Friday, March 17, 2017

Décimo Mandamiento: No desearás los bienes ajenos

1. Desprendimiento de los bienes materiales

            El décimo mandamiento prohíbe el deseo de quitar a otros sus bienes o de adquirirlos por bienes injustos. Jesucristo muestra el motivo de fondo para vivir este mandamiento: ”donde está tu tesoro está tu corazón”(Mateo 6,21). Por esto “no se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero” (Mateo 6,24).

            Hay una lúcida frase que dice: “El cielo no cuesta ni poco ni mucho sino todo lo que uno tenga”. Para ser amigos de Dios es necesario estar desprendidos de los bienes que tenemos. Estos bienes son, en sí mismos, buenos; pero son medios y no fines.

            Las personas con más recursos económicos están obligadas moralmente a ayudar a los más pobres. Parte de estos bienes han de servir para ayudar al bien común de la sociedad, incluido el sostenimiento de los servicios religiosos. Por otra parte, el cristiano debe luchar contra el aburguesamiento o búsqueda excesiva de comodidad, tan propio de nuestra época.

El pecado opuesto a este mandamiento es la avaricia que consiste en el deseo desordenado de bienes materiales. La avaricia es fuente de pecados graves cuando, con elecciones concretas, se prefiere el amor al dinero y a las cosas materiales, olvidando el amor y el servicio a Dios y a los demás. Cuando se opta por actos que no llegan a supeditar el servicio a Dios y a los demás se trata de pecados veniales.

El mayor conocimiento actual de las múltiples y graves necesidades materiales de millones de personas han de servirnos para vivir con más exigencia y amor este mandamiento.

El décimo mandamiento exige también que se destierre del corazón humano la envidia. “La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal”[1]. La envidia -en la que San Agustín veía el “pecado diabólico por excelencia”- impide la caridad, el alegrarse con las alegrías de los demás y la fraternidad cristiana, que es el signo distintivo del discípulo de Jesucristo.

Bibliografía

-Catecismo de la Iglesia Católica.
-Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.
-Curso de Teología Moral. Ricardo Sada-Alfonso Monroy. Ed. Palabra.



[1]  Cfr. Punto 2539 Catecismo Iglesia Católica

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