Sunday, July 23, 2017

Familia: unión y diversidad


Mi comportamiento con otra persona repercute en mí mismo. La moral sale de nuestra persona; por esto juzgamos constantemente situaciones, a personas y a nosotros mismos. Hacer daño a un animal puede ser algo reprobable, pero no es un ataque frontal a toda la estirpe animal. Hacer daño a un hombre sí es un ataque a toda la humanidad, porque cada hombre representa a los demás. El hecho de ser personas, es decir seres racionales y morales, nos hace responsables de nuestros semejantes. De la relación que mantengamos con las personas, especialmente con las más necesitadas, depende nuestra valoración de la humanidad y de nosotros mismos. Como tenemos límites, tales relaciones empezarán  por un orden  de compromiso y cercanía respecto a los demás. En primer lugar está nuestra familia.

El cristianismo ha insistido por boca de su Fundador en que " lo que Dios ha unido no lo separe el hombre". Pero tal afirmación, de probada eficacia social en la historia, parece intolerable para algunos. La verdad es que existiendo tantas mujeres estupendas, hablo como hombre que soy, ¿ por qué tendría que atarme a una definitivamente?

Suelo decir a mis alumnos que han de querer mucho a su padre como a su padre, a su abuela como abuela, a su novia como novia y, si se casan, a su mujer como esposa. Sería un notorio desorden querer al padre como a una abuela o viceversa. El amor, para ser tal, debe ser ordenado, adecuado al sentido de quien se ama. Por otra parte, siempre es importante pararse a pensar si tal amor hacia alguien me está haciendo ser mejor persona o no. Los verdaderos amores perfeccionan las personalidades.

La institución familiar establece vínculos y responsabilidades que reclaman una ayuda incondicional permanente, como muy bien entienden los hijos. Sin embargo, cuando el corazón se desboca como un potro, hay quienes no ven más alternativa que seguir sus impulsos, olvidando con frecuencia el más mínimo sentido común.

La familia puede comenzar con un romance, pero es muchísimo más que eso. De todos modos, voy a fijarme en la peculiaridad del componente afectivo. Ya que cada persona representa la humanidad, en el amor fiel a mi esposa estoy queriendo y honrando a todas las mujeres del mundo, sin convertirme en un sinvergüenza. Profundizando en las razones de la modestia y la sensatez, podemos ampliar el horizonte mental y darnos cuenta que los preceptos humanos y cristianos tienen una belleza incomparable.

No es lo mismo que el hombre y la mujer se unan mientras les convenga, a jugarse la vida a una carta por el cónyuge; la relación y el afecto que se derivan de ambas opciones son distintos.  A algunos les parece que el matrimonio es una superstición, una suerte de ceremonia social un tanto postiza e hipócrita. Chesterton escribió el libro titulado " La superstición del divorcio". Para este autor, al que cito con frecuencia, el divorcio es la superstición que considera a la ruptura de la vida matrimonial como la solución mágica para rehacer la vida. Es cierto que existen convivencias matrimoniales muy difíciles, incluso imposibles, pero esto no puede hacer olvidar que una persona es una única biografía. Todo lo vivido con el primer cónyuge no puede ser comunicado al siguiente. Un divorcio es una ruptura profunda en la propia vida. Y una ruptura favorece la aparición de otras. Un matrimonio es también una promesa de toda la persona. Sí esa promesa se rompe, puede perderse la persona misma. No abordo aquí, aunque conozco, la existencia de matrimonios nulos; es decir: realmente inexistentes.

Hemos visto anteriormente que toda persona es una misión. También la familia tiene unos objetivos comunes. La fascinación por la moda de la joven Alicia no tiene nada que ver con las ideas revolucionarias del universitario Alfredo. Las alegres tonadillas de papá son poco solidarias con las jaquecas de mamá. La pasión futbolística de Jaime ignora absolutamente los efectos de la edad del pavo en Elena. Pero toda esa abigarrada colección de sentimientos encontrados es tolerable, e incluso amable, cuando existen unos principios y objetivos comunes, que trascienden los estados emocionales de los miembros de la familia. Si no hay más referencia que los propios afectos e intereses, la familia no puede sobrevivir, pierde su identidad de empresa común abierta a otras familias, y el individualismo termina por dividirla. Pero cuando una familia tiene un norte, aunque cada miembro tenga rutas distintas para lograrlo, esa familia no se desmoronará. Si hay una misma estrella polar, al lugar que ella señala se llegará por tierra, mar o aire, y de nuevo habrá una fiesta familiar.


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