAS
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La red Cáritas en Haití ha puesto en marcha una respuesta de emergencia tras el terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero. El seísmo de 7´3 grados en la escalas Richter sacudió la capital haitiana con 3 réplicas destruyendo cientos de edificios. La respuesta de la red Cáritas está siendo para dar apoyo a las víctimas de la catástrofe. Entre las acciones de emergencia se incluyen albergues temporales, distribución de alimentos y kits de higiene y apoyo espiritual. En una segunda fase se contempla la reconstrucción de infraestructuras.Y EN LAS CUENTAS DE LAS CÁRITAS DIOCESANAS
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